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Créditos Alexiacullen & Cr!sly

Alexiacullen

Karou!

angie_kjn

Anto

Katiegee

es.twilight

Auroo_J

Kensha

littlegirl00

Cezzii ƸӜƷ

Kirara7

mafernanda28

Dracaena

lucach

monica19

Eli25

Nanami27

Parvatti

Elizzen

Paulii

Vafitv

Eva Maggen-Pattison

QueenDelC

Yuya

Isane33✰

Viviandarkbloom

Jhosel

AleG

Marce Doyle*

Maniarbl

Sil-V

QueenDelC

Gorelia

Koko Markova

Nony_mo

MaryJane♥

Cacahuate

Rose_vampire

Miss_ale

Samylinda

Caliope Cullen

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Marce Doyle*

Alina Eugenia

Francatemartu

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índice Sinopsis

Capítulo 17

Capítulo 35

Epílogo

Capítulo 18

Capítulo 36

Capítulo 1

Capítulo 19

Capítulo 37

Capítulo 2

Capítulo 20

Capítulo 38

Capítulo 3

Capítulo 21

Capítulo 39

Capítulo 4

Capítulo 22

Capítulo 40

Capítulo 5

Capítulo 23

Capítulo 41

Capítulo 6

Capítulo 24

Capítulo 42

Capítulo 7

Capítulo 25

Capítulo 43

Capítulo 8

Capítulo 26

Capítulo 44

Capítulo 9

Capítulo 27

Capítulo 45

Capítulo 10

Capítulo 28

Capítulo 46

Capítulo 11

Capítulo 29

Capítulo 47

Capítulo 12

Capítulo 30

Capítulo 48

Capítulo 13

Capítulo 31

Capítulo 49

Capítulo 14

Capítulo 32

Capítulo 50

Capítulo 15

Capítulo 33

Capítulo 51

Capítulo 16

Capítulo 34

Biografía del autor

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Sinopsis o perderé otra persona que amo. No dejaré que la historia se repita. Vincent esperó vidas para encontrarme, pero en un instante, nuestro futuro juntos fue destrozado. Él fue traicionado por alguien que llamábamos amigo, y lo perdí. Ahora, nuestro enemigo está determinado a mandar sobre los inmortales de Francia, y complaciente de librar una guerra para obtener lo que quieren. No debería ser posible, nada de esto debería serlo, pero esta es mi realidad. Sé que Vincent está en algún lugar allá afuera, sé que no está completamente ido, y haré lo que sea para salvarlo. Después de lo que hemos luchado para conseguirlo, una vida sin Vincent es inimaginable. Una vez juró que evadiría morir —ir en contra de su naturaleza y renunciar sacrificándose por otros— si así podíamos estar juntos. ¿Cómo no puedo arriesgar todo para traer a mi amor de vuelta?

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Epílogo Traducido por Alexiacullen Corregido por Marce Doyle*

Dulce Amor mío, a quien yo trato de amar, Dulce Amor mío, a quien amo y por quien suspiro. ¿Me amarás alguna vez y suspirarás por mí, amor mío, a quien amo y por quién muero?

Mariana, de Christina Rossetti, 1881

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Capítulo 1 Traducido por Jhosel Corregido por Marce Doyle*

n medio de la noche, me senté en el puente sobre el Sena, observando un ramo de lirios blancos aplastados flotando hacia la Torre Eiffel. Me esforcé para escuchar por las palabras que pensé que acababa de escuchar. Las palabras de un chico muerto, de mi novio fantasma. Podría haber jurado que me había hablado hace un momento. Pero era imposible. Pero ahí estada de nuevo. Sus palabras aparecieron una vez más en mi mente, las dos silabas cortándome tan claramente como un latigazo. Mon ange1. Mi corazón martilleó. —¿Vincent? ¿En verdad eres tú? —pregunté con voz temblorosa. Kate, ¿puedes oírme? —Vincent, estás volant. ¡Violette no te ha destruido! —Me levanté sobre mis pies y giré alrededor, buscando ansiosamente por un vistazo de él, aunque sabía que no habría nada que ver. De pie, sola en el Pont des Arts, la superficie del agua ondulada se movía debajo de mí como la espalda de una gran serpiente oscura, las luces parpadeantes en la ribera reflejadas en su suavidad, retorciéndose. Me estremecí y empujé mi abrigo, apretándolo a mí alrededor. No. No ha destruido mi cuerpo… todavía. —Oh, mi Dios, Vincent, estaba segura que lo había hecho. —Limpié una lágrima de mi mejilla antes de que un torrente de otras siguieran. Solo momentos antes me había rendido a toda esperanza de incluso escuchar de él de nuevo. Había sido cierto que se había ido para siempre, su cuerpo quemado por su enemigo. Pero aquí estaba. No entendía. Me tragué las lágrimas. 1

Mon ange: mi ángel.

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Kate. Respira, insistió Vincent. Exhalé lentamente. —No puedo creer que estés aquí, hablándome. ¿Dónde estás? ¿Dónde se llevó tu cuerpo? Estoy yaciendo en dormant en el castillo de Violette, en el Valle Loire. Solo recobré la consciencia hace unos minutos. Tan pronto como averigüé lo que ella estaba haciendo, vine a ti. Las palabras de Vincent sonaban desaladas. Sin esperanza. Mis manos temblaron cuando saqué mi teléfono de mi bolsillo. —Dime exactamente dónde estás. Estoy llamando a Ambrose. Él conseguirá un grupo juntos y estaremos justo allí. Es demasiado tarde para un rescate, Kate. Violette ha estado esperando para que mi mente despertara, y ahora que estoy volant, quemará mi cuerpo. Cuando me fui, algún secuaz de ella estaban avivando un fuego mientras ella llevaba a cabo algún tipo de ritual antiguo que afirmaba ataría mi espíritu a ella una vez que fuera reducido a cenizas. Solo tengo unos pocos minutos, y quiero pasarlos contigo. —Nunca es demasiado tarde —insistí—. Podríamos tratar de detener lo que sea que está haciendo Violette. Estoy segura que tu familia podría llegar con algún tipo de distracción. Tenemos que intentarlo. —¿Por qué Vincent estaba dándose por vencido tan fácilmente? Kate, para, rogó. Por favor no pierdas el poco tiempo que tengo tratando de llamar a Ambrose cuando no hay forma que puedas alcanzarme a tiempo. No hay forma, créeme. La fuerza en su voz me hizo dudar. Pero seguí mirando a mi teléfono cuando un nudo se formó en mi garganta. Si no podía hacer nada, eso significaba que todo estaba perdido. Mi sorpresa inicial estaba siendo superado por un manto helado de comprensión: el chico que amaba estaba a minutos de ser quemado en una pira. —¡NO! —grité, deseando que el horror se fuera. Vincent estaba en silencio, permitiendo que asimilara la verdad. Estaba perdiendo a mi amor para siempre. Si el cuerpo de Vincent era destruido, nunca podría tocarlo de nuevo. Nunca sentiría su boca contra la mía. Nunca lo sostendría en mis brazos.

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¿Pero él no estaría completamente ido, o si? Tenía que estar segura. Mi voz salió en un ahogado graznido. —Al menos eres volant, ¿cierto? Si Violette hubiera quemado tu cuerpo antes que tu mente despertara, te habrías ido para siempre, cuerpo y espíritu. Deseo que lo hiciera. Las palabras de Vincent eran amargas. Dijo que necesitaba mi espíritu presente para llevar a cabo el poder transferido. Unos pocos segundos pasaron antes que escuchara su voz de nuevo. Creo que prefiero ser inexistente que ayudar a Violette a convertirse en lo suficientemente poderosa como para destruir a mi familia. No estaba de acuerdo. Vincent aún existía, incluso si su cuerpo no lo hacía. El chico que amaba tan desesperadamente no ha sido completamente desaparecido. Eso es algo, pensé, sintiendo un destello de esperanza. Y luego recordé, nunca lo veré de nuevo. Ni sentiría su piel contra la mía cuando tocábamos nuestras manos. Labios. Nunca otra vez. Y la esperanza desapareció. La furia luchó con desesperación dentro de mí. —¿Por qué tienes que ser tú? —pregunté. ¿Por qué eres el único con el poder por el que está dispuesta a matar? Si no era yo, habría sido alguien más. —Deseo que fuera alguien más —dije egoístamente—. Quiero que tú vivas. —Pero sabía que Vincent no estaría de acuerdo. Su existencia entera era sobre sacrificarse a sí mismo por otros. Se entregaría en un latido por salvar a uno de su familia. Busqué sobre el agua arremolineante, e imaginé a Vincent materializándose ante mí. El suave negro de su cabello. El zafiro brillante de sus ojos. Su alta forma sólida. El fantasma de Vincent colgó suspendido sobre las olas por un momento, brillantemente transparente en la luz de luna, antes de disolverse dentro de mi vista menta. No quiero verla quemar mi cuerpo.

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Había miedo en su voz. Vincent había experimentado muchas muertes violentas, pero este fin era el final. Quise tomar su mano. Quise tocarlo. Consolarlo. Pero todo lo que tenía eran palabras. —Entonces no regreses. Quédate aquí conmigo hasta el final. —Traté de sonar valiente, pero estaba temblando. —Te amo. —Dije las palabras, mientras en silencio me urgía a no llorar. La última cosa que Vincent necesitaba justo ahora era verme llorando. Eres mi vida, Kate. He estado peleando con mi destino para estar contigo, y después de toda esa lucha, me encuentro impotente. No puedo detener a Violette. No respondí. Porque si lo hacía, gritaría. Mi corazón se sentía como si estuviera siendo arrancado de mi pecho mientras Vincent estaba siendo separado de mí por la eternidad. El chico que había dado demasiado para amar, quien había ido contra mi sentido de auto conservación para estar con él, estaba siendo llevado lejos de mí por una adolescente megalomaníaca, y no había nada que alguien pudiera hacer al respecto. No podía contenerlo. Comencé a llorar de nuevo. Pero no de tristeza. Mis lágrimas eran lágrimas de furia impotente. ¿Entregarías un mensaje a Jean Baptiste y a los otros por mí? —Por supuesto —dije sin aliento, tratando de hablar en torno a la roca de odio alojada en mi garganta. Recuérdales que desde que no me ofrecí voluntariamente a Violette, no recibirá mi poder completo. Ese el único rayo de esperanza que puedo ver. Pídele disculpas a JB por mí. Por mi incredulidad continua. Desearía haber descubierto todo lo que esto significaba mientras todavía tenía una oportunidad. —Sí. Se los diré. —Mi respiración hizo una pequeña nube en el aire frio. Froté mis manos rápidamente en mis brazos, salté por el extremo del puente y me dirigí con rapidez en la dirección de La Mansión, sabiendo que el espíritu de Vincent me acompañaría. Incluso si era demasiado tarde para salvarle, tenía que decirles a los otros lo que estaba pasando. Kate, quiero que sepas qué despertó a la primera vez que te vi. Me las había arreglado para mantener justo en orden para llevar a cabo la monumental tarea de poner un pie frente al otro, pero una declaración de amor del chico que estaba a punto de perder era demasiado para mí. La lágrimas nublaron mi visión cuando el continuó.

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Algo dentro de mí había estado quieto y en silencio desde mi primera muerte. Y todo de repente despertó y comenzó a vivir de nuevo. Sabía que había algo diferente sobre ti, y tenía que descubrir lo que era. —¿Cuándo fue la primera vez que me viste? —pregunté, tratando de distraerme para evitar romperme justo entonces y allí en la ribera—. ¿Estás hablando sobre el Café Saite-Lucie? No, río. Te había visto alrededor de nuestro vecindario, por un tiempo antes del café. Seguimos cruzando nuestros caminos por semanas antes de que en verdad me notaras. Y no podía evitar preguntarme quién eras y por qué estabas tan torturada, tan triste. Seguí esperando a que tu hermana o tus abuelos dijeran tu nombre. Solo te llamábamos “la chica triste”. —¿Quién es “nosotros”? —pregunté, mi ritmo desacelerándose. Ambrose, Jules y yo. —Entonces ellos deben haberme reconocido ese primer día en el café — dije, sorprendida por ésta nueva perspectiva de nuestra historia. Su silencio era una afirmación. Tú me has intrigado mucho desde el comienzo. Y aún lo haces. Eres diferente. Quería pasar el resto de mi vida descubriendo quién eres. Pero ahora… Sus palabras se disolvieron y luego reaparecieron con renovada determinación. Kate, prometo que encontraré una forma de conseguir alejarme de Violette y regresar a ti. Incluso si es demasiado tarde para nosotros, quiero que sepas que siempre estaré cerca. Siempre estaré vigilando por ti. Aturdida, me quedé congelada a medio paso. —¿Qué quieres decir, “demasiado tarde para nosotros”? —pregunté, sintiendo como si hubiera sido golpeada en las entrañas. Kate, en unos pocos minutos mi cuerpo no existirá más. De ahora en adelante, la única cosa que puedo hacer por ti es tratar de mantenerte a salvo. Un humano y un revenant, eso era un reto bastante difícil. ¿Pero un humano y un fantasma? Mon amour2, nunca desearía eso para… Y eso fue todo. Esas fueron las últimas palabras que Vincent me dijo antes de que se hubiera ido, dejándome sola en una ribera con nada sino el silbido del viento invernal.

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Mon amour: mi amor.

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Capítulo 2 Traducido SOS por Alexiacullen Corregido por Marce Doyle*

ientras corría, parecía que el río se estaba elevando por encima de los bancos y las olas invisibles estaban lamiendo mis tobillos. En cuestión de segundos, me sentí como si me estuviera moviendo debajo del agua, luchando contra una corriente poderosa mientras luchaba por impelerme hacia La Maison. Finalmente estaba tecleando el código digital y volando por la cancela. Mi estómago se retorció con náuseas cuando abrí la puerta de golpe y miré incontroladamente alrededor. Gaspard y Arthur estaban bajando las escaleras, echando un vistazo a las páginas de un gran libro que sostenían entre ambos. Se detuvieron cuando me vieron. Empujando el libro a Arthur, el revenant se precipitó escaleras abajo y me cogió por los hombros. —¿Qué pasa, Kate? —preguntó. —Vincent —jadeé, luchando por tomar aire—. Vino hacia mí. Pero ahora ha desaparecido. —¿Desaparecido, dónde? —me instó. —Quemado —solté abruptamente—. Se despertó, vino hacia mí en forma volant, y dijo que Violette estaba a punto de quemarle. Y justo entonces su voz desapareció. Gaspard pasó mi brazo por el suyo, agarrando mi mano firmemente. —Nos reuniremos todos —ordenó. Arthur tenía el día libre por un disparo, convocando a unas cuantas docenas de parientes parisinos que se habían congregado en La Maison para esperar por noticias del paradero de Vincent. Gaspard me condujo a través de la sala de estar hacia el interior del gran salón.

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—Tus manos están como el hielo, querida —dijo, sentándome delante del fuego chisporroteante y cubriéndome con un fular de lana alrededor de mis hombros. Incluso con el calor radiante y la cálida manta, no podía dejar de temblar. Las llamas me hacían pensar en otro fuego que se estaba quemando a unas cuantas horas al sur de nosotros. Las llamas que habían arrancado a Vincent de mí… permanentemente. Escuché pasos corriendo detrás de mí, y me encontré envuelta en un par de cientos de libras de músculos. —Katie-Lou, ¿estás bien? —preguntó Ambrose, con su áspera voz de proteccionismo. Se echó hacia atrás y buscó mi cara. Agité mi cabeza aturdida y desde atrás me envolvió con sus brazos. Me quedé momificada contra él durante los siguientes minutos mientras todo el mundo se congregaba. Jean-Baptiste se encaramó en un taburete de madera delante del fuego, Gaspard se quedó de pie a su lado y Arthur se posicionó al lado de él delante de mí en la alfombra. El resto de los revenants se dispersaron alrededor nosotros, con todos sus ojos enfocados en mí. Se quedaron en silencio mientras aclaraba mi garganta para evitar que mi voz temblara. Les dije que Nicolás me había seguido al Puente de las Artes para entregar el mensaje de Violette: ella había cogido el cuerpo de Vincent de su castillo en el Loire y lo destruiría cuando ella “lo viera apropiado”. Y me había informado de la razón por el que el numa confió en Violette en primer lugar: ella les había convencido de que su jefe, Lucien, que ella mantenía en secreto para capturar el poder del Campeón, y prometió utilizarlo contra los bardia. Después de darles el mensaje que Vincent me pidió que transmitiera, concluí: —Y eso fue todo. Su voz se cortó de esa forma en medio de la conversación. Les permitiré creer que su mensaje para sus parientes fueron sus últimas palabras, pensé. Sus últimas palabras de verdad eran demasiado personales, por no mencionar dolorosas, para compartir. Hubo un momento de silencio terrible antes de que la habitación montara en cólera. Ambrose dejó caer su abrazo de oso en mí, se levantó y añadió su voz a la de los otros. —Bueno, ¿a qué estamos esperando, gente? ¡Vamos a asaltar el castillo!

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Jean-Baptiste agitó su cabeza con seriedad, alzando su voz para ser escuchado por encima de la multitud. —Es demasiado tarde. Su voz calmó a la multitud ruidosa tan efectivamente como una cuchara contra una copa de vino. —Vincent será cenizas para cuando lleguemos, su espíritu legalmente vinculado a Violette. —¿Qué significa eso, “vinculado”? —preguntó Ambrose, acurrucándose de nuevo a mi lado. Como de costumbre, todo el mundo se volvió hacia Gaspard, para una explicación. Ahora que la conmoción se había calmado, estaba de vuelta a su estado de tic nervioso. Jugueteaba con el cuello de su camino y levantó un dedo temblando, su pelo salvaje formando un halo de tinta alrededor de su cabeza. —Un alma errando… el alma revenant que no tiene un cuerpo para permanecer… es una cosa bastante rara —comenzó—. Cuando nuestros enemigos lograban matarnos, destruían nuestros cuerpos inmediatamente, y nuestras almas desaparecían con él. No tenían razón para esperar a que estuviéramos en forma volant para destruirnos, atraparnos como almas errantes, excepto quizás en un caso de venganza contra un revenant en particular. —Pero un alma errante siendo atada a su captor es tan raro que no puedo pensar en ningún ejemplo en la historia reciente. Lo cual es comprensible, considerando el intenso sacrificio personal que un numa debe hacer para llevar a cabo con éxito la obligación —gesticuló Gaspard. —¿Un intenso sacrificio personal? —pregunté, captando algo en mi garganta. Su expresión de rebelión me estaba asustando. Él se quedó en silencio durante unos inquietantes segundos, eligiendo sus palabras, y dijo: —Ellos deben incinerar una parte de ellos con el cuerpo con el que están obligados. —¿Qué quieres decir? ¿Cómo su pelo o uñas? —mi nariz se arrugó disgustada. —No, debe ser carne y hueso —dijo Gaspard.

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Uff, pensé, retrocediendo por la imagen grotesca que esto trajo a mi mente. —Eso no es mucho sacrificio —dijo Ambrose a mi lado—. Cualquier cosa que Violette recorte, solo va a crecer la próxima vez que esté en dormant. Los viejos revenant asintieron con su cabeza. —Además del dolor involucrado con el recorte, como tú lo expones, éste es el sacrificio: la parte del cuerpo de un numa quemado con el cadáver revenant desaparece para siempre. En el caso de una vinculación, no hay regeneración. Me incliné más cerca de Ambrose, luchando contra el enfermo adormecimiento que se extendía a través de mí. ¿Iba Violette a amputarse una parte de su propio cuerpo con el fin de vincular al espíritu de Vincent? Sabía que le había matado para conseguir sus poderes, ¿pero mutilarse permanentemente? Siglos de servir a un destino que ella no había elegido parecía haber costado a la antigua revenant su cordura. —Le preguntaré por ti —dijo Ambrose en voz baja, y luego, hablando alto dijo—: Jules quiere saber si ser vinculado a Violette quiere decir que Vincent debe obedecerla. No me había dado cuenta hasta entonces de que Jules estaba con nosotros, pero sabiendo que estaba cerca, me sentí reconfortada. —Si la única razón por la que Violette necesita el espíritu de Vincent es para transferir el poder del Campeón —respondió Gaspard—, podemos esperar que le ponga en libertad una vez que ella haya conseguido su meta. Pero incluso si ella elige mantenerle vinculado, un alma errante no puede ser forzada a actuar en contra de su voluntad. Arthur levantó la voz. —Siento diferir —dijo como disculpándose—. Hay ejemplos históricos de coerción. —¿Por ejemplo? —insistió Jean-Baptiste. —Es la explicación de nuestros familiares italianos que se remonta al Renacimiento —declaró Arthur—. Un jefe numa mató a un bardia recientemente formado y vinculó a su espíritu volant a él al incinerarse su mano derecha con su cadáver. Le manipuló para cumplir su voluntad amenazando con matar a su familia humana aún viva, y se convirtió en un poder extremadamente de gran alcance a través de su espíritu esclavo.

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—Entonces es algo bueno que Vin no tenga dejada ninguna familia humana —dijo Ambrose con una nota de triunfo—. Sin elementos mortales para negociar con nuestra Malvada Emperatriz, utilizar en contra… —dándose cuenta de lo que estaba diciendo, dejó de hablar y bajó su cara a sus manos. Ni si quiera me miró. No tenía que hacerlo. Porque todo el mundo lo estaba haciendo.

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Capítulo 3 Traducido por Isane33 Auroo_J Corregido por Nony_mo

iolette está usando... un ser humano que es muy querido para él —Gaspard evitó mis ojos—, para chantajear a Vincent es, como se diría en la jerga moderna, una apuesta arriesgada. Puede que no sea consciente de esta antigua historia. E incluso si lo es, una vez que absorba su poder dudo que necesite la servidumbre de un espíritu revenant muy debilitado. Sus palabras estaban destinadas a consolarme. Y lo hicieron, hasta cierto punto. Lo que él dijo fue racional. Pero Violette ya me había utilizado una vez para llegar a Vincent. La idea de que podría usarme de nuevo, esta vez obligando a Vincent a actuar en contra de su voluntad, era insoportable. Jean-Baptiste se volvió para dirigirse a la multitud. Su postura erguida, pecho hinchado y las manos detrás de su espalda, recordaban al jefe militar de Napoleón que había sido siglos antes. —Es suficiente de hablar de situaciones hipotéticas. Uno de nuestros parientes, mi querido segundo, ha sido destruido corporalmente. Debemos actuar ahora para salvar su espíritu y evitar que Violette lleve a cabo sus planes. Con eso, comenzó a organizar todos. Arthur fue nombrado para dirigir un contingente al castillo de Violette en Langeais. Él había vivido allí durante siglos y podría ocultar efectivamente un grupo de espías para vigilar los movimientos de Violette. Ya que Jules estaba volant, debía acompañarlos, entrar en el castillo, y tratar de ponerse en contacto con el espíritu de Vincent. Y Ambrose fue puesto a cargo de la estrategia defensiva contra los numa restantes en París. —Para empezar —le preguntó JB—, ¿podrías acompañar a Kate a casa? —¿Casa? —Salté del sofá para enfrentarme al líder revenant—. ¡No! Quiero ayudar. Tiene que haber algo que pueda hacer.

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Jean-Baptiste leyó mi expresión. —Kate, querida, no estoy siendo condescendiente, estoy siendo realista. No hay nada que puedas hacer en este momento de la noche, excepto ir a casa, dormir y estar lista para cualquier noticia que tengamos en la mañana. Lo miré con escepticismo, pero parecía sincero, no era un caso de persuadir al débil humano indefenso. Pero no estaba de acuerdo con él. Había algo que podía hacer. Alguien con quien podía hablar podría tener la información valiosa sobre lo que estaba sucediendo. Y entre más informada estuviera, más capaz sería de ayudar a Vincent. Mientras JB se movía para dirigirse al siguiente grupo, le pedí a Ambrose darme un minuto. Sentada de espaldas a él, encontré el número de Bran en mi teléfono. La llamada fue directamente al correo de voz. —Bran —dije, hablando en voz baja—, es Kate. —Exhalé y cerré los ojos fuertemente—. Violette me dijo que sus hombres mataron a tu madre. Si eso es cierto, entonces lo siento mucho. Pero hay algo que puedes hacer para ayudarnos a combatir a los numa. Tengo que hablar contigo. Por favor, llámame cuando recibas este mensaje, a cualquier hora de la noche. Le di mi número y colgué. Ambrose estaba esperando, me miraba con curiosidad, pero no se entrometió. Al levantarme, le dio a mis hombros un pequeño apretón lateral, y di un respingo. —Lo siento, hermana pequeña, olvidé sobre esa clavícula rota que te causó Vi ayer. —Está bien —dije, inclinando mi cabeza en su hombro mientras caminábamos hacia la puerta—. El dolor es realmente una buena cosa. Significa que puedo sentir. Ambrose sostuvo mi abrigo para que me lo pusiera. —Está bien —le respondió a alguien que no podía ver, y envolvió su brazo alrededor de mis hombros con cautela—. Jules quiere que te diga que no te preocupes por nada —dijo mientras caminábamos por el patio y salíamos por la puerta—. Que Violette tiene cosas más grandes en mente que usar a Vincent como su marioneta y a ti como carnada.

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—Si eso estaba destinado a tranquilizarme, gracias. Pero la idea de Violette remontando a París como un Campeón supernuma recargado no me hace sentir mucho mejor —admití. Caminamos en silencio por la calle oscura y a través del boulevard Raspail. Una campana de iglesia sonó dos veces, dos notas graves y tristes repicando desde lejos a través de la ciudad. Un taxi solitario aceleró más allá de nosotros, el concurrido bulevar vacío tan temprano en la mañana. Comenzó a llover en una fina niebla, y agarré mi capucha para ponerla sobre mi cabello. Cuando se volvió a caer, lo dejé. Las gotas frías de lluvia se sentían bien en mi piel. Otro recordatorio de que podía sentir. Que yo, por mi parte, todavía tenía un cuerpo. Doblamos en mi calle, y miré hacia Ambrose mientras las gotas de lluvia salpicaban mis pestañas. —No estoy tan preocupada por Violette manipulando a Vincent. Eso es solo un “tal vez”, un “y si”. Lo que es definitivo es que su cuerpo se ha ido, y él nunca lo podrá recuperar. Está atrapado como un… —mi voz se quebró por la emoción—, fantasma para el resto de la eternidad. Me estremecí y Ambrose me apretó con más fuerza. —Lo sé —dijo, y la nota de desesperación en su voz me mostró toda la emoción que su rostro no podía. Inclinó la cabeza hacia un lado, escuchó y asintió. —¿Qué dijo Jules? —le pregunté. —Él estaba usando un lenguaje que no pudo repetir delante de una dama decente como tú, Katie-Lou —admitió. —¿Acerca de Violette? —Sí. —Bueno. Se lo merece, la malvada bruja. Ambrose se rió y me dio un beso en la parte superior de mi cabeza, mientras nos detuvimos en frente de mi edificio. —Jules, ¿vas a ser capaz de acercarte lo suficiente para hablar con Vincent sin que Violette sepa que estás ahí? Quiero decir, si está conectado a ella… o lo que sea —le pregunté al aire. Ambrose escuchó durante un segundo y luego dijo:

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—Él dice que hará todo lo posible. Pero, principalmente, no tenemos idea sobre esta cosa vinculante. —Si hablas con él, dile que estamos haciendo todo lo que podemos. Y que no me doy a dar por vencida con él —le dije con la voz más tranquila que pude. Ambrose suspiró y, tomando mis manos entre las suyas, se inclinó para mirarme a los ojos. —Te conozco un poco a estas alturas, Katie-Lou. Y sé que te volverás loca quedándote esperando. Pero Jules y yo te mantendremos informada, lo juro. —Sonrió—. Chica, vi la mirada en tu cara cuando JB te dijo eso, pero tengo que estar de acuerdo con él. Lo mejor que puedes hacer ahora es dormir y estará lista para lo que sea que suceda mañana. Sus palabras trabajaron como magia en mis nervios apretados por resorte, y, de repente, mi ansiedad se convirtió en un cansancio tan profundo que podría haberme acurrucado en mis escalones frontales y quedar dormida. Ambrose lo vio, y sus rasgos se inundaron de compasión. —Ha sido un largo día —dijo. Evitando cuidadosamente el hombro herido, tiró de mí a un gran abrazo de oso estadounidense. Y gracias a Dios por ello. A veces esos besos en la mejilla franceses no eran suficientes. Liberándome, Ambrose se aclaró la garganta ruidosamente y se frotó las manos como si pudiera aplastar nuestro dolor entre sus palmas. —Bueno, hermanita —dijo—. Te llamo en la mañana. —Y se fue. Agotada, tropecé por las escaleras, mis pensamientos corriendo en un millón de diferentes escenarios de lo que podría estar sucediendo en el castillo del valle de Loira. Mi estómago se tensó dolorosamente mientras pensaba –y luego trataba de no pensar– en el fantasma de Vincent unido a una recién mutilada Violette. La imagen me hizo enfermar. Tenía que hacer algo. Mis pensamientos regresaron a Bran. Como un guérisseur3 para los revenants, él era el único que podía saber más que la bardia sobre sus ritos arcanos. En realidad podría ser la clave para lo que estaba sucediendo. Lo voy a llamar otra vez en la mañana, pensé mientras abría la puerta.

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Guérisseur: del francés sanador o curandero.

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No me di cuenta que estaba caminando directamente a una emboscada. Mi hermana y la abuela esperaban en la sala de estar: Georgia resoplando como si despertara donde estaba cubierta a través de uno de los sofás, y Mamie saltando de su silla. Ella le echó un vistazo a la cara y dijo: —Está bien, chicas. ¿Quieres decirme de qué se trata? Georgia afirma que un desconocido le dio una paliza y Katya vuelve a casa con los ojos rojos hinchados a las dos de la mañana de un día de escuela. Haciendo caso omiso de Mamie, Georgia cruzó la habitación en un instante y me tomó por las muñecas. Tenía la cara magullada en un arco iris repugnante de amarillos, rojos y morados, una mejilla hinchada fuera de proporción. —¿Ellos lo encontraron en el tiempo? —susurró. Negué con la cabeza. —No. —Y los sentimientos que había estado alejando desde que la voz de Vincent desapareció sobre el río –la desesperación que seguía tratando de empujar hacia abajo sobre las dos últimas horas con el fin de funcionar, para encadenar mis palabras juntas y poner un pie delante del otro– salieron de nuevo a la superficie—. Oh, Dios mío, Georgia. —Me ahogué y tosí en mis lágrimas mientras me envolvió en sus brazos—. Se ha ido. Realmente se ha ido. —Apoyé la cabeza en su hombro y empecé a llorar. —Vamos —dijo Mamie suavemente, y espantando a las dos fuera del vestíbulo, nos dirigió por el pasillo a mi habitación. Sin dejar de llorar, me quité la ropa y me puse un pijama. Y Mamie y Georgia se establecieron en cada lado de mí en mi cama, parecía que teníamos el tiempo viajado hacia atrás en el verano anterior, cuando había decidido no ver de nuevoa Vincent: yo llorando, mi abuela y hermana reconfortándome. Solo que se trataba de un millón de veces peor. La última vez fue una ruptura, desgarradora, pero reversible. Esta vez se trataba de una despedida. Y era para siempre. Me incliné y sollocé en mis brazos cruzados mientras frotaban mi espalda y suavizaban mi cabello. Cuando mis lágrimas finalmente desaceleraron, Mamie preguntó: —¿Vas a decirme o no? —¿Qué le has dicho? —le pregunté a Georgia, que estaba masajeando suavemente su mandíbula magullada.

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—Todo lo que dije fue que algo malo había pasado y teníamos que estar listas para apoyarte cuando llegaras a casa —respondió ella, mirando con cautela a mi abuela. —¿Qué es, Katya? —insistió Mamie—. Actúas como si alguien hubiera muerto. —Otro sollozo brotó de mi pecho, y me tapé la boca con la mano para parar de llorar de nuevo. Los ojos de mi abuela se estrecharon en la confusión. —Tenemos que decirle, Katie-Bean —dijo Georgia—. Papy ya lo sabe. Y vas a necesitar de mi apoyo y el de Mamie. —Habla —ordenó Mamie en voz baja, y yo empecé. Desde el principio. La siguiente media hora transcurrió revelando la historia a mi abuela, despacio y sin dramatismo, para disminuir el impacto. La expresión de Mamie era cautelosa. Ella sabía que yo estaba llegando a algo malo. Pero cuando llegué al punto en el que descubrí lo que eran Vincent y su parentela, levantó la mano para detenerme. —Eso es imposible —dijo, como si fuera el final de la discusión—. Ustedes niñas se volvieron ambas locas si realmente creen en algo como eso. —Papy lo cree, Mamie —dije—. Fue la razón por la que me dijo que no podía ver a Vincent de nuevo. —¿Él hizo qué? —exclamó mi abuela—. ¿Cuándo sucedió esto? —Ayer. Pensó por un momento. —Debe ser por eso que vino a la cama muy tarde y se levantó tan temprano esta mañana. Él me estaba evitando. Yo habría sido capaz de decir que algo estaba pasando. —Mi abuela me miró a los ojos—. Sin duda, Antoine no creía una palabra de eso. ¡Ni siquiera es supersticioso, por el amor de Dios! Tomé su mano. —Sé que es difícil de creer. La mitad del tiempo me siento como que estoy viviendo en una novela de fantasía muy retorcida. Pero, Mamie, inténtalo. No sé, suspende tu incredulidad por el momento. Puedes hablar con Papy más tarde. Solo por favor, déjame terminar. Hizo todo lo posible para no interrumpir de nuevo.

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—Sí, sí, lo recuerdo. Eso tiene sentido ahora —dijo a veces, cuando he vinculado la historia a algo que ella reconoció: mi ruptura con Vincent y posterior reconciliación; el arrebato de Vincent sobre Lucien en nuestra mesa. Traté de saltar la parte en la que Vincent me poseyó para matar a Lucien, pero Georgia no pudo evitar llenar de horror las piezas en bruto a mi abuela. Al finalizar sus palmas estaban pegadas a sus mejillas y su expresión era de sorpresa y resignación. —Y ahora el… numa, ¿verdad? —preguntó. Asentí con la cabeza—. ¿Tienen el cuerpo de Vincent? —Tenían el cuerpo de Vincent. Pero ellos lo quemaron —digo las palabras sin atragantarme, pero las lágrimas corrían por mis mejillas cuando registré el horror de Mamie y los ojos de Georgia. —¿Pero su espíritu todavía existe? ¿Y todavía se puede hablar con él? — aclaró Mamie. —Yo podría ser capaz si él consigue alejarse de Violette. —Siempre supe que era una enana depravada —murmuró Georgia, mordiéndose una uña. —¿Qué hay de tu malvado ex novio? —la reprendió Mamie—. ¡Después de la historia de Lucien, tendrás suerte si alguna vez te dejo salir de nuevo! —Ella se volvió hacia mí y suspiró—. Oh, Katya, ni siquiera sé qué decir. —¿Pero me crees? —le pregunté, mirándola a la cara. —No tengo otra opción, aparte de creer que las dos están locas o lavadas del cerebro. O usando drogas —dijo en un tono que sugería que podría preferir una de las opciones anteriores para la alternativa—. ¿Y Antoine sabía acerca de esto? —Solo desde ayer —respondí. Mamie suspiró. —Odio decir esto, pero no culpo a su Papy por la prohibición de ver a Vincent. Mis hombros cayeron, pero Mamie levantó la palma de la mano, advirtiendo que espere.

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—Me acabas de decir su historia. Por favor, déjame responder. Estoy tratando de pensar en la manera de poner esto sin herir tus sentimientos. —¿Qué? —le pregunté, como un nudo de autoprotección formado en mi pecho. Vi una serie de emociones cruzar la cara de mi abuela: piedad, la indecisión, y finalmente indignación. Pero luego miró a mi húmeda cara hinchada y su burbuja de ira apareció. —Oh, Katya —suspiró ella—. Incluso si Vincent y los suyos son los buenos, es como si me dijeras que estás saliendo con Superman. ¿Quién quiere que su nieta sea Lois Lane, constantemente amenazada por los enemigos malvados de su novio? En lugar de enamorarse de un héroe, no puedo evitar desear que amaras a un chico normal. Un estudiante seguro, agradable, tal vez. —Miró de reojo a Georgia—.Incluso un chico en una banda de rock sería más fácil de aceptar. —Mi hermana encontró sus uñas de sumo interés. Dándome un apretón final, mi abuela se levantó lentamente y caminó hacia la puerta. Haciendo una pausa, cruzó los brazos sobre el pecho y cerró los ojos por un momento, como si tratara de borrar mentalmente todo lo que había escuchado en la última media hora. Luego, abriéndolos de nuevo y viendo a Georgia y a mí sentadas allí, ella suspiró. —En primer lugar, voy a llamar a tu escuela por la mañana y les diré que ustedes dos no va a ir en el futuro. Eso les dará tiempo para encontrar la manera de hacer frente a lo que ha sucedido y —ella miró a Georgia—, para sanar. En segundo lugar, Katya, creo el cuento de locos, a pesar de que nunca he oído nada igual en mi vida. Tu Papy y yo vamos a hacer todo lo posible para ser comprensivos, incluso si no estamos de acuerdo. A partir de ahora, Vincent y sus parientes son un tema abierto en esta casa. No ocultaras más cosas de nosotros. Estamos de tu lado y queremos ayudarte a tomar decisiones inteligentes y bien informadas ya sea que estés hablando de malas notas o no-muertos. Arrugó la nariz en la última palabra. A pesar de que estaba tratando de ser la materia –de hecho, yo sabía que era difícil para ella obtener esas palabras saliendo de su boca. —Está bien, Mamie —le prometí. —Estoy aquí por ti, querida. Esta familia está familiarizada con el dolor. Siempre puedes venir a mí por comodidad y tienes que saber que entenderé.

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Asentí con la cabeza a mi abuela y, satisfecha, se volvió para irse. Un segundo más tarde escuchamos la puerta de su habitación abriéndose y cerrándose con un golpe. Su voz era audible incluso a través de la puerta cerrada. —Sí, puedo ver que estás dormido, Antoine. Pero será mejor que despiertes, porque tenemos algo que hablar. Georgia y yo nos miramos la una a la otra, e incluso a través de mis lágrimas, no pude evitar sonreír.

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Capítulo 4 Traducido por QueenDelC Corregido por Nony_mo

i sueño era tan ligero que escucho cada crujido de nuestro antiquísimo edificio y cada auto que conduce en la rue du Bac. E incluso cuando mi mente se deslizó en un sueño nostálgico sobre Brooklyn y mis padres, estaba medio escuchando la voz de Vincent. Cuando desperté, se sentía como si no hubiera dormido nada, pero el reloj decía que eran las once de la mañana. Me acosté en mi cama y miré el techo, incapaz, no, poco dispuesta, a moverme. Parecía como si los eventos del día anterior hubiesen sucedido en otra vida a otra chica. Pero hace apenas veinticuatro horas mi hermana y yo nos habíamos enfrentado con Violette en la cima de Montmartre. Ayer a esta hora habíamos descubierto su plan para ejercer la posición de líder de los numa para derrocar a los revenants de Francia, usando a Vincent para cumplir su meta. Lo había engañado para que siguiera el Camino Oscuro. Había pasado un par de meses absorbiendo la energía malévola del numa que mató para poder resistir el deseo de morir. Por mí. Lo había debilitado al punto de que Violette fácilmente lo habría podido capturar y matar, si él no hubiera prevenido su movimiento de ir de frente contra nuestra refriega y cayendo a su muerte por un precipicio. La muerte para Vincent no era permanente. Pero que su cuerpo fuera incinerado lo era. Un compartimiento dentro de mi corazón que gradualmente, a través de los últimos nueve meses, había dado un espacio enorme con la forma de Vincent de repente, y violentamente, estaba vacío. Y el resto de los contenidos de mi corazón, mi amor por mis padres, mi hermana, mis abuelos, mis pasiones por el arte, los libros y las películas, estaban cuidadosamente a un lado, negándose a moverse al hueco espacio dejado por la desaparición de mi amor. ¿Cómo podría algo, o alguien, reemplazarlo? Estaba harta de llorar. Podía sentirlo. Mientras estuve acostada ahí, sentí una fiera determinación que comenzaba a llenar el vacío. Una resolución

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de asegurarme que lo que quedara de Vincent, su “alma viajera”, como Gaspard la había llamado, estuviera a salvo. Me senté con cuidado, haciendo una mueca cuando sentí el dolor en la mitad y la parte superior de mi pecho: pena y mi clavícula rota, ambos cortesía de Violette. Alcanzando mi celular, veo que tengo un mensaje de Ambrose de hace menos de media hora. Le doy clic ansiosamente para verlo, pero mi corazón cae cuando veo el contenido. Solo Chequeando. Ninguna noticia. Jules aún en el castillo tratando de ver a Vin. Aguanta, K-L. Estaba a punto de bajar el celular cuando noto que ha habido una llamada durante la noche sin dejar un mensaje. Reconozco el número. Fue Bran. Estaba levantada y fuera de la cama en un instante. Me mantengo de pie brincando nerviosamente sobre mis dedos mientras le llamo de regreso y me manda directo a su correo de voz. —Bran, soy Kate. Vi que me marcaste anoche. Llámame. Aprieto el vendaje elástico que el doctor me había dado y, después de revisar la cocina y encontrar una nota de Mamie, voy al baño a me echo agua fría en el rostro. Inclinándome hacia el espejo, gentilmente toco la carne lastimada debajo de mis ojos. Sacando una barra correctora de ojeras, me di a la tarea de hacerme lucir normal. Un par de minutos después, estaba yendo de puntitas hacia la habitación de Georgia, donde me quedé de pie viendo su forma desparramada, roncando, antes de presionarla ligeramente. —Georgia. Levántate. —Qu… Nomlestes —murmuró, abriendo un ojo antes de poner la almohada sobre su cabeza. —Georgia, es casi mediodía. Papy está en su galería y Mamie salió. Necesito que vengas a un lugar conmigo. Pero tenemos que irnos antes de que ella regrese, o querrá saber a dónde vamos. Ella solo se quedó allí, escondiéndose mientras la presionaba de nuevo. Finalmente se sentó y lanzó la almohada hacia el suelo. —¿Qué pasa contigo? ¿Qué no ves que estoy gravemente herida? —Con sus ojos aún cerrados, levantó su barbilla para mostrarme su rostro. Sus moretones multicolores ahora se habían consolidado en medias lunas de un violeta profundo y negro debajo de sus ojos y una mejilla estaba

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hinchada como si fuera manzana. Mi hermana lucía como un boxeador después de un nocaut. O un mapache. Mi corazón dolió al verla tan lastimada, pero sabía que sus heridas solo eran superficiales. Y había intereses más importantes. —Georgia, necesito que vayas conmigo a ver a Bran. Puede que él tenga una respuesta a lo que está sucediendo con Vincent. Parpadeó por unos segundos, no de la manera en que lo haría una chica, pero porque las tenía pegadas con lagañas. —Creo que estoy ciega —gimió. Le tendí una toallita facial de su tocador y se limpió los ojos antes de entrecerrar los ojos hacia mí. En cuanto ve mi misteriosa expresión, estaba en alerta—. Lo siento, Kate. Olvídate de mí. ¿Cuál es el plan? —¿Me recuerdas hablando sobre esos guérisseurs especiales? ¿Los curanderos que se ocupan de los revenants? Necesito que vayas conmigo a buscar uno a Saint-Ouen. Se aprieta el puente de la nariz para despertarse. —Está bien. Pero es viernes. Es día de escuela. —Mamie llamó a la escuela para decirles que no vamos a ir, ¿recuerdas? —Cierto —dijo Georgia, aún apretándose la nariz con los ojos cerrados— . Así que tú y yo nos vamos a escapar… —Mamie no está. Solo le dejaremos un mensaje de que vamos a salir unos cuantos minutos. Se soltó la nariz y me miró fijamente. —Vamos a dejarle un mensaje de que sus dos nietas, quienes ayer se envolvieron en una batalla con criaturas sobrenaturales, una de ellas resultando con múltiples heridas, y la otra cuyo novio fue asesinado, van a salir sin supervisión a… —Encontrar un miembro de una antigua familia de curanderos para conseguir información para proteger al fantasma de mi novio muerto. Las orillas de los labios de mi hermana se elevan. —Cierto. Cuenta conmigo. —Sale de la cama y comienza a ponerse ropa— . ¿Qué hacemos si nos la encontramos cuando salgamos? —me dijo de debajo de la blusa que se estaba poniendo. Hice una mueca cuando vi los moretes en sus costillas donde Violette la había pateado. No estaban

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tan mal como las contusiones y la hinchazón de su rostro, pero ella ignoró sus heridas mientras me dirigía una sonrisa. —Le diremos que ya no hay pan —repliqué. —La única excusa que una persona francesa nunca cuestionaría. ¡Baguettes o muere! —aclamó Georgie, y nos fuimos antes de que mi abuela pudiera regresar.

*** Estábamos del otro lado de la ciudad antes de que me diera cuenta que había dejado el celular en casa. —Yo traigo el mío —dijo Georgia, dándole golpecitos al bolsillo de su abrigo. —Sí, pero se suponía que Ambrose me iba a decir si algo pasaba. —Mi pecho se oprimió con ansiedad. Hoy no era el día para quedarme sin conexión. —Llámalo —ofreció Georgia, ofreciéndome el celular. —No, está bien. Estamos aquí —digo, señalando hacia adelante a la oscura forma de Le Corbeau. Georgia miró dudosa el viejo letrero de madera con el cuervo de la tienda moviéndose de un lado a otro con las ráfagas del viento invernal. —¿Estás segura de que el lugar está realmente abierto? Luce medieval — dice, acomodando su abrigo más cerca a su alrededor. Toco la ventana de la puerta, pero es obvio que no hay nadie adentro. —¿Eso es un diente gigante? —pregunta Georgia, acercándose al escaparate en la ventana. —Se le llama reliquia. Probablemente es el hueso del dedo de algún santo o algo —respondo, moviendo la manija de la puerta. Miro asombrada cuando la puerta se abre con facilidad—. ¡Ni siquiera estaba cerrada! — exclamo, y entro al umbral. —¿Por qué la cerrarían? —dice Georgia, siguiéndome—. ¿Quién se robaría… “un rosario del siglo dieciocho con la astilla de la cruz verdadera atrapada dentro de un cristal bohemio”? —lee de la etiqueta y deja caer

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sin cuidado las cuentas en su puesto—. Eso es raro. Hombre, de verdad les sería útil limpiar aquí. El polvo es el suficiente para provocarte asma. Nos adentramos más en la oscura habitación, paseando por el pequeño espacio entre las estatuas de santos con cuchillos en sus cabezas y estantes con recuerdos que brillan en la oscuridad del papa. Mi pie golpea contra el suelo de manera e inmediatamente viene un golpe de debajo del suelo. —¡Shh! —le susurro a Georgia—. ¿Escuchaste eso? —Oh, por Dios —murmura, sus ojos abriéndose por la alarma—. Tienen un calabozo. El golpe comienza de nuevo: tres golpes espaciados de debajo de nuestros pies. Sonaba como si alguien estuviera golpeando el código Morse de ayuda en el techo del cuarto que debía estar abajo. Como si alguien necesitara ayuda. Podría ser cualquier persona. —¡Rápido! —Corro hacia la puerta que da hacia las escaleras del fondo. En lugar de ir arriba hacia el apartamento donde me había encontrado con Gwenhaël, vamos hacia abajo por una puerta oxidada que se abrió con un chirrido cuando la empujé con mi cadera. Entro en un almacén de techo bajo, y fui recibida por el hedor de un aire húmedo, frío y mohoso. En una esquina hay un área con rejas, abarcando de techo a suelo con una valla de cadenas y protegida por una puerta con candado. Detrás de ella había un montón de cajas –lo más seguro es que fueran valiosas y estuvieran guardadas en el lugar más seguro de la tienda. Y junto a las cajas, amordazado y amarrado a una silla, estaba Bran sentado.

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Capítulo 5 Traducido por Kirara7 y Eli25 Corregido por Marce Doyle*

stás bien? —grité. Me moví rápidamente hacia la puerta de la jaula. Bran negó con la cabeza, su cuerpo delgado temblaba bajo las ataduras, y moretones frescos distorsionaban su rostro, un ojo tan hinchado que era solo una rendija. Su rostro estaba mojado con lágrimas y sudor, y dado que su boca estaba tapada con cinta, el respiraba fuertemente por su nariz para respirar. —¡Oh, Bran! —dije, cubriéndome mi boca con horror. El de algún modo había logrado recoger un palo de escoba, con el cual había golpeado el techo cuando nos escuchó a mí y a Georgia caminando por encima. Ahora lo había soltado, y el estruendoso hueco contra la puerta destruyó el silencio. —¿Sabes dónde está la llave? —pregunté, tirando del candado. El negó con la cabeza una vez. —Bien, encontraremos una forma de romperlo de una vez. ¿Georgia? — Mi hermana estaba de pie sin moverse, mirando con los ojos abiertos a Bran—. Ayúdame a encontrar algo pesado. Ella salto a la acción corriendo hacia un enorme candelabro de bronce colgado en la pared. —¡Perfecto! —dije, y la ayudé a posicionarlo a través del piso hacia la jaula. —Mételo bajo tu brazo derecho —instruí, cogiendo el otro lado. Hice una mueca y ajusté mi agarre cuando el objeto pesado envió una onda de dolor a mi clavícula—. Vamos a golpear la cerradura desde el lado. No creo que podamos romper el candado, pero el anillo que está ahí parece oxidado. Apuntemos a eso.

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Mientras nos alejamos unos pasos, mis ojos miraron los de Bran y vi la mirada de arrepentimiento mientras miraba el candelabro. —¿Esto es muy caro, no es así? —pregunté, sin ser capaz de reprimir una sonrisa nerviosa. El asintió tristemente y luego se encogió de hombros. —¡Vamos! —y Georgia y yo nos movimos hacia la cerradura, estrellándonos con la parte filosa de nuestro improvisado garrote. La cerradura no se movió. Pero una hoja decorativa del candelabro cayó. Bran hizo una mueca. —Intentémoslo de nuevo —dije, ajustando mi vendaje Ace y con cuidado presionando mi hombro adolorido. Entonces retrocedimos y corrimos con todas nuestras fuerzas hacia la cerradura, esta vez golpeando los viejos anillos en pedazos. El candado golpeó el suelo con un metálico clink y la puerta se abrió. Me apresuré al espacio, e incluso si era Bran —extraño y con aspecto de espantapájaros Bran— me detuve y lo abracé rápidamente antes de inspeccionar sus ataduras. Sus atacantes habían usado cinta negra en su boca, como también en sus muñecas, pecho y tobillos. —No quiero lastimarte —dije deteniéndome. El rodó sus ojos, como diciendo “solo termina con esto”. Agarré la cinta con una uña, aflojando una parte en su mejilla, y luego, apretando mis dientes, la quité de un solo movimiento. La boca de Bran quedó abierta, y el dio respiros entrecortados de aire mientras las lágrimas de dolor y de alivio bajaban por sus mejillas. El forcejeó contra la cinta que lo ataba a la silla, pero estas se mantuvieron firmes. —Debes apurarte, niña —el me instó—. Ellos han estado fuera por horas, podrían regresar en cualquier momento. —¿Quiénes son ellos? —pregunté acercándome a escucharlo, dado que su voz era una jadeo sin aliento. —Numas, ellos me retienen hasta que el pequeño antiguo venga a cuestionarme. ¿El pequeño antiguo?, pensé, y luego grité: —Espera, ¿Violette viene aquí?

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—Sí. —Bran estaba intentado no entrar en pánico, pero la urgencia de su voz, hizo que se rindiera a sus miedos—. Crees que puedes… —Él levantó sus muñecas atadas. —Rápido Georgia, encuentra algo afilado —grité. —Ya lo hice —ella dijo detrás de mí. Me volví para verla blandiendo una navaja plástica. Ella abrió la navaja y me la entregó. En minutos, Bran se estaba poniendo de pie, sacudiendo débilmente las piernas y moviendo sus delgados brazos para conseguir de vuelta la circulación. —Mis gafas —graznó—. Se cayeron. Encontré sus gafas con vidrio de botella a unos centímetros de su silla, torcidas y rotas. Hice lo que pude para arreglarlas y se las entregué. Incluso si el medio tenía una rendija de ojo para ver, una vez que se las puso, pareció transformarse de un pulpo golpeado de vuelta a su extraño y magnifico ser. Él dio un paso hacia mí y luego colapsó en la silla. Me apresuré a ayudarlo. —¿Podrás caminar? —Me temo que mis atacantes me golpearon duro —el respondió—. Puede que necesite de tu ayuda. —Deberíamos llevarte a La Maison —dije, envolviendo su brazo en mi hombro y levantándolo para que se parara. Georgia sostuvo la puerta de la jaula para nosotros y yo cojeé con él hacia la habitación. —Estas seguro aquí, al menos… —comencé, pero antes de poder terminar el pensamiento, se oyó el sonido de la puerta del frente de la tienda abriéndose y cerrándose y el crujido de los pasos del piso de madera que venía de encima de nosotros. —¿No estás esperando ningún cliente, o sí? —Georgia chilló, sus ojos como platos. —¡Rápido, por aquí! —Bran susurró, moviendo su cabeza para señalar una puerta de metal del tamaño de un niño al final del tramo de unas antiguas escaleras de piedras. Georgia se movió al otro lado, y entre las dos lo arrastramos hacia la puerta. El buscó una llave en un hueco en la pared y la puso en la vieja cerradura. De arriba vino una voz que reconocí inmediatamente, la voz de una joven niña.

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—¿Dónde está el? —Violette demandó. Hubo un bang cuando la puerta fue azotada y los pasos sonaron por la escalera. —Por el amor de Dios, abre esa maldita puerta —Georgia siseó mientras Bran metía la llave en la puerta. La puerta se abrió y pasamos tropezando por el pequeño marco hacia la oscuridad y el cavernoso espacio. Tuve el tiempo suficiente para ver un rio corriendo a nuestro lado antes de que Bran cerrara la puerta y la asegurara instantáneamente. Quedamos envueltos por el olor de algo amargo y el sonido del agua corriendo. —Toma la barra y bloquea la puerta —Bran me dijo, y cambió su peso hacia Georgia. Perdió el equilibro un poco antes de recuperar su balance. Había pasado suficiente luz por medio de las rendijas de la puerta y el marco para ver una barra de hierro sobre el dintel. Lo cogí y lo encajé en los soportes de la puerta. —¡Por aquí! —dijo Bran. Georgia se tambaleó con él hacia la oscuridad. Gritos de sorpresa y rabia vinieron desde el otro lado de la puerta. Y entonces, una voz apareció en mi cabeza, la que había estado escuchando desde que desapareció por el río. ¡Kate, corre! ¡Vincent estaba aquí! Él había sobrevivido a ser quemado —al menos su espíritu lo había hecho. El alivio me golpeó como un tsunami, dejándome mareada y desorientada. —¡Vincent, eres tú! —susurré. Estoy atado a Violette, y ella solo está a unos metros de ti al otro lado de esa puerta. Ellos aún no saben por cuál lado se ha ido Bran, pero mejor vete de aquí antes de que lo descubran y rompan la puerta. Ignorando su advertencia, pregunté: —¿Estás bien? —Mi boca estaba tan seca, que apenas pude hacer que las palabras salieran. El poder transferido no funcionó, así que Violette me mantiene con ella. Ella necesita que Bran averigüe qué fue mal. Ahora, Kate... vete. —Primero dime qué podemos hacer para ayudarte... ¡Ahora! —¡Kate, vamos! —Georgia rogó desde unas pocas yardas más adelante— . ¿Qué estás haciendo quedándote ahí? —Tomó toda mi fuerza alejarme

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de la puerta, alejarme de la posibilidad de estar cerca del espíritu de Vincent, pero una vez que preparé mi mente, corrí para alcanzar a mi hermano y a Bran. —No puedo ver nada —dije después de unos pocos segundos. —Yo tampoco —respondió Georgia—. Aquí, tómalo. —Me sostuve bajo el hombro derecho de Bran, guarneciendo mi brazo seguramente alrededor de su cintura y ayudándole a moverse. Él era tan ligero, que si no fuera por mi propia herida, probablemente podría haberlo llevado. Detrás de nosotros, una fuerte luz se encendió, iluminando el espacio a nuestro alrededor. Miré hacia el brillante rectángulo que Georgia alzaba en alto. —Aplicación linterna de iPhone —dijo ella orgullosamente. —Rápido —urgió Bran, y nos dirigimos alrededor de una esquina y bajamos a otro pasadizo. Cuando luchábamos por avanzar en el brillo de la linterna del móvil, asimilé los alrededores. Nos estábamos dirigiendo a un largo túnel con techos abovedados alineados con ladrillo. Un río corría por la mitad, y al otro lado había una acera lo suficientemente ancha para que dos personas caminaran lado a lado. Una red de miles de túneles llevando agua de lluvia, agua drenada y... sí... aguas residuales de París. —Si veo caca flotando, me sacaré los ojos con este cúter —dijo Georgia detrás de mí. Ignorándola y cambiando mi sujeción en Bran, conseguí un mejor agarre en él, así que casi estábamos corriendo. Finalmente, me permití pensar en Vincent. El poder transferido no había funcionado. Algo muy bueno, me aseguré. Ella no había averiguado cómo drenar a Vincent del poder del Campeón. Pero mi burbuja de esperanza ardió cuando recordé que ella aún había tenido éxito con la ceremonia de atadura. El espíritu de Vincent estaba atrapado, incapaz de dejar su lado. Y aquí estaba yo, corriendo lejos de ellos. Me sentía gritar de frustración y rabia. Sabiendo que Vincent estaba indefenso en las manos del malvado fantasma me hacía más determinada que nunca a averiguar cómo liberarle. Pero primero teníamos que llevar a Bran a un sitio seguro. Él podía tener la llave para ayudar a Vincent. Sería difícil para el numa romper una

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puerta de metal bloqueada por una barra de hierro. Pero casi cada edificio en París guardaba un acceso a las cloacas. En algún momento Violette averiguaría cómo había escapado Bran. Podría estar detrás de nosotros en el tiempo que le tomó romper en el sótano de un edificio cercano. Bran nos dirigía a través de los pasillos alrededor de múltiples giros y vueltas. Obviamente no era su primera vez en las cloacas, sabía exactamente a dónde iba. Después de treinta minutos de medio correr, medio cojear al lado de la apestosa agua, apretando a través de las tensas aperturas y arrastrando a través de los bajos pasadizos conectados, llegamos a otra puerta cerrada. Bran removió un ladrillo a la derecha del marco de la puerta y sacó una gran llave de esqueleto. Abrí la puerta con ella y Georgia le guio a través. —Ciérrala desde dentro —dijo Bran. Georgia le ayudó a acomodarse en una silla, dónde se sentó jadeando. Encontré un encendedor y una linterna de cristal sujetando una vela. Georgia apagó la luz de su móvil después de que encendiera la lámpara y el espacio a nuestro alrededor parpadeara a la vista. Estábamos en una pequeña sala amueblada con dos catres, un par de viejos armarios raídos y estanterías almacenadas con suministros de primeros auxilios y comida enlatada. —¿Qué es este lugar? —pregunté. —El escondite de la vieja Resistencia hecho por mi abuelo —replicó Bran sin respiración—. Desde la guerra, mi familia lo ha mantenido como un lugar seguro, pero nunca habíamos necesitado usarlo antes, hasta la semana pasada cuando mi madre se escondió del Antiguo y su numa. No podemos quedarnos mucho tiempo. Si saben que estamos aquí abajo y vuelven con refuerzos, podrían encontrarnos. —Deberíamos llevarte a La Maison—dije—. Pero eso está en el séptimo distrito, todo el camino a través de la ciudad. Llevaría horas caminar hasta allí si nos quedamos en las cloacas. Y en la forma que estás, no estoy segura que puedas hacerlo. Bran sacudió su cabeza. —No puedo caminar tanto. E incluso si pudiera, solo conozco mi camino alrededor de los túneles bajo nuestro vecindario. Nunca podría encontrar el camino al otro lado del río. —Así que tendremos que ir al nivel superior —dije.

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Un zumbido llegó del abrigo de Georgia. Ella pescó su móvil de su bolsillo y miró la pantalla. —Arthur. Otra vez. La miré. —¿Qué quieres decir con otra vez? —Me ha dejado mensajes toda la mañana, preguntando cómo estoy — replicó ella con un encogimiento de hombros. —¿Por qué no contestas? —pregunté, incrédula. Georgia hizo una cara. —No quiero parecer demasiado interesante. Eso le asustaría. —Ella parecía tan ofendida como si hubiera sugerido que se casara con él en el momento. Agarré el teléfono de su mano y respondí la llamada. —¿Arthur? Sí, soy Kate. Violette y algún numa están detrás de nosotros, y necesitamos tu ayuda. Estamos escondidos en las cloacas... —me giré hacia Bran—. ¿Dónde estamos exactamente? —Bajo el final de norte del Cementerio Montmartre —respondió Bran—. Puedes decirles que nos encuentren justo dentro de la puerta norte. Entregué el teléfono de vuelta a Georgia. —Dijo que estará aquí en veinte minutos y que nos quedemos en nuestro escondite hasta que nos mande un mensaje de texto. —Bran asintió, y dejando su cabeza en el respaldo del sofá, cerró sus ojos con cansancio. —¿Dijo algo más? —preguntó mi hermana, mirándome. Giré mis ojos. Incluso en un escondite subterráneo, a riesgo mortal de ser descubiertos por el malvado no muerto, Georgia estaba pensando en chicos. —Bueno, ¿lo hizo? —insistió. Suspiré. —Preguntó si estabas bien —admití. Mi hermana se tiró en uno de los catres con una sonrisa satisfecha y miró soñadoramente al techo.

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Capítulo 6 Traducido por AntoD y Alexiacullen Corregido por Marce Doyle*

uando el mensaje de Arthur finalmente llegó, hicimos cuidadosamente nuestro camino fuera del bunker y subimos por algunas escaleras cercanas. Bran me indicó que empujara y abriera la trampilla en la cima y emergimos del suelo de un mausoleo, donde las tumbas de mármol sobre el piso dominaban la pequeña habitación. —Esto es tan Buffy que ni siquiera es divertido —dijo Georgia, apoyándose en Bran mientras yo quitaba las cortinas de telarañas para que pudiéramos salir al cementerio. Ambrose estaba esperando junto a la puerta. En cuanto nos vio, echó a correr y levantó a Bran en sus brazos. —Apúrense —dijo—. ¡Hay como una central numa por aquí! Él metió a Bran en la parte trasera del coche, y Georgia y yo nos sentamos a cada uno de sus lados. Tan pronto como estuvo Ambrose en el asiento del pasajero, Arthur salió a toda velocidad. —Justo a tiempo —dijo, mirando por el espejo retrovisor. Me giré para ver a un escuadrón numa rodeando la esquina del muro del cementerio y abrir la puerta de la que habíamos venido apenas unos segundos antes. —Parece que nuestra Malvada Emperatriz ha conseguido que la sigan la mitad de los numa de París como seguridad —comentó Ambrose secamente—. Enviamos a Henry y a algunos otros a tu tienda, justo después de que hablamos con Kate —dijo, mirando a Bran—. Pero no había señal de ellos. La puerta a las alcantarillas había sido aplastada, así que ellos aún podrían estar allí abajo, trazando su camino a través del nivel de los sanitarios de París, buscándote. Él se movió en su asiento para lanzarme una mirada molesta. —¿Y tú quién te crees que eres? ¿La Mujer Maravilla?

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—Yo diría que Kat es más como Gatúbela —comentó Georgia—. Más genial. Menos derivada.

Ambrose la ignoró. —¿Qué te poseyó para ir a deambular afuera luego de que te dejé tres mensajes para que te quedaras, dado que Violette y sus numa fueron vistos dirigiéndose a París? ¿Desde cuándo “quédate en tu casa” significa ir directamente al lugar donde es más probable que vaya tu enemigo? —No recibí tus mensajes —admití, avergonzada—. Dejé mi celular en casa. Él suspiró profundamente y sacudió su cabeza con desesperación. —Voy a conseguir un soporte para teléfonos para poder encadenarlo a tu muñeca. Vincent me mataría si supiera que te dejé en cualquier lugar cerca de Violette. —Em… Vincent lo sabe —dije. —¿Qué? —exclamaron todos al mismo tiempo, excepto Bran, que preguntó: —¿Quién es Vincent? —Es sobre quien te hablé por teléfono la semana pasada —le contesté. —¿El que se sospecha que es el Campeón? —preguntó él. Asentí, y luego les dije a los otros: —Él me habló cuando estábamos esperando afuera de la puerta del sótano de Bran. —¿Qué fue lo que dijo? —preguntó Arthur, haciendo un brusco giro para evitar un semáforo en rojo. —Dijo que estaba atado a Violette, y que ella había venido a buscar a Bran porque la transferencia de poder no había funcionado. —Bueno, eso aclara por qué los brutos me detuvieron —dijo Bran—. Sin embargo, luego de asesinar a mi madre, no veo porqué esperaban que me ofreciera de voluntario para ayudarlos.

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—Um, supongo que esa fue la razón por la que te golpearon —destacó Georgia amablemente—. Todo el punto de la coerción es que no se necesitan voluntarios. —De todos modos, nunca lo hubieran conseguido de mí —insistió tercamente Bran, luego se estremeció por alguna lesión invisible, e inclinó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el asiento y cerrando sus ojos. —Buen chico. —Ambrose se inclinó sobre el asiento y palmeó de modo tranquilizador la rodilla de Bran antes de voltearse hacia Arthur—. Amigo, ¿no puedes conducir esto más rápido? —urgió él en voz baja—. Allí atrás Skeletor se está desvaneciendo rápidamente. Miré a Bran por un momento, queriendo preguntarle sobre Vincent, para ver si él sabía algo sobre espíritus incorpóreos. Su madre había mencionado registros familiares cuando le había pedido que ayudara a resistir a Vincent de morir. Me había dicho que su línea de curanderos sabía algunos de los secretos revenant, y que revisaría sus cuentas para ver si podía ayudarnos. Me preguntaba si Bran sabía todo lo que su madre tenía. Pero viendo su cansancio y su rostro maltratado, supe que no éste no era el momento de preguntar. A los diez minutos estábamos entrando por la verja de La Maison, donde un comité de bienvenida nos esperaba junto a la puerta principal. JeanBaptiste y Gaspard estaban a cada de lado de una Jeanne de aspecto preocupado, quien corrió hasta el auto mientras nos deteníamos. Georgia y yo ayudamos a Bran a salir del auto, luego lo seguimos mientras Arthur y Ambrose le hacían de soporte con sus brazos bajo sus hombros. Lo llevaron a la puerta principal, donde esperaba JeanBaptiste. —Estaré bien —le aseguró Bran a sus guardaespaldas, y ellos lo bajaron cuidadosamente mientras él le extendía una temblorosa mano a JB. —Bonjour —comenzó él, pero cuando sus dedos tocaron la mano del líder revenant, una luz brillante, como el flash de una cámara, explotó entre ellos, causando que todos a su alrededor se protegieran los rostros. Parpadeé varias veces antes que las manchas comenzaran a despejar mi visión, y vi que Bran se había puesto rígido. Él dejó salir un profundo gemido, su cabeza cayó hacia adelante y se desplomó inconsciente en el suelo. —¿Estás bien? —chilló Gaspard, corriendo hasta JB. El líder revenant parpadeó un par de veces y sacudió su brazo de forma experimental.

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—¿Qué demonios fue…? —comenzó Georgia, pero fue interrumpida por Jeanne, que había saltado a modo emergencia. —¡Arriba! ¡Levántenlo! —ordenó ella, y Ambrose levantó en sus brazos a una forma flexible de Bran. Llevándolo hasta el cuarto de Vincent, lo depositó cuidadosamente en la cama. Jeanne estuvo allí en un instante, aplicando paños húmedos y fríos a la cabeza y las muñecas de Bran. En unos segundos, sus párpados estaban revoloteando y se abrieron. —¿Dónde estoy? —murmuró. Jeanne le pasó sus gafas, las cuales se habían caído cuando las tenía. Tirando de ellas con las manos temblorosas, echó un vistazo ansiosamente hacia nuestras caras, pareciendo completamente sorprendido cuando me vio. —¿Qué es esto? —pregunté, mirando alrededor para estar segura de que no estaba mirando a nadie más. Su mirada atónita, como si no me reconociera después de lo que me había esforzado las últimas dos horas apresurándome alrededor del metro de París con él, que estaba enloqueciéndome. Mantuvo la mirada durante unos cuantos segundos, parpadeando unas cuantas veces con el ojo que estaba hinchado. Entonces, suspirando profundamente, dijo: —Nada, chica —y se tendió de nuevo sobre la almohada. —¿Estás bien? —preguntó Jeanne, metiendo una manta alrededor de su cuerpo tembloroso. Ignorando su pregunta, Bran preguntó: —¿Puedo suponer que tu hogar está a salvo de los malos? —Puedes apostar tu dulce…. Um, sí, señor —dijo Ambrose, corrigiéndose a sí mismo—. Siempre y cuando estés aquí con nosotros estrás a salvo del numa. —A salvo —suspiró Bran—. Nadie estará a salvo hasta que el Vencedor triunfe. —¿El Vencedor? —preguntó Arthur. —Quiere decir el Campeón —aclaré. Gaspard dio su opinión. —Siento informarte, querido aliado, que el Vencedor ha sido capturado. Está ahora en las manos de nuestros enemigos.

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Bran consideró las palabras de Gaspard. —Sí, tu Kate me informó de eso —contestó finalmente—. Pero Violette no tiene todavía su poder. Y si no puede descubrir la magia de la transferencia a ella misma, no lo aprenderá de mí. Eso al menos nos dará algo de tiempo. Jeanne dio un paso hacia adelante. —Monsieur… —Tândorn. —Monsieur Tândorn, ¿le gustaría que llamara a un médico? —Non. Merci, chère madame4. Las bestias se concentraron prácticamente en mi rostro. El resto de mí solo se siente magullado… nada roto. Estoy muy débil. No he dormido ni comido desde que mataron a mi madre. La cara de Jeanne tomó el aspecto de un peligroso gato montés cuyo cachorro estaba amenazado por los cazadores. Había visto antes esa mirada, y sabía exactamente lo que significaba. El poder del ama de llaves se abastece de su capacidad para cuidar a sus pupilos. Segundos después de que ella saliera de la habitación, escuché ollas y sartenes golpeando en la cocina mientras planeaba su ataque al estado enfermizo de Bran. Arthur se acercó a Georgia. —¿Cómo está tu cara? —preguntó con timidez, alzando su mano para tocar su mejilla lastimada. Mi hermana se apartó del camino con agilidad. —Ya sabes, después de este terrible encuentro con el numa, realmente podía necesitar una taza de té fuerte. ¿Crees que podrías conseguirme alguna? —pidió con coquetería. —Por supuesto —respondió Arthur, enderezándose y transformándose de nuevo en su habitual forma. Acompañó a Georgia educadamente por el pasillo. Los otros lo siguieron cuando se marcharon. Jean-Baptiste se quedó atrás durante un segundo, mirando como si quisiera quedarse, y luego dijo:

4

Non. Merci, chère madame: No. Gracias, querida señora.

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—Tenemos mucho de qué hablar, monsieur Tândorn, pero le permitiré descansar. ¿Podría ir a verle esta noche? —Por supuesto —respondió Bran con poca energía. —¿Te gustaría estar solo o prefieres que me quede? —pregunté. —Quédate, chica —respondió él. Empujé una silla al lado de la cama y me apalanqué. —Lamenté oír lo de tu madre —dije, después de un momento de silencio. —Sí —dijo él—. Era un alma excepcional. Una madre amorosa. Una sabia mujer. Dudé antes de continuar, pero él parecía querer conversar. —¿Tuvo tiempo de pasar sus dones a ti antes de que ella… desapareciera? —pregunté. Tomó una respiración profunda, y tratando de alcanzar una almohada más, la metió detrás de él, por lo que estaba casi sentado. Su ojo hinchado era del color de una ciruela madura, y el otro estaba aumentado por sus gruesas gafas, las cuales parecían de una historia de tres dimensiones. Él me miró, entrecerrando los ojos con curiosidad, y luego alejó rápidamente la mirada de nuevo. Yo jugueteaba con mi pelo, preguntándome si había telarañas o restos de los pasadizos subterráneos atrapados en él. —Sí. Sí, lo hizo —respondió—. He heredado sus dotes curativos, y ahora soy yo mismo un curandero. Sonreí tristemente, sabiendo que sus poderes nuevamente adquiridos no podían compensar la pérdida de su madre. Tocó mi brazo con unos dedos huesudos y largos, y sus labios finos se curvaron hacia arriba en las comisuras. —Es demasiado malo que no tengas migraña para así poder mostrarte cómo funciona. Aunque, como mi madre, mis dones no se limitan al reino de los mortales. Se subió la manga y me mostró un tatuaje fresco en el interior de la muñeca, con la carne aún rosa alrededor. Un triángulo con llamas ardiendo desde sus tres puntas estaba encerrado en un círculo.

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—El signo bardia —suspiré. Y empujando de la versión de oro y zafiro que Vincent me había dado de debajo de mi camiseta, lo mantuve en alto para que él lo viera. —Tenemos algo en común, chica. Ambos confiamos en nuestros parientes. ¡Y simplemente mira a dónde nos ha traído! —sonrió débilmente. Dejando caer mi brazo, apoyó su cabeza de nuevo contra la almohada y cerró los ojos. Parecía que la conversación había terminado. —Bran, he estado queriendo preguntarte sobre algo. Abrió un ojo y me miró, viéndose agotado. Ahora no era el momento de interrogarle, pero yo no sabía cuándo tendría de nuevo la oportunidad. —Si tu madre te dio sus dones, ¿eso quiere decir también que tienes todos sus conocimientos? —Ella me contó nuestras historias desde que yo era un niño —respondió con cansancio. Sintiendo una punzada de culpa por empujarle demasiado lejos, continué. —Bueno, ella me contó hace unas semanas que tu familia conocía secretos sobre los revenants. Y solo me estaba preguntando si sabías algo sobre lo que el bardia llama “almas errantes”. Ese es el estado en el que está ahora Vincent, desde que Violette destruyó su cuerpo. Quería saber si había algún modo… Fui interrumpida por un golpe en la puerta. Gaspard asomó la cabeza. —Disculpa Kate, pero tienes visita. —¿Una visita? —pregunté, confundida. Las puertas se abrieron enérgicamente. Gaspard se hizo a un lado, y una mujer mayor con un traje Chanel color rosa, tacones de diez centímetros y una mirada de pura furia entró en la habitación. Que el Señor nos ayude a todos, Mamie estaba en La Maison.

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Capítulo 7 Traducido por VivianDarkbloom, QueenDelC y SOS por Kirara7 Corregido por Samylinda

ientras mi abuela se dirigía a la habitación, sentí mis dos mundos colisionar. El hecho de que Georgia hubiera estado guardando el secreto por meses, había visitado La Maison varias veces, no disminuía el trauma de que alguien que amo entre al peligroso universo de los Revenants, por mi culpa. Ahora que Maime estaba aquí, me sentía responsable por su seguridad, lo que de ahora en adelante era una imposibilidad; seguridad y Revenants no iban juntos. —¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté. Mi voz con pánico tanto por miedo por mi abuela como miedo de ella. La mirada de mi abuela atrapó la forma maltratada de Bran en la cama, y sus ojos se abrieron antes de que se fijaran en mí con una mirada enfadada. —Cuando llamé al colegio para darles a ustedes chicas el día libre para recuperarse, no me refería que corrieras directamente al peligro del cual por un pelo lograste escapar ayer. Me dejaste una nota diciendo que saldrías y que “pronto volverías”. Lo que sea que te pasó durante las horas que estuviste ausente. —Ella señaló seriamente a Bran—. Lo tomo como una directa traición a mi confianza. Sobre el hombro de mi abuela Jean-Baptiste se apresuró a la habitación. Gaspard cerró la puerta detrás de él. JB se encontró con mi mirada e hizo un movimiento para que mantuviera cerrada mi boca, sacudiendo su cabeza como advertencia. Estaba claro que él quería ser el que hablara. —Ma chére madame5. Mamie se volvió para enfrentarlo, él le dio una educada inclinación directa del siglo dieciocho y ella le respondió con un tenso asentimiento. 5Ma

chére madame: Mi querida señora, en francés.

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Bajo su costoso peinado y remilgado traje Maima era una fuerza para tener en cuenta. Pero mientras observaba a mi abuela, me di cuenta que bajo su rabia, ella estaba en realidad aterrada y luego recordé cuan aterrada estaba cuando me enteré lo que era Vincent, y mi corazón estuvo con ella. Mi abuela había entrado a la boca del lobo… por mí. —Bonjour6, Monsieur Grimod —dijo ella en una voz tensa—, discúlpeme por entrar a su casa sin invitación, pero vengo aquí por mis nietas. —Por supuesto madame. Pero había pensado que dadas las peligrosas circunstancias, usted preferiría que estuvieran aquí, bajo nuestra protección, en lugar que en el mundo de afuera desprotegidas. —¡Desprotegidas! El rostro de Maima se volvió rojo, su mirada se encontró con Gaspard quien asintió seriamente, de acuerdo con JB, volviéndose ella me lanzó su más peligrosa mirada y luego exhalando entre sus labios fruncidos, intentó recuperar la compostura. —Monsieur Grimod, trate de ponerse en mis zapatos, anoche mis nietas llegaron a casa después de participar en una violenta pelea en la cual las dos fácilmente pudieron ser asesinadas. El novio de Kate fue realmente asesinado, aunque me doy cuenta que esa clase de cosas no son tan serias para los de su clase, siendo sus muertes no permanentes —dijo ella secamente. »Pero porque su cuerpo fue inmolado, él ahora está flotando alrededor como un fantasma y siendo detenido en un castillo por una zombi psicópata medieval. La misma zombi psicópata medieval que le causó a una de mis nietas una contusión y le ha enviado a la otra flores por los últimos meses… a nuestra casa… porque ella SABE DÓNDE VIVIMOS. El rostro de Maime estaba ahora morado. Por su batalla entre ser decente y sus verdaderos sentimiento. —Ahora me preguntan si mi nieta puede pasar por la misma situación, a menos que estuviera completamente loca, mi respuesta inequívoca sería un no. —Pero mi querida señora, es exactamente por eso que debería dejar que sus nietas vengan con nosotros. Porque el caso es, desafortunadamente, justo lo que dijo. Los numa saben dónde vive. Violette sabe dónde vive. 6Bonjour:

hola en francés.

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Me gustaría ofrecerle a usted y a sus nietas nuestra protección, así que ésa es una excelente oportunidad que esté aquí y podamos hablar sobre eso. Mamie titubeó, luego dijo: —Perdí a mi hijo hace un año y medio por culpa de un conductor ebrio. Me niego a perder a otro miembro de mi familia, o a dos, por una razón igual de insignificante. —No hay nada insignificante en una batalla entre el bien y el mal, ma chére dame —respondió Jean-Baptiste en voz baja—. Y ésa es la posición en la que nos encontramos ahora. Por favor… venga conmigo. Extendió su brazo y esperó, ignorando la manera en la que Mamie se estremeció cuando finalmente lo tomó ligeramente con sus dedos. —Nos retiraremos hacia la sala de estar, donde Jeanne nos servirá café. ¿O preferiría té? Si está dispuesta, mandaremos a Kate junto con su hermana a la cocina para poder discutir la situación entre nosotros. Los seguí hacia el pasillo y Gaspard cerró la puerta de la habitación detrás de nosotros, dejando a un Bran medio comatoso, solo para descansar. —Veo que ha conocido a Gaspard, mi compañero de toda la vida — continuó JB con una sonrisa—. Es de su opinión que soy la peor persona posible para estar encargado de las explicaciones, así que le pediré que se nos una. Levanté las cejas con sorpresa. Jean-Baptiste acababa de salir del clóset a mi abuela, cuando nunca antes lo había escuchado mencionar su relación con Gaspard. No era un secreto, pero viniendo de épocas anteriores no mostraban su afecto en público y era sencillo olvidar que estaban juntos. Escucharlo de sus propios labios era una revelación. Significaba que estaba intentando de mostrarle a mi abuela que estaba poniendo todo, incluso su información personal, a su disposición para que confiara en él. Mientras pensaba en esto, JB volteó la mirada y se encontró con la mía. Merci7, dije sin soltar sonido. Asintió con cuidado hacia mi dirección.

7

Merci: Gracias en francés.

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—Mi querida mujer, puedo decir qué placer es el que nos preste una visita en nuestro hogar —estaba diciendo Gaspard, sacudiéndose ligeramente como solo él lo hace mientras hacia un combo de reverencia y la besó en la mano sabiendo que derretiría el corazón de Mamie. —Katya, no dejes esta casa —dijo, volteándose hacia mí—. Me uniré contigo y tu hermana cuando termine de hablar con estos caballeros. Y sosteniendo el brazo de Jean-Baptiste, acompañó a la pareja revenant por el pasillo. Entré a la cocina, encontrando una discusión táctica sobre encontrar a Violette tomando lugar sobre una cena con tema italiano. El penetrante olor a ajo colgaba fuerte en el aire, mezclado con el confortante aroma de queso asado. —¿Entonces todavía no la encuentran? —pregunté. Ambrose sacudió la cabeza. —Henri y los otros acaban de reportarse. Una vez más, ha desaparecido. De un lado de él, se giró una cabeza y un par de conocidos ojos verdes me miraron. —¡Charlotte! —grité, lanzando mis brazos a su alrededor mientras se levantaba para saludarme—. Regresaste. —Oh, Kate. Nos subimos a un tren en cuanto escuchamos lo que había sucedido. Dejó que Genevieve tuviera su turno apretujándome antes de regresar a su silla. —Siéntate a mi lado —dijo Charlotte, su cabello colgando en largos mechones trigueños alrededor de su rostro—. Siento mucho lo de Vincent. —También yo —dije, pasando saliva para deshacer el nudo en mi garganta. Miré sobre la mesa hacia Georgia. —Sabes que Mamie está aquí, ¿verdad? Mi hermana se atoró con su comida. Arthur se puso de pie y le trajo un vaso con agua. Bebió un gran sorbo y tosiendo en una servilleta, dijo:

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—Ésa es la peor broma que has hecho hasta ahora. Podrías haberme matado. Luego, se golpeó el pecho y tosió un poco más. —No es broma —le dije—. Ella hablará con Jean-Baptiste y Gaspard y vendrá por nosotras después. —Mierda —respondió mi hermana e hizo su plato a un lado. —Casi no has tocado tu lasaña —dijo Arthur con un tono represivo, pero suave. —Ya no tengo hambre. Georgia se frotó los brazos, permaneció sentada y se veía nerviosa. Charlotte cambió de tema. —Genevieve y yo habíamos hablado sobre venir a París desde que nos visitaron. Hace no más de una semana, me sorprendí al darme cuenta de que Vincent y yo habíamos estado al sur de Francia sentados en un acantilado, observando el océano y hablando sobre nuestro futuro. Hace apenas seis días me explicó el Dark Way y su plan de matar numas para no resistir la muerte. Ahora, él ya no está. Jeanne se acercó desde donde estaba preparando una cesta para mi abuela y me dio un beso afectuoso y firme en cada mejilla —Vendrás a comer lasaña con nosotros, ¿no es así, Kate? —En realidad, no tengo hambre. De todas formas, gracias, Jeanne —le dije. —Tonterías —respondió. Tomó un plato, sirvió una buena cantidad de pasta caliente encima y lo puso frente a mí. —Nunca le digas no a Jeanne —murmuró Ambrose, y luego le dio un gran mordisco al pan al ajo—, en especial si se trata de una de las recetas italianas de su abuela. No es que se vaya a ofender, es solo que lo tomará como un reto. Mira esto. —Señaló hacia su plato vacío—. Jeanne, la lasaña estaba deliciosa. Estoy tan lleno que no podría comer nada más. —No seas ridículo —respondió ella y acercando la olla hacia la mesa, sirvió una enorme porción frente a él—. Con toda la pelea que les espera, necesitarán todas las calorías que puedan conseguir.

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Ambrose levantó una ceja y me dio una sonrisa triunfante antes de mirar a Genevieve, que estaba al otro lado de la mesa. Oh, no, pensé. Parecía que Ambrose no había superado su enamoramiento por la viuda revenant que había quedado sola recientemente, lo que de seguro debía romperle el corazón a Charlotte. Ella solo miraba su plato y pretendía no darse cuenta de la mirada de anhelo de Ambrose. —¿Cómo está Charles? —pregunté para distraerla. —Oh, él está bien —me respondió. Su rostro se llenó de luz al pensar en su gemelo—. Es decir, no lo he visto desde que escapó a Alemania, pero me ha enviado correos o me ha llamado casi a diario. —Acaban de instalar GPS para poder rastrearse a través de sus teléfonos —agregó Genevieve con una gran sonrisa burlona. Charlotte puso sus ojos en blanco. —Gracias por decirles a todos sobre nuestra patética dependencia gemela —se quejó, pero luego sonrió—. Es increíble ver lo mucho que ha cambiado en tan poco tiempo —continuó diciéndome—. Él siempre habla de sus sentimientos sobre “nuestro destino” y nuestro propósito en la tierra de hacer algo por la humanidad. Él y su grupo alemán salieron esta mañana en una especie de retiro espiritual a la montaña. Abrió su teléfono y miró el mapa digital que mostraba a Francia y Alemania, una al lado de la otra. Sobre París había una luz roja parpadeante y sobre Alemania una línea verde que se dirigía hacia el sur saliendo de Berlín y se detenía en un signo de interrogación parpadeante en el oeste. —No debe tener señal allá porque ni siquiera aparece en el mapa. —Sí, yo diría que eso es ser bastante dependiente —dije con una sonrisa irónica. Charlotte me golpeó con el codo como jugando. —Oh, ya detente. Solo un gemelo podría entenderlo. Lo que sea —dijo y colocó el celular en el bolsillo de su chaqueta. —Un refresco para tu abuela y para los hombres —dijo Jeanne mientras salía de la cocina con una fuente de té. Todos entraron en un silencio reflexivo y se concentraron en la deliciosa comida de Jeanne hasta que ella se regresó minutos después.

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—¿Cómo va todo por allá? —pregunté. —Tu abuela parece estar bien. No se veía muy feliz, pero estaba atenta a lo que decían Jean-Baptiste y Gaspard —dijo Jeanne sacándose el delantal. —Y lo que decían era… —inquirí. —Le estaban proponiendo algún tipo de plan en el que a ti y a tu hermana las acompañarían a todos lados —respondió y luego se dio la vuelta para revisar lo que había dejado en el horno. Georgia y yo nos miramos con preocupación. —Sé que esperamos que Jean-Baptiste nos dé instrucciones —dijo Arthur, dejando de mirar a mi hermana—. Pero bien podríamos adelantarnos hasta que él termine de hablar con la Sra. Mercier. No tengo ninguna duda de que él nos enviará en un viaje de exploración cuando le informemos que el equipo de Henry le perdió el rastro a Violette. Ambrose se puso de pie, llevó su plato a la mesa y se inclinó para darle un apretón a Jeanne en los hombros. —¿No quieres postre? —preguntó ella. Ambrose se dio golpecitos en el estómago con ambas manos. —No, no podría, Jeanne. Tengo que cuidar mi figura. Ella se rió a carcajadas mientras él se dirigía a la puerta. —Me vendría bien algo de ejercicio si nos vamos a quedar aquí por un tiempo. ¿Qué tal las espadas? ¿Alguien se anima? —preguntó. —Ésa es una invitación a la que no me puedo resistir —respondió Charlotte y agradeciéndole a Jeanne por la comida, siguió a Ambrose y ambos salieron. —¡Me vendría bien una pelea! —exclamó Genevieve y Arthur se puso de pie y se unió a ella. —Yo los observaré —murmuró Georgia, más pálida de lo usual. Sonreía. Era tan propio de ella esconderse tanto como le fuera posible, antes que enfrentar la rabia de Mamie. —Dejen sus platos aquí, queridos y pierdan todas las calorías que ganaron con la comida —dijo Jeanne, agitando los brazos desde la mesa para despedirlos.

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—En seguida bajo —dije. Aún le daba vueltas a la lasaña, tratando de mover algunos pedazos por todo el plato para que Jeanne pensara que había comido algo. —Sé lo que intentas hacer, mon petit chou8 —dijo, mientras se encontraba de pie al lado del lavabo, dándome la espalda. Coloqué mi tenedor sobre la mesa. —Me atrapaste —le respondí. Ella se dio la vuelta y sus labios formaron una sonrisa compasiva. —¿Sabes qué? Tengo algo para ti. Algo que quizás te llene de calma en los terribles días que se aproximan. Tomó mi mano y me llevó fuera de la cocina hacia su habitación, la cual se encontraba más allá del corredor. Era una habitación que solo utilizaba en raras ocasiones, cuando necesitaba quedarse por la noche. Yo nunca había entrado allí. Cruzamos el piso alfombrado, ella prendió una lámpara con adornos y recogió un objeto que se encontraba al lado. Luego, se dio la vuelta y lo colocó entre mis manos. Era un relicario en forma de corazón hecho de cristal y plata. Toqué la baratija con los dedos. Había un pequeño ramo de flores grabado en el lado de plata y recorrí con el dedo el delicado relieve del metal. —Para que no me olvides —dijo Jeanne. Esa frase se sintió como si una mano apretara mi corazón cada vez con más fuerza. El cuerpo de Vincent ya no estaba presente, pero no podría olvidarlo. ¿O sí? ¿Acaso su rostro empezaría a desaparecer de mi mente como lo habían hecho los de mis padres? ¿Acaso su rostro sería reemplazado por aquellas fotografías que preservaban su imagen? Volteé el relicario para ver el lado de cristal. A través del vidrio transparente pude ver algo oscuro encerrado adentro, así que lo levanté para verlo a contraluz. Era un simple mechón de pelo negro.

8Mon

petit chou: del francés. Significa “cariñito”, “amor mío”, “tesoro mío”, palabras afines.

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Capítulo 8 Traducido por Jhosel Corregido por Samylinda

sto de Vincent? —jadeé. Jeanne asintió. —¿Dónde lo conseguiste? Aturdida, enrollé la extraña chuchería alrededor de mi mano. —El relicario de la colección de memento mori9 de Gaspard —respondió Jeanne —dijo que podía dártelo. —No, esto —dije, sosteniéndolo en alto para indicar lo que estaba dentro de la prisión de cristal—. ¿Por qué tienes un mechón de cabello de Vincent? Jeanne pensó un momento, y luego dijo: —Será más fácil mostrarte. Hizo gestos a una esquina de la mesa que sostenía un surtido de bellas manufacturas plateadas y cajas esmaltadas y velas en candelabros en simples soportes perforados. —Es un ritual que me mi madre me enseñó cuando tomé su lugar. Una práctica que su madre había pasado a ella. Siempre hemos sentido una responsabilidad especial por nuestros revenant. Nos hace sentir mejor pensar que tenemos algo que decir en su supervivencia. No soy una mujer religiosa, Kate, pero digo mis oraciones cada día por mis guardas. Recogí una pequeña caja del frente de la mesa y abrí la tapa con relieve. Un mecho de cabello rojo asentado dentro de rico forro terciopelo azul. —Charles —susurré.

9Memento

mori: latín, recuerda la muerte.

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—Él es quien he estado pensando mucho, recientemente —dijo Jeanne, sacudiendo su cabeza con tristeza—. Si incluso un chico necesitaba una vela encendida para él, eso es él. Tocó una caja cubierta con un mosaico de hojas azules y verdes. —Ése es de Vincent —dijo. La recogí y abrí la tapa para ver el interior acolchado vacío—. Ahora que te he dado mi pequeño recuerdo de Vincent, espero que tomes todas mis oraciones por su bienestar —dijo Jeanne. —Lo haré —prometí. Satisfecha, asintió a la parte trasera de la mesa, donde docenas de dedicadas cajas estaban alineadas lado a lado y puestas encima de la otra. —Incluso cuando se han ido, no me atrevo a deshacerme de sus cajas. Tampoco pudo mi madre, o siquiera las suyas. Me estremecí. Esas cajas deben representar la familia de Jean-Baptiste destruido por numa. —Vincent todavía está en esta tierra, querida —dijo—, incluso si es solo en espíritu. Tienes que ser valiente. Solo en espíritu. Esas palabras, además de la expresión de Jeanne de piedad por un corazón roto, me condujo a casa al hecho que éste mechón de cabello constituía los únicos remanentes terrenales de Vincent. Él era un fantasma ahora. Sin materia. ¿Qué podía deparar el futuro para una chica y un fantasma? El gran espacio vacío en mi pecho dolió, y mantendría el dolor, hasta que lo pudiera tocar de nuevo. Que nunca sucedería porque se ha ido, me recordé. ¿No era lo que Vincent estaba tratando de decirme cuando había desaparecido? Y había estado en lo cierto… excepto por su conclusión: Siempre estaré cerca. Siempre estaré vigilándote. Por ahora, la única cosa que puedo hacer por ti es tratar de mantenerte a salvo. Presioné fuerte contra mi pecho, como si eso ayudaría a alejar el dolor. En mi otra mano apreté el relicario firmemente. No, pensé. Me rehúso a aceptar el escenario que Vincent describió: continuando mi vida como si el no existiera más, mientras él me observa como un ángel guardiana acosador. No viviré esa tragedia. Y abruptamente, mis pensamientos giraron a mis padres y el gran amor que habían compartido. Prácticamente había irradiado de ellos,

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contagiando a todo el mundo cerca, haciendo todo alrededor de ellos felices. Llenando a otros con esperanza. Podría tener un amor como ése con Vincent. Lo había sentido. Allí había habido algo correcto sobre nosotros: era más grande que solo dos personas enamoradas. Cuando estábamos juntos, había sido como una verdad natural y rara belleza; como un rayo de luz solar penetrando a través de nubes oscuras, bañando el pedazo de tierra ante ti en dorado. Juntos, Vincent y yo habíamos creado algo hermoso. Y con ese pensamiento, algo se endureció dentro de mí. La negativa. Un rechazo al destino siendo empujado sobre mí. Incluso pensé que no tenía idea de qué forma tomaría, encontraría una solución. Porque debía existir una solución. Toqué el relicario de cristal con mis labios. Y empujando el cordón sosteniendo el signo10 Vincent me había dado sobre mi cabeza, agregué el relicario memento mori al ancestral símbolo de los revenant y los empujé debajo de mi camisa. Al escuchar un golpe en la puerta, Jeanne y yo nos giramos para ver a Gaspard inclinado, su cabello sobresaliendo como una explosión. —Ah, si… perdónenme por interrumpir. Apartó su mirada como para permitirnos terminar en privado. —Está bien, Gaspard. Acabo de terminar de mostrarle a Kate mis cajas. —Sí, sí. Bueno, bueno. —Gaspard asintió, tirando nerviosamente del borde de su chaqueta que estaba planchada a la perfección—. Tu abuela está lista para irse, Kate, y desea que vayas con ella. Besé a Jeanne y seguí a Gaspasd a la armería, donde recogimos a Georgia y caminamos por el pasillo al vestíbulo. —Estamos caminando a la horca —dijo Georgia—. Me pregunto si siquiera nos dejara salir del apartamento de nuevo. —No me preocuparía sobre eso —murmuró Gaspard, pero no dijo nada más. Encontramos a Mami en la puerta principal, su humor mucho mejor.

10

Signo: firma, proviene del latín.

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—Entonces, dime —le estaba preguntando a Jean-Baptiste—, en relación con el retrato de su antepasado que restauré, ¿el modelo en realidad fuiste tú? —Oui, madame11, —el revenant mayor aceptó. Mamie asintió, estudiando su rostro. —Bueno, incluso pienso que sé que hay magia involucrada, debería decir que estoy terriblemente impresionada de lo bien que te has mantenido — remarcó con admiración. Se giró, escuchándonos aproximarnos. —Ahí están, mes enfants12 —dijo, la mirada severa volvió a su rostro—. Vamos ahora. Discutiremos todo con su abuelo cuando lleguemos a casa. Gaspard sostuvo la puerta abierta y Georgia y yo salimos, Mamie espantándonos por delante como una madre gallina. Abriendo sus brazos a través de nosotras, se giró para decir adiós. —Estoy ansioso por conocer a su esposo uno de estos días —dijo JeanBaptiste. —No estoy segura que se sienta de la misma manera —remarcó Mamie con un brillo divertido en sus ojos—, pero tendré una conversación con él y veremos cómo se desarrollan las cosas. Mientras tanto, te agradezco por tu oferta de protección. Estaré en contacto. —Como desee, madame —respondió Jean-Baptiste—. Está en completo control de la manera en que las cosas procedan entre su familia y la mía. Solo dígame y proveeré lo que sea que necesite. —Merci, che Monsieur13 —dijo Mamie, asintiendo elegantemente, y luego girando, nos llevó hacia el portón. Supe que estábamos bien cuando pasamos la fuente y Mamie, incapaz de contenerse, levantó un dedo hacia el ángel y su adorable carga. —¿Notaste ese espectacular ejemplo de escultura de la era Romántica, Katya? Las cualidades diáfanas del vestido de la mujer solo podrían haber sido alcanzada por un gran maestro. De seguro no Canova14 mismo. Pero,

11Oui,

madame: sí, señora, en francés. enfants: mis hijas en francés. 13Merci, che Monsieur: Gracias, querido Señor, en francés. 14 Canova: Antonio Canova fue un escultor y pintor italiano del Neoclasicismo. 12Mes

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entonces de nuevo, me pregunto. En cualquier caso, verdaderamente exquisito. Lo furia de Mamie había pasado. Sonreí. —Sí, Mamie. Lo he notado antes.

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Capítulo 9 Traducido por Dracanea Corregido SOS por Samylinda

apy estaba esperando ansiosamente en la cocina cuando entramos, jugando con una taza de té intacta. —Es hora de que todos tengamos una charla —anunció Mamie antes de que Georgia y yo pudiéramos escapar a nuestras habitaciones. Ella nos conducía al salón, señalando las sillas que quería que tomáramos. No había visto a Papy desde que todo había sucedido. Él me miró airadamente, sus rasgos difunden la cólera, el miedo y la decepción. —Decir que estoy furioso sería un eufemismo15 salvaje —dijo, agarrando los brazos de la silla. —Lo siento mucho, Papy —le dije, queriéndolo decir. Se quedó allí sentado mirando herido durante un momento, y luego todo a la vez, era como un globo desinflado. Se echó hacia atrás en su sillón y cerró los ojos, su mirada cambia en un segundo de “fuerza a tener en cuenta” a “anciano cansado”. Abrió los ojos y se concentró en mí. —Cuando te prohibí ver a Vincent era por tu propia protección. No por lo que tendrías que lanzarte en medio de una batalla sobrenatural. —Hay cosas más importantes en juego que solo yo y Vincent, Papy —le expliqué—. Toda su casa estaba en peligro y yo pensé que sabía quién los iba a traicionar. —Maldita sea su casa —declaró Papy brevemente, su ira volviendo. Georgia rompió el silencio:

Eufemismo: el Eufemismo es una Figura Retórica que consiste disimular un término desagradable o vulgar mediante su sustitución por otro término menos negativo. 15

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—Vincent es un inconsecuente ahora, Papy, después de haber sido reducido a básicamente un fantasma. Mi pecho se tensó mientras lo decía. A pesar de que ya era plenamente consciente de la situación, de alguna manera lo hizo peor escuchar afirmarlo de manera tan directa. —Le dije a tu abuelo lo que pasó ayer —especificó Mamie. Papy resopló para mostrar que a pesar de que se informó todavía no estaba de acuerdo, pero su mirada severa se sostenía un poco. —Está bien —admití—. Pon a Vincent y su casa fuera de la ecuación. Solo tendremos que hablar de nuestra casa. Acerca de mí. Tranquilicé mi voz. Llegar emocional no iba a ayudar a mi caso. —Si te acuerdas, Papy, el numa que se presentó en la galería no estaban detrás de Vincent. Fueron en pos de mí, ya que uno de sus parientes les había informado que maté a su líder. Estaba segura de que sabía que les había dicho. Y Georgia y yo fuimos a probarlo. —Nunca pensé que era Arthur —comenzó Georgia, pero Mamie le disparó una mirada y ella se calló. Mi abuelo sacudió la cabeza con incredulidad. —¿Por qué en el mundo ustedes niñas tomarían esto sobre ustedes mismos? —Debido a que Vincent no me creyó —le respondí. —Es cierto que Kate descubrió al traidor. Nadie sospechaba de Violette —comentó Georgia. Los viejos de Papy, con manos forradas de venas se cerraron en puños y golpeó los brazos acolchados de la silla. —El resultado final no importa. Yo quería que te mantuvieras alejada de ellos, Kate. No te involucres aún más en sus problemas. Yo podría haber contestado que en una docena de diferentes maneras, pero sentía que era más prudente en este momento mantener la boca cerrada. Mamie dejó al silencio que siguió asentarse antes de hablar. —Bueno, ya has dicho tu parte, Antoine. Y, Kate, has oído a tu abuelo. A pesar de que no le desobedeciste al pie de la letra su orden —que no se

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reunió con Vincent a espaldas de Papy— es hora de volver a las acciones que a ti y a tu hermana ponen en peligro mortal. Y, si Violette habría capturado a Vincent después, sus acciones llevaron ayer a la desaparición. —¡Mamie! —exclamó Georgia, jadeante, mientras mis ojos se llenaron de lágrimas. Pero a pesar de que duelen, las palabras de mi abuela solo vertieron queroseno en una llama de la duda de que ya había sido amenazada con desencadenar en una hoguera completa. Aunque Violette había planeado matar a Vincent y derrocar a los revenants, todo había llegado a un punto crítico a causa de mis acciones. Nadie lo había mencionado en La Maison. Vincent que era presa de Violette fue completamente por su error en la mente de los revenants. Pero no podía dejar de preguntarme cómo las cosas habrían resultado si no hubiera precipitado su enfrentamiento. Iba a tener que vivir con esa pregunta. Y la culpa. Al ver mi cara, Mamie se levantó de su silla y se acercó para colocar una mano en mi brazo. —Lo siento, querida. No quise decirlo de esa manera —admitió ella—. Pero ahora estamos todos juntos en este lío. El numa sabe quiénes somos y dónde vivimos. —Hizo una pausa y se volvió a Papy—. Por eso me parece que ordenar a nuestras nietas que se mantengan alejadas de sus amigos revenant en este punto, con el tiempo haría más daño que bien. —Pero, ¡Emilie! ¿Cómo puedes decir eso? —exclamó Papy, poniéndose de pie. —Porque acabo de regresar de una larga discusión con el jefe de Bardia de Francia, Monsieur Grimod de la Reynière. Las cejas de Papy se dispararon hasta el nacimiento del pelo. —¡Así que ahí es donde has estado! —Él miró con incredulidad a mí y a Georgia, que parece que no podía aguantar mucho más. Mamie continuó como si no hubiera hablado—. Y nosotros dos, junto con su compañero, un historiador muy bien informado, discutimos la manera más prudente de seguir adelante. Mi abuelo volvió a hundirse en su asiento con una expresión como si hubiera recibido una bofetada. —Y eso sería… —solicitó.

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—Se da la circunstancia que el señor Grimod ya había creado un sistema en el que Kate estaría escoltada allá donde fuera. Sin embargo, ayer ella y Georgia lograron eludir ese sistema al dejar la escuela durante un tiempo en que los revenants pensaban que estaban a salvo—. Mamie me lanzó una mirada de desaprobación, pero ya estaba sintiéndome tan deprimida y culpable que no tiene ningún efecto—. Él también considera que si el numa no tenía conocimiento de Kate o Georgia, el mejor curso de acción sería mantenerse lejos de los revenants. Ahora fui yo quien se sintió abofeteado. —¿Cómo puede afirmar eso después de que él fue el que me pidió que volviera a hablar con Vincent cuando rompimos? —Me lo admitió a mí, Kate —respondió Mamie—. Me dijo que era una mala decisión de su parte. El hecho de que solo estaba pensando en Vincent, porque nunca lo había visto perturbado así antes. Uno piensa en un niño solo en esas circunstancias, y que fue negligente al no haberte considerado a ti y a tu seguridad. Papy dio una especie de ruido de carraspeo, señalando su disgusto. —En cualquier caso, lo que está hecho, hecho está, y los dos de acuerdo en que en este momento estás más cerca de los revenants que lejos de ellos. En realidad, todos lo estamos. Monsieur Grimod dice que en este momento Violette está empeñada en la guerra, y que debe considerar cualquiera de sus aliados o los contactos de riesgo, a pesar de que no es seguro que vaya a mantener su interés en las chicas ahora que tiene a Vincent. Así. Jean-Baptiste no le había dicho a Mamie que Violette me podría utilizar como cebo para que Vincent le obedezca todos sus caprichos. Esa fue la verdadera preocupación en lo que a mí respecta, la única razón por la que se ocuparía de mí en lo más mínimo. —Jean-Baptiste me prometió que Kate y Georgia tendrán revenants observándolas veinticuatro/siete16. —Se volvió hacia nosotros—. No se preocupen, niñas, que ni siquiera sabrán que están ahí. —¿Les está asignando dos guardaespaldas a tiempo completo? — preguntó Papy, confundido.

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24/7: se refiere los siete días de la semana, las 24 horas.

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—Créeme, Antoine, Monsieur Grimod tiene un montón de revenants a su servicio. Esto escasamente mella en sus números. ¿Qué sientes al respecto? Papy miró entre las tres, y luego, cruzando los brazos sobre su pecho, exhaló un largo y triste suspiro. —Ma princesse17 —dijo, frente a mí—. Sé que Vincent y los suyos están aquí para ayudar a la humanidad. Ese es uno de los buenos. Si no fuera por el hecho de que estar cerca de él y de su parentela te puso en peligro, consideraría un honor estar asociado con ellos. Pero su seguridad es el mundo para mí, y eso lo cambia todo en mi mente. Mi abuelo hizo una pausa, pensando: —Si te pedimos que renuncies a Vincent y los suyos, ¿lo harías? —Me preguntó. No podía mirarlo a los ojos. Masajeándome la frente con la punta de los dedos durante unos segundos, admití: —No. —Una respuesta sincera —dijo Mamie—. Debido a eso preferiría que colaboráramos con Jean-Baptiste para mantenerte a salvo, en lugar de restringir que los veas como Papy hizo. —Mi abuelo comenzó a estar en desacuerdo, y Mamie levantó una mano en señal de paz—. Muy razonable, querido, no te culpo por lo más mínimo. Pero eso condujo a Kate a su campamento sin nuestro conocimiento. Papy se sentó, derrotado. —A pesar de que es lo contrario de mis inclinaciones naturales —mi abuela continuó—, yo siento que lo mejor es que se quede bajo protección de los revenants, siempre y cuando sepamos dónde se encuentra en todo momento. Se volvió hacia mi abuelo. —Antoine, ¿puedes encontrar la manera de estar de acuerdo conmigo? Mi abuelo se sentó allí mirando miserable. —No me gusta, pero tiene sentido. No hay duda de que los revenants pueden proteger mejor que nosotros a las chicas. Estoy de acuerdo con

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Ma princesse: Princesa mía, en francés.

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esto como un plan a corto plazo, pero quiero que todos sepan que me siento arrinconado y eso no es lo que yo quería en lo más mínimo. —Todos sabemos eso —permitió Mamie, y luego se volvió hacia nosotras—. Chicas, ¿tenemos su palabra de que no van a tratar de quitarse de encima a sus guardias como lo hicieron ayer, o salir de la casa como hoy, a menos que estén acompañadas? Georgia y yo estuvimos de acuerdo. —Bueno, entonces. Tenemos un acuerdo. Fui a abrazar a mi abuela, y cuando me incliné, le susurré al oído: —Lo siento mucho, Mamie. —Yo también, querida Katya —respondió. Desde la mirada de preocupación en sus ojos, sabía que no estaba hablando de mis acciones. Ella sentía que había perdido a Vincent, pero aún más triste de que lo había conocido en el primer lugar.

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Capítulo 10 Traducido por KatieGee Corregido SOS por Samylinda

e levanto pensando, día dos. Segundo día de Vincent como un espíritu incorpóreo, y no estamos cerca de liberarlo de Violette. Ugh. Violette. Solo su nombre me hace enfermar, una palabra evocando una minúscula, delicada flor morada. Cambiando unas cuantas palabras, sin embargo, y tendrías “Violenta.” “Violar.” El deseo de venganza se encendió dentro de mí. Quería hacerle daño. Hacerle pagar por la traición y el asesinato que ha infligido en la Bardia y en mí. Tragué el bulto de amargura en mi garganta, y sabía a bilis. Toda mi vida, nunca he odiado realmente a nadie. Está bien, he odiado al asesino de mis padres, un conductor ebrio, pero ella ha sido abstracta, una persona anónima que nunca conocí. Ahora mi odio tenía una cara. Un nombre. Y sentí su veneno quemando mis venas. La verdad es que se sentía bien. Porque cuando me concentré en la venganza, me hizo olvidar de mi desesperación. El horrible vacío y dolor que he estado sintiendo, el conocimiento de que nunca tocaré la mano, cara, boca de Vincent otra vez, nunca escucharé su baja voz enumerándome los nombres de sus mascotas, fue temporalmente sumergido por el odio que sentía por la persona que le ha hecho esto a él. Para, me ordené. Cediendo a mi odio no iba a hacer nada por Vincent, solo a mí. E incluso si hubiera arreglado para pagarle a Violette de vuelta, aún estaría ida con mi perdida. Tenía que pensar más allá de mi rabia. Ayer, en la habitación de Jeanne, tuve que resolver para encontrar una solución. Tenía que hacer algo que pudiera hacer. Algún tipo de secreto que pudiera descubrir para liberar a Vincent. Tal vez incluso traerlo de vuelta. Mis pensamientos crecieron con posibilidades. Podría haber esperanza para él. ¡Para nosotros!

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Pero tan rápido como el pensamiento se me ocurrió, un no-seas-estúpidaKate me arrebató mi optimismo. Revenant podrían regenerar heridas o partes cortadas del cuerpo, pero no todo un cuerpo. Y si hubiera alguna manera de que pudieran, los parientes de Vincent ya sabrían sobre eso. Tal vez no, me dije. Tal vez Bran sabía algo que el Bardia no. Por lo menos, tenía que haber una manera de liberar a Vincent de su enlace con Violette. Iba a tratar. Ese propósito me propulsó fuera de mi cama y dentro de mi ropa, y cuando miré a mi teléfono y vi el mensaje de Jules, estaba lista. Estoy una vez más encargado y disponible para darte una actualización. Desafortunadamente, la actualización es que no hay noticias. JB piensa que es mejor si tú y G pasan el día aquí. Me voy a la casa de Vincent. Tus escoltas estás esperando por ti abajo. Golpeé en la puerta de Georgia. —Entrez18 —gritó. Para mi sorpresa, mi hermana estaba despierta, vestida, y completamente arreglada. El terrible hinchazón en su cara había bajado, y con un experto trabajo lo había disimulado, todo lo que podrías ver eran unas pocas marcas amarillas a lo largo de su mejilla y la mandíbula. Asentí a su reloj. —8 a.m., sábado. Cualquier otro día hubiera pensado que acabas de llegar a casa de tu noche afuera. Pero desde que he sido testigo de ti en tu piyama anoche… —Vamos a La Morgue, ¿verdad? —preguntó. Mirando a su espejo de tocador, roció algo de espuma en sus dedos y los corrió por su cabello. —¿La Morgue? —pregunté. —Quiero decir La Maison, claro —dijo con una sonrisa torcida—. Se me fue la lengua. Todos esos chicos muertos, tú sabes. Sacudí mi cabeza, perpleja. —Sí, en realidad. Jules testeó que JB piensa que deberíamos pasar el día allá. —Hmm. Como que había figurado que lo haría —dijo, aplicando un último golpe de colorete y girándose a mí—. Entonces… ¿vamos?

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Entrez: “entra” en francés.

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Mamie estaba esperando en la cocina. Alzó una ceja cuando nos vio llegando a la mesa completamente vestidas. —Tomo que han oído de la invitación de hoy a La Maison, como la llaman. —Configuró la cafetera en la mesa y, sirviéndose una taza, se sentó—. Su Papy fue temprano a la galería, y Monsieur Grimond acaba de telefonear. Estamos de acuerdo que es lo mejor si ustedes pasan el día en la protección de su casa… mientras Violette está suelta en París, claro — dijo. Su voz estaba calmada, pero estaba agarrando su minúscula taza de expreso tan estrechamente que estaba sorprendida que el asa no se rompió. Ella sabía que estaba haciendo lo correcto pero no le gustó ni un poco. Le di un pequeño abrazo y tomé un vaso de jugo de toronja mientras Georgia se engulló algo de café negro. —¿Podemos tomar esto con nosotras? —pregunté, sosteniendo un croissant. —Claro. Las acompañaré abajo —dijo Mamie, parándose y suavizando su falda rápidamente antes de mandarnos por la puerta. —¿Vas a estar bien aquí por ti misma? —pregunté. Su exagerada muestra de calma estaba enloqueciéndome. —Monsieur Grimond me invitó a mí también, pero preferiría quedarme aquí y trabajar que sentarme alrededor de la casa de otra persona. Me prometió que tendrá a sus personas vigilando nuestro edificio, justo como va a hacer por la galería de Papy. Así que no se preocupen por nosotros —dijo. Ambrose y Arthur estaban esperando afuera de la puerta. —Bonjour, madame Mercier —llamaron, y ella sonrió agradecida. —Qué chicos tan corteses —dijo con aprobación, y paró en la puerta viéndonos hasta que doblamos la esquina y perdí vista de ella. Arthur ofreció un brazo a Georgia, pero ella pretendió que no lo había notado, señalando a un poster de película a un lado de un quiosco de noticias y hablando con él sobre las últimas películas de Hollywood. Ambrose rió y me guiñó un ojo. —Tu hermana está volviendo al pobre chico loco. —Mordió el croissant que Georgia le había dado, devorando la mitad de la pasta en una mordida.

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—Si ese es su fuerte —comenté secamente—. Así que —ponme al día. Quiero decir, Jules me dio una actualización de no-noticias, pero me dio los detalles de las no-noticias. Mordisqueé el final de mi propio croissant de hojaldre y lamí la miga de mis labios. —Hemos estado toda la noche fuera, peinando París por Violette y compañía. Sin suerte —dijo, pareciendo molesto—. Es como si solo hubiera desaparecido. Jules aún está en ello, aunque, junto con Charlotte, Genevieve, y todos los revenants de París. —Además de ti y Arthur —señalé. —Y Franck, volant. —Gesticuló al aire sobre nosotros—. Sí, los tres fuimos etiquetados para vigilarte y defender La Maison contra cualquier “ataque sorpresa.” Él acentuó esas dos últimas palabras con dedos citando, obviamente molesto por estar fuera de la acción. —Bueno, una vez atrapemos a Georgia en La Maison, puedo ir contigo para unirnos a la caza. Estoy segura que con todos los chicos de seguridad que tiene, Arthur puede vigilar el fuerte. Ambrose parecía dudoso. —Sí, podrías querer preguntar a Gaspard sobre eso —respondió él, claramente pensando que era una mala idea. —¿Así que Gaspard no está fuera con las partidas de búsqueda? — pregunté. —No. Él y JB están interrogando al Hombre Bizarro —replicó—. Intentando encontrar una manera para separar a Vincent de Violette, y fisgonear en cualquier otro secreto curativo de él. Así que, JB y Gaspard estaban pensando seguir las mismas líneas que yo: Bran podría saber algo que podía ayudar a Vincent. Un pequeño balón de esperanza se infló en mi pecho. Sentí como si corriera el resto del camino a La Maison, pero Arthur y Ambrose actuaban como si tuvieran todo el tiempo del mundo. No habíamos caminado dos bloques cuando Arthur paró de repente y miró detrás de nosotros.

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—Numa —dijo él—. Frank dice que había dos en el parque al otro lado en frente de la casa Mercier. No les situamos hasta que comenzaron a seguirnos. —No mires atrás —dijo Ambrose, cuando hice justo eso. Un par de jóvenes en sudadera, pareciendo totalmente normales excepto por las auras numa sin color rodeándoles, se presentaron en el parque y fueron hacia la rue du Bac. No estaban intentando esconder el hecho que nos estaban rastreando, y encontraron mi mirada firmemente. —¿Vuelo o lucha? —preguntó Ambrose a Arthur, sonriendo ampliamente cuando dio unas palmaditas a la funda de cuero atada a su cintura debajo de su largo abrigo. Una mujer mayor apoyada en el brazo de un trabajador uniformado asistente domiciliario cojeó lentamente al pasarnos hacia los numa. Arthur levantó una ceja. —¿Con testigos humanos? Realmente no me estás haciendo esa pregunta —respondió él—. O caminamos más rápido para evitar la confrontación, o esperamos a averiguar qué quieren. Arthur y Ambrose se giraron y tiraron juntos, creando una pared defensiva delante de mí y Georgia. Rápidamente, los numa se giraron y cruzaron la calle para caminar hacia un delgado callejón lateral, actuando como si nunca nos hubieran visto. Pero antes de que salieran de la vista, uno de ellos se giró y, sonriendo con suficiencia, nos saludó. —Está bieeen —pronunció Ambrose, mirando detrás del numa con confusión. —Eso fue una advertencia —dijo Arthur—. Solo nos quieren para saber que estaban allí. Vamos. Él levantó su brazo otra vez, y esta vez Georgia rápidamente lo tomó. Ambrose colocó un brazo protector alrededor de mis hombros, y caminamos a un paso acelerado hacia La Maison. Gaspard nos encontró en la puerta delantera. —Frank vino directamente para informarnos de su fiesta de bienvenida —dijo él, animándonos a todos a entrar—. ¿Quién sabe a qué juegos están jugando esos numa? No tenemos ninguna noticia de... o señal de... su líder. Entramos al pasillo delantero y Ambrose acechó justo dentro de la puerta, los brazos cruzados y un frunce en su cara, mostrando su

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desagrado al ser excluido de la acción. Sabía lo que estaba sintiendo; lo mismo sentía yo. —Gaspard —dije, tomando el lado del revenant más viejo—, ¿has descubierto algo de Bran que ayude a Vincent? —Desafortunadamente, no, Kate. Pero no hemos terminado de discutir la cuestión. Sentí que mi pequeño balón de esperanza explotaba y se marchitaba. Pero no dejaría de intentarlo. —Sé que prometiste a mis abuelos protegernos —continué—. Pero creo que la mejor manera de hacer eso es dejándome ir con Ambrose para unirme a los equipos de caza. Dos personas más realmente ayudarán en la búsqueda. Gaspard comenzó a sacudir su cabeza, pero continué: —Sabes que puedo defenderme por mí misma ahora. Me vestiré por si acaso, y prometo quedarme fuera de la acción si hay alguna. —Si Kate va, yo también voy. Estoy segura que puedo luchar tan bien como ella —manifestó Georgia. Ambrose la miró con ojos saltones durante un minuto y luego comenzó a reír tan fuerte que estaba apartando las lágrimas. Un sonrojo creció desde el cuello de mi hermana a su cara. —¿Qué? —exclamó. —Lo siento, pero esa es la cosa más divertida que he oído nunca —jadeó él, juguetonamente golpeando a Georgia en el hombro—. ¿Tú... luchando? Chica, me desternillo. —De hecho, fui a preguntarle a Gaspard hoy si comenzaría a entrenarme —dijo ella, testarudamente doblando sus brazos a través de su pecho. Eso envió a Ambrose a otro conjunto de risas. Viendo cuán loca estaba poniendo a mi hermana, él cubrió su boca y se alejó. —Sería un honor entrenarte, querida —replicó Gaspard—. Pero hoy no es el día para comenzar. Tengo más cuestiones presionando que ocuparme de eso, y Kate actualmente debe venir conmigo. —Él me miró y levantó una ceja—. Bran ha estado preguntando por ti en particular, querida. Pareces ser un consuelo para él. Desde que tú encontraste a su madre, él te ve como un tipo de vínculo viviente con ella.

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Arthur habló. —Si Georgia aceptara a un maestro inferior para su primera lección, estaría complacido para instruirla en el entrenamiento de lucha. —Una idea muy buena —replicó Gaspard, y, girándose, él comenzó su camino escaleras arriba hacia la biblioteca. Comencé a seguirle, pero paré cuando oí a Ambrose reírse a carcajadas —Ahora esto es algo que tengo que ver. —Él golpeó a Georgia a través de los hombros y la sacudió juguetonamente—. ¿Te importa si voy a mirar? —¿Todo esto ha sido decidido sin mi consentimiento? —dijo Georgia glacialmente—. Pregunté a Gaspard. Él es el maestro de lucha. Una luz brilló en el ojo de Arthur, y descendió sobre una rodilla delante de Georgia, tomando sus manos en las suyas. —Ma chère mademoiselle, ¿podría tener el sincero placer de ser al que elija para introducirla en el arte del combate? Lo consideraría el honor más grande. Ella miró a dónde yo estaba de pie observando a medio camino en las escaleras, levantando sus cejas como si pidiera mi opinión. Me encogí de hombros, sofocando una risa. Volviendo su mirada hacia el antiguo revenant sobre su rodilla delante de ella, Georgia miró dudosamente a Arthur durante un momento, y luego sonrió. —Bien, mierda. Cuándo te pones así, ¿cómo puedo negarme? —Y ella le levantó de su posición arrodillada y situó su mano ligeramente en su brazo. —¡Hombre, has conseguido los movimientos! —murmuró Ambrose a Arthur cuando les siguió por el pasillo hacia la armería.

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Capítulo 11 Traducido por Isane33 Corregido por Maniarbl

ran estaba sentado apoyado sobre las almohadas en la cama de Vincent mientras que Jeanne se quejaba con una bandeja al lado de él. —Mi buena señora, le aseguro que estoy perfectamente bien — decía él cuando entramos. —Has mejorado desde ayer, pero sigues estando demasiado débil para levantarte —insistió el ama de llaves. Bran buscó la ayuda de Jean-Baptiste, que estaba sentado junto a la cama. —No esperes que contradiga a Madame Degogue —dijo JB con una sonrisa, levantando las manos en un gesto de impotencia—. Si ella dice que te quedes en la cama, entonces te aconsejo que hagas eso. Bran cerró los ojos con frustración y se recostó contra las almohadas. —Kate está aquí —anunció Gaspard cuando nos acercamos. Acercó dos sillas a la cama para nosotros. —Gracias por venir —dijo Bran, entrecerrando los ojos mientras me miraba. ¿Por qué sigue dándome esas miradas extrañas?, pensé. Bran parecía casi sentir repulsión por mí a veces, y en otras como si quisiera adoptarme como su sobrina preferida. —Monsieur Grimod, Monsieur Tabard y yo estábamos a punto de hablar de lo que sé sobre el Campeón, y yo quería que estuvieras aquí ya que estamos hablando de tu… —vaciló. —Novio —dije, llenando el espacio en blanco para él, y sonrió extrañamente. Ahí iba de nuevo, mirándome como si hubiera algo mal. Me peiné el cabello con los dedos y, sin encontrar nada sobresaliendo de él, me decidí por cruzar mis brazos y moverme nerviosamente.

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—Sí. Bueno, estábamos comparando la versión de la profecía de la bardia con la que mi familia ha transmitido. Es básicamente lo mismo. —Cerró los ojos y comenzó a recitar de memoria—: En la Tercera Era, las atrocidades de la humanidad serán tal que el hermano traicionará al hermano y los numa superarán a los bardia y la preponderancia de las guerras ensombrecerá el mundo de los hombres. En este momento los bardia se levantarán en Galia que será un líder entre los de su clase... Estaba escuchando las extrañas frases viejas cuando de repente sentí otra presencia en la habitación. ¡Kate, estás aquí! Las palabras chisporroteaban en mi mente como relámpagos. —¡Alto! —grité. La boca de Bran se cerró y los tres hombres se quedaron mirándome—. Es... es Vincent. ¡Él está aquí! —tartamudeé en estado de shock. Mi corazón latía con tanta fuerza contra mi caja torácica que en realidad dolía. —Gracias a Dios, Vincent. Te escapaste —le dije, ahogándome con mis palabras. No, mi amor, no lo hice. Solo tengo un minuto antes de que Violette me haga volver. Habla con el guérisseur por mí. —Quiere que hable con Bran —le expliqué a los hombres asombrados, y empecé a retransmitir su mensaje palabra por palabra. —Violette quiere saber si tienes el secreto para la transferencia de energía, la transmisión del poder del Campeón a quien lo derrotó. —Sé que hay algo de eso en los registros de mi familia —confirmó Bran, hablando hacia un punto en el aire a la derecha de mi cabeza. Miré hacia arriba para ver lo que estaba mirando, pero el espacio a mi lado estaba vacío. Vincent volvió a hablar y traduje. —¿Puedes conseguir la información para ella? —Necesitaría unos días para recuperarla —respondió Bran. Y así, la voz de Vincent desapareció. —¿Qué ha pasado? —Jean-Baptiste lució confundido. —Él dijo que solo tenía un minuto —le expliqué—. Entonces Violette iba a hacerlo regresar.

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—¿Quién era ese fantasma con el que estuviste hablando? —preguntó Bran, confundido. —Ese era Vincent. —Lo pude ver —respondió Bran lentamente. —¿Lo pudiste ver? —solté. —Vi su aura. Él se movía al lado de tu hombro —dijo, señalando con la cabeza hacia el espacio que había estado mirando—. ¡Asombroso! ¡En realidad vi un espíritu volant! Un shock silencioso se apoderó de nuestro pequeño grupo, todos asombrados por este aparente milagro, y entonces, de pronto, Vincent estaba de vuelta. Mon ange, estoy aquí, sus palabras llegaron. Los ojos de Bran se movieron de nuevo al espacio al lado de mi cabeza. —Ha vuelto. Asentí con la cabeza. —Dice que Violette te dará tres días para encontrar la solución a la transferencia de energía. Ella está dejando a Vincent con nosotros para quedarse y mirar, pero lo hará regresar a ella tantas veces como quiera. —¿Y “él” es el que cuyos poderes Violette busca? —insistió Bran. —Sí —afirmó Gaspar—. Como ya hemos explicado, después de asesinar a tu madre, Violette lo mató y quemó su cuerpo con el fin de obtener el poder del Campeón. Bran se recostó sobre la almohada. —Bueno, eso explica por qué la transferencia de energía no funciona — dijo en voz baja. —¿Qué quieres decir? —preguntó Jean-Baptiste. —Es simple. Este chico no es el Campeón. Jean-Baptiste, Gaspard y yo nos miramos el uno al otro, sin palabras. Bran continuó: —Como mi madre y yo sospechábamos que podría ser el caso, resulta que yo soy el Vidente del Vencedor. El guérisseur de mi línea que ha sido elegido para identificar al Vencedor… el Campeón.

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—Pero, ¿cómo lo sabes? —le pregunté, incrédula—. La semana pasada me dijiste que no estabas seguro. —Ah, pero solo acaba de suceder —dijo Bran, sonriendo débilmente y cambiando su mirada a JB—. Desde el momento en que tomaste mi mano ayer, el jefe de los revenants tocando al representante de mi familia de guérisseurs, todas sus auras cambiaron ante mis ojos. —Así que “eso” fue lo que pasó —dijo JB. Bran asintió. —Sentí el poder apoderarse de mí y… —vaciló, eligiendo cuidadosamente sus palabras—: Sé muy definitivamente que soy el que va a identificar a su salvador. Y este espíritu volant que está con nosotros no es el elegido. Estoy seguro de ello. —Pero, ¿cómo…? —comenzó a preguntar Gaspard, pero Bran lo interrumpió: —No me preguntes cómo, mi nuevo amigo. He accedido a ayudar en todo lo que pueda, pero hay algunos secretos que estoy obligado a conservar. Hubo silencio de radio en mi mente mientras Vincent le empezó a hablar directamente a Gaspard. —Sí. Estoy de acuerdo. —Gaspard asintió con la cabeza en respuesta a algo que él dijo, y se volvió hacia Jean-Baptiste—. Vincent dice que, si lo que el guérisseur dice es cierto, no podemos dejar que Violette descubra su error. Cuanto más tiempo desperdicie tratando de lograr esta tarea infructuosa, más la vamos a mantener a raya de traer la guerra a la vuelta de la esquina. —Pero si la entretenemos, ¿no te pondrá eso en peligro? —le pregunté a Vincent. Cuanto más la veía en acción, más me estaba asustando de Violette. Violette no puede hacer nada para hacerme daño, respondió tranquilizadoramente, pero la forma en que dijo “hacerme” insinuó que Vincent no era el único en peligro. —Si retrasamos el período de tres días que Violette ha establecido, podemos tener la oportunidad de encontrar el verdadero Campeón, ahora que tenemos el hombre que lo puede identificar —dijo JB, asintiendo con la cabeza a Bran—. Podríamos convocar a todos los revenants de París para que puedas ver si él es uno de nosotros.

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—Voy a hacer lo que pueda —dijo Bran. —Voy a decirle a Ambrose que organice una reunión de los bardias de París de inmediato —dijo Gaspard, y salió apresuradamente de la habitación. —Vincent, ¿Violette realmente no ostenta el poder suficiente sobre ti, que puede obligarte a que le digas lo que estamos haciendo si te hace regresar? —preguntó Jean-Baptiste. Escuchó durante un momento y sus ojos se desviaron hacia mí, su expresión sombría—. Ella no lo puede obligar a hacer algo contra su voluntad —transmitió—. Sin embargo, como sospechábamos planea usar algo querido para él para obligarlo. Jean-Baptiste se quedó en silencio por un momento, y luego dijo: —Te lo prometo, Vincent. Durante los próximos tres días no vamos a dejar a Kate fuera de nuestra vista.

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Capítulo 12 Traducido SOS por QueenDelC y AntoD Corregido por Maniarbl

a puerta se abrió por completo, y Jules entró apurado en la habitación. —Acabo de ver a Gaspard —jadeó—. ¿Es verdad? ¿Vincent ha vuelto? —Escuchó por un segundo, y luego, prácticamente se me lanzó encima, hablándole a Vincent mientras simultáneamente me sacaba el aire—. Oh, amigo, me alegra tanto tenerte de vuelta. Grité. —¡Jules! ¡Oxígeno! —Lo siento, Kate —dijo, soltándome—. Solo estoy contento de verlos a ambos, y eres la única a la que puedo tocar, en realidad. Me reí mientras acomodé mi arrugada playera. —Está bien. Bran, Jean-Baptiste y Gaspard comenzaron a hablar con seriedad sobre la profecía, el Campeón, y lo que se podría hacer una vez que fuera identificado. Jean-Baptiste alejó la mirada un momento y dijo: —Claro, Vincent. Pero regresa pronto. Necesitamos preguntarte sobre Violette y sus planes. —No nos necesitan justo ahora —dijo Jules, sus ojos brillando como si se acabara de ganar la lotería—. Vince, vamos a mi habitación, ¿te parece? Vincent debió haber accedido, porque Jules tomó mi mano y salimos, hacia el pasillo, sobre las escaleras dobles y a través de una puerta junto a la que salía a la terraza del techo. Me quedé de pie mirando una habitación que nunca había visto. El cuarto de Jules era el ático. Pero en lugar de ser del tipo de ático oscuro y mohoso, estaba cubierto por rayos

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de sol que caían desde una gran ventana de vidrio esmerilado puesta en el cielo. Dibujos de carboncillo y lápiz llenaban la habitación, apostados en cada superficie posible y enrollados en tubos pegados a los muros. Una cama estaba en la esquina de la habitación con más dibujos apilados encima. El cuarto tenía un aroma almizcleño y artístico, como colonia mezclada con papel, tinta y mina de lápiz. Jules me dirigió hacia un sofá de pana color granate bajo el tragaluz. —¿Y cómo estás? —preguntó. Hice una pausa, sin estar segura a quién le hablaba. Pero la manera en la que se sentó quieto, escuchando, sabía que Vincent estaba respondiendo su pregunta. —¿Y tú, Kate? —preguntó Jules, tomando mi mano. —Bien. Gracias por mensajearme con la no-noticia esta mañana. El último par de días han sido horrorosos. —Señalé el aire—. Vincent, estaba tan preocupada por ti. Y yo por ti. Sus palabras eran como una caricia. Pero me dejaron queriendo más. —¿Estás bien? ¿Violette te lastimó? —pregunté. No podía hacer mucho además de destruir mi cuerpo, además de mantenerme alejado de ti. Comencé a hablar, y luego titubé. ¿Qué?, preguntó Vincent. —¿Se siente extraño saber que no eres el Campeón? —pregunté con cuidado—. Quiero decir, ¿estás decepcionado? ¿Molesto? Hubo un momento de silencio y luego Vincent dijo: No podría estar más aliviado, para decirte la verdad. Si ese hubiera sido el papel que me diera el destino, lo habría aceptado. Habría dado todo. Pero solo fue algo más que nos complicó las cosas. Que hizo nuestra situación aún más frágil. Así que, pensando egoístamente, me alegra ver que el título le va a alguien más. Al escuchar mi mitad de la conversación, Jules intervino: —Nunca pensé que diría esto, amigo, pero yo, al menos, estoy contento de que resultaras ser como el resto de nosotros. De otra forma, Violette

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ya tendría dando vueltas en París a alguna clase de Hulk numa mestizo. Aunque la situación presente no es exactamente la óptima. Nos quedamos callados por un momento, y luego escuché las palabras de Vincent. Daría lo que fuera por abrazarte ahora mismo. —Yo también —susurré. Me embargó la tristeza mientras, una vez más, me di cuenta de que tocar a Vincent sería algo que no sucedería de nuevo. Abracé mis brazos protectoramente a mí alrededor. ¿Estaría bien…? Vincent hizo una pausa. ¿Puedo usar a Jules para abrazarte? Sus palabras me electrificaron, golpeándome con emociones encontradas. No quería a Jules. Quería a Vincent. Pero mi necesidad por él era tan grande que estaba dispuesta a comprometer este punto. Solo complicaba las cosas que el flirteo de Jules parecía más que un jugueteo a veces. La idea de estar físicamente cerca de él, como quería estarlo con Vincent, sonaba como una advertencia en mi cabeza. ¿Y si tomaba las cosas de otro modo? Si fuera completamente honesta, sabía que tenía sentimientos hacia mí. Además, sospechaba que tenía sentimientos similares por la mitad de la población femenina de París. Viendo la repentina curvatura en los labios de Jules, supe que Vincent le había preguntado lo mismo a él. —Entonces, Kate —dijo, levantando una ceja y reprimiendo una enorme sonrisa—. ¿Me aceptarías como suplente para un abrazo? —Pero su sonrisa desapareció cuando notó mi expresión, y supe que sus bromas cubrían la misma pérdida y dolor que sentía por su amigo. —¿Volveré a tenerte otra vez? —le pregunté al aire. Me tienes de nuevo, mon ange. Eso no era a lo que yo me refería, y él lo sabía. Sentí mis ojos ardiendo por las lágrimas. Tenemos muchas cosas en las que pensar, las palabras vinieron de Vincent, pero por ahora, déjame abrazarte. Asentí con aprobación, y el cuerpo de Jules se sacudió como si hubiese tenido un repentino escalofrío. Y entonces fue como si dos chicos estuvieran mirándome. Los ojos de mi leal amigo, y los de mi verdadero

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amor, ambos mirando desde detrás del rostro juvenil de Jules. Incapaz de soportarlo, aparté la mirada y me incliné hacia sus brazos. Se sentía como Vincent. La forma en la que me apretaba firmemente contra él. Conocía su tacto: era Vincent. La presión exacta que usaba mientras acariciaba mi espalda con sus dedos, yo conocía esos movimientos y eran de Vincent. Y eran las palabras de mi novio hablando con la voz de su amigo mientras nos abrazábamos. —Estaba tan asustado, Kate. Pensé que nunca volvería a verte. Que estaría atado por toda la eternidad a Violette y que nunca sería capaz de volver a ti. Que siempre estaríamos separados por una distancia que yo no podría cruzar. Mis palabras eran como un río, fluyendo por mis labios antes de formarse completamente en mi mente. —Te extrañé. Te necesitaba. Tenía miedo de que te hubieras ido. Moví mis manos desde su espalda a su cabeza, entrelazando mis dedos con su cabello, atrayéndolo hacia mí. Presionando mis labios contra los suyos, lo besé mientras las lágrimas bajaban por mis mejillas hasta nuestras bocas. Saboreé la sal mientras nuestro beso se profundizaba. Era el beso con el que no me había atrevido a soñar las noches pasadas. El beso de encontrarnos de nuevo. Comenzando suave, y luego haciéndose más apasionado, inundando mis sentidos con el cuerpo de mi amor. Sus suaves labios y su cálida boca, buscando, explorando y encontrándome una vez más. Sus manos en mi pelo y su pecho presionado fuertemente contra el mío. El sonido de su respiración entrecortada como si necesitara de mí, se hace tangible a través de cada centímetro de nuestra piel tocándose. Se sentía como si estuviéramos al borde de consumirnos el uno al otro, en cuerpo y espíritu. Que si seguimos presionando contra el otro podríamos realmente encajar. Fundirnos en una sola persona. Entonces lo sentí retroceder y abrí mis ojos. Y a pesar de que todavía era Vincent mirándome a través de los ojos castaños, Jules estaba ahí también. Me aparté en contra de mi voluntad, luchando contra mis ganas de ignorar los hechos y sumergirme en la ficción. Pasando mis dedos por su cabello una última vez, me separé de él, y vi cuando un temblor sacudió el cuerpo de Jules. De repente, solo había un chico mirándome. Y no había afecto en sus ojos. Había dolor.

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Tomé su mano y espeté: —Lo siento tanto, Jules. No quería… Olvidé quién… Jules apartó sus manos de la mías, y presionó con fuerza sus palmas contra sus ojos. Respirando profundo, se inclinó hacia mí, con los brazos cruzados contra su pecho. —Detente mientras todavía estás al frente, Kate, y puedo tomarlo como un cumplido. —Él intentó formar una sonrisa despreocupada en su rostro—. No, realmente, Vince. Puedes usarme como tu marioneta sexual cuando quieras, siempre y cuando sea con Kate —bromeó él. Mis mejillas ardieron rojas por la vergüenza. Tenía ganas de llorar, pero estaba demasiado horrorizada como para hacer algo más que sentarme y mirar a Jules levantarse del sofá. Metió las manos en sus bolsillos y se alejó de mí, escondiendo su angustia. —En serio, hombre… deja de disculparte —dijo él al aire. Cruzando la habitación, se apoyó en el alféizar de la ventana y miró hacia afuera a través del vidrio. Sentía como si me hubiera tirado en paracaídas desde un avión en llamas a un paisaje extraterrestre: no tenía puntos de referencia, ni siquiera una pista de en qué dirección caminar para llegar a la civilización. Luego de unos momentos de silencio, Jules giró y su rostro se veía normal otra vez. Él caminó hacia mí y me pasó un dedo por la línea de mi mandíbula, desde mi oreja hasta mi barbilla, haciéndome estremecer. —Tengo que irme —dijo en voz baja—. Pero no quiero que te preocupes por esto. En cuanto a mí concierne, está olvidado. Me alegra haber estado aquí para ayudarlos a reconectar. Ustedes dos significan todo para mí. Pero mientras se iba, su voz se tornó más brusca. —¿A dónde crees que voy? —le respondió a Vincent—. Si no es Giuliana, será Francesca. O Broke. ¿Qué te importa? Solo quédate aquí y asegúrate de que ella esté bien. —Y entonces la puerta se cerró y Jules ya no estaba.

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Capítulo 13 Traducido por kensha Corregido por Gorelia

incent? —lo llamé, sin estar segura de sí había seguido a Jules por las escaleras. Estoy aquí, Kate, me llegaron sus palabras. Puse mi cabeza en mis manos. —Está bien, eso fue horrible. ¿Lo fue? —No me refiero a que fuera horrible la parte de “oh, Dios mío fue increíble sentir como era tocada por ti”, pero yo… no podía dejar de tomar aún más. Parecía como si fueras tú. Era yo. Pero lamentablemente, también era Jules. —No quería besarlo. —Me acurruqué como un ovillo en el sofá, envolviendo mis brazos alrededor de mis rodillas. Deseaba retroceder el tiempo por unos quince minutos y recuperar toda la escena del beso poseído. Tú querías besarme. —Sí. A ti, no a Jules. Dios mío, prácticamente abusé de él. A él no pareció importarle mucho. Y está el hecho de que se detuvo cuando lo quiso. Sostuve mis dedos contra mis mejillas calientes para enfriarlas. —No voy a hacer eso otra vez. Creo que es probablemente una buena decisión. —Pero entonces cómo podemos nosotros... No te preocupes, mon ange. A pesar de que no fue un gran éxito…

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—Fue más como un “error total”. Hay otras maneras en las que podemos enlazarnos. —Sin realmente enlazar por supuesto. —Me detuve, mi rubor estallaba quemándome con la intensidad del sol—. Quiero decir… —balbuceé—, no quiero decir en el sentido anatómico. Aunque, sí, supongo que de algún modo lo hago. —Sacudí mi cabeza—. Esta es una de las conversaciones más difíciles que jamás hemos tenido. Eso es porque no tendría que ser una conversación. No tendríamos que resolver este problema. Si prácticamente tenemos que estar pensando en cosas tipo… cómo puede un fantasma hacerte sentir como un chico de carne y hueso podría, eso quita el lado seductor de las cosas. Sonreí, sus palabras transportan algunas imágenes muy interesantes a mi mente. —¿Y cómo este chico planea hacerme sentir como un chico de carne y hueso lo haría? —Podría realmente dejar salir las palabras sin querer enterrarme en los cojines del sofá, probablemente porque verdaderamente estaba intrigada por lo que él pensaba que era posible. Bien, desde que se ha desbaratado mi plan A, tienes que darme más tiempo para llegar a un plan B. Pero, Kate… —¿Si, Vincent? —dije tímidamente. Había algo sobre su “pero” que me hizo poner nerviosa. Plan A. Plan B. Esas son solo soluciones temporales. Tu y yo no podemos realmente…Vincent se detuvo estirando la frase por millas. No podemos estar juntos así, mon amour. No puedes aguantar tener un espíritu como novio por mucho. Tú necesitas más. Mereces más. —No deseo más, Vincent, te quiero a ti —dije. Yo no te puedo tocar. No puedo tenerte entre mis brazos. Traerte flores. Remar por el Sena en una barca. —No necesito eso —insistí. Kate, no me estas escuchando. Todo lo que puedo hacer es hablar contigo. Se detuvo. ¿Puedes sentir esto? ¿O esto? No sentí nada. ¿Que estuve tocando tu cara y tu pelo? ¿No lo vez, Kate? No puedo ser tuyo en ninguna clase de manera real. Pero lo que puedo prometerte es que yo siempre estaré aquí para ti, asegurándome de que estés a salvo. Y feliz. Un pozo de alquitrán empezó a bullir en el fondo de mi pecho.

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—¿Tanto deseas que encuentre a otra persona? ¿Un chico humano? Eso sería lo mejor para ti, mon ange. Alguien que sea de carne y hueso. Que pueda darte una buena vida. Una vida normal. —Y vas a flotar alrededor como un guardaespaldas y mirar cómo me enamoro de alguien más —aguijoneé, tratando de controlar mi voz. No estoy diciendo que me va a gustar. Pero no puedo tenerme. Y no puedo dejarte. ¿Qué otra elección tengo? —¡Esa es una total estupidez! —grité—. Por un lado, ¿quién eres tú para decir que es lo mejor para mí? Quizás yo no quiera carne y hueso. Quizás no desee una vida normal. Quizás todavía tenga esperanza de que haya alguna manera de tener una vida contigo. Violette encontró ese hechizo atador arcano. Quizás hay otros hechizos por ahí que nosotros no conocemos. Tú abandonas antes de comenzar a buscar respuestas. Así que no me digas lo que voy a hacer. Lo que sentiré. Incluso si tienes mi corazón, todavía tengo mi cerebro. Y voy a seguir usándolo para encontrar una solución, ¡maldita sea! Me senté ahí echando humo, deseando poder ver donde estaba Vincent para poder darle una mirada seria. Hubo silencio durante un largo tiempo y luego oí algo que sonaba como una risa. —Sera mejor, por todos los demonios, que no te estés riendo de mí — gruñí. No me estoy riendo de ti, chérie. Su voz vino amortiguada por el esfuerzo de mantenerse serio. —Estas totalmente riéndote de mí, Vincent Delacroix. Es solo que es tan tú… quiero decir, increíblemente atractivo y seductor… cuando te enojas y maldices, contestó, reprimiendo una risa seria. Mi ira se fundió en un segundo y no pude reprimir una sonrisa. —Vincent, tu eres seriamente imposible —murmuré y entonces empecé a reírme de mi misma. Me dejé caer pesadamente hacia atrás en el sillón, sonreí internamente mientras oí su risa burbujear al frente de mi mente. Estirándome, coloqué mi cabeza en un cojín y descalcé mis zapatos, tirando de un cobertor para cubrirme hasta los hombros. Esperé a ver si Vincent hablaba primero, pero parecía estar bien con solo estar flotando. —¿Estas todavía ahí? —pregunté finalmente.

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Estoy tan cerca de ti como posiblemente se pueda estar. Me abracé al cojín apretadamente y deseé que fuera él. Vincent estuvo callado durante mucho tiempo después de eso. Saboreé el silencio, sabiendo que estaba cerca. Cuando cerré los ojos pude imaginarme su figura delgada y musculosa estirada a mi lado. Después de un rato, me pareció tan real, que casi podía sentir el peso de su brazo sobre mí y su cabeza situada junto a la mía. Era como el amante fantasma en una de esas historias trágicas victorianas. Pero en vez de desmayarme o desmoronarme como las heroínas de esos cuentos, me sentí apoderada por mi resolución de que la tragedia no sería nuestro destino.

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Capítulo 14 Traducido por Paulii~ Corregido por Gorelia

on Amour, Gaspard viene en camino para encontrarnos. Ellos me necesitan. La hora que pasamos en el cuarto de Jules se sintió como segundos. Sin saber si iba a oír de Vincent otra vez, necesitaba más tiempo con él. Mi anhelo de cercanía apenas se había cumplido. Era como darle solo un bocado de chocolate a un hombre hambriento. Vincent leyó mi mente. Vendré a verte esta noche. Lo prometo. —Más te vale —dije, preguntándome como podía ser tan mal agradecida por el milagro de él estando allí. Es porque tú sabes que no es permanente, y estás protegiéndote a ti misma. Esta respuesta vino desde esa parte honesta de mi cerebro que no me dejaba salirme con la mía. Era como tener a mi mamá viviendo en mi cabeza, siempre lista y dispuesta a proveer toda clase de valiosos consejos, sin importar si yo lo pedía o no. Sabía que debía escuchar, pero por el momento solo quería callarla. Encontré a Gaspard en las escaleras e hicimos nuestro camino hacia el dormitorio de Vincent, donde Jeanne había echado a Jean-Baptiste del lado de la cama de Bran para que él pudiera comer. Cuando entramos, los ojos de Bran volaron por el aire hacia mí. Miró al fantasma de Vincent por un momento, y luego se dirigió a Gaspard. —Cuéntame, ¿planeas o intentas una reencarnación, o van a dejar a Vincent en este estado para ayudar en la inminente guerra con el antiguo? Jean-Baptiste y Gaspard lo miraron, y luego se miraron entre ellos, confundidos.

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¡Lo sabía!, pensé, mi corazón corriendo. Había esperado que Bran pudiera tener información que los bardia no tuvieran, y había estado en lo correcto. —¿Qué es una reencarnación? ¿Cómo funciona? —pedí. JB jaló una silla hasta al lado de Bran. —No creo que entiendas, curandero. El cuerpo de Vincent ha sido destruido. ¿Cómo vamos a darle otro? Él no puede solo tomar otro cuerpo revenant; estamos atados a nuestros espíritus hasta que somos destruidos y compartiendo un cuerpo revenant, en cohabitación, es dañino para la psiquis del huésped si continúa por un periodo considerable. Él continuó de una manera paciente, hablando respetuosamente, pero como si él no esperara que Bran entendiera cómo funcionaban todas las cosas revenant. —Como con el uso de un humano muerto, un volant revenant puede poseer un cuerpo fresco, se ha hecho en situaciones excepcionales, pero la posesión no detiene al cuerpo de la descomposición natural. Después de que el rigor mortis empiece, el cuerpo sería inútil para Vincent. Aunque la imagen invocada por el razonamiento de Jean-Baptiste hizo mi estómago girar, escuché atentamente para entender todos los ángulos. Cada regla revenant. Bran parpadeó un par de veces y luego agregó: —Pero yo no me estoy refiriendo a una posesión. Estoy hablando acerca de recreación de todo su cuerpo. Nadie se movió. Finalmente Gaspard habló. —Curandero, nosotros desconocemos ese tipo de… milagro. Si en serio hay un método para la “reencarnación”, como tú lo llamas, entonces no es conocido por nuestra especie. ¿Es esta cosa verdaderamente posible? Bran asistió. —Sí, lo es. ¿Ustedes realmente no tienen notas de esto en sus registros? Yo había asumido… —No —confirmó Gaspard—. Parece que la separación de nuestra especie y la suya a lo largo de los siglos ha llevado a una perdida en lo que, estoy empezando a adivinar, solía ser información compartida entre nuestros grupos.

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Bran restregó sus dedos por su frente y nos echó un vistazo a todos dudosamente, como si se estuviera preguntando si debería decir más. —Los archivos de mi familia han estado fuertemente protegidos de ser descubiertos por personas ajenas a nuestro clan tanto como por revenants. Siempre supuse que era para que los numa no pudieran usar nuestra información en nuestra contra. O en su contra. Pero asumí que el bardia podría tener muchos de los mismos conocimientos que nosotros teníamos. Al menos, de tan importantes tradiciones. Tal vez he dicho demasiado. Pero en este caso, creo que mi indiscreción es justificada. — Aclaró su garganta y siguió—. El tema de la reencarnación fue registrado en una de los registros de mi familia, escrito por un ancestro varias generaciones atrás. Explicó que para revenants que son destruidos en contra de su voluntad y atrapados como un alma ambulante, hay remedio. Su cuerpo puede ser recreado y su espíritu, introducido en él. Yo no sé el proceso exacto utilizado. Solo sé que la solución existe. A medida que el significado de las palabras de Bran penetraba en mí, me sentí mareada. Hasta ahora, Vincent había permanecido en silencio. Ahora él hablaba. No te emociones, Kate. Probablemente esto es solo una legenda. Una historia. Pero no puedo evitarlo. Este débil destello de posibilidad ya había apartado mi desesperanza. Quizás había una manera de traer a Vincent de vuelta. La más delgada de las oportunidades fue suficiente para darme esperanzas. —¿Esos archivos todavía existen? —le preguntó Jean-Baptiste a Bran. —Sí. Son los mismos que contienen la información que Violette está buscando. Pero debo advertirte, aunque recuerdo a mi madre leyéndome una historia de reencarnación, no estoy seguro si detalla qué debe hacerse durante el ritual. Podría ser simplemente un callejón sin salida. —No importa. Cualquier información, en absoluto, es más de lo que actualmente poseemos. Podemos enviar a alguien inmediatamente por tus archivos. —JB ya se estaba moviendo a través de la puerta—. ¿Dónde se guarda? Bran vaciló. —En algún lugar donde a los revenants no se les permite entrar —dijo él, causando que JB se pare y se voltee. Su expresión cayó en algún lugar entre desconcertado y furioso.

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—¿Qué tal humanos? —pregunté—. Yo iré. No, dijo Vincent. Lo ignoré y mantuve mis ojos en Bran. —Querida, estamos tratando de mantenerte fuera de peligro, no tirarte en el medio de esto —dijo Gaspard. —En realidad, desde que Kate tiene el signo bardia, se le permite entrar a los archivos de mi familia —dijo Bran pensativamente. Frotaba su barbilla sin afeitar mientras lo consideraba. —Vincent me dijo que él se opone contundentemente a la posibilidad de que Kate valla por su cuenta —dijo Gaspard, levantando un dedo de advertencia. —Tú podrías acompañarla a la entrada si estás preocupado por su seguridad —ofreció Bran—, pero una vez adentro, te aseguro que ella va a estar perfectamente segura. —Voy a ir, Vincent —le dije a la habitación—. Si existe la menor posibilidad de que podamos traerte de vuelta, no hay forma de que vayas a detenerme. Pero, mon ange, dijo él. —¡No! No voy a escucharte. Jean-Baptiste, ¿enviarás a alguien conmigo? —Por supuesto, querida niña —respondió inmediatamente. —Bran prometió que estaré perfectamente a salvo una vez adentro, y tendré guardias hasta llegar allí. No puedes decir que no a eso. Incluso si lo haces… ¡Está bien, Kate! Tú ganas, admitió Vincent. Pero yo iré contigo también. Satisfecha, me volteé hacia Bran. —¿Cuándo puedo ir? —Tendrás que esperar algunas horas, hasta el anochecer. La entrada está en un lugar que es demasiado visible durante el día. Aunque Bran había dejado claro que un revenant no podía entrar a los archivos de su familia, se veía agradecido de que yo me hubiera ofrecido como voluntaria. Me di cuenta de que él confiaba en mí y la idea me llenaba con inexplicable deleite.

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—Estoy muriéndome de curiosidad. ¿Dónde está? —pregunté. Conocía París como la palma de mi mano, y no podía imaginarme dónde podía estar escondido ese tipo de lugar secreto. —Ha estado en París desde los tiempos de los romanos —respondió Bran—, fue construido como una rama de las viviendas de los guérisseurs regulares, esos curanderos que lidiaban con humanos, quiero decir. ¿Dónde iría un soldado romano que probablemente buscara curación y relajación? —me interrogó con una sonrisa cansada. —A las termas romanas —respondimos Gaspard y yo juntos. Bran asintió. —Los archivos de mi familia están localizados en una cueva debajo de las termas romanas, por debajo del Museo Cluny. —Y con una sonrisa agregó—: Escondido debajo de una de las ciudades más concurridas: el Latín Quarter. —Voy a traer a Arthur y Ambrose —dijo Gaspard—. Si pudieras instruirlos en el acceso a los archivos de tu familia, los enviaremos a proteger a Kate. —Se volteó hacia mí—. ¿Quizás te gustaría reemplazar a Arthur en el entrenamiento de lucha de tu hermana? Ahora que teníamos un plan, quería empezar… no desperdiciar las siguientes próximas horas esperando el anochecer. Vamos, escuché a Vincent decir. Odiaría perder la oportunidad de ver a Georgia con una espada. —Eso es porque no hay posibilidad de que ella pueda cortar alguna parte de tu cuerpo —dije sintiéndome impulsada por el estado de ánimo de bromear de Vincent. Aunque él no lo dejaba salir, debía esperar también que los secretos de la familia Bran contuvieran una solución… o al menos una pista para escapar de su estado incorpóreo. —Yo, sin embargo —continúe—, estoy en grave peligro corporal. Georgia con una espada... …podría ser lo suficientemente peligrosa como para ser realmente de utilidad contra un numa, dijo Vincent, la voz en mi cabeza perdiéndose en una risa mientras bajábamos las escaleras a la sala de armas.

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Capítulo 15 Traducido por Dracanea y SOS por yuya y Monica19 Corregido por MaryJane♥

uy bien hecho —dijo Arthur mientras su espada caía al suelo de la armería. Georgia sonrió y, poniendo una mano en su cadera, le rodeó la espada en una victoriosa floritura, por lo que Arthur se agachó para evitar lesiones corporales graves. —¡Hola, Katie-Bean! —gritó, al ver que me bajaba las escaleras—. ¿Sabes una cosa? ¡Soy totalmente genial en la lucha con espada! Solo espera a todos aquellos que nos odian verme hacer esto —dijo ella, lanzándose en una enloquecida Tres Mosqueteros moviéndose, lo que obligó Arthur a saltar ágilmente fuera del camino. —¡Vincent volvió! —anuncié, impotente ante la amplia sonrisa que apareció en mi cara—. O al menos su espíritu está. Violette le ha liberado durante tres días. —¡Oh, Kate, eso es maravilloso! —chilló Georgia y, dejando caer la espada, corrió a arrojarse sobre mí. —Y aún mejor —continué, una vez que dejó de saltar arriba y abajo y me soltó—, Bran ha oído hablar de espíritus errantes como Vincent que logran que sus cuerpos vuelvan. Quiero decir, es una historia que había oído hace mucho tiempo, pero que van a empezar a investigar de inmediato. —No he mencionado que me iba a ir en busca de la historia en un par de horas. Georgia definitivamente querría unirse a mí. —Esa es una muy buena noticia —comentó Arthur—. No puedo esperar para hablar con Vincent yo mismo. —Acabo de enviar a Ambrose hasta la biblioteca para reunirse con JeanBaptiste —le dije a Arthur—. Se requiere tu presencia —cité a JB. —Por favor, perdóname —le dijo a Georgia, haciendo una ligera reverencia.

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—Solo si me prometes más... —dijo con una sonrisa torcida. Arthur se volvió rápidamente rosa chicle y se atragantó con todo lo que estaba a punto de decir—. Más clases de espada, quiero decir —dijo Georgia, ampliando su sonrisa cuando lo vio balbucear. —Es urgente —insté. —Sí, por supuesto —dijo Arthur. Salió a toda velocidad, dando los pasos de dos a la vez. —Entonces, ¿dónde está exactamente nuestro chico amante? —preguntó Georgia. —Arriba hablando con JB y Gaspard —le dije—. Negocios de revenant. —¿Entonces quieres hacer prácticas conmigo? —preguntó Georgia, posando su punta de la espada en su dedo del pie, y luego retrocediendo, ya que fue a través de su zapato—.¡Ay! —Um, sí. Están afiladas. ¿Por qué no practicas con una de las espadas de práctica de punta roma? —le pregunté. —Oh, por favor —dijo Georgia—. No soy una completa cobarde. —Bueno, yo no soy una completa idiota —le dije y, abriendo el armario, y saqué mi disco para cortar Kevlar del traje de entrenamiento—. Si yo estoy cerca de ti con una espada, quiero protección. No voy a ser capaz de hacer mucho, sin embargo, con mi herida de batalla —le dije, tocando mi clavícula. —No te preocupes, voy a ir suave contigo —dijo Georgia, cortando salvajemente en el aire mientras me vestía y elegía un arma. Mientras me acercaba, ella se puso en posición de partida, la espada ligera realizada en su mano derecha mientras se inclinaba hacia adelante, la rodilla izquierda doblada. —Tienes una buena forma de comenzar —la animé. Tomándolo muy despacio, con movimientos exagerados, la dejé deslizar en mi arma mientras se baraja hacia delante y hacia atrás, siguiendo sus propios movimientos torpes. —¿Lo ves? —dijo Georgia después de unos minutos, respirando con dificultad por el esfuerzo—. Arthur dijo que era natural. ¡Soy tan buena como tú, y tú has estado entrenando durante meses! Negué con la cabeza, y con una estocada rápida me balanceé levemente cuidando de no poner peso sobre mi hombro lesionado golpeando su

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espada cerca de la empuñadura y enviándola volando por el aire. Cuando sonó en una pared y en el suelo, Georgia se enderezó y puso las manos en las caderas. —¿Qué demonios fue eso? —exclamó. —Georgia, no eres buena todavía. Arthur se limitó a decir porque él tiene un flechazo importante por ti. Mi hermana parecía herida. —Eso no quiere decir que no mejorarás si sigues entrenando —añadí rápidamente registré su expresión. Su sonrisa volvió. —Más —dijo, y se acercó a recoger su espada. —Georgia —dije, moviendo la espada de una mano a la otra y viceversa, disfrutando de la sensación de su peso en mis manos—. ¿Qué es todo esto? El entrenamiento de lucha, quiero decir. ¿Es solo una estratagema para conseguir estar más cerca de Arthur? Porque puedo prometerte que no es necesario. Ya está totalmente interesado en ti. —Por supuesto que no. No necesito hacer una tonta de mí misma para atraer a un hombre —dijo mi hermana, mirando defensiva. —¿En serio? —le dije, mordiéndome el labio para no reír—. ¿Qué te parece ese acento sureño que pones en cada vez que chicos lindos están alrededor? —Georgia agitó su mano libre en el aire, como si dijera: Oh, eso, eso no es nada. Y luego sus hombros se hundieron. —Honestamente, Kate. Recibir una paliza de un zombi enloquecido me dio la sensación de extrema vulnerabilidad. Por no hablar de debilidad. Y esos son dos cualidades que realmente desprecio. Mi corazón se calentó. Este era el lado de mi hermana que me hacía sentir que ella me seguiría no solo a París, sino al fin del mundo. Completa con todo lo de chica fiestera, que no toma la vida en serio, cualidades a veces enloquecedoras. Porque conocía este lado de ella también. El lado que algunas personas nunca veían el definido por su fuerza, bondad y lealtad. —¡Esa es una excelente razón para un entrenamiento de lucha! —dije, y su sonrisa estuvo de vuelta en un segundo. —¿Así que crees que puedes tenerme con tus habilidades Kill Bill de lucha con espada? —bromeó. —Solo ten cuidado conmigo —me reí, y levanté mi espada.

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Al final, no tuve que escabullirme de Georgia. Sabiendo que Mamie no aprobaría que ella saliera, pero no puede separarme de sus amigos, mi hermana les había invitado a venir a nuestra casa. Al cinco Arthur estaba caminando de vuelta al apartamento, cuarenta y cinco minutos más tarde, él, Ambrose, Vincent y yo llegamos al Museo Cluny de la Edad Media. —Justo a tiempo —le dije, caminando hacia las puertas y la lectura de la señal. “Tiempo de cierre, cinco y cuarenta y cinco”. El museo se encontraba en una gran abadía del siglo XV, que ocupaba la mayor parte de un bloque de la ciudad, y había sido construido junto a las ruinas de las termas galo-romanas, un antiguo antepasado de los balnearios de la actualidad del primer siglo. Muros derruidos se extienden tres pisos por encima de unos verdes terrenos, los techos y los pisos desaparecieron siglos atrás. En lo alto de las paredes, arcos monumentales de ladrillo rojo abarcaban la piedra blanca, trazando los contornos de las salas palaciegas de los soldados romanos, una vez vagó a través de, al pasar de piscina termal de baño gélido a sauna. En la brumosa oscuridad de la tarde, la abadía parecía un castillo encantado y las ruinas alrededor de él como sus calabozos desenterrados. De repente, me sentí contenta por mi escolta armada. Como si sintiera mis pensamientos, Ambrose sonrió y le dio unas palmaditas a la empuñadura de la espada que llevaba debajo de la chaqueta. —¿Ves algún numa en la zona, Vin? —preguntó y, al parecer satisfecho con la respuesta de Vincent, se relajó un poco. Te ves nerviosa, mon ange, me dijo Vincent. —¿Nerviosa? ¿Yo? —le dije—. Nunca. —Lo que era una mentira total. Estaba a punto de entrar en una cueva, en lo profundo de la tierra. Yo nunca le había dicho a Vincent de mi claustrofobia. No había tenido que hacerlo. Bajar a las alcantarillas no me hubiera molestado. Estábamos en amplios espacios artificiales justo por debajo de nivel de la calle. Pero la cueva de Bran estaba segura de ser diferente-amenazó con alcanzar de regreso a mi miedo infantil y paralizarme una vez que estaba en sus profundidades. Mi familia había visitado Ruby Falls en Tennessee cuando era una niña. En un punto la guía apagó las luces para mostrarnos cuán oscuro era el lugar en el cual la luz del sol nunca tocaba. Enloquecí, y una vez que salimos, tomó una hora que mi mamá me calmara. Desde ahí, incluso el

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pensamiento de la espeleología me hacía sudar. Pero no estaba por admitirle eso a Vincent. Un poco de claustrofobia no importaba cuando había más cosas de interés. Como su propia existencia. Limpié mi frente con mi palma y traté de parecer calmada. —El curandero dijo que la entrada estaba en la esquina suroeste del monumento —dijo Arthur señalando a través de la verja a un lado de las ruinas. —¿Cómo vamos a entrar? —pregunté, observando las cercas de veinte metros de largo esparcidas por el perímetro. —Nunca temas, Zombi Man está aquí —bromeó Ambrose, y envolviendo sus manos alrededor de dos de las barras, comenzó a jalarlas, como si las estuviera separando. Se rindió luego de un segundo, volteó hacia mí, y guiñó—. Solo estaba bromeando —dijo—. Doblar barras de hierro, lamentablemente, no está en mi currículo de superhéroe. Sugiero que intentemos eso. —Asintió hacia una pequeña puerta de hierro cerrada con candado. Justo detrás estaban caminos empinados que guían hacia las ruinas. —La entrada del guardia probablemente —dije y nos acercamos a ella. Arthur sacó su cadena de llaves y hurgó por las llaves hasta que encontró una herramienta pequeña y plateada. En un segundo el candado estuvo fuera. Después de asegurar que ningún peatón estaba viendo, nos deslizamos por la puerta a las escaleras hacia el área herbosa, escondiéndonos en las sombras hasta que nos aseguramos de que nadie había visto nuestra entrada ilegal. Era más tranquilo entre las ruinas, como si por descender a los laberintos prehistóricos llenos de aire puro realmente hubiéramos viajado en el tiempo y lugar. Como Siberia a la mitad del invierno. Apreté más el abrigo a mí alrededor y guie el camino a través del oscuro laberinto, dirigiéndome a la dirección que Arthur había indicado. Un minuto después, estábamos parados en una esquina ordinaria en la unión de dos paredes de quince metros. No había puerta tallada a un lado. Sin rajas sospechosas en la paredes. Sin señales de un pasillo o algo como eso. —Qué tal si usamos esa habilidad volant futurista, hermano, y nos dices dónde buscar —dijo Ambrose. Después de un segundo, asintió y dijo—: Vin dice que en unos minutos Kate está fuera y estamos aquí esperándola, pero él no puede ver a dónde fue o algo sobre lo que pasó. Debe haber algún hechizo por acá bloqueando los poderes. Lo que significa que debemos estar en el lugar indicado.

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Mi columna cosquilleó mientras me preguntaba cuán poderosos eran Brand y su gente realmente. Parecían tan… comunes. Especialmente su madre, que nos había observado como cualquier otra vieja dama tejiendo frente a la chimenea. —Bueno, supongo que tendremos que hacer las cosas de la forma difícil —dijo Ambrose. Cayó a sus rodillas y comenzó a sentir alrededor del suelo, tocando los lugares en los cuales la grama estaba gastada—. No parece haber alguna trampilla o espacio hueco —dijo. Arthur y yo tomamos paredes opuestas y comenzamos a sentir el camino por la punta de los dedos. —¿Qué es exactamente lo que te dijo el curandero? —preguntó Arthur mientras trabajaba. —Lo mismo que te dijo —respondí—. Solo dijo que la entrada estaba en la esquina suroeste de las ruinas y que podía entrar usando mi signo. — Saqué el pendiente de mi camisa y el pequeño cristal de recuerdo mori tintineó mientras lo sacaba por mi cabeza y lo sostenía. ¿Qué es eso que estás usando con el signo?, preguntó Vincent inmediatamente. —Es un rizo de tu cabello —respondí. Arthur y Ambrose me dieron un vistazo rápidamente pero volvieron inmediatamente a su trabajo. Por enésima vez pensé qué tan raro debía de ser para ellos tener espíritus voladores alrededor constantemente y solo prestar atención a las partes de las conversaciones que están dirigidas a ellos—. Jeanne me lo dio — continué autoconsciente. Mientras volteaba el signo entre mis dedos, la luz del faro de encima iluminó el oro y reflejó algo brillando incrustado en la pared. Me incliné para observarlo mejor. Algo metálico estaba fijado en la piedra y completamente cubierto de polvo blanco, por lo que era invisible desde unos pocos pies de distancia. Lo sacudí para descubrir un signo Bardia de oro del tamaño de la mía. —Esta es nuestra chica —alardeó Ambrose. Ten cuidado, no pude ver nada del futuro a partir de este momento en adelante, me dijo Vincent. —Lo haré —le prometí, y miré a Arthur, que se inclinó hacia adelante, inspeccionando el signo. Él dio un paso atrás y asintió dando el visto bueno.

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—Vamos a ver lo que hace este bebé —dijo Ambrose con impaciencia. Contuve mi colgante y lo apreté contra el símbolo en la pared, mi cabeza de zafiro presionando un botón en el centro mientras el triángulo cercado se posicionaba perfectamente en su lugar. Arthur, Ambrose y yo nos pusimos de pie, en busca de cualquier signo de movimiento. —Bueno, eso se sintió muy Indiana Jonesistico —dije después de una pausa—. ¿Y ahora qué? En ese instante, el suelo retumbaba ligeramente por debajo de nuestros pies, sintiendo como si un tren del metro fuera llevado directamente debajo de nosotros, y una sección de la pared se abrió hacia adelante en la oscuridad. Las cejas de Ambrose se dispararon hacia arriba. —¡Impresionante! —exclamó. No era impresionante. Era todo, pensé, mirando al espacio de tono negro detrás de la puerta. Me di cuenta de una linterna que colgaba de un gancho en la pared más allá de la apertura, tentativamente lo alcancé para descolgarlo y rápidamente lo agarré. Sacudiéndola ligeramente, indiqué el pasillo. Un estrecho túnel excavado en la piedra apareció en el rayo amarillo de la luz artificial. Iba derecho hacia un largo camino, y luego descendía a un ritmo fuerte hasta que giraba a la derecha y desaparecía. Mi pecho se apretaba con la ansiedad, y empecé a sudar de nuevo. Esto no parecía una cueva. Se veía como una tumba. No quiero que vayas allí sola, dijo Vincent. —Sí, bueno, no me importaría si tú vinieras —admití, limpiándome la mano húmeda en mis pantalones vaqueros. ¿Quién sabía que las palmas podían sudar tanto?, pensé. Traté de entrar y no pude. Es como si hubiera un muro invisible que bloqueara la puerta, esto quema cuando lo toco, dijo Vincent. —Vincent dice que no puede entrar —dije. Arthur puso su mano en mi hombro. —Probablemente deberíamos inspeccionar este pasaje inicial antes de entrar. Voy a darle una oportunidad —dijo galantemente. Cuando salió del túnel negro, una luz brillante apareció ante su cabeza. Saltó hacia atrás, aullando de dolor y se frotó su rostro frenéticamente. Algo olía a malvaviscos asados.

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—Déjame ver —le dije, y puse sus manos en su cara—. ¡Quemó tus cejas y la parte delantera de tu pelo! —exclamé. El rostro de Ambrose estaba rojo de la risa contenida. Él se dio por vencido. —Oh, hombre —farfulló, con lágrimas fugándose de los lados de los ojos—. Deberías haber visto tu expresión. Las mejillas de Arthur se pusieron tan rojas como las de Ambrose, pero él no se reía. —Inténtalo —le desafió. Ambrose acarició el pelo muy corto de manera protectora. —El hacer es sagrado —dijo, y apoyándose cautelosamente hacia atrás, extendió su brazo hacia la puerta. Una chispa naranja voló desde el final de su dedo índice. —¡Ay! —gritó, y se metió el dedo quemado en la boca. —Mira —dijo Arthur, mirando apaciguado. No puedes entrar ahí, dijo Vincent. —Tuve la oportunidad de llegar a la linterna, así que parece que realmente puedo —le dije—. Y supongo que voy a ir, si tú viste que yo había desaparecido con tu visión de futuro o lo que sea. Pero, Kate, dijo mientras caminaba indemne en la boca de la cueva. Estaba envuelto por un rancio olor a tiza húmeda. Olía como si el túnel hubiera sido excavado recientemente, aunque las paredes y el techo estaban ennegrecidos por los siglos del hollín de antorcha. Miré de nuevo a Arthur y Ambrose, que me observaban desde tan cerca de la puerta como se atrevieron. —¿Hay que cerrar la puerta de la cueva? —le dije, señalando el signo que todavía estaba pegado en la pared. —¡No! —dijeron juntos. —Nos vamos a quedar aquí. Nadie puede entrar —me tranquilizó Ambrose. Ten cuidado, me llegaron las palabras de Vincent, que sonaban como si él ya estuviera a metros de distancia.

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Yo alumbraba con la linterna en la oscuridad, tragué saliva, y antes de que pudiera reconsiderarlo, me dirigí al túnel.

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Capítulo 16 Traducido por Cezzii ƸӜƷ& y QueenDelC Corregido por MaryJane♥

medida que el camino descendía, el túnel se volvía pequeño, y pronto me encorvé despegando la cabeza del techo. El espacio cada vez más difícil me hacía poner más y más ansiosa. Mientras más encorvada caminaba, la presión dentro de mi pecho aumentaba hasta sentir que mis pulmones podían colapsar. Finalmente cuando creo que no puedo ir más lejos. Mi corazón late tan fuerte que lo puedo sentir golpeteando en mis oídos. Me incliné contra la pared del túnel y se deslizo en cuclillas hacia abajo. Sosteniendo la linterna en un agarre mortal, intente convencerme de no entrar en un ataque de pánico. “Cierra los ojos e imagina estar en otro sitio”, mamá me había dicho cuando estábamos en el interior de las Montañas en Ruby Falls. Muy bien mamá, pensé. ¿Dónde más podría estar? Y de repente, recordé la terraza en la parte superior de La Maison, donde Vincent me había tomado el mes pasado. Envolviéndonos para tener una vista panorámica de París por la noche, la ciudad brillando como si estuviera decorada con un millón de luces de navidad. Vincent me había besado ahí, en el punto más romántico. Habíamos rodado en una cama cálida como la luz del sol, besándonos y riéndonos, en un momento de felicidad, olvidando que el destino había conspirado contra nosotros. En un momento corto mientras nos amábamos sin preocuparnos de nada más. Fue en la azotea, donde Vincent dijo me que amaba. Que no podía imaginar una vida sin mí. Sentí el frio aire de invierno en mi cara, y el dedo de Vincent rozando mis labios, delineando mi boca antes de inclinarse y tocar sus labios con los míos. Luego, en mi fantasía, el desapareció y estuve sola en la terraza. El delicioso calor se había ido. Repentina y violentamente, la frialdad de la noche de invierno picaba en mi cara y mis manos. De pronto recordé nuestra situación, el aquí y ahora. El cuerpo de Vincent se había ido, y su espíritu había sido atado a una loca. Y yo estaba a tan solo metros de algo que podría ayudarlo.

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Mis ojos se abrieron de golpe y me levanté encorvándome y arrastrándome como una anciana para abrirme paso en el camino estrecho. Estaba tan profundo que las rocas en las paredes se sentían húmedas contra mis dedos. Mientras daba vuelta a una curva, mi pie aterrizo contra un montón de escombros enviándolos adelante. Desapareció en una esquina y el eco regreso con una docena de piedras que saltaban a través de una amplia cuenca de espacio, me dijo que finalmente había llegado. Agachándome bajo un estante de roca, repentinamente me encontré en una caverna del tamaño de una piscina olímpica y tal vez cuatro veces más mi altura. Apunté la linterna alrededor de las paredes y localicé las antorchas de madera macizas alojadas a los lados de la puerta. Sacando el encendedor que Bran me había dado, encendí una y luego otra. Solo necesito encender una antorcha, inmediatamente pensé, que guardar es pepita en un momento, extraño, que he tenido en un compartimiento de mi cerebro que se había expandido rápidamente en el último año. Mientras la llama se encendía, tosí por el humo e inhalé una profunda bocanada de aire rancio de la cueva. La superficie de piedras oscuras de la caverna bailaba a la luz vacilante de las antorchas, lo que hacía que pareciera aún más de otro mundo. Las paredes que estaban a mi lado parecían enormes panales. Estos se apilaban en la parte superior de uno tras otro en fila hasta el techo. Conté unas cuantas filas y estimo que había alrededor de seiscientas en total. Las puertas estaban pintadas con letras y flores y formas de torbellinos orgánicos que parecían tatuajes. Todas ellas tenían una cosa en común: En el centro de cada puerta aparecía una mano con poco amarillo y naranja en formas de lágrima en la punta de cada dedo, como si estuvieran disparando llamas. Las puertas más cercanas a mí en la pared de la izquierda parecía antigua, todo de piedra desmoronándose con solo vestigios de sus diseños pintados. Sus condiciones crecieron más mientras más abajo de la habitación estaban, hasta que en el extremo lejano las puertas eran de madera en lugar de piedra y la pintura parecía menos decrépita. La pared frente a mí al final del pasillo no tenía ninguna de las puertas en forma de media luna, en cambio, estaba cubierto completamente de pinturas para pared. A su lado, en el otro extremo de la pared a mi derecha, las puertas pintadas comenzaron de nuevo, estas parecían más recientes. Solo había unas pocas filas de puertas pintadas con vivos colores y luego se detuvieron, dejando filas y filas de agujeros largos y vacíos estirándose hacia mí.

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Deslicé mis dedos contra la boca más cercana a mí y apunte la luz de mi linterna en el interior, supe de inmediato lo que era: una tumba. Había visto el mismo estilo de nichos funerarios en varias ruinas romanas que había visitado cerca de Francia. Los romanos habían tallado agujeros horizontalmente en paredes de roca y ponían sus cadáveres para descansar en el interior. Iluminé cautelosamente alrededor de la habitación con mi linterna en búsqueda de trampas antes de ir más lejos. Y entonces recordé quién me había enviado: Bran me hubiera advertido de algún peligro. Yo estaba en “archivos” secretos de su familia, como él lo llamó. Más bien mausoleo, pensé, aunque se podría considerar un archivo de cuerpos. Estaba seguro que Bran nunca me pondría en peligro, apague la linterna y la introduje en mi mochila. En el brillo de las antorchas, vi, en el otro extremo de la habitación, una mesa con pilas de libros y objetos de metal brillante. Eso era por lo que yo estaba aquí, Bran me había contado los libros que necesitaba estaban entre ellos. Mientras caminaba más dentro de la habitación, noté que la última puerta en la pared derecha había sido decorada con flores frescas: rosas y lirios blancos y lilas. A medida que me acercaba, el olor a pintura fresca se mezclaba con el perfume de las flores. Esta puerta recientemente había sido decorada. Algo pulsaba dolorosamente en mi pecho mientras me acercaba a él. Incluso antes de que estuviera lo suficientemente cerca como de leer las letras cuidadosamente pintadas en la parte inferior de la puerta, sabía lo que ello significaría. Gwenhaël Steredenn Tândorn La madre de Bran. Él debe haberla enterrado aquí hace apenas un par de días. Me arrodillé para mirar más cerca la tumba a nivel del suelo y admiraba la mano con llamas cuidadosamente pintada y el decorativo tatuaje como remolino alrededor de ella. Bran no era artista, pero obviamente había gastado mucho tiempo y cuidado a la creación del monumento de su madre Vi una tarjeta pequeña atada con las flores, y la sostuve entre mis dedos. En la difícil escritura leí: “Esto es para ti, mamá. Te extrañaré todos los días.” Mi corazón se volcó. Me lavé la lágrima que recorría mi mejilla. Yo sabía exactamente cómo se sentía Bran. Para mí no era como una herida fresca, pero era una que siempre sangraba. Echaba de menos a mis padres. Y a pesar de que por fin había dejado de pensar en ellos cada minuto de

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cada día, cuando los recuerdos lo hicieron el dolor volvió con toda su fuerza. —Adiós, Gwenhaël —susurré y, de pie, caminé hacia la mesa solitaria. Vi los libros que había mencionado Bran en el extremo izquierdo de la mesa: una pila de tomos encuadernados en cuero rojo. Pero antes de alcanzarlos, me detuve, mis ojos atraídos a las pinturas que cubren toda la superficie de la pared final. Me recordó a un lugar que había visitado en Florencia con mi madre-la Basílica de Santa Croce. Al igual que las paredes de varias capillas pequeñas de esa iglesia, este muro había sido dividido en tiras de escenas separadas y colocadas en fila en el corredor, como un libro de historietas. En la basílica los paneles habían sido llenados mostrando historias de la Biblia o de los santos italianos, cada capilla decorada por un solo artista. Aquí, los paneles estaban pintados por diferentes artistas, con estilos diferentes, y parecían ser de diferentes periodos. El desgaste y deterioro de las pinturas de los niveles superiores sugerían ser los más antiguos, así que comencé ahí, leyendo las imágenes como si fueran las historias que mi madre me había contado. El primer panel me recordó al ánfora que había visto en la galería de Papy, mostrando dos ejércitos de hombres desnudos luchando entre ellos, los soldados usando lo que parecían antiguos cascos griegos. Un lado estaba dirigido por un hombre con un halo rojo que salía de su cabeza como llamas. El líder del ejército enemigo tenía un halo que lucía como una neblina de brillante sangre roja. Un par de figuras en la esquina del cuadro merodeaban cadáveres y cuerpos mutilados y sostenían sus manos sobre ellos, como si los estuvieran curando. Sus halos lucían como lenguas de fuego, cinco chispas sobre cada cabeza, como las llamas sobre las manos pintadas en las puertas de las tumbas. Este debe ser el símbolo de los curanderos, pensé. La siguiente imagen me recordó a las pinturas medievales de santos siendo martirizados. Hombres vestidos como sacerdotes, con grandes gorros como de papa, parados a un lado mirando mientras soldados mataban a un grupo de personas con espadas. Sus víctimas estaban atadas de las manos y los pies a estacas de madera, y tenían los mismos halos dorados y rojos de la imagen anterior, mientras que otros tenían redondos halos amarillos, los típicos que ves en pinturas religiosas. Debajo del hombre dorado estaba escrito, bardia, el de rojo tenía, numa, y el halo redondo, bayata.

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Detrás de ellos, en la distancia, un curandero con halo de fuego estaba parado afuera de una cueva en la que estaban agachados un grupo con los tres tipos de halos. La historia era bastante clara: los revenants y los bayata, lo que sea que fueran, eran perseguidos por la Iglesia, y los curanderos los estaban ayudando a esconderse. Los revenants debieron haber experimentado una historia completa junto con la humanidad con la que pasaron completamente desapercibidos. Me quedé parada ahí con asombro, paralizada por lo que esto significaba. Seres supernaturales habían vivido entre nosotros desde el comienzo de los tiempos… o al menos por un largo, largo tiempo. Y escenas de esta historia paralela secreta fueron representadas desde antes de mí. La magnitud de este descubrimiento me hizo sentir muy pequeña e insignificante… pero también muy afortunada. Con ansias me muevo al siguiente panel, el cual representa la cueva en la que yo estaba parada. Trabajadores, todos con cinco llamas sobre sus cabezas, estaban escarbando las tumbas y pintando los muros, mientras una mujer en una larga y blanca toga extendía sus manos, lanzando rayos plateados en todas direcciones. Dentro de los rayos estaban pintadas estrellas, lunas, soles, manos en llamas y el signo bardia. Supuse que este era algún tipo de curandero mágico lanzando un hechizo sobre la cueva que permitiría que algunos entraran, pero mantendría afuera a los revenants, como había sido demostrado tan dramáticamente, e hilarantemente, afuera. Me preguntaba qué otra magia protegía esta cueva, ya que había símbolos que no reconocí flotando en la lluvia de estrellas plateada de la mujer. De repente pensé en Vincent, Ambrose y Arthur esperando afuera de la cueva por mí. En cuando más tiempo me quedara, más preocupados se pondrían. Revisé mi celular. Los había dejado hace cuarenta y cinco minutos. Y claro que no había señal, asó que no podría llamarles para hacerles saber que estaba bien. Sabía que era hora de irme, pero no pude resistir mirar un par de pinturas más antes de salir. Mis ojos van hacia una de las escenas más antiguas; ésta del periodo romano, juzgando por las vestimentas parecidas a togas de los personajes. En el centro hay una figura hecha ovillo dentro de una enorme bañera redonda. Era de tamaño natural, pero no tenía cabello o expresiones faciales y lucía más como la escultura mal hecha de una mujer antes de que se hubieras hecho los detalles. Alrededor de la figura había varias personas e pie, tanto bardias como curanderos juzgando por sus auras, cada uno tomando parte en una

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actividad diferente. Uno se había cortado el brazo y estaba sangrando sobre la bañera, otro estaba inclinándose sobre la cabeza de la figura hecha ovillo, una tercera parecía estar lanzándole un hechizo, y una cuarta estaba de pie a un lado sosteniendo una antorcha y una vasija. Obviamente estaban practicando alguna clase de ritual, pero no podía imaginar su propósito. Debajo de la imagen había una inscripción en latín, y estuve emocionada al descubrir que podía descifrar un par de palabras. Argilla debía significar arcilla, ya que la palabra en francés era argile. Y sabía que pulpa significaba carne, similar a la palabra francesa para pulpo, un animal hecho de carne sin huesos. Incapaz de traducir el resto, miré alrededor buscando otra escena que estudiar. Solo una más, pensé, comenzando a sentirme ansiosa por regresar con Vincent y los otros antes de que quedaran apopléjicos por la preocupación. Mi mirada cayó sobre una pintura cerca de la mitad, probablemente porque era la más hermosamente pintada. Algunos artistas curanderos obviamente eran más talentosos que otros. Con la mayoría, el objetivo parecía ser comunicar un mensaje en lugar de demostrar la habilidad del artista. Pero ésta podría haber sido pintada por Rafael o Miguel Ángel, la suntuosa belleza de los personajes siendo la meta principal del pintor. En ella, un grupo de numas con auras rojas estaban de pie frente a un pequeño torrente de otro grupo de bardias con aura dorada. Uno de los numa estaba chapoteando a través de la fluyente clara agua mientras cruzaba hacia el lado de los bardia. Una bardia le extendía la mano. El numa en el agua tenía un halo color rojo sangre, pero al contrario de los de sus similares, su aura estaba enlazada con venas doradas. ¿Es una clase de mestizo revenant? me pregunté. ¿O quizás como los bayata, era otra nueva clase de ser supernatural? Tenía tanto que aprender, una idea que simultáneamente me emocionaba y asustaba. No podía esperar a saber más sobre aquellos iguales a Vincent, pero estaba recelosa de qué clase de cosas extrañas estaban esperando a ser descubiertas en el camino. Mientras me apresuraba a revisar la pila de libros que Bran había indicado y meterlos cuidadosamente en mi bolsa, me pregunté sobre las cosas que había presenciado. ¿Cuántos otros humanos conocían esta cueva? Además de los curanderos, no muchos, estaba segura. Me sentí asombrada, abrumada, por mi inclusión a este grupo. Solo una chica normal de Brooklyn de pie en una cueva mágica debajo de la desbordante actividad de una de las ciudades más grandes del mundo.

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Una chica que está siendo ansiosamente esperada por tres chicos no muertos afuera de la puerta de la cueva, recordé y, mirando con anhelo las pinturas que no tuve tiempo de ver de cerca, tomé una decisión en menos de un segundo. Tomé mi celular de nuevo, lo levanté para tomar una fotografía del muro. Puedo estudiarlas de regreso en la seguridad de mi habitación, pensé. Pero no fue hasta que presioné el icono de la cámara que recordé, en un destello de pánico, la magia protegiendo la cueva. ¿Incineraría mi celular? ¿Me incineraría a mí? Cuando no sucedió nada, solté un suspiro de alivio y me dirigí deprisa hacia la puerta. Tomando una herramienta que lucía como un apagavelas gigante colgando junto a la puerta, lo usé para extinguir una de las antorchas. Mientras me moví hacia otra, noté que este muro estaba pintando en un estilo como de historieta al igual que el muro frente a él. Pero, a juzgar por la ropa de los personajes, estas pinturas eran las más recientes; todas del último par de siglos. Encendí mi linterna antes de apagar la segunda antorcha. Y mientras la flama se comenzó a apagar, noté la pintura localizada justo sobre la puerta. Era un grupo de hombres en uniformes decorados con suásticas, de pie frente a un mapa gigante. A la mitad del grupo estaba un hombre con bigote y cabello bien peinado, a quien reconocí de inmediato. Y justo cuando la antorcha se extinguió, vi que los hombres a su alrededor los consejeros de Hitler, todos tenían halos rojos.

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Capítulo 17 Traducido por AntoD y Kirara7 Corregido por Miss_ale

ean-Baptiste regresamos.

estaba

esperándonos

en

la

puerta

cuando

—Por la expresión triunfante en sus rostros, confío en que su misión fue un éxito, ¿Kate? —preguntó ansiosamente. Palmeé mi bolso y sonreí ampliamente. —Tengo la mercancía. Él soltó un suspiro de alivio. —Maravilloso. Vengan por aquí. Bran y Gaspard nos están esperando en la biblioteca. —Nosotros estamos bien, también, JB —murmuró Ambrose—, gracias por preguntar. Él se giró hacia Arthur. —¿Qué tal un entrenamiento? Arthur negó con la cabeza. —Pensaba hacer algunas investigaciones. ¿Nunca te cansas te pelear? —¿No te cansas nunca de ser un intelectual? —replicó Ambrose, pero cuando Arthur pareció herido, se rió y juguetonamente lo golpeó en el brazo. —Solo bromeo —dijo—. Amo tus libros. Especialmente ese con el chico. Y la chica. Sí, ese libro estuvo genial. —Y caminó hacia el arsenal. —¿Me necesitas, o puedo revisarlo contigo una vez que Bran haya tenido tiempo para mirar los libros? —le preguntó Arthur a Jean-Baptiste. —Estoy seguro que estaremos llamando a tus conocimientos muy pronto —dijo JB, excusándolo.

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—Nos vemos luego —dijo Arthur, metiendo su cabello detrás de su oreja, y dándome un guiño andes de deambular hacia su habitación. —¿Cómo estuvo tu visita a los archivos? —preguntó JB impaciente mientras subíamos las escaleras—. ¿Los viste, también, Vincent? — preguntó, y luego se frotó la barbilla pensativamente—. Interesante. Custodiado por magia de curanderos. Qué fascinante. Kate, ¿qué piensas de ellos? —El lugar era increíble —respondí—. Nunca vi algo así en mi vida. Me siento realmente afortunada de haber estado allí. —Eres realmente afortunada de haber estado allí —dijo él con nostalgia. El hecho de que un místico tesoro oculto de la historia sobrenatural existiera a media hora de camino de donde él vivía, aquel que él nunca sería capaz de ver, parecía estar carcomiendo a JB. Y yo estaba segura que Gaspard sentía lo mismo. Una vez más, estaba asombrada de que Bran confió lo suficiente en mí para enviarme a hacer un recado tan importante. Bran y Gaspard estaban acomodados en una esquina de la biblioteca, en una conversación profunda. Se voltearon al escucharnos entrar. —Kate —dijeron ambos a la vez, y Bran dijo—: Y Vincent. —Mirando al espacio tan cerca de mí que bien podría tener dos cabezas. Saqué la pila de libros de mi bolso y los puse sobre la mesa frente a los hombres. El rostro de Bran se iluminó, mientras pasaba sus dedos cariñosamente por la tapa del libro en la cima. —Nunca los he visto a todos en el mismo lugar, fuera de los archivos. Mi madre solía traerlos a casa, uno por uno, para leérmelos. Y la única vez que lo visité, hace solo un par de días, estaba ocupado con otra cosa. — De repente, él parecía triste. —Vi la tumba de tu madre —le dije suavemente, acercando una silla a la mesa y sentándome junto a él—. Era hermosa. —Gracias, niña —contestó Bran, viéndose consolado—. Me alegra que fueras. Podría ser tu única oportunidad. —¿Nunca visitaste los archivos de tu familia antes de esta semana? — preguntó Jean-Baptiste, sorprendido. —No. Solo el curandero activo de la familia lo tiene permitido. Es por eso que mi madre me traía los libros, uno a la vez, como acostumbraba. —Él

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miró los volúmenes—. Supuse que hoy era un buen día para romper las reglas. —¿Quién escribió en realidad estos volúmenes? —preguntó Gaspard. Parecía estar usando su contención sobrehumana para resistirse a saltar sobre los libros y devorar su contenido. —Mis ancestros —contestó Bran—. Los curanderos en mi familia han estado ejerciendo su arte por muchas generaciones. Si bien el curandero Tândorn activo ha mantenido una continua presencia en Saint Ouen desde los tiempos medievales, el resto de los no practicantes de nuestro clan vivían en Bretaña y eran campesinos. »Como la mayoría de los campesinos de la época, mis ancestros eran analfabetas. Pasaron sus historias de generación en generación, memorizando volúmenes llenos de relatos de sus relaciones. En el siglo XIX, la primera Tândorn que podía escribir, se encargó de copiar las historias orales de la familia. Tres de estos libros —señaló con la cabeza a los volúmenes—, fueron escritos por ella. Solo han habido siete u ocho curanderos desde ella que agregaron sus conocimientos a los últimos dos libros. Él revolvió entre la pila y sacó uno de los libros que se veía más antiguo. —Éste es el que recuerdo que contiene la información que el anciano busca: menciona a Vic… la transferencia de poder de Campeón a conquistador. Es un reporte de una fuente externa, por supuesto. Como saben, nunca ha habido un Campeón en Francia. Gaspard se inclinó hacia mí y agregó: —Los Campeones han aparecido a lo largo de la historia en otros lugares del mundo. Cada vez que la amenaza de los numa aumenta demasiado en un área, otro Campeón parece surgir. Pasando lentamente las páginas y escaneando cada una de ellas, Bran se detuvo en un pasaje lleno de finos garabatos en tinta marrón que parecían prácticamente ilegibles desde mi punto de vista. —Sí, aquí estamos. El relato de un curandero que había viajado con una caravana desde la India y conoció a uno de mis ancestros. —Deja de mirar al futuro, Vincent —dijo Jean-Baptiste—. ¿Por qué habría de asustar a Kate si ni siquiera es una posibilidad? Se giró hacia mí.

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—A Vincent no le gusta lo que Bran está por leer, y pidió que esperemos para discutirlo hasta que tú te hayas ido. —Muchas gracias, Vincent —dije, sintiéndome furiosa—. ¿Demasiada sobreprotección? Lo siento, mi amor, le escuché decir. Hay algunas historias que no creo que sean completamente necesarias que conozcas. Especialmente cuando me involucran. —Creo que puedo decidir por mí misma qué me molestará —respondí—. Por favor, Bran, continúa. Bran revisó la historia y la resumió para nosotros. —La historia tuvo lugar en la India medieval bajo la dinastía Tanwar. Éste campeón fue destruido y su espíritu se lanzó dentro de un animal que fue asesinado y comido por su captor numa. Fue así como el poder del campeón fue transferido al numa. Se necesitó un ejército Bardia para derrotarlo, solo después de que hubiera utilizado todos sus multiplicados poderes de fuerza y persuasión para conquistar una ciudad entera. Mi garganta se estrechó. —De acuerdo, no estoy molesta, pero estoy disgustada —dije, con el estómago revuelto—. Vincent, ¿eso es lo que Violette intentó contigo? ¿Comer el animal? Sí, contestó él, mientras Gaspard asentía con la cabeza. Vincent obviamente ya le había contado la historia. —¿Qué sucedió? —pregunté. Kate, realmente no es importante, declaró Vincent. No es que crea que no puedas soportarlo. Es solo que… —Dime. Violette obligó a mi espíritu a entrar en el cuerpo de un conejo, al cual luego mató y lo comió crudo. Pero en algún momento entre el asesinato y la ingesta, mi espíritu dejó el cuerpo. —¿Qué te habría sucedido si hubiera funcionado? ¿Si tú hubieras sido el Campeón? —le pregunté a Vincent. Bran respondió por él.

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—Violette hubiera absorbido el espíritu de Vincent, el cual se habría combinado con el suyo. Su identidad se habría entrelazado con la de Violette, y sus poderes añadidos a los de ella. Pero obviamente, eso no sucedió. Se apresuró a decir Vincent. Mi cabeza dolía. Sentía una sensación de quemazón detrás de mis cejas, como cuando masticaba hielo. Levanté mi mano para acunar mi frente y sentí las lágrimas punzando en mis ojos. La sola idea de los espíritus de Vincent y Violette entrelazados me enfermaba. Está bien. Estoy aquí ahora, dijo Vincent consoladoramente. —Pero cuando Violette te haga regresar a ella, ¿qué vas a decirle? ¿Que hizo lo correcto, pero que no funcionó dado que no eres el Campeón? — pregunté. —No, él va a mentir —dijo Jean-Baptiste—. Inventaremos algún tipo de ceremonia falsa para que ella lo intente con el fin de retenerla un poco más de tiempo. Brand dio su aporte. —Estancarnos no va a solucionar nada. Él aún está atado a ella y así permanecerá hasta que una de las dos cosas suceda. —¿Y eso sería…? —pregunté. —Hasta que Violette sea destruida o Vincent reencarne. La mataría. Con mucho gusto, pensé, mi furia haciéndome mucho más nauseabunda. Sin embargo, dándome cuenta que matar a una Revenant protegida por una horda de numa no era la mejor solución, fui más práctica. —Vamos a encontrar datos sobre la encarnación —dije. —Recuerdo a mi madre hablarme de esto cuando aún era un niño, no lo he visto yo mismo así que no sé cuál de estos libros contiene la historia —admitió Brand—, necesitaré revisar hasta que pueda encontrarlo. —Estaré feliz de ayudar —ofrecí. Cogí uno de los libros, pero retiré mi mano al ver su expresión. —Lo siento niña, pero estos libros están llenos de los secretos de mi familia —dijo Brand—. He jurado protegerlos y no mostrárselos a nadie. Mi corazón se hundió, si Bran leía todos estos libros por sí mismo, podría tomarle un largo tiempo. Y tiempo era algo que no podía permitirnos.

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—¿Te importa si espero aquí, hasta que tenga que ir a casa? —pregunté. ¿Y hacer qué?, preguntó Vincent, ¿Verlo cambiar páginas? Estarás aburrida y lo volverás loco. —Hay mucho aquí que me mantendrá ocupada —respondí, señalando las paredes llenas de libros—. No quiero ir a casa aún. —Eres bienvenida a quedarte —respondió Bran, para mi alivio. —Vincent y yo aprovecharemos esta oportunidad para hablar —dijo Jean-Baptiste—. Necesito que me digas todo lo que sabes sobre Violette y sus planes. Volveré, mon ange, prometió Vincent. Bran pasó la siguiente hora estudiando cuidadosamente sus libros, mientras Gaspard flotaba de un lado a otro. Estaba más nervioso de lo normal, retorciéndose las manos mientras observaba el trabajo de Bran. Sospechaba que su nerviosismo era por el hecho de que estaba en presencia de una gran cantidad de información Arcana que no podía tocar. El pensamiento de lo que podía estar escrito en los libros era suficiente para llenarme de curiosidad, y no era una súper ansiosa historiadora del siglo XIX. Me pasé el tiempo leyendo una macabra leyendo de una historia sobre reyes aztecas precolombinos que usaban Revenantvidentes para encontrar una bardia recién formada. Ellos les forzaban a ser sus guardaespaldas, amenazando a sus seres queridos. Cuando los reyes murieron, sus esclavos bardia eran inmolados con ellos. Me estremecí con horror, el contenido perturbador me hizo ver nuestra situación con una nueva luz: las cosas podrían ser peor. Finalmente Charlotte asomó su cabeza a través de la puerta. —Tu abuela llamó para decirte que vayas a cenar. Jean-Baptiste dijo que te acompañara —dijo ella—. Aún está entrevistando a Vincent sobre Violette. No ha habido actividad numa desde la mañana, y dado que Violette está esperando conseguir algo de nosotros, JB siente que estarás a salvo en tu casa. —Pero que si… —Comencé rogando con la mirada a Gaspard —Te llamaremos al segundo que encontremos algo —prometió el revenant más antiguo.

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—Violette le dio a Vincent tres días —dije, sintiendo el pánico que estuve alejando cada vez que miraba a Bran moviéndose a la velocidad de un caracol en sus textos—. Eso significa… —Lo que deja dos días y once horas. Sí, querida Kate, estoy tan consiente como tú del tiempo —me tranquilizó Gaspard, poniendo en una mano en mi brazo—. Pero dado que no hay nada que puedas hacer para ayudar en el momento, puedes ir a casa con tus abuelos. Apreté los dientes y me volví para irme con Charlotte. Odio sentirme impotente, no es como si hubiese estado haciendo mucho sentada en la biblioteca. Pero estar en casa con mis abuelos no ayudará en nada. Mientras recogía mi abrigo y mochila, de repente se me ocurrió que Papy tal vez se haya encontrado con algo de reencarnación en su búsqueda. Ese pensamiento levantó mi espíritu y me fui sin discutir. Cuando salíamos del patio trasero de La Maison y me dirigía a mi casa, Charlotte se volvió y saludó a un par de figuras posicionadas al final de la cuadra. Dos bardia caminaron detrás de nosotras, manteniendo una cuadra de distancia. JB mantenía su promesa de protegerme cuidadosamente. Un par de chicos en bicicletas pasaron peligrosamente cerca mientras cruzábamos la calle. Tomé el brazo de Charlotte y la acerqué a mí. —¿Así que, qué piensas de la cosa de la reencarnación? —preguntó—. Toda la caza trata de eso, ¿crees que puede ser verdad? —Creo que si hay una pequeña oportunidad de que sea verdad, voy a asegurarme de que intentemos cada forma para saberlo. Ella asintió. —Esperemos que los libros del curandero tengan algo útil. —Si no… o incluso si es así… voy a ver si puedo encontrar algo más. Mi abuelo ha leído bastante en temas místicos, sabes, incluyendo algunos textos revenant. —Hmmm —dijo dudosamente. ¿Por qué nadie cree que un humano puede ayudar a los bardia?, pensé frustrada. Cambié de tema. —¿Y qué se siente volver a La Maison con Ambrose ahí? —Cruzamos la bulliciosa avenida Raspail. Era la tercera semana fría de febrero y las ventanas de las tiendas estaban llenas de ropa para el verano que no

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podría soñar en ponérmelas mientras me acomodaba mi grueso abrigo. Nos detuvimos frente a una ventana. —De verdad deberías usar algo como eso —dijo Charlotte, asintiendo hacia un vestido corto, con unos vaqueros ajustados. —Um, eso tal vez puede pasar en otra vida. Y estás evadiendo mi pregunta —respondí, alejándola de la ventana y guiándola hacia la acera conmigo. Charlotte se encogió de hombros como signo de derrota. —Es duro. Los ojos de Ambrose nunca dejan los de Genevieve. Cuando él no te está vigilando, la está siguiendo. —Así que es por eso por lo que él estaba molestando para unirse a la caza de Violette esta mañana —dije, poniendo dos y dos juntos. —Eso y la posibilidad de una buena batalla. —Charlotte sonrió. —¿Te dijo algo más sobre ella? —pregunté. —No, solo esa única vez después de llegar a Villafranca de Mar. Debe de haber dicho todo durante esa confesión, porque no la ha mencionado desde entonces. Envolví mi brazo alrededor de Charlotte como un abrazo de lado mientras llegábamos a mi calle. —Pero sabes, Kate —dijo, cuando nos detuvimos en mi puerta—. Estoy bien, y no lo digo a la ligera. Después de que te vi a ti y a Vincent estar juntos después de que él había estado solo por tantos años… bueno, eso me dio esperanza. Y viendo la manera en que te trata me hizo pensar que tal vez puse mis expectativas demasiado bajo. Después de perseguir a alguien que no me dio ni la hora… Levanté mis cejas. —Bueno, eso no es exactamente verdad —confesó Charlotte—. Ambrose me ama… pero como una hermana. Simplemente veo como Vincent te anticipa en cada deseo y trata de volverlo realidad para ti. Como, cuando te ve entrar a una habitación, es como si se trasformara en esta persona que es más grande y mejor que la que estaba antes hace unos minutos. Quiero ser eso para alguien, creo que lo merezco y no me voy a rebajar por alguien que siente eso por otra persona. El peso en mi pecho y las afiladas punzadas de tristeza volvieron con fuerza con el recuerdo de Charlotte de como solían ser las cosas con

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Vincent. Y como volveríamos a serlo, me recordé, no podía perder la esperanza, especialmente ahora. —Así que hasta que mi caballero aparezca —continuó—. He decidido vivir una vida completa y ser feliz con lo que tengo. Lo que de por sí es muy bueno: no es como si a cada chica se le concediera la inmortalidad y se le cargue con salvar vidas humanas. Me guiñó el ojo con el último comentario, y podía decir que no solo fue por bravuconería. Ella lo decía enserio. Envolví mis dos brazos a su alrededor y le di un beso en la mejilla. —El destino te ha traído hasta aquí, Charlotte, no veo por qué no terminará concediendo el deseo de tu corazón.

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Capítulo 18 Traducido por QueenDelC y SOS por LittleGirl00 Corregido por Miss_ale

apy estaba poniendo la mesa cuando llegué a casa. Al oírme cerrar la puerta, me miró con ansiedad. —Oh, bien, estás en casa, princesse —dijo. Mi abuela asomó la cabeza fuera de la cocina. —¿Ha descubierto el sanador algo? —preguntó—. Georgia nos puso al día de las cosas raras de hoy. —No —dije, sacudiendo la cabeza—. Bran está estudiando sus registros familiares. Es mucho material y no va a dejar que nadie más lo vea —Es comprensible —dijo Papy, asintiendo sabiamente para sí mismo—. ¿Todavía hay guardias fuera? —preguntó. —Sí. Hay dos guardias sentados en el parque al otro lado de la calle, mirando el edificio —confirmé—. Y Charlotte me acompañó a casa. —Se siente como si estuviéramos bajo aislamiento —comentó Papy un poco a regañadientes—. Un par de ellos me siguió a casa desde trabajo hoy, también. No estoy realmente seguro que todos necesitamos de esta seguridad. Tú, por supuesto, pero no es como si tuvieran algún interés en mí o en tu abuela. —Solo agradece por ello. Con todo lo extraño, no se puede tomar demasiadas precauciones. Y lo que sea que está pasando, aún tenemos que comer —dijo Mamie desde la cocina antes de gritar—: Georgia. Tu hermana está en casa. ¡Tiempo para la cena! —Ella apareció cargando una bandeja con una enorme humeante masa de hojaldre en forma de pez—. Saumon en croûte, servido con zanahorias en mantequilla al curry —anunció. —¡Mamie, eso es magnífico! ¿La hiciste? —pregunté, los olores combinados de los pasteles al horno y el vapor del salmón me hace darme cuenta de cuán hambrienta estaba.

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Mamie hizo su sonido de desaprobación. —Trabajé todo el día, querida Katya. Esto fue hecho por Monsieur Legrande —dijo, en referencia a la tienda de buena comida en la calle—. Pero estoy segura de que él lo hizo con amor. —Guiñó un ojo. —Me gustaría comer, incluso si lo hizo con lujuria —anunció Georgia cuando entró en la habitación—, aunque imagino un lujurioso Monsieur Legrande… puajj. —Arrugó la nariz. Papy rodó los ojos. —À table, todo el mundo. —¿Alguna palabra sobre la investigación, Katie-Bean? —preguntó Georgia mientras se sentaba, pero era solo una formalidad. Ella sabía que yo habría llamado por teléfono si algo importante hubiera ocurrido. Negué con la cabeza. —Bueno, a pesar de que no se ha encontrado una solución, debes de estar aliviada de que Vincent está libre por unos días, por lo menos — dijo Mamie, colocando el plato y rodeando la mesa para envolverme en sus brazos—. Y ese sanador parece saber mucho acerca de los aparecidos. Él encontrará una solución, estoy segura —dijo en tono tranquilizador. Tomamos nuestros lugares alrededor de la mesa, y después de que Mamie nos deseó un bon appétit, todo el mundo estaba metido en la deliciosa comida. —En realidad me estaba preguntando si te habías encontrado con el tema de la reencarnación —dije, esperando que Papy podría hablar del tema sin mucho incentivo. Mi apuesta dio sus frutos. Pude ver su pensamiento corriendo —Reencarnación —dijo—. La infusión de un espíritu en un objeto inanimado. Eso sí que es una idea interesante. —Se tocó la barbilla—. Quiero decir que es la reencarnación simbólica de la Eucaristía cristiana, la transformación de la hostia y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Lo que probablemente se basó en el "pan divino", ritual egipcio realizado por los sacerdotes de Osiris. Pero no puedo pensar en un ejemplo donde había una reinvención de un cuerpo y luego la posesión de un alma. —¿Qué hay de Frankenstein? —sugirió Georgia con una expresión de esperanza.

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—Georgia. Shhh —exhortó Mamie, pinchando una zanahoria y colocándola delicadamente en su boca como si demostrara a Georgia lo que debería estar haciendo en lugar de hablar de ideas perturbadoras. —No, lo digo en serio. Eso es un ejemplo de un organismo que se creó prácticamente desde cero, y después se electrocutó para darle un espíritu —Creo que la parte electrocución solo animaba las partes del cuerpo recompuestas —debatió Papy—. No le daba al monstruo un alma. —Lo recuerdo claramente a él jugando por el río con una niña y llorando —insistió Georgia—. No se puede llorar si no tienes un alma. —Um, ¿podemos olvidarnos de las películas de terror y volver a la vida real? —pregunté, posando mis cubiertos en mi plato mientras veía a Georgia estallar más salmón en su boca. La idea de las partes del cuerpo cosidas aparentemente no afectaba su apetito—. Dudo que los revenants vayan a rearmar un cuerpo para Vincent y luego esperar una tormenta eléctrica para llevarlo a la existencia —dije. —No tendrían porqué —respondió Georgia, levantando su tenedor para enfatizar su punto—. Hoy en día probablemente puedas hacerlo con desfibriladores. Cerré mis ojos con fuerza en señal de frustración. —¿Georgia? —preguntó Mamie. —¿Si? —Cállate, por favor. —Bien. —Mi hermana se encogió de hombros como para decir que se arrepentirían de no haberla escuchado. Me volví hacia mi abuelo. —Aunque Monsieur Tândorn recuerda que los archivos de su familia mencionaban algo sobre el tema, pensé en preguntarte de cualquier manera, ya que eres mi experto residente en cada parte extraña de conocimiento mítico bajo el sol. Papy asintió en mi dirección, admitiendo mis palabras, pero aún perdido en sus pensamientos. —Hay todo un concepto sobre el golem en el folclor judío… —Y pronto comenzó con historias bizarras que, según él, podrían tener hechos reales entrelazados con la ficción. El resto de nosotros escuchamos, yo estaba

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extasiada, Mamie y Georgia tratando de seguirlo pero perdiendo interés antes de que termináramos el postre. Después de la cena, seguí a Papy a su estudio, donde se sentó detrás del escritorio y comenzó a meter tabaco en el recipiente de su pipa. Me indicó que cerrara la puerta, aparentemente para que Mamie no supiera que estaba fumando, pero ambos sabíamos que ella estaba más que enterada. Ésta cubierta era un símbolo de su agradecimiento a que ella lo dejara seguir con su vicio “no tan secreto.” —Entonces cuéntame más sobre lo que dijo este sanador sobre el “reencuerpamiento” —pidió. —Bueno, la manera en que lo mencionó, era como si esperara que los revenants supieran al respecto. Dijo que se usaba con los revenants que habían sido destruidos contra su voluntad y quienes estaban atrapados como almas errantes. —Debe de ser algo que ocurre muy rara vez, ya que pensarías que si los numa atacan a los bardia, ellos los quemarían de inmediato para destruir tanto su cuerpo como espíritu. —Encendió la pipa y la sopló hasta que la flama se encendió por completo—. A menos que tuvieran algún plan nefasto como el de Violette. —Eso es exactamente lo que dijo Gaspard. Papy pensó por un momento. —¿Quién es tan viejo de los viejos de los revenants de París? —Jean-Baptiste es de la era napoleónica. Jeanne dijo que tenía doscientos treinta años. Pero Arthur, el que era el protector de Violette, tiene como quinientos. —¿Y no estaba al tanto de esta posibilidad de re-encuerpamiento? —No —respondí. —Entonces, si ninguno de los revenants sabe sobre eso, debe significar que la historia es de antes de 1500. ¿Qué tan largo es el linaje de Bran? —Bueno, el libro que los numa robaron de nuestra galería, Amor Inmortal, mencionaba a su familia, y ese era del siglo diez. —Hmm. Esta línea de sanadores, quien resultan ser especialistas en revenants, han pasado los secretos de su familia desde, al menos, la Edad Media. Con razón tanto los numa como los bardia quieren poner sus manos sobre ellos. Deben poseer una increíble cantidad de información.

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Inhaló de su pipa por unos segundos, se reclinó sobre su silla y me miró. —Lo que podemos deducir es que si este proceso de re-encuerpar dice que las almas de bardias errantes realmente existe, eso salió de la tradición revenant y su historia oral es de mucho antes del siglo dieciséis. Así que estamos buscando ejemplo antiquísimos, lo que cae justo en mi área de especialidad. Ciertamente no recuerdo haber encontrado nada como esto en referencia directa a los revenants, pero comenzaré a buscarlo. Miré a mi abuelo garabatear algunas notas en su cuaderno recubierto de piel, y sentí una inmensa gratitud. No le había pedido específicamente que ayudara. Pero se había anotado y dado a la tarea. Porque me amaba, Y también amaba una buena búsqueda del tesoro, su tesoro siendo conocimiento esotérico sobre cosas antiguas. Como los revenants. Lo que sea que fuera, me alegraba que se uniera a la búsqueda. —Gracias, Papy —dije, rodeando el escritorio para abrazarlo. —No te preocupes, ma princesse. Pero dime en cuanto sepas lo que pasa con los sanadores para comenzar mi investigación con tanta información como sea posible. —Lo haré —prometí, y dejé solo a mi abuelo en una nube de humo de pipa y contemplación sobre la inmortalidad.

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Capítulo 19 Traducido por Jhosel y Parvatti Corregido por Sil-V

e senté en la cama, esperando caer dormida. Fui incapaz de evitar que mi mente vagara de nuevo a La Maison y la biblioteca donde Bran buscaba una manera de darle a Vincent un cuerpo. Me pregunte si él se vería igual, y rápidamente decidí que eso no importaba. Ser capaz de tocarlo, verlo, tenerlo de regreso… no importaba como se mirara mientras fuera de carne y hueso. Distraídamente recogí un libro de la pila junto a mi cama, y viendo el título, sonreí. La Princesa Prometida19. Lo había leído tres o cuatro veces. Como mínimo. Lo había conseguido un par de semanas atrás por una razón segura. Y estacada aquí sin otro recurso sino obsesionarme sobre algo que estaba fuera de mi alcance, cualquier distracción era bienvenida. Deje que las palabras de S. Morgenstern me alejaran de mi realidad en algún otro cuento de hadas. Había conseguido llegar a la lucha con espadas con Inigo Montoya, que contenía mi replica histórica favorita de escena de lucha, cuando mis pensamientos fuera repentinamente interrumpidos por las palabras: ¿Qué estás leyendo? Cerré mi libro y me senté derecha en la cama. —Cielo santo, me asustaste —dije. Lo siento, mon ange. Pensé que estarías esperándome.

La Princesa Prometida: La bella Buttercup jura amor eterno a Westley, que parte en busca de fortuna y es asesinado por unos piratas. La doncella, obligada, se promete al príncipe Humperdinck de Florin, un bellaco al cual solo le interesa la caza. El mejor esgrimista, el hombre más inteligente y el más fuerte del mundo son contratados por los enemigos de Florin para raptar a Buttercup. En la huida, sufren la incansable persecución de un encapuchado que los retará uno a uno en su propio terreno 19

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—Bueno, estaba esperando que vinieras, pero no estaba segura si recordarías esa promesa, después de toda la emoción de los archivos — admití, retorciéndome. ¿Cómo podría olvidar querer verte?, preguntó, y sus palabras fueron como un abrazo. Um, Kate, ¿Por qué estas empujando ese libro debajo del cobertor? Suspiré y lo empujé fuera, sosteniéndolo arriba en el aire y volteando las páginas ya que no sabía dónde estaba. El rio. No me digas que todavía estas tratando de ganar nuestra discusión de mayor duración. —El libro es mejor que la película, Vincent. Solo creo que a causa de que lo leyeras en inglés, no conseguiste la ironía o el humor seco. No me digas que vamos a discutir sobre esto mientras estoy volant y tienes el libro en tu mano. Habla de una ventaja injusta. Ignoré su petición de tiempo fuera. —La película no tiene las historias de Fezzik e Inigo —insistí. El libro no tiene Billy Crystal reproduciendo Miracle Max, rebatió. —Touché —murmure, incapaz de discutir con ese punto—, pero esta discusión no está terminada. Es una cita. Sonreí. Ubicando el libro en la mesa junto a la cama, me enderecé en la cama y cruce mis piernas, como si estuviera teniendo una conversación con una persona real sentada justo frente a mí. Al menos podía pretenderlo. Me concentré en una foto enmarcada en mi tocador tomada de mí y Vincent en mi último cumpleaños. En ella, estábamos cerca de nuestra cita en el bote de remos, y los dos estábamos sonriendo como idiotas. Algo picó dolorosamente en mi pecho como una banda de goma rota. —No puedo creer estemos hablando sobre esto —dije con nostalgia— cuando esta mañana no sabía si incluso hablaría contigo otra vez. Sé lo que quieres decir, respondió. Pero hablar de libros contigo es en verdad una de mis actividades favoritas.

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Sonreí, recordando las conversaciones sobre libros épicos que solíamos tener. Estábamos de acuerdo en casi todo excepto adaptaciones de libros a películas, en cada caso casi siempre prefería el libro y Vincent la película.

—Supongo que si estas discutiendo conmigo sobre ficción del siglo veinte, ¿no ha habido ningún progreso en La Maison? —pregunté. Nop, dijo Vincent, Bran va a través de los libros, pagina por página, para estar seguro que no perdemos nada importante. Solo hay demasiado, o probablemente más, sobre casos de migrañas y engendros que originan predicciones, que sobre revenants. Pero ha hecho su camino a través de dos de los cinco libros. Lástima que tiene que dormir, pero tomé la oportunidad para pagarle a mi amor una visita. Me incliné contra mi cabecera. —Vincent, ¿crees que éste cosa de re-encarnación tiene una oportunidad de funcionar? Honestamente, creo que si en verdad existe, habríamos escuchado de ello antes. Asentí, aparentemente de acuerdo, pero interiormente determinada a buscar cada posibilidad. Estoy de acuerdo con lo que Mamie había dicho. Mi historia con Vincent no iba a terminar de este modo. Deberías dormir, dijo Vincent. Me acosté y empujé las sabanas arriba sobre mis hombros, cerrando mis ojos. —Cuéntame una historia —dije. ¿Quieres una cuento para dormir?, preguntó Vincent, riendo. —Sí. Algo que me impida preocuparme. Para distraerme. De acuerdo, dijo. Hay una historia que mi mamá solía contarme cuando era un niño. Cambiaba un poco con cada relato, pero puedo darte lo esencial. —Perfecto —dije, ya sintiendo el sueño arrastrarse sobre mí. Hoy había sido un día agotador, y no tenía idea de lo que traería mañana. Comienza con un caballero que tuvo un sueño en el cual ve una hermosa dama vestida de azul, yaciendo dormida en un bote viajando por el rio.

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Una voz le decía que la dama existía, que ella era su verdadero amor, y que si la buscaba por un tiempo y lejos la encontraría. También advierte que si el intenta este viaje, se enfrentará al peligro y posible muerte en el camino. Cuando despertó, el caballero con tristeza subió a su caballo y comenzó su búsqueda por ella. Y con la historia de Vincent materializándose palabra por palabra en mi cabeza, caí en un profundo sueño sin sueños. Desperté a la mañana siguiente por la misma voz que me había arrullado para dormir. Bonjour, mon amour. —Mmm —dije, rodando de costado a mi espalda e intentando abrir mis ojos—. ¿Te fuiste o has estado aquí todo este tiempo? —pregunté. Fui de regreso a casa. Y sé que es temprano, pero pensé que deberías saber… Bran ha encontrado algo. Mis ojos se abrieron de par en par y me senté derecha en la cama. —¿Qué? ¿Qué encontró? Una historia. Deberías venir y escucharla por ti misma. Es una historia realmente antigua, pero suena creíble y podría darnos algunas pistas. Mientras él hablaba, había saltado de la cama, me había puesto mis vaqueros, y estaba luchando con una camisa. Tienes tiempo para encontrar algo de ropa limpia, mi amor, vinieron las palabras de Vincent. —¡No hay tiempo! —dije, y luego corriendo hacia mi tocador, rodé mi barra de desodorante debajo de cada brazo—. De acuerdo, tiempo para necesidades completas —me permití—, y esta camisa está limpia, solo no doblada. Claro, dijo Vincent, riendo. Mamie ya estaba despierta y bebía su café. —Bran, el curandero, ha descubierto algo. Necesito ir. —De acuerdo, Katya —dijo, pareciendo preocupada pero dirigiéndose al armario del pasillo y agarrando su abrigo—. Solo déjame verte escaleras abajo y estar segura que alguien te acompaña.

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No le dije que Vincent ya estaba aquí. Habría tomado demasiado tiempo para explicar, y tal vez incluso ella enloquecería si supiera que él había estado en mi dormitorio, invisible. Dos revenants que yo había visto en la fiesta de Año Nuevo, aparecieron de la nada cuando salíamos por la puerta. Mamie me besó en las mejillas mientras decía: —Continúa tú. Papy se fue temprano a la tienda. Hazle saber lo que se descubrió tan pronto como sea posible. Él realmente quiere ayudar. — Ella trataba de parecer optimista. Cuando llegamos, Gaspard me estaba esperando en la puerta de la biblioteca. —Adelante —dijo emocionado—. Vincent me dijo que estabas en camino —. Él me llevó a donde Jean-Baptiste estaba sentado con Bran, quien apuntaba a una sección escrita en un pequeño guion rascado con tinta negra. —Ah, aquí está Kate —dijo Bran, cuando Jean-Baptiste se levantó y sacó una silla para mí. El curandero me miró e hizo entrecerrar sus ojos dolorosamente, como había estado haciendo desde que el numa le dio un puñetazo. Había empezado a acostumbrarse a él, pero aun así me hacía sentir incómoda—. Ya les he dado un resumen de esto a los señores Tabard y Grimod —dijo—, pero puedo leerte palabra por palabra, si lo deseas. —Por favor —dijo Gaspard, cogiendo un lápiz para tomar notas. Bran comenzó a hablar en un tono monótonamente espeluznante, como si estuviera leyendo un hechizo, siguiendo las líneas con el dedo al leer. —El cuento del Thymiaterion que nos narra un miembro de un grupo de llamas-dedos de curanderos. —¿Qué significa eso? —interrumpió Gaspard. Bran miró hacia él, confundido. —¿Un thymiaterion? No tengo ni idea. —No, no. Yo sé lo que es un thymiaterion. Es un antiguo tipo de quemador de incienso. ¿Qué significa llama-dedos? ¿A qué se refiere? —Llama-dedos. Son aquellos de nuestra especie “los curanderos” que se ocupan de los revenants. —Eso explica todas las pinturas a mano en la cueva, pensé.

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Bran continuó: —Los curanderos de Bizancio huyeron de la plaga y se volvieron ambulantes. —Miró hacia nosotros—. Para cuando estos cuentos fueron escritos, sospecho que se referían a la peste Negra. Lo que significa que fue a mediados del siglo XIV. —Sí, sí —dijo Jean-Baptiste impaciente—. Continúa, por favor. —Justo antes de la Plaga, un grupo de la Bardia de Italia se trasladó a Constantinopla, trayendo un valioso tesoro Etruscan con ellos. Poco después, un poderoso numa de nombre Alexios mató al jefe de Bardia, Ioanna, y la ataron a él. Los parientes de Ioanna destruyeron a Alexios, liberando así su espíritu a partir de su vínculo con su captor numa. Los parientes de Ioanna buscaron al llama-Dedos Georgios, para que llevara a cabo una reencarnación, diciéndole que el proceso se había llevado a cabo varias veces, muchos años antes. Se resistió un poco, sin saber qué podía hacer. Pero dio instrucciones para que una thymiaterion gigante de bronce en su tesorería se utilizara, y el objeto en sí celebró la iluminación. Instruido por antiguos, Georgios dirigió la ceremonia y reunió el alma errante con un cuerpo hecho por el hombre que se convirtió en suyo. Mi pulso se aceleró. ¡Eso significaba que había esperanza para Vincent! Me sentí mareada y tuve que contenerme de saltar y abrazar a todos en la sala. En cambio, me calmé y escuché más. No quería perder ni una sola palabra. —Le preguntamos a los viajeros lo que había pasado con el objeto mágico. Nos dijeron que durante el asedio de su ciudad el thymiaterion fue sacado al igual que el resto del tesoro de la Bardia, que había sido saqueado y dispersada por toda la tierra. Así fue la historia que nos ha dado el llamadedos Nikephorus antes de Constantinopla, pero ahora un vagabundo transcribe como si fuese de su propia boca. Nos maravillamos de la historia fantástica, y otros no la creyeron. Pero mi abuelo, que aún no había pasado su regalo a mi madre, dijo que sentía que era verdad. Que este poder era uno de los nuestros. Bran colocó cuidadosamente un trozo de papel en el libro para guardar la página. —Así que, mi memoria no me falla. Sabía que había oído hablar de la reencarnación. ¿Y?, pensé. Eché un vistazo a los otros, que parecían tener la misma reacción. Todos estábamos esperando por más.

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Jean-Baptiste se masajeó las sienes. Entonces, aclarándose la garganta, dijo: —Y, para confirmar. Este es sin duda el único registro de la reencarnación, una banda de la Bardia ambulante del siglo XIV. Bran frunció el ceño y lo miró a la defensiva. —Bueno, mi familia parecía pensar que era interesante, ya que este fue uno de los cuentos que se mantienen y se pasan a lo largo de los años, y mi madre me lo señaló como una descripción de nuestros poderes, aunque rara vez se utiliza. Pero parece que el instrumento en sí, el thy… lo que sea, es esencial para que la tarea se pueda llevar a cabo. Mi corazón se hundió. —Entonces, solo para aclarar, estamos buscando un quemador de incienso gigante que se perdió hace más de 600 años —dije, tratando de no sonar incrédula. —Me gustaría pensar que había más de uno de estos objetos —Gaspard respondió con cuidado—. Si lo fuera, de hecho, una herramienta mágica importante en los tiempos antiguos, me imagino que varios fueron creados. No era tan fácil volar por todo el mundo cuando había una convocatoria de tribu, pero no había comunicación entre culturas revenant generalizadas. Esta información tuvo que haberse extendido a nivel mundial entre los revenants. Una antigua leyenda sobre un quemador de incienso mágico. Eso no era exactamente lo que había esperado, pero al menos era algo. Decidida a no dejar que mi decepción se convirtiera en un espectáculo, tomé mi libreta del bolso y anoté algunas notas, pidiéndole a Bran un par de respuestas para aclarar. Gaspard me miró con curiosidad. —Pensé que mi abuelo podría seguir la información que tú encontraste con sus propios recursos —le dije. Gaspard frunció el ceño. —No es una falta de respeto a tu abuelo, mi querida, pero dudo que esté en posesión de algo que nuestra amplia biblioteca no tenga ya. —Bueno, he encontrado la copia de Amor Inmortal en su galería, que es lo que me llevó a la búsqueda de Bran y su familia en el primer lugar — repliqué.

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—Eso es verdad —admitió Gaspard—, pero sinceramente no creo que deba causar problemas a tu abuelo con esto. Con nuestros recursos aquí, somos capaces de acceder a la información necesaria, si es que existe—. Él hizo un gesto con la mano para indicar el tamaño de la biblioteca. —¿Por qué estás reacio a que incluya a mi abuelo en esta investigación? —le pregunté a quemarropa. Gaspard pensó por un segundo, y luego Jean-Baptiste lo interrumpió para salvarlo—. Nosotros no estamos acostumbrados a la inclusión de los seres humanos en nuestras relaciones, excepto como un soporte —dijo en tono de disculpa—. Tal vez eso es miope por nuestra parte, pero nuestro aislamiento tiene un propósito, la supervivencia. Es a lo que estamos acostumbrados. Esto no quiere decir que no respetamos a tus abuelos y valoramos su confianza. Asentí con la cabeza. —Pero ahora estamos en una carrera contra el tiempo para encontrar la información, ¿no? —Me levanté y metí mi portátil en mi bolsa. Gaspard asintió. Cogí mi abrigo. —Así que, con su permiso, voy a trabajar con mi abuelo para ver qué podemos encontrar. —Comencé a caminar hacia la puerta, y luego giré, les di una sonrisa competitiva y dije—: ¡Te vencí!

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Capítulo 20 Traducido por Nanami27 Corregido por Sil-V

ices que era un Thymiaterio gigante —confirmó Papy—. ¿Griego antiguo? —Pasó a través de un catálogo de la subasta mientras lanzaba preguntas hacia mí. Estábamos acomodados en la trastienda de su galería, sentados entre estatuas de tamaño natural de dioses y guerreros. —No, Bran dijo que el bardia vino de Italia —le contesté, revisando mis notas. —Ah, entonces etrusco —dijo Papy, reemplazando el catálogo y sacando otro. —Sí, eso es lo que dijo, etrusco —confirmé—. Cuando Constantinopla fue sitiada, sacaron sus tesoros a escondidas, los ocultaron, y más tarde fue saqueado. —Me pregunto qué es exactamente lo que quieren decir con “gigante” — dijo Papy, abriendo una página doble de objetos antiguos para que viera— . Este es un ejemplo de un antiguo thymiaterion etrusco. —Señaló a una imagen de un cáliz de arcilla roja. Su tronco tenía la forma de un hombre que sostenía el cuenco de la copa en la cabeza—. Fueron utilizados para quemar incienso en las ceremonias religiosas, y por lo general solo eran de alrededor de uno o dos pies de altura. Puedes encontrarlos hechos en piedra caliza, arcilla... —Este era de bronce —dije, mostrándole los garabatos en mi cuaderno. Papy pensó un poco. —Algo así sería un objeto importante. La calidad del museo. No he visto nada igual en mis propias negociaciones, pero entre las dos guerras mundiales había colecciones enteras de objetos con calidad para museo provenientes de Oriente Medio y que se vendieron en el mercado de arte, en circunstancias muy dudosas. El hecho no reconocido fue que eran el producto de tumbas saqueadas. No sé si alguna de estas colecciones en cuestión involucra artefactos revenant… si lo hicieran, los coleccionistas revenant se habrían asegurado que toda mención de ellos fuera sacada

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de los registros públicos. Pero en primer lugar me gustaría empezar a buscar en los remates de estos años. —¿Tienes alguna? —pregunté. Papy se volvió y se dirigió a su estantería, pasando el dedo por los lomos de algunos libros antiguos, y luego señaló a uno. —Vamos a ver, esto es 1918. —Bajó dos estantes y se detuvo en otro libro—. Y aquí es 1939. Mi mandíbula cayó abierta. La sección que estaba señalando se componía de unos cincuenta libros. —¿Están esos registros por casualidad en Internet? —Papy dio una sonrisa divertida y sacudió la cabeza. —Te diré algo. Tomaré estos en alemán y te dejaré los catálogos en inglés y francés. Trabajamos toda la mañana y parte de la tarde. Después de unas cuantas horas Papy había interrumpido mi trabajo diciendo: —¿Te das cuenta, princesse, que estamos trabajando por una corazonada. Podríamos no encontrar nada. —Lo sé, Papy —había contestado—. Y no es necesario que me ayudes si tarda mucho tiempo. Papy dijo: —N'importe quoi. Una frase que significa, “no seas tonta”. Y a pesar de que se levantó para hacer unas llamadas y mostrar a un cliente solitario los alrededores de la galería, pasó el resto de la jornada laboral junto a mí. Nos registramos con Mamie a la una, y Georgia llegó media hora más tarde con una cesta de picnic con un almuerzo para los tres. Colgando el abrigo sobre el brazo extendido de una ninfa de mármol, se sentó y sacó un volumen, pasando las páginas hasta que llegó a una ilustración. Alejándolo de Papy, ella levantó una página que mostraba una estatua desnuda de Perseo sosteniendo la cabeza de Medusa. Levanté mis cejas, esperando. —Lindo paquete —comentó como materia de hecho y, a continuación, pasó a la parte delantera del libro con un aire de imitación estudiosa. Traté de ocultar mi risa de Papy, que nos miraba con curiosidad. —Entonces, ¿qué estamos buscando? —Mi hermana me preguntó con

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cara seria, y una vez le expliqué, se puso a trabajar de inmediato. De vez en cuando, uno de nosotros encontraba algo. Una colección bizantina indeterminada de objetos de bronce. Un antiguo incensario. Papy había echado un vistazo, y luego negado con la cabeza, diciendo que conocía esa colección o pieza, y no podría estar asociado con nuestro thymiaterion. Sin embargo, un par de horas más tarde, cuando encontré Diez objetos etruscos importantes, desenterradas en Turquía Papy se incorporó y estudió la entrada con más cuidado. —“Incluye objetos de bronce del templo: quemadores de incienso, estatuas y grabados con símbolos místicos no identificados” —leyó—. “Varios artículos de gran tamaño. Parte de un tesoro descubierto fuera de Estambul. Vea también lotes de cuarenta y cinco y cuarenta y seis”. —Leyó las descripciones de los otros dos lotes y, a continuación, comprobó la parte de atrás del libro para la inserción que enumeraba los adjudicatarios—. Creo que has encontrado algo aquí, Kate —dijo, levantando la vista del libro. Intenté no emocionarme demasiado, pero mi sangre se sentía como que estaba a tope a través de mis venas cuando vi el rostro de Papy iluminarse—. Esta es una colección importante de la que nunca he oído hablar. Y, probablemente, por una muy buena razón: una vez que se comprara, debe haber sido escondida. También, el comprador solo aparece como "un anónimo coleccionista de Nueva York," por lo que posiblemente podría referirse a uno de nuestros colectores secretos de la materia revenant. Se sentó a pensar por un momento, y después de cerrar el libro, se puso en pie. —Vale la pena darle seguimiento. Solo conozco un coleccionista de antigüedades de Nueva York viviendo en ese tiempo a quien podría referirse esto. Su hijo se hizo cargo de su colección, y ha sido durante mucho tiempo uno de mis clientes en Manhattan. Además de coleccionar antigüedades, me tiene en contacto cuando sea que tenga cualquier cosa remotamente referente a la tradición revenant. C. J. César, se llama a sí mismo, lo que obviamente es un alias. —¿Por qué? —preguntó Georgia. Papy la miró. —Supongo que el CJ significa Cayo Julio... César, como el general romano y estadista. —Sabía eso —dijo Georgia ligeramente. Papy negó con la cabeza.

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—Ni siquiera tengo un número de teléfono. Hace un par de décadas, solía enviar las descripciones y fotografías de los objetos que le puedan interesar a un puesto de correos. Ahora, por supuesto, tiene correo electrónico. Pero dudo que me conteste si le preguntara acerca de un objeto que ya está en su colección. Nuestro contacto se ha limitado a la compra y venta. —Bueno, ¿adónde envías sus compras? —pregunté—. Si tenemos una dirección de correo, probablemente podríamos buscar su número de teléfono. Es decir, si está aún en la lista. —La esperanza me llenaba como el helio. Me sentía optimista. Como que estaba dispuesta a ir a Nueva York y hacer un seguimiento del tipo yo misma. Hasta ahora, esto era solo una ventaja, pero era la única que teníamos. —Él tiene sus propios encomendados recogiendo los objetos —señaló Papy—. Me temo que esto va a ser un poco como un callejón sin salida, a menos que haga algo que he estado posponiendo desde hace un par de días. —¿Qué es eso? —pregunté. —Voy a tener que encontrarme con Monsieur Grimod —señaló Papy—. Y si las cosas son tan urgentes como dices, debo seguir adelante y hacerlo ahora. —¡Bueno, Kate y yo mejor vamos contigo! —dijo Georgia rápidamente. Ella cerró de golpe su libro, se puso de pie y comenzó a ponerse el abrigo, me lanzó una mirada que decía que había estado esperando todo el día por una razón para visitar La Maison. Yo ya tenía mi abrigo puesto y estaba a medio camino de la puerta. —Voy a llamar para hacerles saber que estamos llegando —dije, sacando el teléfono de mi bolso. Cuando comencé a marcar, sonó. —¿Estabas a punto de llamar? —dijo Jules desde el otro extremo de la línea. —¿Cómo sabías...? —comencé. —Vince está aquí conmigo, en completo modo adivino —respondió—. Y, sí, puedes venir. Voy a dejar que JB sepa que estás en camino.

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Capítulo 21 Traducido por AntoD y SOS por Vafitv Corregido SOS por QueenDelC

or dos segundos después de que JB abriera la puerta, pareció como si no podríamos pasar del umbral. Nunca había visto incómodo a mi abuelo en una situación social, pero la mandíbula de Papy estaba apretada tan fuerte que estaba sorprendida de que fuera capaz de abrir con dificultad su boca otra vez para decir “Bonsoir”. Pero finalmente se las arregló para hablar, y ambos hombres inclinaron sus cabezas para saludarse antes de darse un formal apretón de manos. —Kate. Georgia. —Jean-Baptiste nos saludó y luego, apartándose del camino, dijo—: Por favor, Monsieur Mercier, adelante. —Señaló la escalera—. Bien podríamos proceder directamente a la biblioteca. —Parece como si estuvieran yendo a una carrera de obstáculos o a un club viejo y mugroso para hombres, en lugar de a una biblioteca para discutir el re-encuerpamiento de mi novio inmortal —le susurré a Georgia mientras los seguíamos dentro de la casa. —Quizás eso es lo que los viejos discuten en sus sillones de cuero mientras fuman sus cigarrillos —respondió con una sonrisa—. Y aquí nos estábamos imaginando que era sobre el marcado de valores o de precios inmobiliarios. La puerta de sala de estar se abrió y Artur entró al vestíbulo. —Bonjour, Georgia —dijo, caminando ansiosamente hacia nosotros. Agarró su mano y estuvo a punto de llevarla hacia sus labios antes de recordar en qué siglo estaba, y optó por un beso en la mejilla en su lugar—. ¿Cómo estás? Georgia levantó su rostro para su inspección. —Mejor, ¿no crees? —preguntó. —Sí. Te ves… —Iba a decir “hermosa”, lo sabía. Pero se detuvo y dijo—: Mucho mejor. Me alegra que te estés curando.

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Georgia le sonrió coquetamente y dijo: —Fue muy dulce de tu parte que me llamaras está mañana para comprobar cómo estaba y me dejaras todos esos mensajes. Lamento no haberte devuelto las llamadas. Realmente estoy intentando tomármelo con calma. Para recuperarme, ya ves. —¡Por supuesto! —exclamó Arthur, colocando tímidamente su cabello largo hasta los hombros detrás de su oreja. Noté que no se había afeitado y que llevaba puesto unos vaqueros negros y una camiseta, en lugar de su camisa a botones y pantalón de vestir. Tuve que sonreír. Arthur se estaba esforzando por mi hermana. —No esperaba que me devolvieras la llamada —dijo él—. Solo me estaba asegurando, ya sabes. Pero, por qué no vienes a la cocina conmigo y te consigo algo de tomar. ¿Has almorzado? ¿Tienes hambre? Mientras salían por la puerta hacia el pasillo, Georgia se volteó y me lanzó una mirada, levantando sus cejas en señal de victoria antes de volverse hacia él. Apenas podía contenerme de romper a carcajadas. Georgia era la reina de los juegos. Y obviamente estaba jugando a éste con mucho cuidado. Mi ángel, una voz vino a mi cabeza. —Me estaba preguntando dónde estabas —dije, siguiendo a Papy y a Jean-Baptiste, subiendo las escaleras dobles. Puedo decir que has descubierto algo, tus mejillas se han puesto muy rosas. Lo cual, debo decir, te sienta bien, mi ángel. ¿Estaría fuera de lugar si te digo lo completamente encantadora que te hace ver? Toqué mis mejillas con la punta de mis dedos y las sentí ponerse aún más rojas. —Sí, eso está completamente fuera de lugar —lo regañé bromeando, pero su cumplido me hizo sentir radiante. Como siempre. ¿Qué descubriste?, preguntó él, divertido. —Un viejo catálogo de subasta con una venta que “podría” haber contenido nuestro timiaterio. Bueno, eso es más de lo que Gaspard y Bran consiguieron. No pudieron encontrar nada parecido al objeto en sí, y extendieron la búsqueda a cualquier otra cosa que pudiera tener los símbolos mencionados en la

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historia. Aquellos que pudieran explicar cómo se realiza una reencuerpamiento. —¿Tuvieron suerte? Nada. Entré a la biblioteca para ver a mi abuelo estrechando las manos con Gaspard y luego con Bran. Los cuatro hombres estaban reunidos alrededor de una mesa, y Jean-Baptiste apartó una silla para mí. Papy comenzó colocando el catálogo de subastas sobre la mesa. Les dijo que si el timiaterio no estaba ya en un museo o en otra colección pública importante, lo cual no podía ser, porque él ya estaría familiarizado con ello, entonces debía estar en una colección privada. Explicó sobre el movimiento de antigüedades de Medio Oriente hacia los mercados de antigüedades entre guerras, y su teoría de que la pieza había sido trasladada desde Turquía hacia una colección europea o estadounidense durante ese periodo. Tocó el libro con su dedo índice. —Poseo todos los registros de las principales casas de subastas de ese tiempo, y en uno de ellos Kate encontró una venta que podría referirse al objeto que buscamos. ¡Dijo “nosotros”!, pensé, maravillándome una vez más de que mi abuelo estaba uniendo fuerzas con los revenants, por mí. Papy abrió el catálogo y les mostró la referencia, luego regresó a la página de la lista de compradores. —Si una venta de éste tipo fue hecha para un museo o un gran coleccionista, el nombre estaría registrado. En cambio, ésta importante colección fue a un comprador anónimo. Se giró hacia JB. —Estoy suponiendo que muchos de los libros de esta biblioteca fueron comprados por mí. —Estaría suponiendo correctamente —confirmó Jean-Baptiste, solo el mínimo atisbo de incomodidad cruzando su rostro mientras revelaba otro de sus secretos a un extraño. —Entonces, tal vez conoce quiénes de los otros miembros de esta confederación mundial con temática de sigilosos revenant serían los compradores.

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—Sin duda conozco a algunos de ellos —afirmó Jean-Baptiste. —Bueno, hay únicamente un puñado de importantes coleccionistas de antigüedades establecidos en Nueva York. Y solo uno de ellos que conozco para contactar si encuentro un objeto relacionado con los revenant. Siento que el comprador que compró esta pieza en la subasta pudo haber sido el padre de un cliente mío de mucho tiempo ubicado en la ciudad. Jean-Baptiste lo miró, esperando. —Pero no tengo forma de comunicarme con este coleccionista que va bajo el seudónimo de “G. J. Caesar”, excepto por correo electrónico. Y dudo que conteste una petición de mi parte acerca de algo ya existente en su colección. Tan pronto como Papy dijo el nombre, una sombra cayó sobre los rasgos de Jean-Baptiste, y pude decir que estaba preparándose para algo desagradable. Gaspard debió haberlo sentido también, porque hizo un ruido como una clase de hipo y luego comenzó a juguetear con algunos papeles. Papy continuó, intrépido. —Ese alias parece tocar algo en usted. Tenía la esperanza de que realizara la comisión y preguntara si la pieza está en su colección. Seguramente él estará más abierto a compartir información con usted de lo que estaría conmigo. Hubo un largo e incómodo momento en el cual Jean-Baptiste parecía estar librando una batalla interna. Finalmente, se puso de pie y dijo: —Puede que conozca el hombre al que se refiere, pero no tengo su información fácilmente accesible. Deme un día, Monsieur Mercier, y veré qué puedo producir. —Eso parece razonable —respondió Papy, mirándome. Yo estaba sacudiendo mi cabeza. —Tenemos menos de cuarenta y ocho horas —insistí—, y Vincent dice que no estamos ni siquiera seguros de que Viollete vaya a respetar esa oferta. Ella puede arrastrarlo de regreso pronto. —Sé exactamente cuánto tiempo nos queda —respondió Jean-Baptiste, con el rostro como piedra—. Solo necesito un pequeño momento para pensar.

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El jugueteo de Gaspard se intensificó hasta que pareció como si estuviera a punto de fundir un fusible. Poniéndose de pie, se enfrentó a su compañero. —Jean-Baptiste, el tiempo es esencial aquí. Es momento de dejar lo pasado sea pasado. Me rehúso a permitirte pasar el día debatiendo si le hablarás o no a Theodore. Cincuenta años es demasiado para una disputa. Ahora, toma el teléfono y llámalo. —Puede que ya ni siquiera tenga su número correcto —replicó JeanBaptiste. —Vincent actualizó la información del Consorcio en la base de datos el mes pasado. No tengo dudas de que él está enlistado allí —dijo Gaspard, con las manos apretadas con fuerza a sus lados. Me quedé boquiabierta. Gaspard nunca era tan asertivo, excepto por la transformación de personalidad que sufría cuando tenía un arma en su mano. Jean-Baptiste parecía estar igualmente sorprendido porque se quedó allí mirando con frialdad a Gaspard antes de girar sobre sus talones y salir de la habitación. ¿Quién es este Theodore?, me pregunté. Nunca antes había visto a JeanBaptiste actuar de este modo, por no mencionar que Gaspard “reaccionara” así antes. Debe haber un resentimiento serio entre los dos revenants, y estaba muerta de curiosidad de saber por qué. Todo el mundo se sentó incómodo por un momento, hasta que escuchamos la voz de Jean Baptiste proveniente de su habitación al otro lado del pasillo. Estaba hablando con alguien por teléfono. Gaspard se aclaró la garganta, como para amortiguar el ruido y darle privacidad a JB. Después de un momento de tensión, escuchamos el sonido de un teléfono golpeando de nuevo en su base, y pasos que pisaban muy fuerte de regreso a la biblioteca. Jean Baptiste apareció, su rostro era una máscara de compostura, pero su tono enrojecido moteado desmintiendo sus verdaderas emociones. Evito mirar al resto de nosotros y se dirigió directamente a Gaspard. —Theodore, de hecho, tiene un timiaterio de un metro y medio de altura, con símbolos místicos grabados alrededor del pedestal, incluyendo el signo bardia. Sabe de los otros dos existentes en el mundo: uno en China y uno en el Perú, así que no puede estar seguro de que el suya sea el que se menciona en el relato de los curanderos. Pero asume que eso no

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importa siempre y cuando todos ellos fueran creados para el mismo propósito. —Dijo que nunca descubrió su uso, pero que está emocionado por la teoría que estamos proponiendo —que fue creado para facilitar un reencuerpamiento. —¿Se ofreció a traérnoslo? —preguntó Gaspard. Jean Baptiste negó con su cabeza. —Dijo que tomaría semanas obtener los permisos de aduanas para sacar un objeto como ese fuera del país. Mi corazón dio un vuelto y solté: —¡Entonces tenemos que ir allí! —Eso es lo que sugirió —confirmó Jean Baptiste, volviéndose hacia mí— . Bran debe tener los registros de su familia. Y un revenant debe acompañar a Vincent en caso de que tenga que habitar un cuerpo físico mientras se intenta el proceso. —Sin duda debes ir —exhortó Gaspard—. El jefe de los bardia de Francia debería presentarse ya que se trata, de alguna manera, tanto de una misión diplomática como de un… —No lo haré —dijo Jean Baptiste interrumpiéndolo airadamente, antes de calmarse y continuar—. He hecho caso a tu pedido de contactarme con Theodore, y con razón. Pero esa es la medida en la que estaré involucrado. No sabes lo que estas pidiendo, Gaspard. Jean Baptiste inclinó un poco su cabeza, escuchando, y luego dijo: —En cualquier caso, Vincent ha tomado una decisión. Él quiere que Jules lo acompañe. —Entonces Bran y Jules deben preparare para salir —dijo Gaspard. —También voy —dije, mis ojos revoloteando hacia Papy cuando las palabras salieron de mi boca. Levanté mi barbilla, preparándome para su rechazo. —No voy a dejarte volar a Nueva York con dos hombres que apenas conozco —dijo Papy, haciendo su silla hacia atrás bruscamente. Parecía que quería tomarme y salir corriendo de la casa. —Entonces está decidido —dictó JB—. Monsieur Mercier acompañará a su nieta. Bran, querrás preparar sus cosas. Gaspard, por favor, que Jules

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sepa de su nombramiento y llama a nuestro piloto. Todos se irán esta noche. —Y se volvió y salió de la habitación. Papy y yo nos miramos el uno al otro en estado de shock mientras Gaspard se acercó al teléfono y empezó a marcar. Bran se deslizó fuera y comenzó a reunir sus libros, como si nada fuera de lo común estuviera sucediendo. Finalmente Papy se despegó de su posición y cogiéndome suavemente de la mano, dijo: —No me importa quién sea o cuanto poder tenga. Monsieur Grimod no tomará decisiones por mí respecto a mi propia nieta. —Papy, tengo que ir con ellos. Tienes que entender eso —dije sin pedirlo, sino simplemente afirmándolo como un hecho. —Kate, esto podría ser peligroso —dijo. —¿Qué tan peligroso puede ser? Es un viaje a Nueva York en un avión privado, una visita a un coleccionista de antigüedades, una ceremonia que involucra a Vincent, no a mí, y estamos de regreso otra vez. De hecho, probablemente sea más seguro para mi estar “fuera” de Francia —y lejos de Violette y los numa, que “dentro” de ella. Papy miró a su alrededor, a Bran, con sus ojos como los de un búho cuando levantó la vista de sus libros hacia nosotros. A un Gaspard del siglo XIX, sosteniendo el teléfono a centímetros de su oreja, como si fuera un peligroso objeto del futuro que podría infectarlo con progresividad si tocaba su cabeza. —¿Cómo podemos confiar en éstas personas? —preguntó, resistiéndose. —Son mejores que la alternativa, quienes en realidad nos han amenazado —le recordé con suavidad, y en mi mente corregí que en realidad me “amenazaron a mí”. —Pero… la escuela —comenzó, en un último intento de disuadirme. —No hay en la semana —respondí—. Recuerda, las vacaciones de invierno para esquí comienzan mañana. Papy, escucha. Si esto funciona, Vincent recuperará su cuerpo. Tengo que estar ahí para ello. Si no lo hace, entonces por lo menos estaremos cara a cara con este hombre de las antigüedades, quien pueda tener conocimientos suficientes para conocer otra solución. Solo piénsalo, serás capaz de conocer a éste cliente con el que has estado tratando durante décadas.

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Pude decir que Papy ya había pensado en ello. Estaba tentado por la posibilidad de conocer al misterioso coleccionista y echarle un vistazo a su colección. Pero ese deseo estaba ensombrecido por su preocupación por mí. Jules irrumpió en la habitación, viéndose como si alguien lo estuviera empujando. —¿Vincent me informa que me estoy yendo de inmediato para Nueva York? —preguntó mirándonos, confundido. —Sí. Ve a empacar —dijo Gaspard, colgando el teléfono. Y Jules se fue, sin hacer preguntas, por la puerta y subió las escaleras hacia su habitación. Gaspard se acercó y miró a Papy a los ojos. —¿Su decisión, señor? Papy respiró profundamente, me miró y luego dijo: —Mi nieta y yo iremos. —Necesitará esto, entonces —dijo Gaspard y le ofreció a Papy una pequeña caja de madera. Dentro había un colgante en una cadena de oro, un disco plano de oro, grabado con un círculo, un triángulo y llamas—. Es suyo para siempre, para mostrarles a los demás que es de confianza para nosotros. —Reconozco el símbolo —confirmó Papy. —Si desean regresar a casa y preparar un bolso, un coche estará esperándolos fuera de su edificio en dos horas —dijo Gaspard, con tono de todo negocios—. Les pediré a Arthur y a Ambrose que le acompañen a usted y a sus nietas a casa. Mi abuelo asintió con la cabeza y Gaspard se fue a buscar a Georgia y a nuestros guardianes revenants. —¿Tienes uno de éstos, también? —preguntó Papy, mientras se pasaba la cadena sobre la cabeza y metía el colgante dentro de su camisa. Dudé, pero escuché la voz de Vincent decir: Puedes mostrárselo. Saqué la mía y los ojos de Papy se abrieron mucho al ver el disco dorado del tamaño de una moneda de dólar. Alargó la mano tentativamente, tocando el borde de los gránulos de oro y estudiando el diseño de la forma de llamas alrededor del zafiro triangular.

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—¿Has estado usando esto… en la calle? —preguntó con voz temblorosa. —Bueno, sí. Me refiero, debajo de mi ropa —dije. Su expresión me hizo sentir como si hubiera hecho algo loco, como correr desnuda por las calles de París. Papy se esforzó por contener su asombro, murmurando: —Ni siquiera voy a decirte cuánto vale, princesse. Cuán rara es esa pieza. Porque si lo hiciera, es probable que no te atreverías a usarlo de nuevo. Escuché a Vincent reírse en mi mente, y sonreí. —Es solo una “cosa”, Papy. —Sí. Kate. Una “cosa” que te garantiza la protección de los revenants. Pero también sirve como un símbolo de lo que significas para ellos. Si eligieron este signo particular para representar tu valor, para mostrar el cuidado que están invirtiendo en ti, no podría acercarme a competir con la protección que yo puedo ofrecer. Significa que eres invaluable. Mi abuelo me sonrió con ternura y le dio un apretón a mi mano. —Estoy oficialmente superado, princesse. —Esto no es un concurso, Papy —dije, sonriendo—. Es un trabajo grupal. Y eres uno del grupo ahora. Papy agarró mi mano y me condujo fuera de la habitación. —Entonces manos a la obra.

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Capítulo 22 Traducido por kensha Corregido SOS por QueenDelC

alimos de París desde el aeropuerto Charles de Gaulle a las ocho de la noche, y gracias a la magia de las menos seis zonas horarias llegamos al Aeropuerto JFK a las diez de la noche. Apenas dormí, fuera por ansiedad o agitación, no podía decirlo. Probablemente las dos. Papy y Bran dormitaron tan pronto estuvimos en el aire. Jules habló tranquilamente con Vincent en la parte trasera del avión y, después de un rato, se sentó con un libro. Un conductor nos estaba esperando en la llegada con un letrero escrito a mano que decía “Grimod”. Amontonando nuestro equipaje en un carrito, nos condujo a una limusina que estaba esperando afuera. La nieve tenía centímetros de espesor sobre el suelo, y un viento helado me hizo apretar más mi abrigo mientras esquivé parches de hielo en la acera. Estuvimos en silencio durante el camino a Manhattan. Sentí un extraño adormecimiento mientras observaba las centellantes luces de la ciudad crecer más cerca en la ventana de la limo. Y no solo por la falta de sueño y el cambio horario. Era porque estaba de vuelta. De vuelta a donde había crecido. De vuelta a donde había vivido durante dieciséis años, mi vida entera, con mi mamá y mi papá, ido a la escuela, aprendido a conducir, besado por primera vez a un chico. Ese lugar era un hecho y París era ficción. ¿Entonces por qué todo se sentía tan surreal? Tuve un presentimiento de que mi entumecimiento cubría otra cosa: angustia, tal vez. O quizás el despertar del dolor que no estaba preparada para enfrentar. Bran se asomó por la ventana con los ojos abiertos, disfrutando la vista con asombro completo. Dejó salir un pequeño suspiro cuando el iluminado edificio Empire State apareció a la vista. Papy pregunto: —¿Es tu primera vez en América? —Es mi primera vez fuera de Francia —respondió Bran, incapaz de separar los ojos de los lugares de interés afuera.

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—¿Y tú? —pregunté a Jules, que estaba apoyado contra el reposacabezas, mirando sin emoción mientras nuestra limo cruzo el Puente de Manhattan sobre el Río Este. —Lo más lejos que he estado es Brasil —dijo, balanceando sus ojos perezosamente para encontrarlos con los míos antes de alejarlos. Había estado actuando de manera diferente desde el beso. Distante. Estaba sentado tan lejos de mí como fue posible en el viaje al aeropuerto y en el avión. Normalmente habría estado a mi lado charlando sin cesar conmigo y con Vincent. Obviamente me estaba evitando. Era comprensible. Apenas lo había visto desde el sábado, hacía dos días. Había un sentido definido de malestar entre los dos. Deseaba profundamente que desapareciera y las cosas volvieran a la normalidad. Amaba a Jules. Pero no de “esa” manera. Pero siendo el mejor amigo de Vincent, siempre sería una gran parte de mi vida. Mi mente se deslizó de vuelta a la escena en su dormitorio, mientras traté de verla desde el exterior. Desde mi punto de vista había sentido que estaba besando a Vincent. Mis ojos estaban cerrados y eso es lo que había visto mi mente. Pero ahora la imagen que entró en mi foco era de mí en los brazos de Jules, los dos abrazados en un desesperado intento de acercarnos. Echando una mirada a Jules, vi que me miraba, y mis mejillas se encendieron mientras desterré la imagen de mi mente. Sostuvo mi mirada, sabía lo que estaba pensando, me di cuenta, y entonces cerró los ojos y apoyó su cabeza contra el respaldo del asiento. Kate, ¿estás bien?, escuché decir a Vincent. —Sí. Solo cansada —respondí, y luego rápidamente miré a Papy. Él trataba de no parecer molesto, oyéndome hablar con Vincent en estado volant lo asustaba. Había dicho que era una grosería mantener una conversación a la que otros no podían unirse, pero sabía que era realmente porque odiaba ver a su nieta hablar al aire. El conductor de la limo se dirigió hacia el norte por Park Avenue y giró a la izquierda cuando llegamos a la Ochenta. Condujo hasta el final de la calle, se detuvo delante de un edificio señorial frente al Museo Metropolitano de Arte. —Estamos aquí —dijo con un acento ruso, y nos ayudó con nuestro equipaje.

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Un portero uniformado se apresuró a salir por la puerta y se reunió con nosotros en la acera, llevando nuestras maletas adentro. Las colocó todas detrás de un mostrador y se volvió hacia nosotros con las manos entrelazadas detrás de su espalda. —El Sr. Gold los estaba esperando. identificaciones de su asociación.

Por

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enséñeme

las

—¿Identificaciones? —pregunté, confundida. —Eres parte del club del Sr, Gold, ¿no? Necesito ver la prueba de su membresía. —El signo —se apresuró a decir Jules. —Oh —dije y saqué el collar de debajo de mi camisa. Papy hizo lo mismo, mostrándolo hacia el portero, y Bran retiro su manga para mostrar su tatuaje. El hombre no mostró ninguna sorpresa hacia nuestras extrañas “identificaciones”. Inclinándose ligeramente, dijo: —Gracias. Por aquí. —Y tendió una mano enguantada para indicar el ascensor. No pidió a Jules una identificación, pensé, mientras el portero oprimió el botón para el piso de arriba. Lo estudie más de cerca y me di cuenta con sorpresa que era un revenant. Pero mi sorpresa no fue porque el Sr. Gold había contratado a la familia para proteger su edificio, fue porque en realidad hubiera pude decir lo que era. Los raros efectos especiales que había notado alrededor de los numa se revirtieron en el caso de este hombre. La pulgada de espacio a su alrededor estaba llena con más vitalidad y color que el resto del aire, mientras que los numa aspiraban el color de su entorno, dejándolos con una penumbra descolorida. Miré de reojo a Jules. Tenía el mismo limbo vivo alrededor de su cuerpo. Había pasado tanto tiempo con él y los otros que simplemente no lo noté con ellos. Ahora que era una parte importante del mundo de los revenants y era consciente de que los seres sobrenaturales existían en donde nunca hubiera esperado antes, prestaba más atención a quién era humano y quién no. En el caso del portero... no. Es uno de nosotros, dijo Vincent, confirmando mi deducción.

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Bajamos del ascensor, seguimos al hombre por el pasillo y nos detuvimos delante de una puerta. La abrió y nos hizo entrar en un apartamento. —El Sr. Gold estará aquí. Pide que se pongan cómodos—. Y con eso cerró la puerta, dejándonos sobrecogidos para examinar nuestro entorno. El apartamento era enorme y moderno, todas las paredes blancas y con pisos de madera dura, con ventanas del piso al techo y apenas había muebles. Pedestales de piedra tenías piezas de cerámica antigua y objetos de metal: una máscara griega en oro. Un casco de bronce romano. Un mármol finamente esculpido a mano del tamaño de un refrigerador. Había visto cosas así en museos, protegidas bajo vidrio pesado. Pero ahí estaban al alcance de la mano, elegantemente dispuestas bajo una iluminación de galería que los hacía brillar como joyas. El repentino jadeo de Papy indicó que estaba tan impresionado como yo. Incluso Jules se enderezó un poco mientras sacaba las manos de sus bolsillos y se acercó para tocar el hombro de una ninfa de mármol exquisitamente tallada. Bran se quedó mirando con su mirada atónita regular, sus ojos magnificados pasando por cada rincón de la habitación. La puerta se abrió otra vez, y entró en un joven rubio de ojos azules en un traje blanco. Se inclinó ligeramente. —Theodore Gold —dijo. —¡Pero tú eres el portero! —exclamé. Era apenas reconocible sin el uniforme y sombrero. El disfraz perfecto, pensé. Nadie mira a un portero a la cara. —Sí, lo siento por eso —dijo con una dicción como la de un hombre con clase y elegancia, que no sonaba nada al fuerte acento de Jersey que había asumido como portero—. Valoro mi privacidad y prefiero no depender de otros por seguridad. Prefiero defender a mis invitados que correr el riesgo del resultado del error de otra persona. Aunque tengan a un revenant con ustedes. —Asintió hacia Jules—. Podría haber sido traído por obligación, utilizado como rehén si quisieran llegar a mí. —Asumo que eres Jules —dijo, saludándolo con besos europeos en las mejillas—. Bienvenido, familia. —Yo soy Kate —dije, y extendí la mano para una sacudida de Americanoa-Americano. El Sr. Gold me dirigió una cálida sonrisa y para mi alivio no pidió aclaración del por qué estaba allí. No sentía ganas de lanzarme a una conversación de soy-la-novia-de-alma-errante. Bran era el siguiente.

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—Tu tatuaje me dice que eres el curandero del que me habló JeanBatiste. He leído de tu clase. Realmente es un honor conocerte. Se volvió a mi abuelo. —Debe ser Monsieur Mercier. Gaspard llamó por teléfono para informarme de su conexión a la parentela de París, y de la de su nieta. — Así que lo sabía. Eso es una cosa menos por explicar, me dijo Vincent. —Lees mi mente —susurré de regreso. —Soy Antoine Mercier —confirmó mi abuelo en su inglés con un maravilloso acento. Miró al revenant con una mezcla de sospecha y curiosidad—. ¿Pero usted es Theodore Gold IV? ¿“El” Theodore Gold? ¿Autor de La caída de Bizancio? El hombre sonrió. —Sí, ese era mi trabajo. A juzgar por la expresión de Papy, podría haber conocido al Papa. —¡Pero es tan joven! Estoy sobrecogido porque realmente lo acabo de conocer. El libro de su abuelo sobre la cerámica de la era Romana es como mi propia biblia personal. El rostro de Theodore Gold mostró un poco de diversión. —En realidad Theodore Gold Junior también era yo. Como lo era Theodore Senior. Trato de cambiar mi estilo de escritura cada vez para hacer toda la farsa un poco más convincente. Papy se quedó boquiabierto. El Sr. Gold se rió y le dio unas palmaditas en el hombre a Papy. —Bien, me siento honrado de haber engañado a alguien tan versado en el campo como a usted mismo, Monsieur Mercier. Mi abuelo totalmente imperturbable todavía estaba pasmado. —Un revenant —dijo—. Hay solamente un Theodore Gold. La dinastía entera de expertos eminentes de la antigüedad es… una persona. ¿Y es el G. J. Caesar al que he estado vendiendo piezas las últimas décadas?

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—Creo que en realidad puedo haber comprado una pieza de usted antes de que eso bajo el alias de Theo Gold Junior, Mark Aurelius, antes de que me heredara la colección a mí mismo —señaló Theodore amablemente. —¿Puedo sentarme? —preguntó Papy, el color se había ido su rostro. —Por favor —dijo el Sr. Gold, señalando hacia un sofá. Frente a él había una mesa baja con botellas de agua mineral y una bandeja de mini-tartas de queso. —No estaba seguro de que hubieran comido en el avión —comentó cuando todos nos sentamos—. Ahora, tenemos mucho de qué hablar. ¿Puedo suponer que al revenant en estado volant que percibo es el bardia Vincent que Jean-Baptiste mencionó? —Esperó y luego asintió con la cabeza—. Bien. Entonces, por lo que me contaron, están buscando un timiaterio gigante con símbolos de instrucciones grabados en el tallo. Bran explicó sobre los registros de su familia, y recuperando el libro de su maleta, leyó en voz alta el pasaje. El Sr. Gold lucía impresionado. —Increíble. Ciertamente es tentador pedir ver el resto del libro. —Se detuvo cuando Bran negó con la cabeza—. Pero me doy cuenta de que la información que posee debe ser confidencial. ¿Confío en que nos están dando todos los detalles que tienes al respecto? Bran asintió. —He ido a través de todos los registros de mi familia, y ésta es la única mención del re-encuerpamiento. —Genial —dijo el Sr. Gold, juntando sus manos. Con su mirada atemporal y traje blanco, me recordó al joven Robert Redford en la versión de los setenta de El Gran Gatsby. O un personaje salido de una novela de Edith Wharton: guapo y rubio, con ese bronceado de acabo-de-bajarmedel-yate que tiene la gente muy rica. —Entiendo que el tiempo apremia —dijo—, y que Vincent puede ser llamado por la traidora en cualquier momento. ¿Hace cuánto que te dejó ir? —preguntó—. Ayer antes del medio día —repitió, mirando su reloj—. Son las once de la noche ahora, así que en unas seis horas o menos estaremos llegando a los dos días, tiempo de París. Bueno, esperemos que no sienta ganas de regresarte antes. Necesitamos todo el tiempo que podamos para descifrar los símbolos. Echó atrás el resto de su copa y se levantó.

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—Y en ese caso, tenemos que irnos. —¿A dónde? —pregunté, mientras todos nos levantábamos de la mesa. —A dónde más sino a ver el timiaterio —dijo. —¿No está aquí? —pregunté, mirando alrededor de la habitación. —No, solo guardo algunos de mis objetos favoritos aquí. La colección más completa en el mundo del arte revenant reside al otro lado de la calle. —¿En el Museo de Arte Metropolitano? —preguntó Papy, incrédulo. —Sí, mi querido amigo —respondió el Sr. Gold con una sonrisa irónica— . En el Met.

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Capítulo 23 Traducido por Paulii~ Corregido por Koko Markova

uca he visitado el Met a —susurré mientras seguía a los otros hacia una puerta lateral, lejos de la gran escalera de la entrada principal. ¿Eso ha sido un sueño de toda la vida?, vinieron las palabras de Vincent. —Todo un museo de pinturas para mí, sí —respondí—. Un museo lleno de objetos antiguos de noche, sin embargo, tiene un factor altísimo de incomodidad. —Me estremecí, recordando una pesadilla frecuente de la niñez en donde todas las estatuas de la galería de Papy cobraban vida. El Sr. Gold sacó un juego de llaves, abrió un primer conjunto de puertas, nos llevó a través de un segundo conjunto, y luego más allá de un guardia de seguridad sentado. Él empezó a buscar dentro de su bolsillo por la identificación, pero el guardia solo asintió y le indicó por dónde. —Por aquí —dijo el Sr. Gold. Cruzamos un cuarto cavernoso lleno con cerámicas antiguas encaramadas en estantes y protegidas bajo vitrinas de vidrio. En una esquina oscura de la habitación, nos metimos dentro de un ascensor de servicio abierto. Nuestro anfitrión espero a que las puertas se cerraran herméticamente, encajó una llave dentro del panel de control del ascensor, y presionó un botón para uno de los sub sótanos. Mientras nos montábamos en el auto, no podía dejar de preguntar. —¿Así que, cómo conseguiste una llave para el museo? ¿Y acceso a través de la entrada de empleados? —Yo soy un empleado —dijo el Sr. Gold, mientras salíamos del ascensor—. Soy oficialmente el curador principal de antigüedades, pero no estoy mucho por aquí, si el mismo personal me ve por largos periodos de tiempo, las cosas se verían más bien… dudosas, ¿no es así?

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Caminamos detrás de él al final de varios pasillos con poca luz, y paramos ante una puerta doble con un letrero que marcaba ARCHIVOS. Gold escribió un código en un teclado e insertó otra llave en la cerradura. —Asegurar una importante donación al museo por una suma de cientos de millones de dólares era como esperar que convenciera al museo de darme acceso privado a toda esta zona. —Abrió la puerta y encendió un interruptor de luz. Ante nosotros había un enorme almacén, hermosamente decorado con columnas dispersas y frescos en las paredes. Todo estaba iluminado individualmente, con iluminación brillante adicional de paneles en las paredes y el piso. Me estremecí en un asombroso deleite, y miré a Papy para medir su reacción. Mi abuelo se veía como si hubiera muerto e ido al cielo de los comerciantes de antigüedades. Ésta era la colección secreta de arte revenant. Debe tener miles de objetos que van desde pequeñas piezas de joyería montada en los casos contra la pared, hasta estatuas gigantes de mármol de héroes llevando enormes armas y usando nada más que el signo bardia en cuerdas alrededor de sus cuellos. —Eres uno de los tres humanos que han visitado esta importante colección histórica —dijo el Sr. Gold con una sonrisa irónica—. Aunque, ocasionalmente he tenido visitantes revenants que pasan con una cita. ¿Cuánto sabes de historia revenant? —me preguntó. —Vincent me ha contado algunas historias. Y Gaspard ha mencionado cosas de vez en cuando. Pero mi comprensión global es probablemente bastante carente. Estás siendo modesta, dijo Vincent. Me he enterado que has leído todo lo que puedes tener en tus manos. No respondí. Mientras menos piense el Sr. Gold que sé, más me contará. Caminamos lentamente a través del otro final del largo vestíbulo. Aunque Jules, Papy y Bran estuvieron mirando alrededor mientras yo caminaba, estaban todos escuchando nuestra conversación. —Bueno, considerando el proyecto que estamos por emprender, sería útil darte una rápida historia de ambos, revenants y nuestros amigos curanderos. —Su voz tomó un tono de narrador, y puedo decir que ya ha contado esta historia antes, aunque adivino que fue a nuevos revenants, y no a humanos forasteros.

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—Siempre, desde que el hombre existió, ha habido bardia y numa. Pero en tiempos antiguos fueron adorados como héroes y denostados como demonios. Ambos vivían entre humanos, ya sea como sus guardianes o, en el caso del numa, aliados peligrosos pero efectivos para hombres que buscaban poder a cualquier precio. —Antes de la medicina moderna, los curanderos, conocidos en Francia como guérisseurs, fueron mucho más común y bien respetados entre su tipo de hombres. Desde que los poderes de los curanderos se desarrollaron de acuerdo con las necesidades de las comunidades alrededor de ellos, un pequeño porcentaje de ellos desarrollaron poderes para ayudar a revenants con sus propios requerimientos específicos. Bran paró de mirar alrededor y empezó a ponerle completa atención a la historia del Sr. Gold, bebiendo cada palabra. —Como los bayati, humanos con habilidades paranormales quienes luego fueron llamados santos, revenants alrededor del mundo empezaron a ser perseguidos con el auge de las grandes religiones del mundo. En los países orientales algunos fueron capaces de esconderse ellos mismos entre hombres santos, mortales y chamanes. Pero no en el mundo occidental. Fue en este punto, después de haber sido cazados y destruidos en una escala masiva durante el siglo IV que los revenants se retiraron del mundo de los mortales. Esto encaja con lo que ya sabía, y explica un montón de lo que he visto en los archivos de los llamas-dedos. Empecé a preguntarme si la palabra “archivos” no se aplica tanto a las imágenes como lo hacen con los pocos libros y objetos que he visto. Las pinturas en las paredes explican la historia que el Sr. Gold estaba contando de una manera mucho más memorable. Bebí de cada palabra cuando él continuó. —Con el fin de facilitar las desapariciones de revenants de la conciencia humana, el bardia lanzó una campaña concertada para esconder el arte con temas revenant y la literatura bastante común en los tiempos de los romanos y antes. El numa estaba embarcado en esto, desapareciendo justo, como mucho, de su propio número en la persecución religiosa. El sr. Gold paró en frente de la estatua de un hombre acostado en una cama. Por encima de él había una mujer con un tatuaje en el interior de su antebrazo idéntico al grabado de Bran. Estaba pasando sus manos sobre el hombre con aspecto de cadáver.

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Tal vez es un revenant aletargado, las palabras de Vincent vinieron, y yo asentí, de acuerdo. —Mientras los curanderos empezaron a desaparecer cada vez más — continuó el Sr. Gold, gesticulando hacia la estatua—, el número que poseía dones asistiendo a revenants disminuyó, y los conocimientos revenants de ellos salieron del uso común. Yo, sin embargo, estoy en posesión de algunas tablas antiguas que detallan algunos de los regalos de estos curanderos. —Se volteó a Bran—. Tú puedes ver nuestras auras, ¿no es así? —Sí —afirmó Bran—. Los curanderos practicantes de mi familia pueden ver el aura de humanos y de revenants. Es fácil distinguir entre las dos. Él me miró a mí cuando dijo esto, y sonrió. —Recuerdo a tu madre diciendo que Jules tenía el aura de un incendio forestal —dije, pensando de vuelta en los diferentes halos descritos en los frescos de las paredes de la cueva. —Sí —dijo Bran—. Ése es el rasgo que los define para nosotros. Lo cual es indicado en el símbolo del signo bardia —señaló las llamas del tatuaje de la mujer de mármol. —Tú puedes reducir a un joven revenant que necesita morir —continuó el Sr. Gold. Bran asintió. —Aparentemente eso es verdad, pero mi difunta madre no fue capaz de encontrar instrucciones para el procedimiento real en los registros de nuestra familia. Nuestro anfitrión consideró esto. —¿Por qué eso sería útil para un revenant? —preguntó Papy. —Algunos revenants se enamoran de humanos y desean envejecer al mismo ritmo que sus compañeros —explicó el Sr. Gold el asunto con total naturalidad. Jules me llamó la atención y sonrió, mientras por el rabillo del ojo vi a Papy tensarse. No me atrevía a mirarlo, deseando que el Sr. Gold se saltara a la siguiente parte. —Está también el hecho de que en tiempos antiguos, cuando la población del mundo era más pequeña, los revenants que vivían en zonas despobladas puede que no encontraran muy a menudo la ocasión para rescatar humanos. Ellos podían visitar curanderos para aliviar su dolor.

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El Sr. Gold sostuvo su mano arriba para contar los dones de los curanderos. —Ver auras, pacificar la necesidad de morir… y luego hay, por supuesto, dispersión —dijo, descubriendo tres figuras. —¿Qué es eso? —preguntó Jules. El Sr. Gold encontró la mirada de Bran y el curandero encogió los hombros. —No he oído hablar de eso. —En nuestro caso, no importa —concluyó el Sr. Gold—. Y el cuarto y último regalo, que yo sepa, es re-encarnación. Fue destacado en viejos registros, pero los ejemplos son extremadamente raros. Hasta que JeanBaptiste lo mencionó en el teléfono esta mañana, yo ni siquiera había oído que se refiere en la época contemporánea. Y sin su sugerencia, nunca hubiera imaginado que los misteriosos símbolos en el lado de nuestro quemador de incienso tenían algo que ver con eso. Ahora… me lo pregunto. Él froto su barbilla contemplativamente antes de girarse y dirigirnos más allá dentro del cuarto. —Desafortunadamente, el conocimiento del procedimiento real se ha perdido con el tiempo —miró sobre su hombro y le dio a Bran una mirada significativa—, al menos para nosotros los revenants. Que es por lo que estoy contento de que estés aquí, curandero.

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Capítulo 24 Traducido por Dracanea Corregido por Caliope

h, aquí está, nuestra thymiaterion —dice el Sr. Gold cuando nos acercamos a una gran pieza de bronce que parecía un cáliz de oro gigante. Su borde estaba al nivel de mi barbilla y su cuenco era tan grande en diámetro que una piscina inflable para niños podría caber dentro. Las llamas grabadas lamían toda la superficie del tronco, que era tan ancho como mi cintura. Y rodeando el tallo a media altura había una serie de círculos del tamaño de un platillo, cada uno con un objeto grabado diferente. —Como pueden ver, hay siete símbolos —explicó el Sr. Gold—. El primero de la serie es el signo Bardia, que era mi indicación de que se trataba de una pieza revenant asociada. Y el último de la serie, si se sigue el círculo en torno a la izquierda del signo, obviamente, representa el fuego —dijo, señalando un círculo con una sola llama grabado en el interior. —Un cuchillo con gotas de sangre —dijo Papy, señalando otro medallón— , y al lado de esto un abanico. Señaló un símbolo de un palo con un chorro de plumas en un extremo. —Esto parece una especie de vaso o jarra —dije, tocando la imagen de una vasija de cerámica con dos asas en los laterales. —Un ánfora o una olla —dijo Papy. —Ese es el símbolo de mi clase —dijo Bran, apuntando a un círculo que mostraba la misma mano que fue pintada en las tumbas rupestres: palma hacia adelante, los dedos abiertos, y una pequeña llama por encima de cada dedo. Un símbolo quedó. Era una caja abierta, la tapa parecía una losa deslizada a un lado. —¿Qué es esto? —preguntó Jules, que había estado observando en silencio.

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—Una caja —señaló Papy y se encogió de hombros—. Yo no lo reconozco como uno de los temas típicos antiguos. Bran había tomado un lápiz y estaba copiando los símbolos en su libro. ―El signo y los dedos llameantes deben indicar que el objeto se utiliza en una ceremonia que incluye tanto revenants como los de mi clase — dijo―. Teniendo eso en cuenta, nos quedamos con cinco símbolos en este orden, la olla, el cuchillo con sangre, el abanico, la caja y el fuego. —¿Qué tal agua, sangre, aire, espacio y fuego? —le pregunté, trazando los símbolos con el dedo. —Históricamente, el símbolo de olla de barro es sinónimo de arcilla o tierra —dijo el Sr. Gold—. La sangre podría tomar el lugar de agua en estado líquido. Así que es la caja la que no encaja con los cuatro elementos. Bran quedó pensativo —Esto me recuerda algo. Algo que está en la punta de mi lengua, pero no puedo llegar a él —miré a Papy esperanzada. —¿Por qué no te dejamos pensar? —sugirió el Sr. Gold—. O puedes tomar un paseo alrededor de la habitación y ver si algo te refresca la memoria. Bran asintió distraídamente, se sentó en el suelo allí donde había estado parado y miró el incensario gigante como si esperara que la respuesta cayera en su regazo. Papy se excusó y comenzó a vagar con entusiasmo de pieza en pieza, murmurando datos y fechas sobre la marcha. Jules estaba murmurando también, pero en este caso me di cuenta de sus murmullos eran parte de una conversación. —Theodore —dijo Jules—, Vincent y yo estábamos diciendo que nos resultabas familiar. ¿Nos hemos conocido antes? El Sr. Gold sonrió. —Sí. Yo estaba en París, justo antes de la Segunda Guerra Mundial. Era septiembre de 1939. Vine para ayudar con la evacuación de las colecciones del Museo del Louvre. Mis colegas franceses y yo empacamos todas las ilustraciones y las enviamos a diversos lugares de Francia para protegerlas del ejército invasor alemán. Fue durante ese tiempo que conocí a su líder, Jean-Baptiste.

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Aunque eso sonaba como una conversación privada, me intrigó y me acerqué más para escuchar. Jules asintió. —Vincent dice que aún no estaba en París. ¿Ha vuelto desde entonces? Una sombra cruzó el rostro del señor Gold. —En realidad, sí, volví a Francia unos años más tarde, cuando el París Bardia estaba en una guerra a gran escala contra el numa. Algunos de nosotros los americanos vinimos en su ayuda. Fui el único de mis parientes que no fue destruido. —Eso es —dijo Jules—. Usted era uno de los estadounidenses viviendo en la casa de JB en Neuilly. El Sr. Gold asintió, con expresión grave. —Vincent me dice que usted y JB ha estado un poco en disputa desde entonces. No es que eso sea asunto nuestro —dijo Jules al instante, pareciendo lamentar haber soltado las palabras de Vincent. El Sr. Gold parecía ahora verdaderamente preocupado. Metió una mano en el bolsillo y se frotó la frente con la otra. —Sí. Hubo algo más… ocurrieron hechos lamentables —dijo vacilante, pero sus palabras fueron cortadas por un grito de Bran. —¡Ya lo tengo! —exclamó. Todos nos apresuramos a donde él estaba animado con entusiasmo en torno al thymiaterion, trazando los símbolos con los dedos mientras cantaba algo. Sus enormes ojos recorrieron nuestro pequeño grupo con entusiasmo. —Es una canción de cuna que mi madre me enseñó, y que su padre le había enseñado a ella. —Por favor —instó el Sr. Gold—, continúa. —Es algo así —dijo Bran, y luego comenzó a cantar de una manera cantarina:

Del hombre de arcilla al hombre de carne Sangre inmortal y aliento humano Huellas en el enlace del espíritu

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Llamas dan al fantasma cuerpo y mente. —“Carne” y “aliento” no riman —murmuró Jules. —Son rimas en la antigua Breton —respondió Bran secamente—. Usted ve, la olla es la arcilla, hay sangre, el abanico significa aire, y luego las llamas, por supuesto —dijo, y luego, apuntando a la caja, admitió—, pero todavía no sé qué para qué es esto. —¿Qué quiere decir el poema, exactamente? —le pregunté. La expresión de Bran pasó de emocionado a sombrío en un segundo plano. —Desafortunadamente, no tengo ni idea.

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Capítulo 25 Traducido por Nanami27 y kensha Corregido por Caliope Cullen

rcilla de carne —repetí, mis pensamientos de repente se filtraron con un recuerdo que no podía reconocer. Y entonces me acordé que había visto esas palabras—. Había una inscripción en latín en una de las pinturas murales en el archivo de tu familia que menciona arcilla y pulpa —le dije a Bran—. Mostraba esta acurrucada figura acostada en lo que pensaba era una bañera... pero ahora que he visto la thymiaterion, ¡estoy segura de que eso es lo que era! Debes saber de cuál estoy hablando —insistí. Bran negó con la cabeza. —Durante mi única visita, me quedé el tiempo suficiente para poner a mi madre a descansar y tomar cuenta de los libros y los objetos allí. No tenía tiempo para estudiar las pinturas. De repente, me acordé de la foto que había tomado. —Tomé una foto de ella con mi teléfono —comencé con entusiasmo, y luego al ver la mirada oscura en el rostro de Bran, dudé—. Lo siento. Pero no iba a mostrárselo a nadie. Consideró esto, pero todavía se veía molesto. —Bueno, vamos a echar un vistazo —dijo Papy. Mientras pescaba en mi bolso, mi estado de ánimo se hundió. —Está en la maleta en la casa del Sr. Gold —dije—. En cualquier caso, tomé una foto de toda la pared. Dudo que la inscripción fuera legible desde la distancia que tomé la foto. —¿Te acuerdas de cualquier otro detalle de la pintura? —preguntó el Sr. Gold. —Sí —dije, mirando hacia Bran para su aprobación. —Adelante, niña —dijo con un suspiro—. Puedo permitir la divulgación de los secretos de mi familia en una emergencia como ésta.

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Sintiéndome segura, dije: —Por lo que puedo recordar, había un curandero con llamas en los dedos, así como varios revenants, y parecía que estaban llevando a cabo un procedimiento mágico. Había definitivamente fuego, alguien con una antorcha. Y un revenant tenía cortado el brazo y sangraba en el cuenco. —Creo que tengo un par de urnas funerarias con el mismo tipo de imagen —dijo el Sr. Gold, frotándose barbilla—. Hay tantas ceremonias místicas cuyo significado se perdieron con el tiempo. La urna en cuestión muestra una de las varias por las que siempre me he preguntado. —Lleno de emoción, nos dirigió lejos del thymiaterion hacia una mesa con varias decenas de recipientes de piedra, cada uno del tamaño de un buzón. —Se trata de la versión romana antigua de urnas funerarias, que se utiliza para guardar las cenizas del difunto después de la cremación — explicó—. Aquí está una que muestra lo que se sospechaba era un golem, que se ajustaría a tu descripción de una figura acurrucada —dijo él, señalando a un recipiente tallado con una espeluznante escena. —¡Golems! —exclamó Papy—. Kate y yo estábamos hablando de golems el otro día. Eso tiene mucho sentido —dijo él. Nos reunimos más para inspeccionar la talla. Casi idéntica a la pintura mural en la cueva del curandero, que mostraba una figura de muñeca sin pelo o de aspecto rizado en un recipiente circular, del mismo tamaño que el tazón de thymiaterion del Sr. Gold. Junto a él, una figura con un halo de fuego cortaba su brazo con un cuchillo y dejaba goteando sangre en la muñeca, donde se extendía en un charco alrededor del golem encorvada hacia arriba. Otra mujer, ésta sin halo, inclinaba su boca junto a la cabeza de la figura. Sus labios se fruncían en forma de “O”, y parecía estar soplando en la cara del golem. A su lado, un hombre levantaba las manos por encima de las piernas de la criatura. Cinco llamas parpadeaban sobre su cabeza, así como al final de cada yema del dedo, y por encima de sus manos revoloteaba una nube de fuego. Una cuarta figura sin aureola visible estaba detrás de ellos sosteniendo una caja en una mano y una antorcha llameando en la otra. —Parece una guía paso a paso sobre cómo dar a un alma errante —señalé la nube ardiente, un cuerpo. —Mi corazón latía tan rápido que sentía que iba a tener un ataque al corazón si no me calmaba. ¡Podríamos haber encontrado realmente nuestra respuesta!

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Creo que podrías tener razón, llegaron las palabras de Vincent. Desde su aliento, sonaba como emocionado. Bran empezó a saltar alrededor con nerviosismo. —Solo mirar esta imagen está despertando algo en mí. Algo primordial. Creo que estamos en el camino correcto. Eché un vistazo a Jules, y vi que su mirada hosca había sido reemplazada por una de esperanza. Encontrándose con la mía, él arrastró los pies hasta mí y me apretó la mano. —Pensé que estábamos en una búsqueda inútil —susurró—. No es que me importara, viaje gratis a Nueva York y todo. Pero ahora que lo pienso... —y por la forma en que sus ojos se iluminaron de emoción pude terminar la frase por él. —…esto podría realmente funcionar. —El hombre de arcilla —citó Bran, que estaba inspeccionando estrechamente la urna con Papy y el Sr. Gold—. Estoy pensando que esto significa que debemos dar forma a un golem como este con arcilla y ponerlo en el thymiaterion. —Él señaló a la cosa con forma de bañera del relieve, y me di cuenta por primera vez que estaba levantado fuera del suelo, tal vez a la altura de la cintura de las figuras de pie. La mujer respirando en la figura estaba de pie sobre una caja con el fin de alcanzarla. —Sangre inmortal significa que un revenant debe derramar su sangre en el hombre de arcilla —agregó el Sr. Gold, que apuntó al bardia sangrante. —Ese sería yo —se ofreció Jules, entrecerrando los ojos desconfiadamente hacia la imagen—. Parece un infierno de mucha sangre allí. —Nos miró—. No hay problema, por supuesto. Solo un comentario —dijo a la defensiva. —Puedo hacer la parte de la respiración —dije. Me había sentido bastante inútil hasta el momento, así que aproveché la oportunidad de participar. —Y parece que transferiré el aura de Vincent en el hombre de arcilla — concluyó Bran, levantando la vista de la caja a un puesto en el aire justo al lado de mi cabeza. Así que ahí es donde está, pensé con una emoción. Ha estado a mi lado todo el tiempo. —Estoy suponiendo que el golem debe ser encendido por fuego —comentó el Sr. Gold—. Esto es lo último en la lista de símbolos en el thymiaterion,

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y explicaría la antorcha que está sosteniendo —dijo, señalando al hombre en el fondo. —Todavía tenemos la caja misteriosa —afirmó Papy, señalando al otro lado de la antorcha de soporte revenant. —¿Qué podría ser? —murmuré. —Las cajas pueden representar todo tipo de cosas, desde la tentación de un espacio vacío a la prisión —dijo Papy, mirando al Señor Gold, quien asintió con la cabeza en acuerdo. —Odio interrumpir todo el pensamiento profundo que ocurre aquí — comentó Jules, con un nuevo propósito animando su voz—, pero Vincent me ha recordado que estamos trabajando dentro de un muy apretado marco de tiempo aquí, que terminará cuando nuestro ilustre enemigo decida hacer clic con los dedos y llamar a su espíritu de regreso. Empecemos con la escultura de barro y pongamos este espectáculo en camino. —Bien —dijo el Sr. Gold—. Es una suerte que el thymiaterion está aquí en el Museo. El estudio de restauración en el siguiente piso tiene una fuente de barro. Jules puede ayudarme a derribar algunas cajas en una carretilla de mano. —Pero, ¿qué hay sobre el símbolo en la caja? —pregunté. El Sr. Gold sacó un pesado juego de llaves de bolsillo y comenzó a buscar a través de ellas. Encontró la que buscaba, miró y encontró mis ojos. —Sin una pista sobre lo que representa la caja, vamos a tener que aprovechar nuestras oportunidades y trabajar sin él. —Pero… —comencé, y luego me detuve mientras oía las palabras de Vincent. Mon age, nos estamos quedando sin tiempo. Mientras nuestro grupo se dispersó, no pude evitar pensar más acerca de la caja misteriosa. Incluso si tuviéramos todos los “ingredientes”, me preguntaba si realmente funcionaría el ritual. Dejamos nuestros temores aquí. Usando solo conjeturas, ¿cómo podríamos aspirar a triunfar en algo complicado como esto? Empujé mis dudas a un lado. Esta era nuestra única esperanza. ¿Qué daño podía hacer el intentarlo? ***

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Eran casi las dos de la mañana cuando finalmente estuvimos reunidos en un círculo alrededor del thymiaterion. Aunque la colección estaba bastante bien aislada del resto del museo, el Sr. Gold estaba preocupado por algo tan grande como el golem de fuego. Había estado escabulléndose, apagando todos los detectores de humo que pudo encontrar. Papy y Bran habían estado ocupados saqueando libros de referencia del museo mientras ayudaba a Jules y al Sr. Gold con la arcilla. Mi abuelo se unió a nosotros ahora con una mirada de frustración. —No pude encontrar ninguna pista sobre el símbolo de la caja —dijo con pesar. Tomando su lugar designado, recogió la antorcha que el Sr. Gold había reunido enrollando un paño empapado en queroseno en un extremo de un palo de escoba. Jules encendió un fósforo y con cuidado lo encendió, prendió tan violentamente que él y Papy tambalearon un paso atrás de la sorpresa. La antorcha encendida proyectaba sombras largas, animando al ejército de estatuas colocadas alrededor de la habitación. El hombre de arcilla estaba acurrucado en el interior del recipiente del quemador de incienso, piel lisa y calva. El Sr. Gold había formado las manos y pies en forma de paleta simple, señalando que el golem tallado en la urna fúnebre no tenía ningún dedo en las manos y pies. Pero a Jules le dio un ataque cuando lo vio, e insistió en ser lo más realista posible. Dijo que ofendió su sensibilidad artística ver a su amigo representado de una manera tan poco favorecedora. Se fue a la ciudad por todo el asunto y cuando terminó se parecía a Vincent en una manera poco genérica. Aunque la figura fuera de un aspecto un poco extraño, parecía frágilmente humana. Como un niño dormido. Y pensar que el espíritu de Vincent podría entrar en ella y darle vida me conmovió de una manera casi visceral. Extendí la mano y rocé su superficie lisa con mis dedos. Bran se había quitado las gafas. Dijo que la clase de vista que necesitaba no las requería. Sin ellas parecía más frágil, más humano y menos caricaturesco. Tenía el aspecto como de un hombre de mediana edad, aunque se las había arreglado para tener el pelo casi oscuro, y su rostro lucía aterradoramente demacrado ahora que sus ojos no estaban magnificados. —¿Estamos listos? —preguntó, mirando a ciegas alrededor de la habitación. —Vincent, ¿estás listo? —pregunté.

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No podría estar más listo, mi amor, dijo. Asentí a los demás. —Entonces, por favor procede —respondió el Sr. Gold. Bran levantó sus manos sobre el borde del cáliz y lo colocó por encima de las piernas del golem, enfocando su mirada en el aire sobre él, donde sospechaba que Vincent estaba. Se puso así por un minuto o más, y entonces lanzó una mirada hacia Jules. —Adelante —instó. —¿No vas a decir nada? —preguntó a Jules, confundido. —¿Cómo qué? ¿Un conjuro? Soy un curandero, no un hechicero — resopló a Bran. —Está bien, entonces —dijo Jules, sonando nervioso. Pasó su brazo sobre el lado del cáliz y lo cepilló con el cuchillo esculpido de aspecto peligroso. Apretando los dientes, miró hacia mí. Levanté mis cejas. —¿Qué? —dijo defensivamente—. Bien, no me importa que lastime a alguien, pero no estoy acostumbrado a la automutilación. —Podría intervenir como reemplazo si lo prefieres —ofreció el Sr. Gold. Jules sacudió su cabeza. —Vince, me debes mucho por esto —dijo. Entonces, aspirando su aliento a través de sus dientes, cortó rápida y profundamente en su antebrazo. Sosteniéndolo sobre la figura de arcilla, dejó el torrente de sangre sobre él mientras profería una cadena colorida de palabrotas. Di un paso en el peldaño superior de la escalera que estaba colocada contra la taza. Inclinándome sobre él, fruncí mis labios y soplé una bocanada de aire como si estuviera lanzando un beso hacia la boca del hombre de arcilla. Eres tan sexi cuando respiras en mí, vinieron las palabras. Susurré. —Para, me haces reír Vincent, o vas a volver a vivir sin pulmones. —Si funciona esta extraña ceremonia, pensé. Traté de forzar al pesimismo fuera de mi cabeza y solté otro aliento hacia Clay Vincent.

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—Y ahora el fuego —dijo el Sr. Gold. Jules y yo dimos un paso atrás mientras Papy se adelantaba y tocaba con la antorcha encendida a la figura. —Ahora probablemente no es el mejor momento para señalar que la arcilla húmeda no enciende —murmuró Jules mientras las llamas farfullaban donde Papy tocó la masa empapada de sangre. Entonces, de repente, el fuego tomó vida propia y mi abuelo saltó atrás mientras el cuerpo empezaba a arder. —Está funcionando —suspiré, mi corazón se aceleró mientras me inclinaba hacia atrás para evitar las llamas. —Puedo ver su aura expandiéndose y levantándose en la habitación — dijo Bran emocionado—. Ahora necesita venir a habitar el cuerpo —dijo, colocando sus manos tan cerca de las llamas como se atrevió. —Vamos, Vince, hagamos esta cosa —murmuró Jules, mientras agarraba su herida para detener el flujo de la sangre. Kate, escuché. —Sí, ¿Vincent? Algo está mal. El miedo en su voz me heló la sangre. —¿Qué? Algo está sucediendo. Es como si estuviera en pequeñas partículas que están todas volando lejos una de la otra. Está mal. Estoy desapareciendo. —¡ALTO! —aullé—. ¡Algo va mal! —salté hacia debajo de la escalera y agarré el cubo de agua que el Sr. Gold había insistido en tener a mano, en caso de que el fuego se saliera de control. Tiré el agua sobre la parte superior del cáliz y apagué las llamas con un silbido bajo. —¡Vincent! —chillé— ¿Estás todavía ahí? —¿Qué pasó? —preguntó Bran. Parecía aturdido. —Vincent dijo que estaba desapareciendo. Que estaba esparciéndose.

—Dispersión —dijo el Sr. Gold. Bran giró la cabeza para enfrentar al revenant—. Dispersión de las almas errantes. El tercer regalo de los

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dedos de llama. Dijiste que nunca habías escuchado hablar de eso. Bueno, creo que acabo de descubrir cómo funcionaba.

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Capítulo 26 Traducido por Eva Masen-Pattinson y yuya Corregido por Maniarbl

ué diablos está dispersándose de las almas errantes? —pregunté, mi voz temblaba de pánico. Estaba temblando y sentí que iba a vomitar—. ¿Qué le acababa de pasar a Vincent? Papy apareció a mi lado y envolvió su brazo de una manera protectora alrededor mío. —Habían dos formas de tratar almas errantes. —Escuché al Sr. Gold decir—. Reencarnarlos o desvanecerlos. No todos nosotros revenants manejamos bien el hecho de vivir por siempre. En tiempos modernos, algunos optaban por el suicidio. Pero se decía que los curanderos en tiempos antiguos poseían el don de dejar ir el espíritu de un bardia en estado volant, esencialmente dispersándolo por el universo. —¿Así que Vincent acaba de desvanecerse? —me ahogué, mientras lágrimas inundaban mis ojos—. ¿Cómo lo traemos de vuelta… del universo o de donde se encuentre? —estaba tan paralizada por el miedo que ni siquiera podía sentir mi cuerpo. Si Papy no hubiera estado sosteniéndome, podría haber caído. No, mon ange. Todavía estoy aquí, dijo la voz de Vincent. Era débil y entró en mis ondas cerebrales como apenas un murmullo. —Oh, gracias Dios. Todavía está aquí —anuncié. Mis lágrimas brotaban incontrolablemente y me hundí para sentarme en el piso, descansando mi cabeza en mis rodillas. Sentí como si hubiera sido levantada, sacudida y tirada en el suelo, mi shock y alivio eran muy intensos. Papy sacó su pañuelo del bolsillo y se inclinó para dármelo. Bran retrocedió sorprendido y se sentó en el suelo y el Sr. Gold lo acompañó, apoyando un brazo alrededor de su hombro y diciendo: —Está bien, Señor Tândorn. Él todavía está aquí.

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Jules se inclinó para sentarse en el suelo junto a mí, sosteniendo una toalla en su mano. Viendo la sangre, olvidé mi angustia. —Déjame ayudarte —ofrecí agarrando el botiquín de primeros auxilios que el Sr. Gold había colocado a un lado, y limpié y cubrí su herida. —Bueno, eso fue un gran éxito —dijo Jules entre grandes bocanadas de aire—. No solo he pasado por una pérdida de sangre masiva y casi sufro un ataque cardíaco. —No nos estamos rindiendo —dije, ignorando el horrible pensamiento que seguía apareciendo en mi mente: Estuviste muy cerca de perder a Vincent por siempre—. Solo tenemos que averiguar qué hicimos mal. Apuesto que tiene que ver con el símbolo de la caja. Estamos olvidando algo. Papy subió de tono. —Me doy cuenta de que estamos en una terrible, pero muy necesaria prisa. Pero ahora que sabemos cuán peligroso es este procedimiento, ¿no sería mejor descansar por la noche y repensar todo con calma? Todos estuvieron de acuerdo. Me asustaba que mientras más tiempo pasaba, era más probable que Violette llamará a Vincent de regreso. Pero continuar sin información adicional era muy peligroso. —¿Estás bien, colega? —dijo Jules al aire, y por lo que escuché lo dijo con una débil sonrisa—. Vincent dice que es la segunda vez en pocas semanas que ha estado al borde de la destrucción permanente. Se está acostumbrando. Era de esperar que Vincent tuviera sentido del humor en un momento como este. Sabía que estaba intentando hacer que el resto de nosotros se sintiera mejor. El debería de haber estado asustado. Pensé por un momento, luego volteé hacia el Sr. Gold. —Me gustaría ver si esa cita abajo de la pintura es visible —dije—, era más larga que el verso que Bran citó. Tal vez eso nos dará una pista. —Reservé sus habitaciones en un hotel a unas cuadras de aquí — respondió—. Pero si quieren usar mi computadora para descargar y ampliar la imagen… —Tengo mi laptop —respondió Papy—. Podemos chequearla en la mañana.

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—Y para ti, Jules, di aviso a la casa de nuestros parientes localizada en Brooklyn para que te quedes con ellos —dijo el Sr. Gold—. Pensé que preferirías eso a un hotel, ya que me dijeron que conociste a varios de ellos hace algunos años en la asamblea en Londres. Jules asentó con la cabeza débilmente. —Eso suena perfecto. —Bien. Entonces llamaré a un doctor para que te vea en casa para suturar tu brazo. Mientras dejábamos el museo, el Sr. Gold detuvo a un taxi para Jules. Luego nos detuvimos primero en el departamento para recoger nuestro equipaje, Bran, Papy y yo seguimos al Sr. Gold bajando la calle hasta un pequeño hotel en Park Avenue. Estaba tan cansada en este punto que sentí que estaba caminando dormida. Ahora que la urgencia de nuestra tarea había pasado, mi cuerpo estaba repentinamente consciente que llevaba despierto día y medio. Tropecé en la habitación del hotel, arranqué mi ropa y caí en la cama. Vincent permaneció conmigo por la noche, susurrando un afectuoso Je t’adore mientras dormía y me saludó con un bonjour, mon amour cuando abrí mis ojos en la mañana. Miré el reloj en la mesa de noche. Apenas eran las seis de la mañana y ya estaba completamente despierta. ¿Te he dicho alguna vez lo linda que te ves mientras duermes? Bostecé y me di vuelta, jalando el cobertor encima de mi cabeza. —No me siento linda, me siento con jet lag —dije adormilada, y luego recordé lo que sucedió la noche anterior, me senté instantáneamente alerta. —La pregunta es… ¿cómo te sientes? Si tuviera un cuerpo, diría “débil.” Pero me siento muy desvanecido. No junto. Creo que podrías decir “descolorido.” —Oh, mi Dios, Vincent, eso realmente me asustó anoche. Casi te perdí. Pero no lo hiciste, insistió. Todavía estoy aquí. Y vamos a resolver esto e intentarlo de nuevo. Sé que estaba tratando de tranquilizarme, pero todo lo que podía sentir era miedo. Si lo intentamos de nuevo y se desvanecía… bueno, eso sería el final. Lo que no sería justo. Porque acabamos de empezar. Sabía que

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no podíamos durar para siempre, mi propia mortalidad ponía un límite al tiempo que teníamos juntos. Ochenta años, o lo que sea la expectativa de vida ahora, siempre habían parecido bastante bien, antes de que conociera inmortales. Ahora no. Había varias cosas que Vincent y yo no habíamos hecho. Más que nunca, quería conectarme con él. Sostenerlo en mis brazos, ser sostenida por él y ser lo más cercanos posibles como dos personas pueden llegar a ser. Darle todo de mí y tomar lo que él me diera. Pero esa no era una opción ahora y juzgando por como las cosas se dieron anoche, podría nunca serlo. Vincent rápidamente cambió de tema, como si pudiera ver mis pensamientos oscuros. Tu abuelo y Bran están desayunando en el café de abajo. Deslizaron una nota bajo tu puerta. —No tiene mucho uso dejar una nota cuando pudieron haber dejado un mensaje en mi contestadora inmortal —dije. Muy divertido. —Date la vuelta, vete o lo que sea —dije, quitando el cobertor de mi cara y reacomodando mi camiseta—. Tengo que vestirme. No estoy mirando, aseguró Vincent. —Sí, claro —dije cohibida, quitándome la camiseta y sacando ropa limpia de mi maleta—. ¿Cuántas veces me has visto desnuda? —Era algo que siempre me había preguntado pero nunca había tenido la oportunidad de preguntar. Soy un caballero, dijo Vincent, no un acosador. Siempre te aviso cuando estoy en la habitación. —¿Cuántas veces? —insistí. Te juro, Kate. Nunca sacaría ventaja de mi situación de esa manera. Tal vez sea algo anticuado de mi parte, pero no quiero ver hasta que me lo pidas. No pude evitar sonreír. Vincent era muy caballeroso. Dudaba que la mayoría de chicos de mi edad hubieran dejado pasar una oportunidad de ver a una chica desnuda, si la chica nunca se fuera a enterar. Caballería, una de las ventajas de salir con un adolescente que ha existido desde los viejos tiempos. Hubo silencio. No que no haya sido tentador.

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—¡Vincent! ¿Puedo ver ahora? —Sí, estoy vestida —dije. ¿Conoces la frase “Un rien te va”?, preguntó Vincent. —No —confesé. Significa que te ves bien en cualquier cosa. Creo que te ves incluso más sexy en la primera hora de la mañana que cuando has pasado tiempo embelleciéndote. Mi sonrisa ocupó todo mi rostro. —Creo que eso es lo más hermoso que un chico me haya dicho. Solo digo la verdad, dijo Vincent. —Tienes suerte de que no pueda saltar sobre ti ahora —comenté. No estoy de acuerdo, dijo. Había sentido un anhelo por el cuerpo de Vincent antes. Pero nunca cuando él estaba ahí para tocar y ahora quería tocarlo más que nunca. Ser tocada por él. Tal vez porque no era posible, pero tenía el presentimiento de que era más que eso. Habíamos esperado para hacer el amor porque no me había sentido lista. Pero este roce con la muerte, la desaparición eterna de Vincent, me había hecho darme cuenta que ese tipo de conexión era lo que yo quería con Vincent. Si me concedían la oportunidad de nuevo, esta vez diría que sí. Tratando de limpiar mi cabeza de sueños imposibles, recogí mi bolsa y la llave de la habitación y comencé a salir de la puerta cuando de repente recordé mi teléfono. Ni siquiera lo había sacado de mi maleta cuando llegué porque no estaba segura de tener servicio internacional. Además, ¿a quién iba a llamar? —Espera un segundo, Vincent. Solo voy a chequear esa fotografía —dije, sentándome en la cama. Ni siquiera sé si había salido, ya que la cueva era muy grande y mi flash era muy débil. Di click en el ícono de la cámara y ahí estaba: la última fotografía que había tomado. Había funcionado. Aunque estaba oscura en la orilla donde el flash no había alcanzado, la mitad de la pared pintada era claramente visible… expandí la imagen con las yemas de mis dedos… y ¡está enfocada!

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—Oh, mi Dios, Vincent. ¿Puedes ver? ¡Sí!, dijo. Es difícil de leer en ese tamaño, pero si la descargamos en la laptop de tu abuelo, diría que va a ser legible. —¡Vamos, entonces! —dije. Papy y Bran estaban sentados detrás de unas tazas vacías de café, estudiando un pedazo de papel. Al verme llegar, Papy sirvió una taza de la jarra que estaba en la mesa y la colocó en el asiento junto a él. —¡No hay tiempo para café! —dije—. La fotografía de la cueva. ¡Funcionó! Necesitamos tu laptop, Papy. Mi abuelo me dio la llave de su habitación y regresé con la laptop en minutos. Conectando mi teléfono, esperé un segundo hasta que la imagen apareció, luego seleccioné la pintura con la reencarnación y recorté lo demás. —La imagen es muy similar a la que estaba en la urna de Theodore— Papy acordó. —¿Podemos ver las palabras más de cerca? inclinándose hacia el ordenador.

—preguntó Bran,

Le di al zoom y la inscripción llenó la pantalla. Mientras Papy comenzó su traducción del latín, Bran garabateaba sobre la hoja de papel. Un hombre de barro es solo barro hasta que su hermano derrama su sangre aliento mortal se animará las propias cenizas del muerto renacerán una vez que estos elementos se combinen las llamas enfriando se entrelazan el espíritu con forma inanimada para que el alma errante renazca. —¿Las propias cenizas del muerto? ¿Significa eso las cenizas de Vincent? —le pregunté, y una alarmada ola de frío me envolvió. —Eso es lo que parece sugerir —señaló Papy. Se aclaró la garganta y miró incómodo—. ¿Hay alguna manera para que podamos conseguir las cenizas de Vincent?

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—Lo dudo mucho —le dije—. Han pasado días desde que Vincent se quemó. —Me sentí enferma. No podía creer que habíamos llegado tan lejos solo para encontrarnos con un problema sin solución. —Tal vez Violette guarde algunas de sus cenizas. ¿Para obtener algún tipo de uso? —sugirió Bran dudoso. No, oí a Vincent decir. A ambas sugerencias. Yo estuve allí después. Y vi a una de las personas de Violette barrer mis cenizas en una bolsa y tirarlas a la basura. Fue una de las cosas más horribles que he experimentado. Transmití esto a Papy y a Bran, y ambos se callaron. —Cenizas —dije, pensando en ello—. Ese debe ser lo que representa el símbolo de la caja. Papy asintió. —¿Y recuerdas la imagen tallada en el lado de la urna funeraria de Theodore? El hombre con la antorcha tenía una caja en la otra mano. Tiene sentido. Las cenizas se guardaban en cajas de piedra, tal como una urna con forma de caja representa una escena de reencarnación. Elegí un panecillo de la cesta de pan y comí en silencio mientras los hombres estudiaban la imagen. —Bran, ¿cuál era su poema de nuevo? —le pregunté. Le dio la vuelta al papel para mostrar el verso ya transcrito en la página. Eso es lo que él y Papy había estado estudiando cuando llegué. Lo leí en voz alta: El hombre de la arcilla al hombre de la carne sangre inmortal y aliento humano huellas hacer el vínculo del espíritu llamas dan al fantasma cuerpo y mente. Lo estudié durante un minuto y dije: —Cuando el poema de Papy menciona “cenizas”, el de Bran menciona “huellas”. —Bueno, he traducido la palabra original Breton como “huellas”, pero también significa “restos”. —El interés parpadeó en los ojos de Bran.

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—Cenizas. Restos —dije, mi cerebro trabaja al doble de velocidad—. La ceremonia necesita algo de Vincent para vincular su espíritu a la figura de barro. De lo contrario se dispersa su espíritu. Y entonces me di cuenta. —Tengo algo —grité, poniéndome en pie y tirando de la cadena de alrededor mi cuello. Desde debajo de mi camisa, saqué los pendientes que nunca vieron la luz, el signo y el memento mori que Jeanne me había dado. Los hombres me miraban con curiosidad mientras sostenía el medallón hacia ellos—. Sé que posee un mechón de cabello de Vincent. La adrenalina corría por mis venas, haciéndome querer correr a toda velocidad de nuevo a la Met, arrastrando a Papy y a Bran conmigo, para probar el nuevo ritual. No podía creer que había estado usando la pieza faltante del rompecabezas alrededor de mi cuello en los últimos días. —¿De dónde sacaste eso? —preguntó Papy. —Jeanne me lo dio. Ella mantiene mechones de pelo de todos los revenant a su cuidado en estas pequeñas cajas. —Qué extraño —comentó Bran. —Su madre lo hacía y su abuela, también. Es, como, una tradición familiar. Papy golpeó la mesa con entusiasmo. —Lo cual, evidentemente, se inició a causa de algo así como esto —dijo— . Jeanne ni siquiera sabía lo que estaba haciendo manteniendo la costumbre, y quizá tampoco su madre o su abuela. Pero en algún lugar a lo largo del camino, un guardián revenant comenzó esta tradición en el caso de que los restos fueran necesarios para este procedimiento de reencarnación. ¡Fascinante! —¡Así que lo encontramos! —dije, tocando la mano de Papy y deseando que viniera conmigo—. Encontramos la solución. Será mejor hacérselo saber al Sr. Gold. —Tengo su número —dijo Papy. Sacó su teléfono móvil y comenzó a marcar. A la media hora estábamos todos de pie alrededor del nuevo quemador, Jules había tomado un taxi hacia Brooklyn en el momento que el Sr. Gold llamó. Un ventilador grande estaba absorbiendo el humo de la antorcha.

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Ahora que era de día, al Sr. Gold le preocupaba que los transeúntes de arriba en la calle o en el museo, una vez que se abriera, olieran el fuego. Todo el lío del agua mezclada con el barro del día anterior había sido limpiado durante la noche. Sospechaba que fue trabajo del Sr. Gold. Me senté junto a Jules, que parecía distintivamente verde. —¿Estás bien? —le pregunté. —No estoy muy emocionado por volver a cortarme el brazo —dijo, utilizando unas diminutas tijeras con cuidado para recortar los puntos que le habían dado la noche anterior—. Vincent lo vale, por supuesto. Pero voy a tratar de cortar el mismo lugar, así que no tendré dos grandes heridas que tratar hasta que esté dormido en un par de semanas. —¿Cómo te fue anoche con la nación de Nueva York? —le pregunté. —Bien —dijo, mirándome con una expresión que decía que no tenía ganas de hablar de ello. —¿Conocías a alguien en la casa? —insistí. —Sí. Había un par de chicos que vinieron a Europa para una convocatoria hace unos diez años. —Él suspiró y miró hacia abajo a sus puntos de sutura, cortando otro de los pequeños hilos negros—. Fue realmente agradable. Me prepararon una fiesta de “bienvenido a América”, que comenzó tan pronto como el médico cosió mi brazo y duró hasta que me fui esta mañana. —Yo era como una luz —admití—. Eso tiene que ser una de las grandes ventajas de la comunidad de zombis, no tener jet lag. Jules sonrió. Una autentica sonrisa de Jules. Era agradable de ver. —Está bien, tenemos que avanzar ahora, gente, antes de que los primeros empleados lleguen —impulsó el Sr. Gold. —Un placer —comentó Jules secamente. Se puso de pie y extendió su brazo para ayudarme a levantarme. Me senté en la escalera y miré por encima del borde de la thymiaterion de Clay Vincent. Jules se situó a mi derecha, y Bran justo enfrente de nosotros mientras Papy se preparó con la antorcha. Un silencio nervioso se apoderó de nuestro pequeño grupo. Bran había extendido sus manos hacia fuera, y Jules acababa de levantar el cuchillo cuando oí a Vincent decir: ¡No!

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—¿Qué pasa, Vincent? —le pregunté. Todo el mundo se congeló. Violette me está empujando hacia atrás. Me siento siendo arrastrado lejos de aquí. —¡Lucha, Vincent! —insistí. —¿Qué pasa? —preguntó el Sr. Gold. —¡Violette está tratando de traerlo de vuelta! —¿Todavía está aquí? —gritó Papy. —Sí, pero puedo verlo siendo arrastrado hacia arriba… aunque parece que se resiste. Debemos proceder rápidamente —dijo Bran, y extendió las manos por encima de la figura de arcilla. Abrí el medallón, saqué el mechón de cabello del interior y me quedé allí, preguntándome qué debía hacer con él. Luego, tomando una rápida decisión, apreté firmemente al lado del hombro del hombre de arcilla con el pulgar. No vi a Jules cortarse el brazo por segunda vez. No podía verlo. Pero allí estaba él, sangrando profusamente de nuevo encima del golem, mientras me inclinaba hacia delante para soplar suavemente sobre la cara. Vi a Bran llegar hasta la “invisible para mí” aura de Vincent. Él hizo un gesto como si estuviera agarrando y tirando de él hacia abajo, hacia el hombre de barro. Kate, la voz de Vincent. No sé si puedo luchar… Su voz desapareció. —¿Todavía está aquí? —lloré, buscando frenéticamente a través de la copa de Bran. Bran miró hacia arriba y sacudió la cabeza. —No. Se ha ido. Papy bajó la antorcha. El Sr. Gold estaba al lado del cubo de agua, mirando impotente. Jules bajó su brazo sangrante para descansarlo en el borde de la thymiaterion y levantó la otra mano a la frente. Yo no lo podía creer. Estábamos tan cerca de traer a Vincent de vuelta, y Violette eligió este momento crucial para recuperarle. Un odio como nunca antes había sentido estableció todo mi cuerpo en llamas. Ella no hará esto. Violette no se llevará a Vincent lejos de mí. Este no sería el final. La rabia y la furia de lo que acababa de suceder se forjaron juntas

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como el hierro en mi pecho. Impulsado por algo más grande y mayor que yo, algo primitivo, ordené: —Vuelve, Vincent. ¡Ahora! —mi voz se hizo eco a través de la oscura sala. Y luego, en voz tan alta que parecía que había colocado un megáfono junto a mi oído, escuché: He vuelto. Pero no por mucho tiempo. ¡Hazlo rápido! —¡Ha vuelto! ¡Vamos! —grité. Papy se adelantó y sostuvo la antorcha sobre la figura de arcilla. Mientras que el aire de su alrededor estalló en llamas azules, Jules saltó hacia atrás y me caí de la escalera al suelo. —¡Vincent! ¡No te vayas! —grité, luchando por levantarme. Mi corazón latía con violencia, me agarré al lado de la copa metálica y exhalé hasta que vi. Las llamas ardieron más altas, formando una bola de fuego gigante, que luego estalló con un ruido silbante alto, como un gran viento, dejando pequeñas llamas azules lamiendo y en todo el cuerpo como un quemador de parafina. Bran estiró sus manos tentativamente hacia el fuego. —Frío. Las llamas son frías, como “las llamas enfriando” de la inscripción que encontraste, Kate — dijo, mirándome—. Hay que trabajar. Mientras hablaba, los bordes del hombre de arcilla comenzaron a brillar, como el aire lo hace con el calor intenso, y la forma lumpen se hizo gradualmente más varonil. —¡Algo está sucediendo! —lloré. Estaba paralizada por la lucha y la esperanza—. Por favor, que funcione. Vuelve, Vincent. Tienes que volver —susurré suplicante. La arcilla roja se convirtió en piel aceitunada, y la cabeza calva se convirtió ondas de cabello negro azabache. La cara que Jules había esculpido cuidadosamente se convirtió en una verdadera nariz, la boca y los ojos cerrados, como si estuviera durmiendo. Pero yacía allí, quieto y sin moverse, hasta que, centrándose en el aire justo por encima, Bran gritó: —¡Ven, espíritu bardia, habita en este cuerpo! —hizo un gesto final, como si estuviera tirando del aura hacia abajo y palpó sus dedos en el costado del cuerpo.

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Los ojos se abrieron de golpe y Vincent dio un gran suspiro al tragar, como si estuviera tratando de tragar todo el oxígeno en la habitación. —Vincent —dije, con el corazón en la garganta. Sus ojos volaron a los míos. Se extendió hacia mí, me cogió la mano y se la llevó a su mejilla. Su piel ardía, como con fiebre. Besé sus dedos, y su piel olía como el fuego y tierra empapada. Como el chico que pensé que nunca volvería a tocar.

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Capítulo 27 Traducido por Nanami27 Corregido por Maniarbl

o fue sino hasta que Jules y el Sr. Gold ayudaron a Vincent a descender del thymiaterion que nos dimos cuenta de que había olvidado un elemento esencial para la resurrección de un espíritu en un nuevo cuerpo. Ropa. Esta era la primera vez para mí. Lo más que había visto de Vincent hasta ahora era post-entrenamiento con solo una toalla alrededor de su cintura. Pero notando a Papy mirándome fijamente, me di la vuelta y crucé mis brazos, esperando a que los demás envolvieran una manta de embalaje de plata a su alrededor antes de lanzarme sobre él. —Kate —dijo, tambaleándose un poco, y luego me empujó con fuerza hacia él y besó la parte superior de mi cabeza. Yo levanté la boca por un beso de verdad, y sus labios fueron como una revelación. Como nuestro primer beso, solo que unas cien veces mejor. Vincent me sonrió débilmente, y luego sus ojos se cerraron cuando su cabeza cayó hacia adelante y se desmayó en mis brazos. Ahora era yo la asombrada, cuando me encontré sosteniendo todo su peso. Jules corrió a ayudarme a bajar el cuerpo inconsciente de Vincent sobre el suelo. Sostuve su cabeza en mi regazo mientras el Sr. Gold comprobaba su presión arterial. —Qué estúpido de nosotros —reprochó—. Deberíamos haber planeado tener alimentos y agua aquí para él. Probablemente está en un estado similar al despertar de latencia, terriblemente débil y necesitado de alimento. Vamos a llevarlo rápidamente a casa. —No podemos sacarlo a la calle desnudo —dijo Papy. Jules se quitó la camiseta y lo ayudé a arrastrarla por encima de los brazos y la cabeza de Vincent. Lanzando el suéter que él había tirado a un lado cuando sangró, Jules dijo:

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—Dame las llaves, Theodore. Vi monos de algunos trabajadores en el taller de restauración donde nos dieron la arcilla.

A los diez minutos estábamos haciendo nuestro camino fuera de la sala gigante, tejiendo de arriba abajo los pasillos hasta llegar a una puerta de servicio pequeña donde no había ningún guardia para presenciar un inconsciente Vincent cargado entre Jules y el Sr. Gold. Nos las arreglamos para conseguir que pase a través de la calle y dentro del edificio de Gold con solo unas pocas miradas curiosas de los transeúntes de la mañana. Una vez dentro de la seguridad de la vivienda, Jules y el Sr. Gold recostaron a Vincent en uno de los sofás del vestíbulo. —Oh. Estoy sangrando otra vez —dijo Jules, simplemente, mirando la sangre corriendo de su brazo. Nuestro anfitrión desapareció en un instante, y regresó con un vendaje de lino. Lo envolvió con fuerza alrededor de la herida de Jules antes de que lo llevara a otro sofá y lo persuadiera para que se acueste. Vincent estaba respirando, pero todavía no estaba consciente. Bran se sentó a su lado y estudió su cara blanca como un papel. —Su aura es muy débil —comentó. —Rápido. Obtén un poco de sustento para Vincent. La cocina está por allá —ladró el Sr. Gold junto a Jules. Papy y yo irrumpimos por el pasillo y comenzamos a peinar a través de una impecablemente limpia y totalmente blanca cocina en busca de comida y bebida. Agarré una bandeja de la encimera y la cargué con un plato de almendras, unos plátanos, algunos tarros de yogur francés, y una barra de pan de grano entero, y Papy añadió una caja de cartón de jugo de naranja y una botella de agua de la nevera. Cuando regresamos a la sala de estar, el Sr. Gold estaba hablando por teléfono, diciendo a su médico que viniera de inmediato, que se trataba de una emergencia. Me senté en el sofá junto a Vincent y, apoyando su cabeza hacia delante con una mano, vertí un poco de agua a través de sus labios. Tan pronto como el líquido golpeó la parte trasera de su garganta, escupió y se sentó, abriendo los ojos y mirando a su alrededor salvajemente. —¿Dónde estoy? —preguntó, y luego vio mi rostro, inmediatamente se relajó.

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Y, por último, ahora que la crisis había terminado, era como si un interruptor hubiera sido activado y la habitación estalló en un frenesí de alegría. —¡Lo hicimos! —exclamó el señor Gold, rompiendo en un baile de celebración divertido. —Gracias a los dioses —dijo Jules con una expresión abrumada de alivio, y se dejó caer en el sofá. Papy empezó a aplaudir, lo que animó al Sr. Gold para añadir una pequeña patada al final de su danza, antes de correr hacia Bran y apretarlo en sus brazos, acariciando su espalda con firmeza. —¡Tú lo hiciste! —el Sr. Gold aplaudió. Bran parecía tímido, pero sus ojos brillaban en la victoria. —¡No lo puedo creer! —dijo—. Mi primera acción como guérisseur fue una reencarnación de un espíritu revenant. Si solo mi madre hubiera visto eso. —Toda la línea de guérisseurs antes de ti se sentirían orgullosos, y los que vengan después de ti hablarán de este evento con temor —dijo el Sr. Gold. Salvado arregló para lucir fieramente orgulloso y, al mismo tiempo, como si todo lo que quisiera hacer fuera ir un lugar para esconderse. Me quedé allí sentada radiante de alegría y alivio, mi amor desbordante al tocar el rostro de Vincent y acariciar su pelo. —¿Cómo te sientes, mon amour? —pregunté, robando su apodo para mí. —Mi visión es muy borrosa —dijo, parpadeando—. Estamos de vuelta en el apartamento de Gold, ¿verdad? —Correcto —confirmé—. Estamos de vuelta en el apartamento de Gold y estoy tocando tu pelo y mirando tus ojos y escuchando tu voz real y... apenas puedo creerlo. —Cuando me incliné hacia delante para cepillar mis labios contra los suyos, mi corazón sintió como si fuera a estallar. —Yo no soy médico, pero supongo que necesita más alimento que besos —bromeó el Sr. Gold. Sonrojándome, sostuve el vaso de agua para Vincent mientras bebía profundamente y luego recogió algunas almendras de la taza y las echó en su mano. Haciéndolas estallar en su boca, él puso su cabeza en mi regazo mientras masticaba, sin apartar los ojos de mí. Agarró mi mano

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como si tuviera miedo de ser arrastrado de nuevo en el éter. Con la mano libre, le di un plátano y más agua y un poco de color empezó a mostrarse en sus mejillas. Después de esperar un rato, Bran le preguntó: —¿Puedes hablar? —Él y Papy habían sacado las sillas junto al sofá de Vincent y lo miraban con miradas curiosas. —Tal vez deberías esperar —sugerí, pero Vincent me apretó la mano. —Está bien —dijo él. —Entonces, ¿qué estaba sucediendo exactamente cuando el antiguo trató de lanzarte de regreso a ella? —preguntó el guérisseur. Vincent se quedó mirando el techo, tratando de recordar. Suspiró profundamente. —Estaba allí por encima de ti, solo un poco flotando —dijo—. Entonces, de repente, me paré y barrí sobre la ciudad hacia el Océano Atlántico. Y entonces oí la voz de Kate —dijo, cambiando su mirada hacia mí—, y de repente tuve la fuerza para frenar el movimiento, y luego se detuvo, y me moví en la dirección opuesta hasta que estuve de regreso con ustedes. —Tal vez la gran distancia física entre tú y Violette redujo el poder de la unión —sugirió Papy. —Tal vez —dijo Vincent—. Ella no pudo saber que estaba al otro lado del mundo cuando me llamó de regreso a ella. —En cualquier caso, estás de vuelta —dijo el Sr. Gold, dejando el lado de Jules—. Y hemos conseguido algo que no se ha hecho en, que yo sepa, siglos. Un evento pionero en la recién renovada relación entre el bardia y la llama de dedos —dijo, dirigiendo esta última afirmación a Bran. —Gracias... a todos ustedes —dijo Vincent, mirando alrededor de la habitación—, por su ayuda y —miró a Jules— por su devoción. —Me hubiera abrazado a él allí mismo si mi Papy no hubiera estado sentado justo frente a nosotros. Además, tenía miedo de lastimarlo. Estaba tan débil. —No hay necesidad de agradecer —dijo el Sr. Gold—. Estamos todos juntos en esto. Ahora tenemos que planear tu recuperación y evaluar si estarás lo suficientemente fuerte como para volver a París. Pero, lo primero es lo primero. —El cogió el teléfono y marcó—. Gaspard —dijo

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después de una corta espera—. Sí, Theo aquí. Tengo muy buenas noticias. ¿Quieres hablar?, el Sr. Gold articuló a Vincent, quien asintió con la cabeza y tomó el teléfono de él. —¿Gaspard? Sí. Soy yo. Una exclamación de sorpresa se oyó desde el otro extremo de la línea. —Espero que menciones mi gran sacrificio —gritó Jules desde el otro lado de la habitación. Mientras Vincent comenzaba a relatar la historia a Gaspard, Papy tuvo la oportunidad de hacer su propia llamada. —Emilie, chérie, ¿la ceremonia de reencarnación de la que te hablé anoche? Bueno, lo intentamos de nuevo hace un momento, y funcionó. —Él sonrió ampliamente a mí—. Sí, estamos todos muy aliviados. Por supuesto, puedes hablar con ella. Papy me pasó el teléfono, que tomé con una mano, porque no iba a dejar ir a Vincent por un segundo. —Cariño, ¡qué maravillosa noticia! —exclamó mi abuela—. ¿Cuándo vas a volver? —Un médico está en camino ahora —dije mientras el timbre sonó—. Estamos esperando a ver cuánto tiempo tomará a Vincent estar lo suficientemente fuerte como para viajar y estaremos de vuelta. Mientras hablaba, un hombre con un maletín de médico entró. No estaba sorprendida de ver que tenía el aura bardia a su alrededor: había dudado de que el Sr. Gold pidiera a un médico mortal que atendiera a Vincent. Se estrecharon la mano y el médico se dirigió a Jules primero. —¿No cosí esto ayer? —preguntó con consternación. —Sí, bueno, vamos a llamarlo “trastorno por estrés repetitivo” — respondió Jules, luego hizo una mueca cuando el médico le dio un golpe cerca de la zona de la herida. —Mejor me voy, Mamie —dije. —Me aseguraré de decirle a Georgia tus noticias, y no puedo esperar a verte a ti y Vincent de regreso aquí en la casa. Dale un abrazo grande por mí.

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Colgué el teléfono, desconcertada. Un abrazo para Vincent, ¿de Mamie? Ese gesto en sí me recordó lo mucho que me amaba. No podía detener la sonrisa que se extendió por mis labios, y al verla, Vincent me devolvió la sonrisa. Pero desde que colgó con Gaspard, había algo más en sus ojos: preocupación. Estaba a punto de preguntar qué le había dicho Gaspard cuando el médico interrumpió. —Entonces, ¿qué tenemos aquí? —preguntó. Vincent levantó una ceja al señor Gold, quien respondió: —Vincent aquí era un inactivo seguidor con una muerte violenta, y no recibió sustento durante un buen rato después de despertar. No del todo una mentira. Sospechaba que la historia la reencarnación no era algo que el señor Gold quería prodigar. ¿Quién sabía qué vínculos Violette aún tenía en el mundo revenant? Había sido solo unos pocos días desde que su traición había sido descubierta. Me levanté para que el médico pudiera sentarse y tomar la presión arterial de Vincent. Bran cruzó la habitación y comenzó a tomar notas en uno de sus libros encuadernados en cuero. Añadiendo un evento sin precedentes para los registros dedos de fuego, pensé. El Sr. Gold y Papy estaban al lado de una ventana conversando. —Durante el tiempo que hay que esperar que Vincent se recupere estaría encantado de volver al museo y mostrarte la colección más a fondo, ahora que no tenemos problemas más acuciantes en nuestras mentes —dijo el Sr. Gold mientras caminaba hacia ellos. —Eso sería un honor que no podía dejar pasar, Theodore —dijo Papy. —Por favor, llámame Theo. Tú también, Kate —dijo, guiñándome un ojo. —Solo si me llamas Antoine —señaló Papy, y agarró el brazo de Theo cálidamente. —Vas a estar bien —oí que el médico decía a Vincent—. Pero recomendaría encarecidamente reposo en cama por el próximo par de días. —¿Dos días? —dijo Theo. —Dos o tres —aclaró el médico, cruzando los instrumentos y poniéndolos de nuevo en su bolsa. Vincent esperó hasta que Theo cerró la puerta al médico antes de hablar.

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—Eso no será posible —dijo, tratando de incorporarse. —¿Por qué no? —preguntó Theo, mirando sorprendido. Vincent apoyó la cabeza en la almohada, sofá y dijo con voz débil: —Porque en París, la guerra ha comenzado.

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Capítulo 28 Traducido por QueenDelC Corregido por Marce Doyle*

ué se supone que significa eso? —preguntó Theo, horrorizado. Dio una zancada y se sentó al pie del sofá. —Gaspard acaba de informarme que numas han estado llegando a París en grupos numerosos. Nuestros aliados en toda Francia han reportado que están dejando sus propias ciudades y se dirigen a la capital. No ha habido señal de Violette, pero nadie duda del hecho de que está orquestando una ofensiva contra los bardia. —La voz de Vincent se estaba desvaneciendo. —Muy bien. Llamaré a Gaspard para tener más detalles de lo que está pasando en París. Pero no serás de mucha ayuda en este estado. Tienes que recobrarte antes de que podamos pensar en ponerte en un avión. — Vincent ni siquiera intentó pelear con Theo. No tenía la energía. Jules se había sentado arriba escuchando el anuncio de Vincent. Theo preguntó: —¿Y tú qué tal? ¿Te sientes mejor? —Aún débil, pero nada que un buen sándwich no pueda curar —dijo, aunque se veía un poco mareado para mi gusto. Theo tomó el teléfono y pidió una orden en un restaurante, y luego telefoneó a Gaspard para preguntar sobre el estado de las cosas en París. Quince minutos después, todos estábamos entrándole a una gran variedad de sándwiches, pepinillos y papas saladas. Vincent se detuvo después de un par de mordidas. —Estoy demasiado cansado para comer —me dijo—. Aunque no quiera quitarte los ojos de encima ni un segundo, necesito ir a descansar, mon amour —dijo, sus ojos brillando mientras tocaba mi mejilla con sus dedos.

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Le doy vueltas a un mechón de cabello oscuro con mis dedos y le sonrío, sintiendo como si diecisiete años de navidades, cumpleaños y deseos a estrellas fugaces se hubieran combinado en este momento. Era la chica más suertuda del mundo. —Siéntete libre de usar mi habitación —dijo Theo. —También estoy demasiado cansado para caminar. El sofá está bien — respondió Vincent, y luego se dio la vuelta sobre su lado de frente al respaldo del sofá y cerró los ojos. Lo cubrí con una manta que había traído Theo, luego dejé mi silla junto al sillón para unirme a los otros en la mesa cerca de la ventana. —Dime lo que pasó con Violette —le estaba preguntando Theo a Jules, quien se lanzó a la historia comenzando con el momento en el que Violette y Arthur se mudaron a La Maison, y continuó hasta que descubrí que había traicionado a los bardia desde el principio y ahora era la líder de los numa de París. —Le dijo a Kate, aquí —dijo Jules, señalándome con la cabeza—, que su plan era derrocar a Jean-Baptiste y a los suyos usando la fuerza de los numa y la fuerza robada del Campeón, quien ella creía que era Vincent. Ella le había estado lavando la cabeza para la destrucción, lo había convencido que seguir el Camino Oscuro le ayudaría a aliviar el dolor de su resistente muerte, cuando en realidad lo estaba debilitando hasta el punto en el que ella lo pudo vencer con facilidad. —¿Estás seguro de que Vincent no es el Campeón? —le preguntó Theo a Bran. —Cien por ciento seguro —afirmó Bran, levantando un pepinillo y estudiándolo con cuidado antes de darle una mordida en una orilla. Hizo una mueca y lo colocó tan lejos de sí mismo como le fue posible en su plato. —¿Cómo puedes estar tan seguro? —preguntó Papy, pero lucía avergonzado al interrumpir una discusión supernatural. Theo negó con la cabeza. —Ahora llevas nuestro signo, Antoine. Participaste en la ceremonia revenant de mayor misticismo que he visto. Y tu hija es la amada de un bardia. Tienes el derecho de hacer preguntas. —Gracias —dijo Papy.

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—Es por su aura —respondió Bran—. Tiene el aura revenant, que los dedos en llamas describen como “un aura como un bosque de fuego”. Pero nuestra profecía dice que el aura de Victor “arde como una estrella encendida”. El aura de Vincent no es diferente de la de Jules. O de la nuestra —dijo, asintiendo hacia Theo. —¿Entonces cómo sabemos que el Vencedor siquiera está aquí? — preguntó Theo. —No está aquí. Aún falta que llegue —dijo Bran, empujando su plato con un gesto cortante. —¿Pero no ibas a dejar que Jean-Baptiste desfilara por todo el bardia de París frente a ti para revisar? —pregunté—. ¿Por qué harías eso si no estuvieras seguro de que el Vencedor aún no está aquí? Bran se encogió de hombros. —Esa fue “su” sugerencia, no la mía. Y parecía muy determinado. —¿Pero “cómo” sabes que ya viene el Vencedor? —insistió Theo. —Porque soy el Vidente de los Vencedores. No habría venido si pronto no hubiera un “vencedor” que “ver” —respondió Bran de forma irritable. Un silencio se asentó en la habitación mientras todos miraban fijamente a Bran. Él me movió nerviosamente algo incómodo. —¿Cómo sabes que eres el Vidente de los Vencedores? —preguntó Jules, inclinándose sobre sus codos y juntando sus manos. —Sentí que sucedió cuando toqué la mano de su líder. En ese punto, había recibido el don. Sé que lo tengo al igual que mi madre supo que ella no lo tenía —dijo simplemente, como si fuera la cosa más obvia del mundo. —Entonces así es como “tú” sabes que el Campeón vendrá durante lo que dure tu vida —dije—. ¿Pero por qué Violette estaba tan segura de que iba a llegar antes? —La profecía de los revenants es la misma que la de los dedos en llamas —respondió Bran—. Es la Tercera Era en el calendario de los revenants, y lo ha sido desde la Revolución Industrial. Así que obviamente ella debió haber estado esperando desde entonces. Debió haber pensado que vio las características del Campeón representadas en Vincent.

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—Me arden los oídos —llamó Vincent desde el otro lado de la habitación—. Y mi garganta. ¿Podría tomar un poco más de agua, por favor? —Me levanté y acerqué la mesa de centro con los refrigerios hacia el sofá de Vincent para que estuvieran a su alcance. Los hombres se levantaron y Theo comenzó a limpiar la mesa. —Deberíamos dejar a Vincent descansar en paz para que pueda curarse lo antes posible —dijo. —Quiero quedarme con él —insistí. —Claro, querida —me tranquilizó Theo—. Pero al resto de ustedes, ¿les gustaría unirse a mí en un tour más extenso de la colección revenant en el museo? Papy y Bran acordaron de inmediato, pero Jules caminó de regreso a su sofá y se dejó caer. —Ahora que mis sangrientas responsabilidades han terminado, creo que también me quedaré —dijo, cerrando sus ojos. Una vez que los otros hombres se fueron, me senté mirando a Vincent por un rato. Su respiración era poco profunda, y aunque sabía que no está durmiendo, no podía dormir hasta su próximo estado latente, parecía que tampoco estaba aquí. Lo dejé para que descansara y fui directo al librero de Theo, dejando en la mesa de centro un libro sobre el Nueva York de Edith Wharton. No me sorprendió en lo mínimo cuando vi mencionado a Theodore Gold como parte del círculo de Wharton, y sonreí cuando lo encontré junto a un grupo de personas en un baile de sociedad, usando esmoquin y sombrero de copa. Seguí revisando a Vincent, pero después de un par de horas, cuando él no se había movido, dejé mi libro a un lado y fui a mirar por las ventanas. Escuché movimiento desde el otro lado de la habitación y me volteé para ver a Jules mirándome desde su sofá. —¿Qué? —pregunté, de repente sintiéndome cohibida. —Oh, nada —respondió—. Solo que regresas y pasas todo tu tiempo aquí enjaulada en un apartamento. Un tanto depresivo, ¿no crees? —Bueno, vi una colección secreta de arte supernatural escondida en el sótano del Museo Metropolitano de Arte. No está tan mal —replicó con un fruncido de cejas en broma.

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—¿Quieres ir a caminar? —dice Jules, levantándose del sofá y caminando hacia mí—. Es mi primera vez en Nueva York, y si no me desmayo por perder tanta sangre, quisiera ver un poco de afuera. ¿Me harías el honor de ser mi guía turística? —Pero no debería dejar… —comencé. Tomó mi mano y me jaló hacia la puerta. —Vincent se sanará más rápido sin que estés merodeando y preocupándote por él. ¿Cierto, Vince? —lo llamó Jules mientras tomaba nuestros abrigos. Vincent murmuró: —Enséñale Nueva York a Jules, Kate, o nunca se callará. —Y puso la manta sobre su cabeza. —¿Lo ves? —me dijo Jules, y abrió la puerta hacia el pasillo—. Descansa, hombre —le volvió a llamar a Vincent, su voz completamente seria—. Acabamos de recuperarte. Ahora necesitamos que te vuelvas más fuerte.

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Capítulo 29 Traducido SOS por es.Twilight Corregido por Marce Doyle*

olo estamos dejando a Vincent un par de horas, ¿no? —le pregunté cuando estábamos en el elevador, de pronto asustada de que pudiera desaparecer mientras no estábamos. Building20?

—¿Eso es suficiente para que me lleves al Empire State — preguntó Jules.

Estudié su rostro para ver si estaba bromeando. —¿De verdad quieres ir al Empire State Building? —pregunté. ¿La cosa más turística que hacer en la ciudad de nueva York? El asintió tímidamente. —Lo sé, ¿pero cómo me lo puedo perder? Vi la película original de King Kong en 1933, y he tenido ganas de ir desde entonces. —Por lo que tu interés es puramente desde el punto de vista de la historia del cine —bromeé. Las puertas del elevador se abrieron, y Jules extendió su mano galantemente para permitirme salir primero. —No es eso —dijo, una vez más seguro—. Así como el hecho de que siempre he soñado estar en la sima del Empire State Building con una hermosa chica.

***

Empire State Building: es un rascacielos situado en la intersección de la Quinta Avenida y West 34th Street, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Ha sido nombrado por la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles como una de las Siete Maravillas del mundo moderno. 20

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Cuando Jules y yo volvimos al apartamento de Theo, todos se habían reunido para la cena. Vincent tenía apoyados unos cojines detrás de él y ahora estaba sentado. —¡Para ti! —dije, levantando la enorme bolsa de ropa y zapatos que había comprado en la tienda de Macy después de haber jugado a los turistas. —Un regalo especial para una recuperación especial de un chico muerto —se mofó Jules, visiblemente aliviado al ver que su amigo parecía más fuerte después de solo un par de horas—. Pensamos que desearías cambiar ese overol en algún momento, y me gustaría mi camiseta de regreso. —Tan pronto como me dé una ducha —dijo Vincent—. Sigo recogiendo pequeños trozos de arcilla de mi cabello. No bromeo. —Se pasó los dedos por su cabello negro e hizo una mueca. Sonaba como el viejo Vincent de nuevo, no el débil Vincent que parecía a punto de morir esta mañana. —¿Has comido? —pregunté, sentándome a su lado en el sofá. —No te preocupes por la comida. Ven aquí —dijo, tomando mi rostro entre sus manos, besó con firmeza mi frente y luego mis labios. Escaneó la habitación para ver si Papy nos miraba. Él lo hacía. Así que el beso fue corto y dulce—. Más tarde —susurró. —Tú debes permanecer aquí esta noche, Vincent —dijo Theo, que extendía una impresionante lista de menús para llevar frente a Papy y Bran—. A pesar de que te sientes más fuerte, no creo que debas moverte al hotel hasta mañana. Y he programado que su vuelo salga la siguiente mañana. —¿Estaremos aquí un día y medio? —preguntó Vincent, sorprendido—. Yo realmente creo que Jean-Baptiste necesitará a Jules y a mi antes de esa fecha. —En realidad —dijo Theo severamente, cruzando los brazos—, esta mañana por teléfono, Gaspard me dijo que Jean-Baptiste no permitirá que regreses antes de esa fecha. Él dice que tú tienes que estar fuerte, que no volverás en un estado debilitado. Me pidió que personalmente garantice tu salud, así que tengo que poner mi pie en el suelo. Bran levanto el menú y anunció:

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—Estoy intrigado por los menús para llevar. —Miró más cerca de ellos— . Fat Sal y burritoville. Y esta comida que se llama… ¿bagel21? Papy, Bran y yo regresamos al hotel después de la cena, a las 9 p.m. Todos estábamos agotados con los acontecimientos del día. Y, en mi caso al menos, el Jet lag22 se alzaba con un feo dolor de cabeza. Cuando llegamos al apartamento a la mañana siguiente, Theo y Vincent nos esperaban. —¿Qué te tomo tanto tiempo? —murmuró Vincent mientras acariciaba mi cuello—. Podrías haber desayunado aquí. —Yo en realidad no comí —dije riendo, y me estremecí cuando rozó mi oreja con sus labios—. Papy y Bran lo hicieron, pero yo utilicé la media hora extra para dormir. Habría venido antes si huera sabido que estabas levantado. Se echó hacia atrás y me sonrió. —He estado despierto toda la noche. —No te quise despertar —dije rodando mis ojos—. Quise decir, levantarte. Te ves totalmente normal de nuevo, ¿cómo te sientes? —Me siento muy bien, en serio. Habría sido capaz de volver a París hoy. Pero Theo insiste que tengo que esperar otras veinticuatro horas, solo por si acaso. Y también está el hecho de que me gustaría conocer un poco tu ciudad natal mientras estamos aquí. —Se sacudió el pelo detrás de mi hombro—. Te vez hermosa —él dijo. —Debe ser el aire de nueva York —respondí, sintiendo mis mejillas enrojecer. —Entonces, la contaminación se adapta bien, ma chérie —respondió. —Jules se ofreció a caminar por la cuidad con nuestros parientes hoy. Y Antoine, Bran y yo estaremos fuera en el museo de nuevo —anunció Theo. En cuando a Vincent, el preguntó:

Bagel: el bagel es un pan elaborado tradicionalmente de harina de trigo y que suele tener un agujero en el centro. Antes de ser horneado se cocina en agua brevemente, dando como resultado un pan denso con una cubierta exterior ligeramente crujiente 22 Jet lag: es una mezcla de cansancio y otras síntomas provocados por un viaje en el que cruza distintas franjas horarias. 21

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—¿Estás seguro que quieres salir hoy? Te puedo dar mi juego de llaves extras si necesitas volver a descansar. —Gracias, pero yo también podría seguir adelante y entrar en el hotel — dijo Vincent. Tomó la bolsa de Macy y agarró mi mano mientras todos salíamos por el pacillo. —Bueno, tienes mi número si necesitas ponerte en contacto conmigo — dijo Theo, cerrando las puertas tras él. Papy y Bran parecían francamente alegres de pasar un día en el museo, y me di cuenta por su conversación, de que Theo estaba disfrutando de la oportunidad sin precedentes para mostrar su colección a “forasteros”. A medida que entrábamos por la puerta, Theo dijo: —Nos reuniremos para la cena al final del día. ¿Vieron el restaurant de la esquina? —señaló un restaurante italiano una manzana más abajo—. ¿Ahí de a las 8:00 p.m.? Y quiero que vayas al hotel y descanses un momento durante el día —le ordenó a Vincent. Vincent tomó mi mano y me llevó en la dirección opuesta a los hombres. —Primera parada, hotel —dijo. Estaba lleno de energía, saltando sobre sus pies y jugando con mi pelo mientras caminábamos. —¿Así que no quisiste estar en Brooklyn con Jules y tus parientes? — pregunté con picardía —¿Y estar toda una ciudad lejos de ti? —dijo. Levantó las cejar e hizo una expresión de horror—. ¿Estás tratando de matarme de nuevo? Una vez en el hotel, Vincent reservó una habitación y levantó su bolsa de ropa. —Voy a dejar esto y vamos a algún lugar para comer. Me gustaría una enorme comida casera, como se ven en todas las películas americanas. Me eché a reír. —Se llama comida confortable. Y conozco un lugar.

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Capítulo 30 Traducido SOS por Vafitv Corregido por Nony_mo

edia hora más tarde, y alrededor de setenta cuadras al sur, nos sentamos en uno de mis viejos refugios favoritos, el Great Jones Café. Vincent terminó un plato de pastel de carne yankee cubierta con salsa y yo pedí un plato de Jambalaya de Louisiana que era bastante picante, e hizo su carrera a mi nariz. Esto ayudó a encubrir mi ataque de llanto que de repente me alcanzó, hasta que me atraganté tratando de tragar la comida. Alertado por mis lágrimas, Vincent dejo su tenedor y tomó mi mano. —Kate. Se acabó. Ahora estoy aquí. Violette no puede alcanzarme más. —Lo sé —dije—. Pero hasta el segundo en que comenzaste a respirar, realmente no sabía si volvería a verte. Tenía la esperanza, pero no creía… sabes lo que quiero decir. Los labios de Vincent se curvaron en una sonrisa. —Lo sé. Pero era suficiente esperanza para los dos. Ahora deja de pensar y come tu papilla, o lo que sea que sea. Me reí, y así… lo dejé ir. Tuve la oportunidad de impulsar el futuro, expulsar el horrible pasado a un lado y concentrarme plenamente en disfrutar el presente. Viviendo mi vida, con mi novio respirando. —Esto está muy bueno —dijo Vincent, tomando un poco de pan de maíz jalapeño—. No sabía si iba a comer otra vez, y te puedo decir, las papilas gustativas son algo que realmente echo de menos cuando no las tengo. Me eché a reír. —Así que te perdiste los alimentos. ¿Qué más te perdiste? Levantó una ceja y me dio una sonrisa sexy, puso el tenedor en el plato. —Extrañaba esto —dijo él, pasando sus dedos hacia arriba y abajo de mi brazo, haciéndome estremecer.

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—Sí, como que me perdí eso también —dije tratando de parecer indiferente mientras tomaba un sorbo de té helado. —¿Solamente eso? —bromeó Vincent. —Está bien. Mucho más —confesé con una sonrisa socarrona. —Vamos a dejar el tema sobre mí, y mi ex incapacidad para satisfacer tu lujuria. —Mi boca se abrió y él se echó a reír—. No, en serio. ¿Qué se siente estar de vuelta en tu ciudad natal? —Bien —dije, considerando la pregunta. Puse mi vaso y crucé mis brazos y miré a su alrededor y absorbí lo que me rodeaba—. En realidad es muy surrealista. Estuve fuera durante un año y medio, pero parece toda una vida. No me siento como la misma persona. La vida en Francia es mi realidad ahora. Se siente como si la vida en Nueva York fue un sueño. Me siento…. desconectada. Vincent colocó sus manos sobre la mesa. Desenvolví mis brazos de mi tórax y puse mi mano sobre la suya. Él froto mi palma con los dedos. —¿Qué puedes hacer para volver a conectarte? —preguntó en voz baja. —Estuve pensando en eso —le confesé—. Hay algo que había considerado hacer. Pero no tienes que venir conmigo si no quieres. Le dije lo que era, y sus ojos se ensancharon. Él se inclinó atrás en su silla y sacudió su cabeza con asombro. —Y solo me tomó la resurrección para convencerte de hacer esto. —De hecho, estuve pensando en ello durante un tiempo —dije. Y saqué mi celular, hice la llamada que me había imaginado haciendo hace meses. Una hora más tarde, estábamos de pie en el porche delantero de una casa de piedra rojiza de Brooklyn. La puerta se abrió de golpe y mi amiga Kimberly se quedó inmóvil, con una mirada salvaje en sus ojos antes de gritar y lanzarse sobre mí. —Kate —chilló ella—. ¡Nunca pensé que te vería de nuevo! —Nos quedamos allí exprimiéndonos la vida una de la otra durante un minuto antes de que ella se soltara y retrocediera. Secándose las lágrimas de sus ojos, miró a Vincent. —Bien, bien. ¿A quién tenemos aquí? —preguntó ella. —Soy Vincent —dijo él, extendiendo su mano para estrechar la de Kimberly.

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—Uh-uh. No lo creo —dijo ella plantando sus manos en las caderas y mirando con escepticismo—. ¿Eres tú la razón por la que Kate ha hecho caso omiso de sus amigos después que se fuera a Francia? —No, él es la razón por la que tuve el coraje de volver a conectarme contigo después de todo este tiempo —contesté por él. —Pues bien —dijo ella rompiendo en una sonrisa—. ¡Tú mereces más que un apretón de manos! Ella le echó los brazos al cuello y, mientras él se juntaba en un abrazo de la muerte, ella echó una ojeada alrededor de su hombro y articuló: ¡Oh, mi Dios, él es precioso!

*** —Me gustan tus amigos —dijo Vincent, tomando mi mano mientras caminábamos por una calle bordeada de árboles señoriales y casas de piedra rojiza, cada uno recostado atrás de su propio patio pequeño. Pero Vincent no estaba mirando a nuestro alrededor. Él me estaba estudiando con un brillo extraño en sus ojos. —¿Qué? —pregunté. —Oh, estoy disfrutando del hecho de que acabo de presenciar un lado de ti que no había visto antes: la antigua Kate. Como eras antes de conocerte. Sonreí, viendo como nuestros pies pisan el mismo pavimento que había caminado a lo largo de… desde que empecé a caminar. —A mis amigos bastante obvio.

les

gustaste demasiado —respondí—. Pero eso fue

—No estoy seguro de que sientan lo mismo si supieran lo que soy — respondió él. —Confía en mí, no haría una diferencia para ellos —dije, mirando hacia arriba para medir su expresión. Vincent arqueó una ceja escéptica. —Quiero decir, una vez que pasaran su conmoción y horror, por supuesto —dije con falsa frialdad.

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Habíamos pasado la tarde yendo de casa de un amigo a otro, hasta que hubiéramos amontonado una tropa de seis y luego fuimos a nuestro lugar favorito, el café de un viejo local. Yo ni siquiera tenía que preocuparme porque Vincent se sintiera excluido. Él fue muy educado e interesado con todo el mundo, tanto que mis amigos se dispersaron en sí mismos para incluirlo a él, adoptándolo de inmediato. Sentía como si nunca me hubiera ido. Y al mismo tiempo, todo había cambiado. Mi vida estaba en Francia ahora con mis abuelos. Y Vincent. —¿Crees que vas a volver? —había preguntada Kimberly. Y por primera vez realmente traté de imaginarlo. Me di cuenta con tristeza que, además de mis amigos, no tenía nada más por qué volver. Cuando Vincent y yo finalmente nos marchamos, cada uno prometió que vendría a visitarnos –si sus padres los dejaban– durante el verano. Pero en cuanto mis amigos se fueron, mi mente cambio de su mundo –un mundo de tarea y fiestas de graduación y la universidad– al mío. Uno en el que mi seguridad estaba en riesgo debido a un malvado adolescente medieval muerto. Por enésima vez, tuve la rara sensación de que vivía en una novela. En una de miedo. Una historia de suspenso donde no podía adivinar el final de mi vida. —Es aquí —dije mientras nos parábamos delante de una casa de piedra rojiza, a tres cuadras de donde habíamos dejado a mis amigos. Me quedé de pie frente a la puerta de mi casa. La casa en la que había crecido. Después de la muerte de mis padres, mis abuelos no habían querido vender mi casa de la infancia, por lo que estaban alquilando hasta que Georgia y yo supiéramos qué hacer con ella. Sin embargo, los anteriores inquilinos habían salido el mes anterior, y estaba vacío, la oscuridad en las ventanas. Había querido venir. Ahora que estaba aquí, no estaba segura de querer hacer frente a la evidencia material de que mi familia –como había sido– ya no existía. —Si no quieres, no tienes que hacerlo —dijo Vincent suavemente, sintiendo mi vacilación. Alentada por su tranquila y fuerte voz, abrí el pestillo de la puerta de hierro fundido y lo halé al patio conmigo. Pero en vez de subir los escalones a la puerta principal, me dirigí a un banco de teca en la pared del jardín. Me senté y puse mis rodillas cerca de mi pecho, abrazándome.

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Echándome hacia atrás, cerré mis ojos y me trasporté al patio de mi infancia. El mismo olor a piedra mojada y madera. El ruido de fondo de la conducción de los automóviles en las vías ocupadas en cada extremo de mi calle. Yo tenía diez años de nuevo y estaba completamente absorta en Anne of Green Gables23, acurrucada en mi banco: mi propia máquina del tiempo y espacio. —Mon ange, deslízate solo un poco. —Le oí y abrí mis ojos para ver a Vincent por encima de mí. Me moví hacia adelante, y él mismos se movió en el banco detrás de mí. Retrocedí para apoyarme en él y envolviendo sus brazos alrededor mío. Y sentándome allí como un capullo en el cuerpo de Vincent, me sentí lo suficientemente segura para volver a mis recuerdos y darles un último adiós a mis padres.

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23Anne

of Green Gables: traducido en español como “Ana, la de Tejas Verdes” o “Anne, la de Tejados verde”. El libro escrito por la canadiense Lucy Maud Montgomery fue publicado por primera vez en 1908 y narra la vida de Anne Shirley, una niña huérfana que gracias a su carácter imaginativo y despierto logra encandilar a todos los habitantes de Avonlea, el pequeño pueblo pesquero ficticio donde se desarrolla la historia a principios del siglo XX.

Capítulo 31 Traducido por Elizzen Corregido por Rose_vampire

e vuelta al hotel, Vincent y yo paramos en una librería y pasamos la siguiente media hora cargándonos de libros en inglés. Fue el perfecto descanso entre la emoción de visitar mi casa y la formalidad de la cena con el resto de nuestro grupo. Cuando llegamos al restaurante, Theo estaba sentado solo en una mesa de la esquina. Me senté frente a él. —Entonces, ¿dónde está todo el mundo? —pregunté, mientras Vincent cogía la silla entre nosotros. —Tu abuelo y el Monsieur Tândorn mandan sus excusas, estaban demasiado cansados para unirse a nosotros. Y Jules decidió saltarse la cena y quedarse con nuestros familiares —explicó Theo—. Se encontrará con ustedes mañana en el aeropuerto. Tan pronto como la comida estaba frente a nosotros y el camarero se había ido, Theo se puso a trabajar. —Para ser completamente honesto, Vincent, le pedí a los otros que no vinieran esta noche. Necesito hablar contigo en privado y supuse que te gustaría que Kate estuviera contigo. Vincent parecía curioso pero no alarmado, aunque yo tenía señales de alarma sonando por todo el lugar en mi mente. ¿Qué, posiblemente, necesitaría decir Theo a Vincent que los otros no podían oír? A juzgar por el carácter secreto y su expresión de preocupación, no era un mero “enhorabuena por estar vivo”. Theo cogió su servilleta y por un momento la retorció con ansiedad antes de alisarla sobre su regazo. Evitó nuestros ojos mientras el sudor perlaba su frente. Por fin habló. —Le prometí a Jean-Baptiste que no hablaría contigo de esto, pero no puedo enviar a mis parientes franceses a una guerra con los numa sin sacarme esto del pecho.

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Cogió una respiración profunda y empezó. —Te dije que vine a París después de la Segunda Guerra Mundial, cuando ustedes y los numa estaban luchando. —Sí —dijo Vincent—. Fuiste el único que sobrevivió de tu grupo americano. —Eso es correcto —afirmó Theodore—. Y el conflicto numa-bardia terminó justo antes de irme. —Se inclinó hacia delante, agarrándose las manos y apoyando los codos en la mesa—. ¿Qué sabes sobre la forma en que terminó, Vincent? —Bueno, les hicimos más daño a los numa de lo que nos hicieron ellos. Pidieron un alto al fuego. Jean-Baptiste nos pasó una orden que no íbamos a cazar a propósito a los numa. Sería visto como agravar la situación, lo que podría dar lugar al comienzo de otra guerra. Recientemente revocó esa orden, cuando Lucien terminó el tratado de paz después de irrumpir en nuestra casa intentando destruirme. Theodore lo miró por un momento, como si decidiera si Vincent estaba diciendo toda la verdad y luego asintió con la cabeza. —Esa es la punta del iceberg. Por desgracia lo que realmente sucedió es no es tan claro. Fue Jean-Baptiste, quien temía por su número y no al revés. Cuando sintió que sus familiares estaban en riesgo de ser diezmados, fue a Lucien para negociar un acuerdo de paz, dejando que los numa establecieran sus términos. Vincent levantó una ceja y miró con escepticismo. —¿JB... llegó a un acuerdo con Lucien? Theodore asintió. —Jean-Baptiste no quería que ninguno de ustedes supiera lo que estaba haciendo, por lo que me cogió a mí, un extraño, para actuar como su segundo. Al día de hoy, ninguno de tus parientes, ni siquiera Gaspard, son conscientes de lo que pasó en esa reunión. Un escalofrío recorrió mi espalda, mientras mis pensamientos viajaron de un acuerdo de paz con los numa. ¿Qué hay de malo en eso? A negociaciones con el enemigo guardando un secreto a sus propios parientes. No tan bueno. Era difícil creer que Jean-Baptiste se reuniera con Lucien y lo ocultara a sus familiares. Debía haber estado verdaderamente desesperado por salvarlos de la destrucción. Pero aun así...

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—Yo no sabía dónde me estaba llevando Jean-Baptiste hasta que llegamos allí —continuó Theo—. Me hizo jurar guardar el secreto, diciendo que la supervivencia de los revenants de Francia dependía de mi silencio. Dejé Francia el mismo día y no he vuelto a París desde entonces. Cuando Jean-Baptiste me llamó por teléfono a principios de esta semana, no había hablado con él hace décadas. Vincent se sentó, mirando como si hubiera recibido una bofetada. —Lo siento, Gold. Simplemente no puedo creer esto. —De alguna manera te debe sonar a verdad, porque no estas enfadado. O a la defensiva —dijo Theodore, estudiando el rostro de Vincent—. Yo creo que sí lo crees. Solo que no quieres hacerlo. Vincent bajó la cabeza sobre sus manos. —¿Cuáles fueron los términos del acuerdo? —preguntó sin levantar la vista. —Ambas partes acordaron que sus residencias permanentes no serían atacadas. Vincent levantó la vista y miró a Theodore con duda. —Pero los numa no mantienen lugares de residencia permanentes. —Sí, lo hacen. Esa era la otra parte del acuerdo. A medida que se declaraba la parte vencida, Jean-Baptiste entregó varias de sus propiedades a Lucien. La casa en Neuilly. Varios apartamentos en el centro de París. Un edificio entero de apartamentos en el barrio de République. No. No podía ser cierto. Jean-Baptiste dando sus propiedades a los numa. No solo dejarlos vivir en sus hogares, pero... ¿ocultarlos? Podría entender hacer concesiones con el fin de salvar a su clan, pero ¿dando cobijo al enemigo y no informar a su propia gente? Eso iba mucho más allá de meras negociaciones. Eso se sentía más como una traición. Vincent parecía tan molesto como yo. Tomó la servilleta de su regazo y lo aplastó entre sus manos. —Eso no es cierto —dijo sacudiendo la cabeza en negación—. Él las alquila. Theodore sonrió tristemente a Vincent. —¿Quién se hace cargo de esos alquileres? ¿Alguna vez ha enviado a alguno de ustedes para comprobar esos sitios?

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—No, esas propiedades las maneja él mismo —respondió vacilante Vincent. —Y cuando Jean-Baptiste se retractó de su prohibición de matar a los numa, ¿mencionó que era ahí donde podrían ser encontrados? —No —dijo Vincent, bajando la cabeza en señal de derrota—. Esos serían los últimos lugares en los que miraríamos. —Es comprensible, no ha querido que supieran acerca de su acuerdo. Es su orgullo lo que está en juego. Se ha envuelto demasiado en este lío y no puede salir sin traer vergüenza a sí mismo. Y por teléfono el otro día, él dijo que esperaba que no sacara a relucir “viejos negocios”. Lo que no he hecho hasta ahora. Pero no puedo dejar de buena fe que vuelvan a París inconsciente a lo que se hizo. —No es el peligro de que los numa tengan casas secretas seguras lo que me molesta. Es el hecho de que ustedes van a seguir a un líder que sé que ha hecho un doble trato a espaldas de su gente. Quién no ha puesto todas sus cartas sobre la mesa para su propia gente pueda verlas, a pesar del peligro que podría traerles. —Theo cogió su vaso de agua, tomó un trago, y después los dejo firmemente sobre la mesa—. Un líder que hace tratos secretos con el enemigo no debería estar en posición de tomar decisiones por sus parientes, en este momento crucial. Si Violette está decidida a derrocar a los revenants de París, con o sin el poder del Campeón, es un gran peligro. Y necesitarán a alguien a quien puedan confiar sus vidas para guiarlos en esta lucha. Se inclinó hacia delante hasta que sus ojos se encontraron con Vincent. —Sé que Jean-Baptiste es como un padre para ti —dijo—. Pero te dejo esta carga, Vincent Delacroix, de transmitir esta información a tus familiares. De lo contrario, cuando llegue el tiempo y comience la batalla, su sangre estará en tus manos.

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Capítulo 32 Traducido por yuya Corregido SOS por Maniarbl

os despedimos de Theodore, comprometiéndonos a ponerlo al día sobre los acontecimientos de París, y luego caminamos de vuelta al hotel en silencio. Vincent estaba profundamente perturbado por lo que Theo le había dicho, y podría decir que él estaba repasando cada detalle de la conversación. —¿Estás bien? —le pregunté al entrar al vestíbulo del hotel. Vincent me apretó hacia él y me besó la parte superior de la cabeza distraídamente. —Sí. Quiero decir, no. Es solo difícil imaginar a Jean-Baptiste ocultándonos algo así durante tantos años. Me hace sentir como si nunca lo hubiera conocido. —Él solo estaba tratando de protegerlos —le dije, haciendo de abogado del diablo, pero no sintiéndolo realmente. —Lo sé. Pero la forma en que lo hizo, y el hecho de que él ha estado ofreciendo al enemigo su protección y sin informarnos… Es solo que no lo entiendo. —Lo siento —dije, tomando sus manos en las mías, y buscando su rostro hasta que encontré sus ojos. —No, lo sientas —dijo Vincent—. No tienes que preocuparte por esto. Y no puedo hacer nada al respecto hasta que vuelva a París. Pero tenemos que dormir si nos vamos a primera hora de la mañana. —Vincent se inclinó y rozó suavemente sus labios contra los míos, despertando un millón de diminutas mariposas en mi interior. —Te acompañaré a tu habitación. Yo las olí antes encender la luz. Lilas. Un gran ramo de lilas blancas en un florero en mi mesita de noche. Su belleza y perfume transformaron mi simple habitación de hotel en una escena de una pintura Pre-Rafaelita. Miré a Vincent. Una sonrisa maliciosa se extendía por sus labios.

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—¿Cómo hiciste eso? —exclamé—. He estado contigo todo el día. —Dejé una nota y un poco de dinero en recepción antes —confesó, mirando excesivamente orgulloso de sí mismo por hacer el engaño—. Me has dicho que te gusta el aroma de las lilas. Pensé te podría traer dulces sueños esta noche, ya que no voy a ser capaz de flotar alrededor susurrando poemas de Pablo Neruda a tu subconsciente. Tomé una profunda bocanada de su perfume floral. Vincent se apoyó en el marco de la puerta, radiante de placer. —¿Quieres entrar? —le pregunté. Negó con la cabeza y me dio una sonrisa torcida. —No alquilé una habitación para nada. No voy a olvidar el sur de Francia y tu razonable pero enloquecedora petición de esperar. Y teniéndolo en cuenta: Tú. Yo. Camas. Mala idea. Solo tomaré esto —él tomó un par de libros de bolsillo de la bolsa— y seguiré mi camino. Cualquier cosa con tal de ocupar mi mente fuera de toda la saga de Jean-Baptiste hasta que vuelva a París y realmente pueda hacer algo al respecto. —¿Qué vas a hacer? —le pregunté, no realmente cuidando de JeanBaptiste. Todo lo que podía pensar era que Vincent se encontraba allí, con su pelo revuelto y sus anchos hombros medio dentro y medio fuera mi habitación de hotel. Mi cuerpo estaba vibrando con una mezcla de resolución de no tentarlo demasiado lejos y el deseo de lanzarme hacia él antes de que se pudiera escapar. —Todavía no lo he decidido —respondió, frotándose la parte posterior de su cuello con preocupación. Obviamente los pensamientos de Vincent no estaban al mismo nivel que los míos. O si no ni siquiera sería capaz de hablar en este momento, y mucho menos trazar estrategias. Sabía que la decisión que había tomado en el sur de Francia no iba a prolongarse más. —Bueno, buenas noches. —Llevé mis brazos alrededor de su cuello y le di un beso largo y lento. En él estaba toda la emoción del día, tanto lo milagroso como lo mundano. Casi pierdo a Vincent, y ahora lo tenía de vuelta. Y no solo él, sino mi vida. Mi vida anterior antes de que la tirase a la basura. Y ahora mi pasado y mi presente se unían y estaba empezando a sentirse completa. Vincent parecía entender el significado detrás del beso. Fue en su sonrisa cuando me tocó la cara y luego el pelo con los dedos. Parecía que le costó tanto esfuerzo separarse de mí, porque después de un último beso

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apresurado, prácticamente salió corriendo de la habitación, cerrando la puerta detrás de él. Me puse una camiseta extra grande y me senté en mi cama, enderezando la situación en mi mente: la forma en que casi lo pierdo. Y una vez más podía. La fragilidad de la vida humana: un minuto estamos aquí y el siguiente nos hemos ido, al igual que mis padres. Y el deseo de estar más cerca de Vincent. Y amarlo con más de mi corazón y mi mente. Mis sentimientos de esa mañana volvieron con toda su fuerza. Mi resolución para hacer algo si fuera capaz de traer a Vincent de vuelta. Me había dicho que estaba preparada. Ese era el momento. Ahora que era posible, ¿me seguía sintiendo igual? Me di cuenta de que sí, sabía lo que quería. Esta vez estaba cien por cien segura. Agarré el jarrón de lilas y mi llave de la habitación, y esperaba que nadie me viera corriendo por el pasillo con las flores, camiseta y ropa interior. Subí un tramo de escaleras y estaba allí, de pie con nerviosismo frente a la puerta de Vincent. Llamé a la puerta. Él abrió, con una expresión perpleja en su rostro. —¿A qué se debe esta visita sorpresa? —miró a la lilas y luego de nuevo a mí, confundido—. ¿Decidiste que no te gustaban las flores? Le empujé al entrar en la habitación y coloqué las flores sobre una mesa baja. —No quiero estar separada de ti nunca más —le dije. Vincent sonrió con tristeza y cerró la puerta tras de sí. —Sé exactamente lo que quieres decir —respondió —. Cinco días como un alma en pena, sin poder tocarte y pensando que era permanente… yo siento como que nunca pueda dejarte fuera de mí vista otra vez. —Se dejó caer sobre la cama y palmeó un sitio a su lado—. Puedes quedarte aquí esta noche. —No, quiero decir que no quiero estar separada de ti. Quiero estar contigo. Verdaderamente contigo. —Tuve que obligarme a decir las palabras. Mi voz tembló porque tenía miedo de que él fuese a decir que no. Que este no era el momento. Que debíamos esperar hasta que las cosas se hubieran calmado. Pero yo ya me había hecho a la idea. Íbamos a volver a París al día siguiente, y Vincent y su especie estarían ante el peligro de que posiblemente le pudieran destruir. Una vez más.

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Se apoyó en los codos y se quedó allí durante mucho tiempo, mirándome con una expresión que no pude leer. —Si estás todavía demasiado débil, podemos tener cuidado —le ofrecí, preguntándose si por eso dudaba. Sonriendo, él negó con la cabeza, y empujándose de la cama, se acercó a mí. Tan solo a unas pulgadas separándonos, me miró a los ojos. Se sentía como si estuviera llegando muy dentro de mi mente, fomentando la conexión entre nosotros. Corazón. Mente. Y a continuación, cuerpo. Era el siguiente paso, y era ahora. Los labios de Vincent se curvaron ligeramente. Se agachó justo cuando llegué arriba, y nos encontramos en el medio, nuestros labios tocándose primero, y luego el resto de nosotros, presionando deliciosamente uno contra el otro, tirando del otro lo más cerca posible, necesitando, dando, tejiendo un tapiz de nuestros cuerpos. De nosotros mismos.

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Capítulo 33 Traducido SOS por Alexiacullen Corregido por Marce Doyle*

e levanté con la sensación de los labios de Vincent en mi frente, y abrí mis ojos para ver su rostro sobre el mío. —Bonjour, ma belle —dijo con su voz baja y sexy. Entrecerré los ojos mirando alrededor, sin saber durante un momento dónde estaba, y luego la habitación del hotel se enfocó a mí alrededor. Oh, Dios mío, estaba en la cama de Vincent. Y era por la mañana. Había pasado la noche en la cama de Vincent. Y anoche nosotros tuvimos… Mi piel se iluminó con un rubor de fuego y una sonrisa incontenible poseyó mi rostro. Me incliné hacia adelante, dejando caer las sábanas, eché los brazos alrededor del cuello de Vincent y le apreté contra mí. Se rió y se apartó para poder mirarme a los ojos. —¿El abrazo fue por lo de anoche? —Te amo —respondí. Me volvió a empujar hacia él y susurró. —Y yo te adoro, Kate Beaumont Mercier. Con un amor que nunca pensé que podría sentir. Con toda mi alma y cada centímetro de mi cuerpo. El cual, de esta forma, está ahora marcado por ti para siempre. —¿Qué quieres decir? —pregunté. Se giró para mostrarme una marca como de un tatuaje azulado sobre mi hombro—. ¿Qué es eso? —lo toqué, cautivada. —¿No es donde presionaste el mechón de mi cabello en mi otro yo de arcilla? —preguntó. Miré más de cerca. La marca tenía un patrón circular y era del tamaño de… —¡Es la huella de mi pulgar! —exclamé, manteniendo mi huella cerca de la marca.

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Vincent sonrió. —Eso fue lo que pensé. Muy descarado de tu parte; no solo me trajiste a la vida, sino que me marcaste permanentemente como tuyo. Lo agarré y tiré de él hacia el colchón. Posicionándose sobre mí, se inclinó hacia adelante para colocar un beso más suave sobre mi cuello justo debajo de mi oreja. Me estremecí y dije: —Eres mío. —No tengo ningún argumento ante eso —admitió, apartando mi cabello de mi cara con su pulgar—. Pero tengo las lamentables noticias de que exactamente en veinte minutos estaremos encontrándonos con tu abuelo en el vestíbulo. —Hmmm, abuelo —dije. De repente, mi cerebro dejó la delicia de estar en la cama con Vincent y se agarró a cosas más desagradables. Así como que iba a hacer las maletas y vestirme en menos de media hora. Con un montón de carreras y saltos alrededor, de alguna manera lo hice, y en veinte minutos estábamos subiendo a la parte trasera de la limusina de Theodore. Brad hizo una rutina repetitiva de la enorme ventana abierta que hacía en el camino. Papy se ocupó de transferir todas las fotos que había tomado de la colección de Theodore el día anterior de su cámara a su ordenador portátil. Apoyé mi cabeza sobre el hombro de Vincent y me quedé dormida, despertándome cuando llegamos al avión privado de la terminal del aeropuerto. Cuando nos reunimos en la acera, vi a Jules salir del lado del pasajero del coche aparcado en el carril del área de descenso delante de nosotros. Se dirigió directamente a Vincent, con una expresión como si su mejor amigo fuera la última persona en el mundo que quería ver. —Vince, hombre, tenemos que hablar —dijo, y los dos caminaron a una distancia corta. Papy y Bran hicieron su camino en la terminal con el equipaje, pero yo no les seguí. Tenía la terrible sensación en la boca del estómago cuando vi a Jules explicar algo y a Vincent vacilar retrocediendo un paso, como si Jules le hubiera apuñalado en el estómago. Jules siguió hablando, cruzando sus brazos bajo su pecho, como si él también estuviera sufriendo. Miré por encima del coche que había comprado Jules. El conductor bardia estaba simplemente sentado ahí con el motor al ralentí. ¿Qué estaba esperando?

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Caminé en la dirección de ellos. Algo iba muy mal. —¡Estás siendo un imbécil! —gritó de repente Vincent, y metió sus manos en los bolsillos, caminó enojado azotando la puerta la puerta giratoria de la terminal tan fuerte con su hombro, que estuvo a punto de medio arrancarla con un chirrido metálico. Jules se quedó dónde estaba, mirándome acercarme con una expresión de dolor. —¿Qué está pasando? —pregunté. —No voy a regresar —dijo simplemente. —¿Vas a quedarte en Nueva York? Él asintió con la cabeza. —¿Pero por qué? Jules se masajeó las sienes. —Algo se ha interpuesto entre Vincent y yo —dijo. Le miré fijamente, confundida. —Bueno, estoy segura de que puedes superarlo. —No, ahora mismo no puedo superarlo, Kate —respondió, rechinando sus dientes—. No hay forma posible de superarlo. La única forma de salvar esto es que yo me aleje y deje que los dos… —¿Dejarnos? —pregunté incrédula—. ¿Qué tiene que ver esto conmigo? Bajó la cabeza, tomando respiraciones superficiales y sujetándose así mismo. Cuando levantó la mirada, el dolor estaba escrito a través de su rostro tan claramente como si estuviera deletreado en letras gigantes. —¿De verdad tienes que preguntarme eso, Kate? ¿No te das cuenta? —No —dije, y de repente lo entendí. Me quedé con la boca abierta y agité mi cabeza en negación. Jules era mi amigo. Él no podía estar enamorado de mí. Tenía a docenas de chicas hermosas a su entera disposición. Chicas que no estaban conectadas… con su mejor amigo—. No puedes… no puedes dejar a tu familia por… mí. Suspiró y miró hacia el cielo gris invernal, como si rezara por algo para que lo abatiera y lo llevara lejos. Cuando me devolvió la mirada, sus ojos estaban vidriosos. Se estiró para tomar mi mano.

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—Kate, lo diré de esta forma. Vincent es mi mejor amigo. No hay una persona en este mundo al que sea más cercano. Pero el año pasado, le he traicionado en mi corazón todos los días, porque quiero para mí lo que él ama al máximo. Le apreté su mano con fuerza para luchar contra el entumecimiento que me paralizaba. Mis ojos escocían, pero las lágrimas no venían. —No sé qué decir, Jules… yo… yo no… —Sé que no sientes lo mismo, Kate. Nunca lo has hecho. Nunca lo harás. Y preferiría no vivir con esa realidad siendo empujada contra mi cara de forma continua. Porque, lo creas o no, aunque muero por gente de forma continua, no soy masoquista. Su sonrisa triste me golpeó como un puñetazo. —Oh, Jules —dije, y arrojé mis brazos alrededor de su cuello. —No hay nada más que decir —murmuró, presionando su cara en mi pelo. Y luego se soltó, caminó hacia el coche que estaba esperando y se alejó sin mirar atrás.

211 *** —¿Estás bien? —pregunté. Estábamos a medio camino, cruzando el océano Atlántico, y Vincent no había dicho una palabra. Envolvió mis hombros con sus brazos, me acercó a él y me besó la coronilla de la cabeza. Incliné mi cabeza contra su hombro y dije: —Siento lo de Jules, de verdad. Vincent suspiró. —La mitad de mí le odia por enamorarse de ti. Y la otra mitad piensa “¿cómo podría no hacerlo?” Apartó mi pelo de mi cara. —No lo puedo creer. Aunque, es que, sinceramente, no lo vi venir. Podríamos haberlo hablado antes de llegar a esto. Pero pensé que Jules coqueteaba contigo igual que lo hace con cualquier chica guapa. Su expresión cambió de frustración a preocupación.

—No sientes lo mismo por él, ¿cierto? —preguntó con su voz cayendo una octava. Agité mi cabeza. —No, quiero decir, me sentía cercana a él. Y para ser honestos, la atención era halagadora. Pero, como dijiste, pensé que él era así con todo el mundo. Para mí, él es el mejor amigo de mi novio. Y un buen amigo mío, incluso aparte de eso. Pero no tengo espacio en mi corazón para dos. Vincent pareció aliviado. —¿Estás enojado con él por dejarte en un mal momento? —pregunté. —No. Un revenant no hará una diferencia del resultado de la batalla. Y juró que si alguna vez lo necesitaba estaría dentro del primer avión a París. —No le hablaste de JB, ¿verdad? —No —admitió Vincent encontrándose con mis ojos—. Y no voy a hacerlo. Si Jules necesita distancia, no sería justo decirle algo que sería más o menos como obligarlo a regresar. Cogió mi mano y la alzó hacia sus labios, y luego, presionándola contra su pecho, puso su cabeza de nuevo contra el asiento y cerró sus ojos. —Siento que hayas perdido a tu mejor amigo —dije—. Espero que lo supere y vuelva. En el más suave tono de voz, Vincent dijo: —Yo también.

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Capítulo 34 Traducido por Karou! y SOS por AntoD y Angie_kjn Corregido por Maniarbl

ran las 10 P.M. cuando llegamos a París. Ambrose y Charlotte estaban allí para recogernos. —¡Pensé que nunca volvería a verte! —chilló Charlotte mientras se tiraba encima de Vincent. —Parece que no te has librado de mí todavía —él la abrazó con fuerza. —Hombre, es bueno tenerte de regreso —dijo Ambrose palmeándole el hombro antes de girar para encontrarse con Papy y Bran. Él escaneó las puertas detrás de nosotros—. ¿Dónde está Jules? —Decidió quedarse en Nueva York por un tiempo. Dijo que le vendría bien un cambio de ambiente —dijo Vincent, lanzándome una mirada de advertencia mientras le daba a su pariente la misma historia que le había contado a Papy y a Bran en el avión. —¿Él nos abandona ahora? ¿Cuándo Violette está planeando la dominación de París? —preguntó Ambrose, pareciendo confundido. Cuando Vincent asintió con la cabeza, el gran revenant simplemente se encogió de hombros. —¿Jules en Nueva York? Amigo, va a terminar en una bola. —Sacudió la cabeza ante el pensamiento—. Aquí, déjame llevar éstas —dijo, agarrando un par de maletas. —¿Lo has pasado bien? —preguntó Charlotte, uniéndose a mí mientras nos dirigíamos hacia el enorme SUV—. Quiero decir, ¿pudiste hacer algo más, aparte de re-incorporar a Vincent? Sonreí. —En realidad, sí. Fui a ver a mis viejos amigos. Ella agarró mi brazo y comenzó a dar saltos. —¡Hurra! ¡Esas son noticias fabulosas, Kate! Un paso de regreso al mundo de los vivos —animó ella y luego agregó rápidamente—: Quiero

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decir… no es que tengas que incluir absolutamente a los humanos en tu círculo social. Pero me pone triste que hayas que tenido que cortar relaciones con todos los de tu vida anterior. —Lo sé —dije—. En realidad, siento que me he sacado un gran peso de encima. —Bueno, estás radiante —dijo ella—. Parece que el viaje de regreso a casa ha sido bueno para ti. Sonreí y la abracé con fuerza. Una vez que estuvimos en la carretera, Ambrose y Charlotte pusieron a Vincent al tanto de las noticias. Habíamos estado fuera por tres días, pero se sintió como semanas. A pesar de que Vincent le contó a su pariente todo acerca de Theodore Gold y nuestra experiencia en la cripta de Met, no dijo nada sobre el tema de JB. Así que tenía que esperar hasta que estuviéramos solos, despidiéndonos en mi puerta, para preguntar sobre ello. —¿Qué vas a hacer? —Hablar con JB por mi cuenta —dijo él con un incómodo encogimiento de hombros—. Ver que tiene para decir. —Buena suerte —le dije, y me puse de puntillas para besarlo. —Espero que no estés muy sola esta noche —me susurró y me dio un guiño que hizo que todo un enjambre de abejas comenzaran a zumbar en mi panza. Cerré la puerta tras de mí, y lo escuché decir a través del vidrio—: Bonne nuit, ma belle —antes de girarse y desaparecer de la vista. Durante la noche, todo cambió. Fui despertada por el repetitivo sonido de mi teléfono. Finalmente lo levanté y vi que Georgia había llamado cuatro veces. Le regresé el llamado. —¿Qué es tan importante para despertarme en mitad de la noche? —Son las diez de la mañana, Katie-Bean. —No, en Nueva York no lo es. —Escucha. Estoy sobre La Morgue. Tienes que venir. Ahora. —Mi hermana sonaba sin aliento. —¿Qué está sucediendo?

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—Cuando llegué aquí para mi entrenamiento de lucha, Gaspard no estaba. Él y Jean-Baptiste desaparecieron. También dejaron el pueblo. ¡Para bien! —¡No! —jadeé, sentándome recta en la cama. —Sí. —Iré ahora mismo —dije. Saltando de la cama, marqué el número de Vincent mientras me tiraba algo de ropa encima. —Mon ange. Estás levantada. —Él sonaba tan calmado que me pregunté si mi hermana se había equivocado. —Acabo de recibir esta loca llamada de Georgia, que afirmó que JB y Gaspard se han ido. —Sí, iba a decírtelo yo mismo, pero pensé que querrías dormir un poco. Claramente Georgia no estuvo de acuerdo. —Bueno, aquí estoy, completamente despierta. Puedes decírmelo ahora —dije, poniendo el teléfono entre mi hombro y mi oreja, mientras me ponía los vaqueros. —Créeme, no es el tipo de conversación por teléfono —contestó él—. Enviaré a Ambrose a buscarte. Dejé una nota para Papy y Mamie diciéndoles a dónde me iba y bajé corriendo las escaleras. Ambrose ya estaba allí, de pie frente a mi puerta discutiendo algo serio con Genevieve cuando aparecí. —¡Tienen que decirme qué sucedió! —dije mientras ellos tomaban lugar a cada lado de mí. —No puedes hacerlo, Katie-Lou —dijo Ambrose, escaneando las calles por señales de numa mientras íbamos a La Maison—. Con noticias tan grandes, Vincent querrá decirte él mismo. Quería presionarlo por información, pero no sabía cuánto había revelado Vincent a sus parientes. ¿Trataría él de cubrir a JB? ¿O le había dicho a los bardia acerca de la traición del líder? Llegamos para encontrar una casa llena de revenants. Se sintió como volver una semana atrás, cuando los parientes de París se habían asentado aquí para esperar noticias de donde Violette había llevado a Vincent.

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Pero en lugar de la atmósfera de tumba de la reunión anterior, una sensación de shock impregnaba el aire. Algunos rostros mostraban incredulidad y otros, amarga decepción, y la gente hablaba en susurros. Ambrose me llevó escaleras arriba a la biblioteca, donde Vincent esperaba. Tan pronto como la puerta se cerró, La rígida pose relajada de Vincent, hombros desplomándose, envolvió sus brazos alrededor de mí y hundió el rostro en mi pelo. —¿Qué paso? —pregunté. Sin saber cómo consolarlo, peiné sus cabellos negros despeinados de la cara. —Lo confronté. Y confesó. Es exactamente como Theodore explicó. JB hizo un trato con Lucien, y ha estado pagando por protección desde la formación de sus propiedades en París. —Oh, Vincent —dije, mi garganta ardiendo mientras veía lo molesto que él estaba. —Dijo que solo lo hizo por nosotros. Él sintió que estábamos al borde de la derrota. Que las pérdidas que habíamos tomado era demasiadas drásticas y quería proteger a los parientes que habían quedado: escogió algunos miembros de la familia, entre ellos yo, que creía que era el campeón. Él pensaba que iba a levantarse y llevar a la tribu a una derrota definitiva y su compromiso se justificaría al final. Admitió que después de algunas décadas se arrepintió, pero era demasiado tarde y no se atrevía a decirnos al respecto. —Lo siento —murmuré, poniendo mis brazos de nuevo a su alrededor. —Debiste haber visto a Gaspard —continuó Vincent, pasando sus dedos distraídamente abajo y arriba por mi columna y acariciando mí cabello— . Pienso que él era el más herido, descubrir que JB había escondido algo de él durante todos estos años. Pero él se pegó con él. Se han ido al exilio autoimpuesto, y JB me ha nombrado jefe de la bardia —dijo Vincent rotundamente. Me eché hacia atrás para mirarlo a la cara. —¿Qué? —Me nombró la cabeza y Charlotte la segunda. No debí haber sentido como un shock. Vincent había sido segundo de Jean-Baptiste. Era una conclusión inevitable que algún día se convertiría en líder. ¿Pero tan pronto? Y yo ni siquiera había considerado que Charlotte podría ser el siguiente en la línea de la jerarquía de la bardia.

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—¿Charlotte? —pregunté, mirando a Ambrose, quien se paraba bloqueando la puerta con su masivo cuerpo. Hizo crujir sus nudillos y soltó una sonrisa socarrona. —Bueno, no iba a ser yo. Me gusta pelear, que a menos que seas Atila no se considera la mejor característica de liderazgo. Volteándome de nuevo hacia Vincent, pregunté: —¿Estás de acuerdo con esto? Su expresión era problemática. —No tengo elección —respondió—. Alguien tiene que empezar a montar a nuestras tropas. Si Violette se entera del cambio repentino de comando, va a tener la oportunidad de atacar antes de que podamos organizarnos. Y solo tenemos una pista de dónde se encuentra, por lo que el momento de actuar es ahora. —¿Qué puedo hacer? —Mantén los detalles para ti misma. Solo les he dicho a nuestros parientes de París que Jb escogió irse. Y Kate… por favor mantente cerca. No solo me siento mejor sabiendo que estás dentro de la seguridad de estos muros, pero solo tenerte cerca me da más confianza. Las últimas palabras fueron casi susurros. Mientras lo observaba, mi corazón se sintió como si se expandiera, inflándose como un balón. Acaricié su mejilla áspera y con barba de tres días con la punta de mis dedos. —Estás hecho para esto, Vincent —dije—. Campeón o no, tendrás el apoyo de todos. He visto cómo te respetan los otros, y ellos te seguirán hasta el final. Vincent sonrió con tristeza. —De acuerdo, Ambrose, puedes decirle a todos que entren —dijo él. Una docena de los bardia más importantes de París se presentaron, una fracción de las personas que había visto abajo, y se sentaron en las filas de sillas antes de la chimenea de la biblioteca. Vincent y Charlotte tuvieron dos sillas frente a ellos, y agarré una silla de club de cuero cómodo en la parte posterior. Vincent informó a todos, pidió los revenants para acceder a todos los contactos que tenían, y les ordenó armarse y esperar. Casi me atraganté cuando explicó que Violette había sido vista yendo y viniendo desde el

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Hotel Crillon en los últimos días. Confiaba en ella para elegir el lugar en donde los jefes de estado y estrellas de película tienen como sede. Ella no iba a reunirse con sus secuaces escondiéndose en las catacumbas o cuevas bajo Montmartre o, como ahora lo sabíamos, en residencias protegidas de JB en todo París. Vincent pidió a uno de los revenants que hablara. La mujer informó que no tenía noticias de Bordeaux desde que el numa había vaciado la ciudad y se dice que se dirigió a París. Otros se pronunciaron con noticias similares de otras ciudades francesas, lo que confirma lo que habíamos oído mientras estábamos en Nueva York. —Violette está obviamente, tratando de forzar las cosas a un punto crítico —dijo Charlotte, hablando por primera vez. A pesar de que estaba vestida con sus pantalones vaqueros regulares y una camiseta, ella había atado a su espalda el pelo rubio en un moño, dándole un aspecto de más de quince años. —No es de extrañar. Se trata de la Tercera Era que la profecía específica, de hecho, más de un siglo ha pasado desde que comenzó —dijo Bran, que no me había dado cuenta que estaba en el lado más alejado del grupo—. Es hora de que el campeón se manifieste. Él vendrá, si Violette orquesta una situación que haga necesario que aparezca o, si ya está aquí. —¿Qué dice la profecía? —preguntó Charlotte. —He comparado mi texto con Gaspard de la versión de bardia y esa de los dedos de llama que son básicamente los mismos. —Buscó a través de su libro, lo llevó a un par de centímetros de sus ojos y leyó—: En la Tercera Era, las atrocidades de la humanidad serán tales, que el hermano entregará al hermano y numa superará en número al bardia y la preponderancia de las guerras oscurecerá el mundo de los hombres. En este momento un bardia se levantará en la Galia, quién será un líder entre los de su clase. Él poseerá los anteriores poderes de la percepción, la persuasión y la comunicación y los niveles sobrenaturales de resistencia y fuerza. Su aura arderá como una estrella en el fuego. Dirigirá su especie a la victoria contra el numa y estos serán vencidos. Esto dará comienzo en la Cuarta Era, que será una era de paz antes de que las nubes del odio, una vez más se reúnan sobre la tierra. Los revenants empezaron a susurrar entre sí. —Seguro que suena como tú, hermano —comentó Ambrose desde su puesto junto a la puerta.

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—Nuestro señor Tândorn me ha asegurado que ese honor no es mío — respondió Vincent, y luego se dirigió a Bran—. Entre todos nuestros seres queridos que has visto, ¿no lo identificaste a él? —No —respondió Bran. Vincent comenzó a repartir órdenes, poniendo al bardia presente a cargo de sus parientes de menor rango en la planta baja, así como aquellos que aún no habían llegado. A un equipo se le dio la responsabilidad de vigilar el Crillon, y otros se dividieron en una red de espionaje a través de París y sus alrededores. La gente comenzó a ponerse de pie y yo me dirigí a Bran. —Hola, querida Kate —dijo instintivamente llegando hacia mí, y luego torpemente retirando la mano. Sonreí. Era como un fantasma, tan pequeño y retraído que se sentía de alguna manera intangible, y evitar el contacto humano parecía estar en línea con su aura de otro mundo. —Te ves cansado —le dije. Él se encogió de hombros. —Esta es mi primera experiencia con un desfase de horario. Por supuesto, aquellos que no duermen no se ven afectados —comentó con ironía, inclinando la cabeza hacia Vincent—. Lo que es bastante injusto. Hablando de dormir, si no me necesitan, creo que voy a tomar una siesta —dijo con un bostezo y arrastrando los pies fuera de la sala detrás de los demás. Sentí un brazo enroscarse alrededor de mi cintura y me volví a ver a mi hermana. —Así que... ¿valía la pena levantarse solo para eso? —preguntó. Asentí con la cabeza. —Gracias, Georgia. —He oído que tu novio es el rey de los muertos vivientes ahora. ¿Eso te hará la reina de los muertos? Rodé los ojos. Y luego dándome cuenta de Arthur estando de pie detrás de Georgia, dije: —Hola. Me dio una amplia sonrisa y se metió el pelo rubio detrás de la oreja.

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—Gracias por traer a Vincent de vuelta —dijo—. Ahora que está una vez más corpóreo, me siento un poco menos culpable por haber sido un títere de Violette. —Se inclinó y besó mi mejilla y su barba me erizó la piel. —Ay —me reí, frotándome la cara—. Disculpa, por favor —le dije a Arthur—. Necesitamos una charla de hermana a hermana. —Por supuesto —dijo, haciendo un esfuerzo por sonreírme, pero incapaz de apartar los ojos de mi hermana. Capturando la mirada de Vincent, murmuré: ¿Me necesitas? Negó con la cabeza. Tiré de Georgia a un tranquilo rincón de la biblioteca, donde nadie nos oía y se dejó caer en los sillones frente a una ventana. Apoyé la mejilla en la punta de mis dedos. —¿Cómo es que no se ha afeitado? —Porque yo voy a jugar duro para conseguirlo —mi hermana respondió. —¿Qué? ¿Ni siquiera lo has besado? —me quedé mirándola mientras ella sonreía beatíficamente. Me miró con suspicacia—. ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi hermana? —Dios, Kate, me haces sonar como una perra total —pero la forma en que lo dijo sonaba como que ella lo consideraba un cumplido—. Él es medieval. Me imagino que debería actuar como una de esas doncellas de su tiempo y proteger mi inocencia. Me eché a reír. —Georgia, realmente te gusta este chico ¿verdad? —Sí, y ahora que Violette lo ha reemplazado con otra persona, me siento como si ya no soy su enemigo público número uno. —¿Violette ha sustituido a Arthur? —repetí—. ¿De qué estás hablando? —Bueno, Arthur dice que cada vez que ha sido visto, ha tenido al mismo tipo numa con ella. —Ese sería Nicolás —le dije, agitando la mano—. Él era el segundo de Lucien. Eso no es noticia. —No, tonta —dijo Georgia—. Yo no estoy hablando del hombre del abrigo de piel. Este es otro numa. Uno muy joven. Casi adolescente. Nadie lo ha visto alrededor antes. Ellos piensan que es nuevo o uno de las últimas importaciones de otra ciudad. Lo que sea, Violette no va a ninguna parte sin él.

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—Eso es espeluznante —admití. —Sí, es como su perro faldero impúber. Arrugué la nariz y Georgia asintió, coincidiendo con mi sentimiento. —De todos modos, ¡eso deja al Señor Pedazo de Escritor Medieval todo para mí! —ella levantó las cejas y se acomodó en su silla—. Pero mis aventuras en tierra de chicos no son importantes. Lo que realmente quiero saber es… ¿qué se siente estar de vuelta en Nueva York?

*** Era de noche cuando Ambrose me dejó en casa. Georgia había ganado su libertad y salió con unos amigos para la cena; amigos que probablemente eran conscientes de que estaban siendo seguidos por Artur y otro guardia revenant. Me dejé entrar. —¿Mamie? ¿Papy? —grité, tirando mi abrigo sobre la silla de salón. El apartamento estaba inusualmente silencioso. La mayoría de las noches en este momento Mamie estaba preparando la cena y jazz o una gran banda musical acompañándola en su cocina. Dudé en el comedor, sintiéndome un poco descolocada. —Vuelve aquí a mi estudio —dijo la voz de Papy. Con un suspiro de alivio, colgué mi abrigo y me dirigí a su oficina. Mi abuelo estaba sentado en su posición favorita, escondido en un rincón de un viejo sillón de cuero con la pipa encendida en una mano y un libro en la otra. —¿Dónde está Mamie? —le pregunté, sentándome en el borde de su escritorio. —En una visita a domicilio —respondió, soplando una corriente de humo mientras hablaba. La habitación se llenó con el olor cítrico del tabaco de pipa de Papy, un olor que siempre asocié con él. Eché un vistazo al reloj de mármol de la chimenea. —¿A las siete, en un jueves? —Es un cliente extranjero, está en la ciudad por unos días. Tu abuela se fue a su hotel para inspeccionar una pintura que tienen sobre la aprobación de un comerciante de arte parisino.

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—¿Ella fue a la habitación de hotel de alguien? —le pregunté dubitativa, recogiendo un pisapapeles de cristal y la inspección de los escarabajos iridiscentes eternamente atrapados en su interior—. No me puedo imaginar a Mamie conocer a un cliente en un hotel. —No cualquier hotel. El coleccionista se aloja en el Crillon, así, Emilie sintió que valía la pena —Papy respondió, mirando hacia abajo a su libro y hojeando las páginas. El pisapapeles se estrelló ruidosamente contra el suelo de madera, rompiéndose en pedazos liberando a sus prisioneros, que estaban brillando a la luz de la lámpara. Papy saltó de su silla, la alarma en su rostro haciendo eco del mío. —¿Qué pasa, Kate? —preguntó. —El Crillon. ¿Estás seguro? —Sí. Kate. ¿Cuál en el mundo es el problema? —Violette está alojándose en el Crillon —le dije. Mi voz sonaba como la de alguien más, hueca, como si me estuviera escuchando desde el exterior. —¿Violette? —preguntó mi abuelo, confundido. —Violette. El revenant medieval que destruyó a Vincent. —No —Papy jadeó, viéndose de repente en sus setenta y dos años. Desde el otro lado de la habitación vino un tono de cuarteto de cuerda. Papy se acercó a la silla del escritorio, metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó su teléfono celular. Su mano temblaba mientras la sostuvo en alto para ver el nombre de la persona que llamaba. Levantó el teléfono a la oreja y se dejó caer en su silla con un suspiro de alivio. —Oh, Emilie, gracias a Dios que estás ahí. Kate y yo estábamos... Su cara cambió de repente y, mientras escuchaba, la sangre huyó de su rostro. —¿Qué? ¡No! Pero, ¿cómo...? Podía oír el tono de la voz de mi abuela a través del auricular. Era cuidado, medido y lento. Papy colgó el teléfono y levantó los ojos para encontrarse con los míos.

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Me estremecí, como si una ráfaga de aire que llegaba de prisa a través del estudio y me estrechara entre sus dedos helados. —A Violette le gustaría hablar contigo y Vincent en el hotel. Ella está manteniendo a tu abuela como una garantía de que te vas a presentar.

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Capítulo 35 Traducido SOS por Vafitv, Mafernanda28 y AleG Corregido SOS por Marce Doyle*

uestro argumento tomó todo un minuto. Papy no quería que yo fuera. Y yo no quería que él fuera. Al final, los dos salimos corriendo del apartamento, lanzando nuestros abrigos y corriendo por las escaleras, demasiados apresurados para esperar el antiguo ascensor. Como de costumbre, no había taxis a la vista. —¿Y el metro, Papy? —pregunté. —¿Y arriesgarnos a retrasarnos? No, gracias. Es casi tan rápido a pie — respondió el. Hemos recurrido a caminar rápido por la Rue Du Bac. El frio aire de marzo y las brillantes farolas le prestaban a la escena una falsa sensación de seguridad, como si todo estuviera bien en el mundo, cuando en realidad estábamos caminando a una reunión que amenazaba con acabar con alguien herido. O peor. Mi celular sonó. Busqué en mi bolsillo y vi que era Vincent. —¿A dónde vas? —preguntó. Me giré para mirar detrás de mí, pero no vi a nadie seguirme—. Te pregunté a dónde vas sin la escolta de un revenant. —Vincent, prefiero no decirte. —¿Qué se supone que significa eso? —él preguntó, sonando más enojado que herido—. Dos Bardia de la casa de Genevieve te siguieron a ti y a tu abuelo, ellos me llamaron para comprobar. Dijeron que ustedes despegaron a toda velocidad y sin esperarlos siquiera. —Bueno, si nos siguen, entonces ellos nos mantendrán seguros. ¿Por qué me llamas? —Kate, ¿qué está pasando? —preguntó Vincent, sonando alarmado. —Violette tiene… ella tiene a Mamie… están en el Crillon. Papy y yo… vamos allí—. Estaba tratando de hablar con claridad, pero nuestro ritmo

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acelerado, mezclado con el pánico por Mamie, hizo que mis palabras salieran todas ilegibles.

—¿Por qué no me llamaste y me dijiste? Yo habría ido con ustedes. —¡No, Vincent! ¡No vengas! Nosotros no te necesitamos —dije, ahogando el pánico. Hubo un instante de shock palpable y luego: —Violette quería que fuera, ¿verdad? —No respondí. —Kate, no puedes ir. Al menos dime que vas a esperar hasta que llegue allí, —dijo. Oí que se movía rápidamente mientras mantenía el celular en la oreja. —Mi abuelo y yo estaremos allí en unos quince minutos. Dile a la gente de Genevieve que nos acompañe, pero no te necesitamos —le dije, tratando de recuperar el aliento. Papy caminó con paso más rápido en un día regular. Esta noche, yo estaba prácticamente corriendo para mantenerme al día con él. —Ambrose, Charlotte y yo nos reuniremos contigo en el vestíbulo de Crillon —insistió, haciendo caso omiso de mi petición. —No vayas a la habitación sin mí. No respondí. Oí a Vincent maldiciendo al otro lado mientras colgaba. Guardé el celular y me apresuré para igual el ritmo de Papy. Teníamos que llegar antes que Vincent pudiera unirse a nosotros. El argumento de Violette para atraerlo secuestrando a la abuela de su novia, era transparente. A Papy y a mí nos gustaría encontrar una forma de salvar a Mamie sin Vincent sacrificándose a sí mismo de nuevo. A los diez minutos estábamos cruzando el Pont de la Concorde y entrando en la gran plaza. Papy se lanzó al tráfico en sentido contrario, y me aferré a su brazo para minimizar la posibilidad de que uno de nosotros fuera golpeado. Llegamos intactos a la entrada del museo, el edifico que albergaba el hotel Crillon, y desaceleramos al pasar por debajo de la puerta de entrada monumental de piedra y las puertas de cristal. —¿A dónde vamos? —pregunté mientras echábamos un vistazo alrededor del vestíbulo, lleno de arreglos de flores gigantes y alineados con columnas de mármol. Y entonces vi a dos hombres caminando hacia

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nosotros desde un rincón de la habitación—. Bueno, aquí vienen los numa —dije. —¿Cómo sabes que son numa? —Papy me miró con curiosidad. —¿No puedes ver el tipo negro y blanco de la falta de claridad en torno a ellos? Como un aura del que todo el color ha sido absorbido en el aire. —No —dijo él, mirándolos y luego a mí con preocupación. He estado dando vueltas sobrenaturales demasiado, pensé, cuando Vincent, Charlotte y Ambrose entraban dando zancadas por la puerta, satisfechos con el uniforme de su equipo de combate de cuero negro. Los ojos de Papy se abrieron, pero el personal del hotel simplemente los miró alegremente, como si los hubieran visto antes. Añadiendo a los dos igualmente vestidos numa, y pareciendo una banda de rock que tenía una fiesta en una suite del hotel. Vincent se llegó directo hacia mí. —¿Estás bien? —preguntó. —Sí —dije, mirando con preocupación hacia el avance del numa—. Pero yo no te pedí que vinieras. Vincent ignoró mi protesta. —Kate, no digas nada sobre mí, sobre que no soy el campeón. Si Violette no se ha dado cuenta, esa es la tarjeta que todavía podemos jugar. Los numas dieron miradas letales a los bardia cuando se acercaron. —Por favor, sígannos —dijo el menor de los dos. Vi un destello de plata debajo de su largo abrigo negro. —Solo ustedes dos —dijo el segundo, asintiendo con la cabeza hacia Vincent y yo. —Vengo con ellos —dijo Papy, con una voz que indicaba que tendrían que detenerlo por la fuerza para seguir. —Lo mismo digo —dijo Ambrose. Charlotte deslizó las manos por su cintura para mostrar el contorno de la arma escondía debajo de su duster. Los ojos de los numas los miraron, el uno al otro, y luego hacia el personal de recepción y de nuevo a nosotros.

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—Pueden acompañarnos hasta la suite, pero no van entrar —dijo el menor por fin. Se volvieron y nos llevaron más allá de una orilla del ascensor a una escalera, insistiendo en que fuéramos primero. Nuestro grupo subió dos tramos de escalera y salimos a un pasillo largo con seda escarlata que cubría las paredes y candelabros de oro que iluminaban el pasillo. Al final del pasillo, un numa con sal y pelo de pimienta, con un traje caro y una corbata de seda, estaba fuera de una puerta doble. Era Nicolas. Él se puso tenso al ver el tamaño del grupo. —Ella solo va ver a los dos —dijo, señalando imperiosamente hacia Vincent y a mí. —No hemos podido hacer una escena en el vestíbulo —explicó uno de nuestros acompañantes. —Y no todos podemos estar aquí en la sala, ¿no? —dijo Ambrose con una sonrisa maliciosa—. Al ser un lugar público y todo. —Van a aguardar en la antecámara de la sala —susurró Nicolas, dando al numa un vistazo que prometía problemas una vez que ellos estuvieran por su cuenta. —Así que, Nicolas —dijo Vincent mientras lo seguíamos por la puerta—. Una vez la mano derecha de Lucien, ¿y ahora estás jugando en segundo lugar a un adolescente? Nicolas se apartó para introducirnos en una pequeña habitación de entrada similar, con sillas y estantes para los abrigos y el sombrero. Él sonrió con amargura a Vincent. —En mi mundo, siendo segundo involucra muchos menos responsabilidad. Y riesgo. Pues mírate, estás de nuevo en peligro, salvando a una anciana mientras que Jean Baptiste está seguro y sano en el castillo. La mirada de Charlotte y Ambrose se cruzaron una y otra vez, y luego de vuelta a Nicolás. El numa no sabía acerca de la partida de JB. Al menos nosotros teníamos eso a nuestro favor. Violette quería a Vincent porque todavía creía que él era el campeón. ¿Pero si ella descubría que él era también el nuevo líder de los bardia, quién sabe cómo ella usaría eso a su ventaja? —Siéntate, Nicolas —mandó gesticulando hacia las sillas.

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—Ustedes no —dijo a mí y a Vincent. Abriendo una puerta que tenía una vista a otro pasillo largo, él gesticuló para que nosotros pasáramos. —No me quedaré fuera mientras mi esposa está dentro —insistió Papy. —Por supuesto que lo hará —dijo uno de los guardias, arrastrando su abrigo para mostrar un cinturón equipado con varios cuchillos y una espada en la vaina remplazada por una correa con una pistola. Mi abuelo frunció el ceño. —Si todo va bien, su esposa se unirá a usted momentáneamente —dijo Nicolas. —¿Y mi nieta? —Papy preguntó, levantando la barbilla para mostrar que no tenía miedo. —Voy a estar bien, Papy —insistí—. No hagas nada que les moleste. Nicolas nos siguió de cerca a través de la puerta. He oído las protestas de Papy cortadas por un comando brusco de: —¡Siéntate, viejo! Y de repente, estaba tan furiosa que tenía ganas de volver y desafiar a ese guardia. Mi enojo había perseguido mi temor, al menos temporalmente. Me giré para enfrentar Nicolas. —No vas a herir mis abuelos —le dije, diciéndole no preguntándole. —Además de servir como cebo, no son de ninguna utilidad para nosotros —respondió Nicolas, como empujado a continuar—. La puerta a la izquierda —indicó. Vincent dio vuelta la perilla y, en lugar de celebración abierta para mí como lo haría normalmente, avanzó primero a la habitación. —Ah, ahí estás. —Oí la voz de niña de Violette antes de que mis ojos la encontraran sentada con mi abuela en una mesa para el té. Frente a Mamie había una taza llena de café y un plato de pastas sentado sin tocar. —Kate. —Se quedó sin aliento cuando ella me vio. Pero a pesar de que estaba temblando, ella no hizo ningún esfuerzo para levantarse. Vi cómo sus manos se cerraron en puños debajo de la mesa, y se podría decir que ella estaba tratando de controlar su temblor.

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La misma indignación creció dentro de mí al ver a mi gran abuela reducida al estado de un rehén aterrorizado. Quería correr hacia Violette y estrangularla en ese mismo momento, pero me retuve, ya que noté que había más gente en el cuarto; dos guardaespaldas numa estaban parados contra la pared directamente detrás de nosotros, sus brazos doblados a través de sus pechos, supervisando la escena. Violette tomó un sorbo de su taza antes de bajar al plato. —Es tan bueno verte otra vez, Kate —dijo, levantándose de la mesa. En la cintura, un cuchillo de mango enjoyado brillaba encima de su vaina de cuero—. Y tú, Vincent. ¡Qué sorpresa cuando mis guardias me dijeron que estabas en una pieza de nuevo! Solo puedo imaginarme que descubriste el secreto de la encarnación, un método que los estudiosos hemos estado buscando por siglos. Qué inteligente. Miró a él con avidez, como si ella quería arrebatar los datos directamente de su cabeza. —Fue el guérisseur, ¿no es cierto? —dijo mientras avanzaba—. Debe haber tenido la información. No puedo imaginarme que Gaspard se habría descuidado para informarme de un importante descubrimiento. Vincent no hizo caso de su pregunta. —Deja ir a la mujer, Violette. Aún no podía entender por qué Mamie no se había movido ni un centímetro, hasta que vi que alguien sentado justo detrás de ella mantenía una espada en su espalda. Era un niño. Como de trece años. Su forma alargada, su cabello castaño claro arrastrados por sus cejas, casi ocultando sus oscuros ojos marrones. El aura numa monocromo expuso su cuerpo. Un joven numa. Ese debía ser el nuevo compañero de Violette. Ella me vio mirándolo. —Louis, puedes dejar ir a la señora Mercier. Los modales hacen al hombre, como dicen. Y a pesar de que ya no somos oficialmente “hombre”, todavía tenemos nuestro código a seguir, ¿verdad, Vincent? —Todavía eres bardia en cuerpo —dijo Vincent—. Pero en tu mente ya eres numa. Por lo tanto no tienes ningún código y no tengo fe en tus palabras. Déjame escoltar a Kate y a sus abuelos con seguridad lejos del edificio, y luego voy a volver.

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—Sí, por favor, que mi nieta y yo nos vayamos —suplicó Mamie, ahora estando de pie. El comportamiento civilizado de Violette explotó, rompiéndose en un millón de cascos de cristal. —¡Harán todo exactamente como digo! —gritó, sus ojos estrechados. Cada uno se heló y la contempló. Los guardaespaldas desplegaron sus brazos y dieron un paso en dirección a nosotros antes de recibir una mirada de Violette que los detuvo en el lugar. Se llevó una mano al pecho, y cerrando los ojos, suspiró. Luego, con una voz un poco más fuerte que un susurro, dijo—: Nicolas, querido, escolta a Madame Mercier fuera. Louis tomó a mi abuela por el brazo y la condujo rápidamente por delante de nosotros, traspasándola a Nicolas. Él la llevo al pasillo, cerrando la puerta detrás de ellos. Inspiré una bocanada de su perfume de gardenias mientras pasó, y mi pecho se apretó dolorosamente mientras me preguntaba otra vez si cualquiera de nosotros podría salir de esta con vida. —Ahora, ¿dónde estábamos? —dijo Violette, y se volvió hacia nosotros— . Oh sí, Kate y Vincent. Es hora de que concluyamos algunos de nuestros asuntos pendientes. —Ella se dirigió hacia nosotros, como una serpiente en movimientos suaves depredadores. —Tú —dijo, señalando a Vincent—, me perteneces. —Y por primera vez, me di cuenta de algo extraño en su mano derecha. Se veía desfigurada. Desequilibrada. Un hilo de pánico hizo su camino por mi espina dorsal cuando vi lo que estaba mal: su dedo meñique se había ido. Donde la articulación se unía a la mano estaba una costra de un rojo oscuro con puntos negros sobresaliendo de la misma. Ese era el sacrificio de carne y hueso que ella había hecho para atarse a Vincent. Inútil. Me quedé mirando la amputación y me dieron ganas de vomitar. —Nunca te pertenecí —respondió Vincent, cada palabra goteando desprecio—. Usaste a Kate y a sus abuelos para traerme hasta aquí. Ahora aquí me tienes, y como era de esperar, tienes un fuego. —Él señaló hacia el fuego ardiendo en la chimenea de piedra—. Y al parecer no te diste cuenta de lo que hiciste mal la última vez. Así que, Kate, vamos a seguir adelante con esto. Violette hizo señas a los guardaespaldas. Ellos se adelantaron y tomaron a Vincent de un brazo cada uno. Él me miró, con sus ojos suplicándome que cooperara, mientras dejaba que ellos lo agarraran sin luchar.

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Vincent no iba a sacrificarse para salvarme. Un hierro rojo de ira atravesó mi corazón y me impulsó mientras me abalanzaba hacia él. —Vincent. ¡No puedes! No otra vez. —Mi cabeza se sacudió hacia adelante cuando sentí unas manos fuertes captar mis brazos desde atrás. Me di media vuelta para ver que el chico, Louis, era mi captor. Y él era más fuerte de lo que parecía. Sus ojos se posaron en los míos, y apenas moviendo sus labios, dijo con una voz casi inaudible: —Lo siento. Sus palabras me confundieron, pero me concentré rápidamente mientras que Violette se detenía a centímetros de Vincent. Sostuvo el cuchillo debajo de la barbilla mientras él la miraba desafiantemente a los ojos. —Llévame en lugar de él —insistí. Bajando el cuchillo, dio un paso atrás, miro de él hacia mí y se rió. —Ahora, dime, Kate. Además del placer que me da matar a tu novio… de nuevo… delante de tus ojos, ¿por qué diablos imaginarias que te querría a ti en vez de él? Luché contra el agarre de Louis, y pensando rápidamente, escupí: —Podría ser la primera humana que matas. ¿No es así como funciona? Podrías ser un numa como quieres ser. Solo no mates a Vincent otra vez. Déjalo ir y tomaré su lugar. —Bien —dijo Violette, una expresión divertida cruzó sus facciones mientras miraba detrás de mí para encontrar los ojos de Louis—. Ahora, ¿no es un gesto encantador? Incluso se podría decir que es una oferta llena de abnegación. Cuán benevolente eres, Kate. —Tenías razón, Vincent —dijo, enfocando su atención en él. Sus labios se curvaron en una asquerosa sonrisa—. No me había dado cuenta de lo que hice mal la última vez. —Sus ojos estudiaron su cara, y ella inclinó la cabeza a un lado, como una niña—. Elegí el Campeón equivocado. Y, lanzándose hacia adelante, ella hundió el cuchillo en mi pecho. Su movimiento fue tan rápido, que por un segundo no sabía lo que había ocurrido, hasta que miré hacia abajo y lo vi sobresaliendo de mi torso, aún apretado en sus pequeños dedos de porcelana blanca. Luego, cogiendo la empuñadura con ambas manos, tiró la hoja hacia arriba en un rápido movimiento, y solo tuve tiempo de mirar hacia

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Vincent y vi el terror en sus ojos antes de que un sonido fuerte borrara su grito y la oscuridad me ahogara.

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Capítulo 36 Traducido por Eva Masen-Pattinson&Karou! Corregido por MaryJane♥

staba muy sedienta. Mi boca se sentía llena de arena, pero mis labios se abrieron, y me di cuenta que era mi inflamada lengua la que me estaba ahogando. Luché por abrir mis ojos, pero no tenía visión. Mis pulmones querían explotar, y luego mi garganta se liberó y estaba tragando aire, inhalando frenéticamente hasta mi ardiente pecho. Una mano tomó mi mentón y lo sostuvo bruscamente mientras vertía líquido en mi boca y lo derramaba sobre mis labios. Pero fui capaz de tragar, y la presencia seguía alimentándome hasta que se cerró mi boca y mi cabeza se relajó. Mi conciencia terminaba ahí. Tenía frio, aunque sentía una fogata cerca. Mi cuerpo se sentía como si hubiera sido congelado y ahora estuviera descongelándose, filosas agujas se clavaban en toda la superficie de mi piel. Mis músculos se acalambraban dolorosamente y sentía mi brazo saltar hasta mi pecho, las articulaciones en mis dedos tenían espasmos, apretando mi mano en una garra. Todavía no podía ver, y mi boca estaba reseca. Escuché pasos y la mano estuvo de vuelta, dándome agua. Podía saborear ahora. Algo rozó mis labios y forzó su paso más allá de mis dientes. Mordí y saboreé el dulce jugo de un higo, sintiendo su carnosa textura llenando mi boca. Tragué y di otro mordisco, desesperada por tener la comida adentro de mi acalambrado estómago. El higo fue seguido de nueces. Tres. Las tragué e inmediatamente volteé mi cabeza a un lado y las vomité, esforzándome por vomitar hasta el punto de vaciar mi estómago. Me encorvé, lloré y me sacudí violentamente. La mano esperó hasta que terminé, limpió mi rostro y empezó de nuevo. Agua. Higo. Tres nueces. Esta vez logré mantener los alimentos adentro. Los pasos se alejaron y mi mente se cerró una vez más. Oí agua cayendo cerca de mi cabeza. Mis ojos se abrieron y miré fijamente al techo de madera. Pude ver. Traté de sentarme, pero algo me lo impidió. Levanté mi cabeza lo suficiente para ver que estaba atada por cuerdas a una cama. Estaba vestida toda de negro… no, no negro. Rojo oscuro. Mi

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dedo rozaba mi pierna y había algo tieso. Con horror, me di cuenta de que mi ropa estaba saturada de mi propia sangre seca. Sintiendo pánico, traté de orientarme. La pared cerca de mí era de metal pintado. Desplacé mi mirada alrededor del cuarto apenas amueblado, hacia una ventana en frente de mí para ver una extensión de agua estirándose hasta una ribera. Estaba en un barco. Atada a una cama. —Ah, está despierta —dijo una voz, y yo moví mi cabeza a un lado para ver a Violette entrando al cuarto. Detrás de ella, Louis se agachó para pasar a través de la baja puerta. Retrocedí mientras entraban en mi vista. Algo había pasado con mi visión. El aura descolorida de una pulgada de ancho que solía ver alrededor de los numa había desaparecido, y en su lugar había halos de bruma carmesíes. Como si no lo supiera. Una furia nauseabunda se apoderó de mí, temblé y sentí bilis en mi boca. Estaban parados sobre mi cabeza, boca abajo, mirándome en el rostro. Louis parecía preocupado y Violette triunfante. —Bienvenida al más allá —dijo. Dejé de luchar contra las cuerdas y la miré boquiabierta. Traté de hablar, pero mi garganta hizo un ruido como de graznido. —¡Esto es tan fascinante! —dijo, apretando sus manos juntas—. Nunca antes he sido testigo de una vivificación. Realmente nunca me interesó hasta ahora. No entendía qué era de lo que Violette estaba hablando por un minuto, y luego, repentina y enfermizamente, lo comprendí. Me apuñaló, lo recordaba. Pero, ¿morí? No, no pude haber muerto. Violette me había mantenido con vida, sufriendo y al borde de la muerte para que poder seguir torturándome. Luché contra mis amarres, pateando y forcejeando. En vano, lo sabía, pero estaba furiosa, y la pelea hacía que me sintiera mejor. Sacudí mi cabeza hacia Violette y traté de formar palabras con la boca seca como hueso. —Eres… —dije ásperamente. —¿Sí, querida? —dijo ella, radiantemente—. ¿Qué soy?

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—Una… bruja… psicótica —logré decir, colocando todo mi odio y temor en mis palabras, obligándolas a herirla con cada gota de energía que todavía poseía. —Oh, ¿no es eso hermoso? —dijo ella, riendo con satisfacción y saliendo del cuarto con Louis, que la seguía de cerca—. Muy apropiadas para ser las primeras palabras de Kate como Revenant. —La escuché mientras cerraba la puerta detrás de ella—. ¡Demuestra que tiene valor! Esto va a ser más divertido de lo que había pensado. —Y su voz se desvaneció al alejarse. Permanecí acostada, estupefacta. ¿De qué estaba hablando? Yo, ¿una Revenant? No podía ser. Pero después de un momento, puse a un lado la duda y empecé a considerarlo posible. No solo debería de haber poseído esa predisposición mística, gen o lo que sea de los Revenant, pero debía morir salvando a alguien. Violette trató de matarme. No me auto sacrifiqué por nadie. Y luego, con una escalofriante realización, recordé la escena en la habitación de Violette en el Crillon cuando me ofrecí para ser su primera víctima humana, para que me llevara en lugar de Vincent. ¿Cuáles habían sido sus palabras? Las escuché claramente como si ella estuviera parada en el cuarto junto a mí. “¿No es ese un gesto encantador? Podría incluso decir una ofrenda auto sacrificadora. ¡Qué bondadosa eres, Kate!” Violette nos engañó. Planeó todo para que yo muriera por Vincent, pero, ¿por qué? Revisé mi cuerpo para ver si me sentía diferente, y así era. La forma en que mi corazón latía más despacio y el perezoso pulso en que mi sangre pasaba por mis venas. Pero eso podría ser porque estaba muriendo. Desangrándome a morir. No, algo más había cambiado. Aunque estaba débil y sedienta, era como si hubiera un sol, una llameante bola de cálida energía blanca dentro de mí que irradiaba por mis poros. Ahí estaba la respuesta de mi cuerpo, una dolorosa reacción física, cuando Violette y Louis entraron en la habitación que me advirtió que los numa estaban cerca. Y luego, ahí estaban sus auras. La penumbra descolorida que miraba alrededor de los numa antes de morir había sido remplazada por halos de bruma carmesíes, iguales a los que los artistas de los curanderos

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habían exhibido alrededor de los numa en sus dibujos en cuevas. Vi auras como ellos lo hacían. Había cambiado, ya no era humana. —¡No! —logré gritar antes de que mi voz se agotara. Tiré de mis ataduras de nuevo, pateando, halando y golpeando mi cabeza, hasta que finalmente me rendí y comencé a llorar. No, no era llanto, sino sollozos. Llorosa. Las lágrimas caían a los lados de mi cara y traté de levantar mis manos para secarlas antes de recordar que estaba atada. Algo picaba mi brazo. Duro. Abrí mis ojos para ver el rostro de Violette encima del mío. —Parece que te desmayaste —dijo ella en tono práctico—, un síntoma típico después de dar vida a una muerte tan violenta. —¿Por qué me retienes aquí? —gruñí. Me hubiera gustado poder tener las manos libres para arañar sus ojos con las uñas—. Me has utilizado como cebo para llegar a Vincent; estaba de pie justo en frente de ti. ¿Qué puedes querer de mí? —¿Por qué? —repitió, tocándose la barbilla con el dedo—. Porque tú, Kate, eres la Campeona. Y yo, Violette, quiero tu poder. Es tan simple como es —ella se volvió hacia Louis—. Dale a la Campeona más agua, por favor. No podemos dejar que muera antes de que obtenga su verdadero poder. Louis salió de la habitación. Había pensado cada posible respuesta que me podría dar, pero esta era una que no esperaba. La miré fijamente, incrédula, mientras Violette acercaba una silla a la cama y se sentaba a mi lado. Ha perdido, creí. Aunque estaba cuestionablemente estable antes, todo este poder le ha conducido a una completa locura. —Estás más loca de lo que pensaba —le dije. —Bueno, eso sería un punto de vista —respondió—. Otra sería que soy muy astuta. Observadora. Perspicaz, incluso. Verás, mi apuesta de que eras una Revenant ya ha demostrado ser correcta. Y si Vincent no es el Campeón, lo que se hizo muy claro cuando la transferencia de energía falló miserablemente. —Ella inconscientemente frotó su dedo amputado con la otra mano, entrecerrando los ojos cuando recordó que no estaba ahí—. Entonces había una muy buena posibilidad de que fueras tú.

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La miré boquiabierta, sin comprender, y ella bufó con impaciencia. —La profecía dice que el Campeón tiene poderes antiguos de comunicación, persuasión y percepción. No lo entendía hasta que pensé en la palabra “anterior” en el sentido de “antes de convertirse en un Revenant”. Tener los dones mientras aún eras humano. Pensando en ello de esta forma, la parte de comunicación era evidente. Pensé que Vincent era especial por comunicarse con un ser humano mientras estaba Volant, pero fue al revés. Eras tú quién era especial. Corrió rápidamente su silla para poder ver mi reacción mientras hablaba. —Tuviste a los parientes en La Maison comiendo de tu mano, incluyendo a Jean-Baptiste, que no se ocupa de cualquier ser humano del que no tenga un por qué. Vincent iba en contra de su mejor juicio para verte, y tú desparasitando su camino en los corazones de los demás Revenants de París. Yo podría llamarlos poderes antiguos de persuasión. Y entonces recordé que la noche antes de nuestra pequeña pelea arriba en Montmartre, Vincent me había preguntado si podía haber empezado a ver el aura de la numa solo de pasar tiempo con los Revenants. Le dije que no. Pero si tuvieras un gran sentido de la percepción, eso lo explica todo. Se alisó el pelo hacia atrás, pareciendo muy satisfecha de sí misma. Quería decirle exactamente lo que podía hacer con su ridícula teoría, pero no había terminado de hablar. Y necesitaba escucharlo todo. Cruzando los brazos sobre su pecho y golpeando el dedo índice contra su bíceps en forma, dijo: —Y luego está el hecho de suma importancia de que el curandero Gwenhaël le dijo a mis hombres, bajo una gran presión, lo admito, que el Campeón sería quien asesinara al líder numa. Sabía que Vincent tenía que matar a Lucien, pero fuiste tú quien tiró el cuchillo. Una vez que dejé de centrarme en Vincent y pensé en ti, todo encajó. Y como ves, aquí estamos. No soy una curandera o una vidente, así que no puedo decir si tienes la legendaria aureola 'estrella de fuego' del Campeón. Por lo tanto, voy a tomar mis posibilidades y destruirte una vez que estés completamente animada. ¿Qué es lo que dicen ahora... sin la piel de mi nariz? —Al darse cuenta de lo que dijo, frotó su trozo amputado nuevamente, forzando una sonrisa—. Y no te olvides, tú te ofreciste a mí. Me diste los plenos poderes del Campeón. No, pensé otra vez. Ella tiene que estar equivocada. Pero me quedé en silencio, incapaz de darle la satisfacción de saber lo mucho que me había alterado. Cuando no respondí, Violette se levantó y se acercó a una mesa

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sentándose junto a la chimenea. Inclinándose, comenzó a garabatear algo en un cuaderno. Cerré los ojos y pensé en lo que ella me dijo. No lo creía. No podía. ¿Cómo podía ser el Campeón? El Campeón era una especie de superhéroe nomuerto. Bueno, así que encajaba en uno de esos títulos, creo. El dolor rasgó a través de mí una vez más, reconociendo lo que era... no-muerto. Una lágrima rodó por mi mejilla justo identificándome con esa palabra horrible, pero luché por reponerme. Tenía que pensar. Cada vez que Bran hablaba del Campeón, usaba el pronombre “él”. La profecía que nos leyó usaba la palabra “él”. Eso tenía que significar algo, ¿no? Todos parecían estar pensando que el campeón era un hombre. ¿No lo habría dicho Bran de otra manera, si sabía que yo era el Campeón? No necesariamente, creí. Él no podría haber sabido. Ni siquiera era una Revenant entonces. Y entonces recordé. Fue inmediatamente después del gran evento, cuando él tocó a Jean-Baptiste y se convirtió en el Victor Seer, que empezó mirándome extrañamente. Yo siempre estaba revisando mi cabello a su alrededor, preguntándome qué estaba mirando. Pero, ¿y si no hubiera sido mi pelo en lo que se estaba centrando? ¿Y si hubiera sido mi aura? Era una especie de estrabismo extraño, creí con creciente horror. Si mi aura era tan brillante como una “estrella en llamas”, no era de extrañar que él entrecerrara los ojos cada vez que miraba en mi dirección. Mis pensamientos comenzaron a correr, cada comprensión escociendo como una avispa enloquecida. Era su insistencia en que el Campeón no estaba allí todavía. Él no quería ni mirar a la otra bardia para verificar. Era porque pensaba que era yo. Allí estaban las miradas de reojo cuando el tema del Campeón surgió. Y su voluntad al dejarme visitar los archivos de la llama del dedo. Y entonces recordé sus palabras cuando volví de la cueva con sus libros. Me alegro de que hayas ido, él había dicho. Bien podría ser tu única oportunidad. ¿Por qué diría eso? A los Portadores del signum Bardia se les permitía entrar. Pero no eran Revenants. Él sabía que yo era un Revenant latente. Y él sabía que pronto sería el Campeón. Bran lo había sabido todo este tiempo.

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El shock me golpeó como una ola gigante, rugiendo en mis oídos, y me envió girando y chocando a su paso. Me acosté ahí, sin poder hacer nada más que mirar a la chica que estaba determinada a destruirme. —¿Alguna otra pregunta? —cuestionó ella, cerrando totalmente el cuaderno y deslizándolo en el bolsillo de la chaqueta. —¿Qué hiciste con Vincent? —Él no tiene valor para mí ahora —dijo ella con irritación—. Lo podría haber matado, junto contigo, pero no quiero arriesgar tu sacrificio. Tú ofreciste tu vida por él. No estaba segura de que te convirtieras en un Revenant si fallabas salvando su vida. Así que lo dejé en el hotel. Cerré los ojos con alivio. Él está a salvo. —Sí, a descansar —dijo Violette, caminando de regreso a la cama y colocándose directamente sobre mí—. Va a pasar por lo menos un día más antes de recuperar tu fuerza. Aunque, como puedes ver —ella dijo, mirando a las cuerdas que ataban mi cuerpo—, no quiero correr riesgos. Ella comenzó a caminar hacia la puerta. —¿Violette? —llamé, estirando la cabeza para poder verla. —Sí, ¿Kate? —preguntó, mirando curiosa. —Espero no ser el Campeón —le dije, mi voz tranquilamente muerta—, porque odiaría darte una satisfacción adicional. Pero si lo soy, espero que tengas que cortarte una mano entera esta vez y comerte un gato crudo con el fin de que me absorba. Y espero que te ahogues en él. Su comportamiento espeluznantemente calmado finalmente se destruyó. Haciendo un ruido entre un gruñido y un grito, pisó fuerte hacia la cama y golpeó mi rostro tan duro como pudo. Luego, girando sobre sus talones, salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella. Puse mi cabeza hacia abajo y saboreé la sangre en mi boca. Y sonreí.

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Capítulo 37 Traducido por Lucach Corregido por Miss_ale

e reabrió la puerta casi inmediatamente, y Louis entró con una bandeja. Aunque sus cejas levantadas insinuaban curiosidad en cuanto a lo que acababa de suceder entre su amante y yo, no dijo nada. Depositó la bandeja abajo, y sin decir palabra, sirvió un vaso de agua. Levantó mi cabeza y me ayudó a tomar un poco antes de quitar el vaso y alimentarme con un gajo de naranja. Mi ira se enfrió lentamente a medida que lo estudié por primera vez. Vi lo que debía haber sido un muchacho torpe de trece años más o menos, antes de asumir la fachada aparentemente carismática que formaba parte de la transformación revenant. Como Vincent me explicó el pasado verano, cuando los revenants se reaniman, se vuelven físicamente más atractivos que cuando eran humanos. Es su súper fuerza, las personas son atraídas a ellos, y por lo tanto más propensos a confiar en ellos. En el caso del bardia, esta es una cosa buena, más vidas son salvadas. Pero en el caso del numa, es un riesgo para su víctima. Cuando el numa quiere dar miedo, es seguro que lo hace. Pero cuando están en el modo estafador, pueden ser tan venenosamente encantadores como Lucien cuando indujo a mi hermana a enamorarse de él. ¿Qué podría haber hecho este niño a una edad tan joven para atraer como un traidor de serie?, me pregunté. Louis evitó mis ojos mientras se disponía para irse. Y aunque sabía que solo estaba siguiendo las órdenes de Violette, le di las gracias al salir de la habitación. Hizo una pausa en la puerta, mirándome con curiosidad antes de cerrar la puerta dejándome a solas con mis pensamientos. El tiempo pasó lento, a paso de caracol, y mis piernas dolían tanto que las lágrimas se escapaban de mis ojos. No estaba llorando, era solo la respuesta de mi cuerpo al dolor intenso. Lo que tiene sentido, mis tejidos humanos muertos se acercaban a la vida de nuevo. Me estremecí de terror. Vincent no me dijo esta parte de su historia.

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Él no me dijo un montón de cosas. Porque nunca pensó que iba a estar en esta situación. Ninguno de los dos sospechábamos que sería como él. Aunque, ahora que Violette había enumerado las razones, me di cuenta de que debería haberlas previsto. Si no hubiera existido la creencia en Vincent siendo el Campeón ocultando el problema, es probable que lo hubiera hecho. Y si lo hubiéramos hecho, bueno, las cosas habrían sido diferentes. No habríamos tenido que lidiar con el tema de mi mortalidad y la vida eterna. Porque tendría la oportunidad de convertirme en inmortal. Esa era la cruel ironía, ahora que tengo la posibilidad de pasar la eternidad con Vincent, alguien me quitará esa posibilidad. Me matarán, otra vez, y quemarán mi cuerpo. Veremos si puede hacerlo, pensé, mi rabia me hacía sentir todopoderosa. Luché violentamente contra mis cadenas, convulsionando como una loca en mi desesperación, pero el único resultado fue herir mis brazos. Medí el tiempo con el latido de mi corazón ralentizado y el cambio de la luz fuera de la ventana de la embarcación. Debía ser a media mañana cuando Louis entró en la habitación y comenzó la rutina de alimentación de nuevo. Comer y beber mientras descansaba en mi espalda era difícil, por no decir más. Pero estaba tan muerta de hambre que me las arreglé para masticar y tragar todo lo que me daba y mantenerlo en mi estómago. —¿Cuántos años tienes? —finalmente pregunté. Sus ojos se abrieron, y luego los estrechó. Apretó la mandíbula y negó con la cabeza. Plegó rápidamente la bandeja y salió de la habitación. Cerré los ojos y traté de descansar, pero todos los músculos de mi cuerpo estaban en tensión. Estaba desesperada por moverme, pero solo mis pies y mis manos estaban libres para rotar. Así que los moví. Y entonces doblé los dedos de las manos y de los pies, tratando de relajarlos. No había nada más que pudiera hacer, además de imaginar lo que mi familia debía estar pensando en esos momentos. Ellos creían que estaba muerta. Estaban de luto. Una vez más. Mi corazón realmente dolía físicamente al imaginarlos, por lo que saqué la imagen de mi mente y empecé a pensar en escapar. Estudié las cerraduras de las ventanas y memoricé el trazado de la habitación. No sabía de lo que era capaz, así que era difícil trazar una estrategia. Me hubiera gustado haberle hecho a Vincent más preguntas acerca de los poderes revenant.

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Y, ¿qué si soy el Campeón? ¿Qué fue lo que Vincent me dijo… además de los “anteriores poderes” que Violette había descrito? Fuerza. Resistencia. Me pregunté si tenía súper poderes. Traté de romper las ataduras de nuevo y no pasó nada. No se rompieron como hebras. De acuerdo… no era Hulk. Solo podía esperar que la parte de resistencia fuera correcta. Porque si no, estar atado a la cama me iba a volver loca. A medida que el sol fuera de la ventana alcanzó el cenit —mediodía, creo— mi desesperación creció. Violette dijo que mi fuerza estaría de vuelta en un día. Tenía que salir de aquí antes de eso. Más que mi miedo a ser asesinada nuevo, era mi determinación de no ser su clave para convertirme en su Campeón de súper villano y acabar con la bardia. Recordaba la historia de ese numa que absorbió la energía del Campeón indio y la destrucción que logró sembrar antes de ser detenido. Violette no necesitaba más persuasión para tentar a que la siguieran. Y añadí, solo estaba adivinando, más del doble de la fuerza de un revenant, resistencia, y todo eso, ella podría tener París bajo su control en muy poco tiempo. No quería parecer el héroe de historietas dramático, pero si tenía el destino de París y, eventualmente de Francia o incluso más allá, descansando sobre mis hombros, mejor encontraba una manera de salir de aquí. Louis estaba de vuelta e hizo toda la rutina de niñera en silencio una vez más. Pero esta vez, estaba decidida a hacerlo hablar. —Sé que no se supone que debes hablar conmigo. Pero supongo que no eres más joven que yo. Y también supongo que es posible que no quieras estar aquí. Vi el desinterés practicado en su expresión cambiar por un segundo mientras sus ojos se encontraban con los míos, y luego se puso la máscara de nuevo y me siguió alimentando. Pero había visto lo que estaba buscando, la tristeza. Desesperación. Me tragué el trozo de la manzana con que me estaba alimentando y pensé qué decir. ¿Dónde estaban los poderes sobrenaturales de persuasión cuando los necesito? Me decidí a decir la verdad. —Nunca pedí esto, Louis. Yo no quiero ser el Campeón. Ni siquiera quiero ser un revenant. Solo quiero volver a ser una muchacha humana normal y no ver a esa alocada y aterradora medieval otra vez. Louis se congeló, sin saber qué hacer. Mi enojo parecía tener sentido para él, pero mi honestidad lo dejó confundido. Vi que lo que dije tocó algo en él.

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De pie, caminó hacia la puerta y la cerró con cuidado, y luego volvió a sentarse a mi lado. —No quiere que hable contigo —murmuró—. Se supone que debo contarle de inmediato cuando crea que estás tratando de persuadirme para ayudarte. —Bueno, supongo que eso es normal si ella considera que he mejorado mis dotes de persuasión —dije—. Ella debe confiar en ti mucho para dejarte que vengas solo aquí. —¿Confianza? —se carcajeó—. ¿Por qué crees que ella está aquí en este barco y nunca se aleja unos pocos metros de ti? Mi nariz estaba en marcha, y lo único que quería más que a nada en el mundo era un pañuelo. Olí un par de veces, tratando de limpiar mi nariz en mi hombro, y Louis saltó para conseguir una toalla y dio toques ligeros en mi cara. —Gracias —dije. Y entonces algo se me ocurre—. Antes, en la habitación del hotel… ¿por qué pediste disculpas cuando me agarraste por detrás? —preguntó mientras dobla la toalla y la coloca sobre una mesa auxiliar. Él me miró desde el otro lado de la habitación. Decidiendo. A continuación, cerrando los ojos fuertemente, se frotó la frente con preocupación. —Yo casi tenía catorce años cuando morí, eso fue hace unos meses — dijo con una voz tensa que sonaba como si su garganta fuera a estallar. Exhalando, se acercó a mí. —No quise matar a nadie. Bueno, sí, lo hice. Pero yo estaba temporalmente… loco, supongo. Odiaba al tipo tanto por lo había hecho con nosotros y a mi madre. —Se estremece y sacude la cabeza. Eso era todo lo que diría acerca de su pasado—. Lo… lo siento por todo esto. No quiero ser así. Ella me encontró y me hizo su favorito, y lo único que quiero hacer es morir. Pero eso ni siquiera es posible para mí. No supe qué decir. —Me tengo que ir —dijo, y comenzó a salir del cuarto. —Espera. —¿Qué?

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—Gracias. —¿Por qué? —Me vio con sospecha. —Por hablar conmigo. Limpiar mi nariz… solo… gracias. —No hice nada —dijo, entrecerrando sus ojos. Y volviéndose, se marchó, cerrando la puerta detrás de él. Me recosté, mirando al techo. Louis era como Violette. Un capricho de la naturaleza. Debió de ser un numa por accidente, de la misma manera que ella se convirtió en una revenant. Y ahora él estaba condenado a ser su pareja, al menos hasta que se aburriera de él. Lo cual, para Arthur, tomó cerca de cinco siglos.

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Capítulo 38 Traducido por Cezzii ƸӜƷ Corregido por Miss_ale

n momento después, sentí otra presencia en la habitación. Kate, dije. Estaba acostumbrada a oír una voz en mi cabeza, pero por primera vez, no era la voz de Vincent. Escaneé la habitación en busca de la fuente de la voz, pero no encontré nada. —¿Quién está ahí? —pregunté en un susurro asustado. Es Gaspard, dijo la voz. Y aparentemente, no tienes que hablar en voz alta. Puedo escuchar tus palabras antes que las digas. Que conveniencia más terrible. No pude evitar sonreír. Él sonaba igual en mi cabeza que en la vida real. ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que tú y JB dejaron París. Y lo hicimos. Pero Jean-Baptiste vio tu aura en todo el camino a Normandía, e insistió en regresar. Todos te buscan. Jean-Baptiste siguió tu luz y trajo a todos acá. Quiero decir, querida, te ves totalmente acabada. Con la sangre embarrada por todas partes. Eres prácticamente… un zombi. Ignoré sus comentarios sobre mi apariencia. ¿Cómo están mis abuelos? ¿Y Vincent? Todos están bien. Ambrose y Charlotte mantuvieron a tus abuelos a salvo sacándolos del Crillon, y después regresaron para rescatar a Vincent. Di un suspiro de alivio. Entonces, ¿dónde estamos? En la casa flotante en la que estás prisionera, está a las afueras de París, moviéndose hacia el oeste, dijo Gaspard. La voz desapareció por un momento, y luego volvió. ¿Qué tan fuerte estás? No sé, reconocí. ¿Cuánto tiempo he estado aquí?

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Violette te mató hace al menos cuatro días, dijo Gaspard. No puedo quedarme mucho tiempo. Ella y sus hombres detectarán que estoy aquí. Vincent no quiere intentar ningún tipo de rescate hasta que sepa que eres lo bastante fuerte para luchar por tu cuenta. No hay forma de arrastrar un barco en medio del río, pero no le daremos a Viollete el tiempo necesario para matarte. Su voz volvió a desaparecer durante unos cuantos minutos y luego volvió. Vincent dice, y cito, "sé fuerte, Mon Ange” Él dice que debes hacer tu mejor esfuerzo para liberarte, pero quédate dónde estás y finge que aún estas inmóvil. Volveré en unas horas para ver cómo estás. ¿Gaspard?, dije. ¿Sí? Soy una revenant. Me di cuenta de que era la subestimación del siglo, pero de alguna manera decirlo en voz alta me hacía sentir mejor. Lo sé. Parece que eres en realidad un poco más que una revenant, querida Kate. Inhalé fuertemente. ¿Cómo lo sabes? Pues en primer lugar, tu aura es algo que Jean-Baptiste no ha visto nunca. Es como un dispositivo para sus capacidades de vidente. Y luego, una vez confrontado, Bran confesó. Él lo supo todo el tiempo, pero fue obligado por las reglas de su pueblo no proclamarte Campeón antes de que realmente te convirtieras en tal. Mi presentimiento era cierto. Bran lo sabía. No pude decidir si estaba agradecida o molesta con él por no dejármelo saber. Pero una vez más, tal vez lo había intentado con todas sus insinuaciones. De la única manera que podía “legalmente” dejármelo saber. Había sido ciega. Ten cuidado, Kate, Gaspard continuó. Volveré a verte. Así que mi estado, como revenant y actualmente Campeón, era bien sabido entre los de bardia. Todos lo sabían. Vincent lo sabía. No estaba segura de lo que sentía con eso. Había un dolor en mi corazón, y me preguntaba si esto cambiaría la forma en la que me veía. Él me dijo más de una vez que no quería el destino de un revenant para mí. Bueno, nada de eso importaba si no podía salir de aquí. Mi cuerpo sería cenizas y mi espíritu absorbido por Violette, fortaleciéndola. Haciéndola

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imparable. Solo la idea de ser parte de ella me puse en acción. Trabajé en mis ataduras, moviendo las manos hacia atrás y adelante y tensando las cuerdas. Todo lo que conseguí es quemar la cuerda y un mayor sangrado. Sentí ganas de gritar, pero ahora que estoy en contacto con los otros, no quiero llamar la atención más hacia mí más de lo necesario. Me acosté en la cama y deseé poder dormir. Después de lo que pareció una eternidad, Louis estaba de vuelta con otra bandeja. Esta vez dejó la puerta abierta detrás de él. Levanté la cabeza para que me ayudara a beber, colocó las rodajas de fruta y las nueces en mi boca y esperó a que masticara y tragara. Tenía la sensación de que él odiaba a este trabajo de guardia. Había algo en la forma en que su mandíbula se apretaba cuando hacía una mueca de dolor. Y el modo en que me veía de reojo para ver las facciones de mi cara. Había estado sintiendo una emoción hacia él, me di cuenta de que podría ser simpatía. Tenía una furtivamente sospecha de que él preferiría estar en cualquier lugar menos aquí, ayudándome a ser más fuerte para ser destruida. Aproveché la oportunidad que me brindaba mi corazonada. —Louis, por favor ayúdame a salir de aquí —le susurré. Actuó como si no me oyera e introdujo una avellana en mi boca. Mastiqué y tragué, y me pregunté si había un truco para esto de la persuasión. Centrándome en lo que quería de él, me lo imaginé levantándose, cerrando la puerta y luego desatándome. Concentré toda mi energía en esa imagen en mi cabeza, mirándolo pasar por los movimientos que quería otra vez. Sentí otra nuez contra mis labios, y mis ojos se abrieron de golpe para ver su mirada parpadeando hacia mí, alejándose mientras tomaba la comida de sus dedos. Se puso de pie y caminó hacia la puerta. Estaba destrozada por la decepción. Él era mi única oportunidad, a menos que consiguiera ser súper rápida y súper fuerte, no hay manera de que saliera de aquí por mi cuenta. Cuando lo vi, noté algo que no había visto antes. Dentro de su aura color rojo, había algo que brillaba, como diminutos filamentos de oro. Parpadeé un par de veces, preguntándome si el estar acostada boca arriba le había dado cansancio a mi vista, pero cuando volví a mirar, el brillo de oro aún estaba allí. Como si sintiera que lo observaba, Louis se detuvo. Y luego se dio la vuelta y regresó. Cuidadosamente, evitando mi mirada, se inclinó bajo la cama y tiró sobre una de las cuerdas. Esto me lastimó el brazo mientras

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se tensionaba contra mi piel. Estaba petrificada, preguntándome lo que estaba haciendo. Sin mirar atrás, sacó una sola llave y la dejó en la repisa de la ventana antes de salir de la habitación, cerrando la puerta detrás de él con fuerza. ¿Qué ha pasado aquí?, me pregunté a mí misma. Levanté la cabeza para mirar hacia mis manos. Había dado vuelta a la cuerda dejando el nudo justo al lado de mis dedos. Puse mi cabeza hacia abajo y cerré los ojos en alivio. Entonces, llamando a toda mi fuerza, me apoyé y comencé a trabajar el nudo con mi uñas. Era un nudo simple, pero se había atado con tanta fuerza que tuve que desenredar la cuerda con la uña del pulgar como un cuchillo. Oí pasos acercándose a la puerta y me congelé, recostándome por si alguien se asomaba no pudiera ver nada fuera de lugar. Las pisadas se alejaron y trabajé en la tarea, más difícil que antes, rasgando la piel de mis dedos para aflojar el cable. Finalmente, sentí el nudo aflojarse y desaté el nudo. Había otras tres cuerdas que me sujetaban sobre mis hombros, muslos y pies. Trabajé en los próximos minutos en ellas, siendo cada una más fácil que la anterior, ahora que tenía más movilidad, y finalmente fui libre. Consideré esperar a Gaspard, pero se sentía como si hubieran pasado horas desde que él se había ido. Podría poner las cuerdas de nuevo a mí alrededor, fingiendo estar atada en caso de que volviera Violette. Pero si se trataba de luchar contra ella, no estaba segura que pudiera ganar. No tenía manera de juzgar mi fuerza. Aunque no me sentía lista para una pelea, me sentía tan desesperada como para mover mis extremidades. Tal vez incluso intentar una huida. Curiosa, me toqué el pecho tirando de mi camisa, donde el cuchillo de Violette la cortó. Estaba cubierta de una gruesa capa de sangre seca, por lo que era difícil ver la herida del cuchillo. Pasé los dedos por el esternón, donde la hoja entró. Era suave. No había ninguna herida. Ni siquiera una cicatriz. Me estremecí y mis antebrazos se erizaron. Si tenía alguna duda sobre mi mortalidad, se había ido. Era sin duda sobrenatural. Puse mis piernas a un lado de la cama y me senté allí, percibiendo la sangre en mis muslos. Los alfileres y agujas vuelven con toda su fuerza. Traté de levantarme, pero me desplomé inmediatamente a una posición sentada hasta que finalmente pude sentir los dedos de mis pies. Me quedé así por un momento, antes de intentar volver a pararme. Entonces crucé renqueando la habitación hacia la ventana.

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Tomando la llave de Louis, la deslicé en la cerradura, encajó y giró la manecilla con cuidado, con los dientes apretados, haciendo mi mejor esfuerzo para no hacer ruido. Abrí la ventana lentamente, un centímetro a la vez, y después de que nada sucediera, me atreví a meter la cabeza y mirar hacia abajo. Había una caída de dos metros a la cubierta principal. Nadie estaba a la vista. Sacudí mis brazos y piernas, traté que mi circulación fluyera antes de bajar una pierna todavía medio renca por la ventana y después la otra. Me sostuve con mis codos y luego me deslicé hasta que me estaba sosteniendo con la ventana y me coloqué en silencio en la cubierta. O al menos, eso es lo que intenté. Mi sangre incrustada en mis Converse hizo una especie de crujido al golpear la madera, y el impacto, uno que normalmente podría controlar, me tenía acuclillada, incapaz de enderezarme porque los músculos de mis piernas estaban sin usar. Me quedé allí por tres segundos, mi corazón latía como un tambor de pánico al pensar que Violette se apareciera delante de mí antes de que pudiera llegar a salvo al agua. Mantén la calma, pensé, y escaneé el espacio por cualquier cosa que pudiera servir como un arma. Justo a tiempo. Cuando me levanté con esfuerzo, sentí unas manos abrazando mi hombro. Miré de reojo para ver a uno de los guardias numa del hotel frunciéndome el ceño.

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Capítulo 39 Traducido por Lucach Corregido por Marce Doyle*

ey! Había que detener los gritos del numa antes de que pudieran alertar a los demás. Agarré un remo de metal enganchado en la pared a mi lado y lo hice girar tan duramente como podía contra su cabeza. Todavía estaba débil, pero parecía que lo golpeé en el lugar correcto, porque liberó mi hombro y se tambaleó hacia atrás justo cuando otro numa llegaba a la cubierta y se dirigía hacia mí. —¿Qué está pasando? —oí gritar a Violette, y luego salté sobre la borda del barco y me sumergí a bucear en las gélidas aguas bajo el bote. Nadé con movimientos decididos hacia la orilla. Si era el campeón, definitivamente no me había hecho más fuerte ni una pizca. Estaba cansada y débil, pero el pánico me movía rápidamente por el agua. Di las gracias a mi buena estrella de que ya era una buena nadadora cuando era humana. Cuando era humana. Mi pecho se contrajo, y vacilé en mi brazada. Soy un monstruo. No, eres una revenant, corregí, instando a mi cuerpo a avanzar. Oí un chapoteo en el agua detrás de mí. Y luego otro. Supuse que los guardias numa me perseguían, pero no me tomé el tiempo para mirar hacia atrás. Luchaba con el agua, los músculos me ardían de dolor, dirigiéndome directamente a la orilla del río. De repente, alguien más estaba en mi cabeza. Gaspard. Kate, estoy guiando a los demás hasta el punto en el que arribaras a tierra. Los numa alcanzarán tierra antes de que los parientes lleguen hasta ti. Tendrás que luchar. —¿Puedes ver el futuro y decirme si voy a ganar? —pregunté, luchando por mantener mi velocidad. No, no puedo ver eso.

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Unos minutos más y mis pies tocaron el suelo. Me levanté del agua en la orilla. No había edificios alrededor, así que tenía que estar cerca de uno de los parques nacionales fuera de los límites de la ciudad de París. — Nadie que me vea. No hay nadie a quien llamar en busca de ayuda — pensé—. Soy solo yo contra los numa. Sin mirar atrás, avancé a trompicones, mis ropas anegadas goteaban, dejando un rastro de agua ensangrentada detrás de mí. Busqué algo que pudiera usar como arma. Agarré una rama de un árbol roto, arrancándola y despojándola de sus ramas lo más rápido que podía. Era casi del mismo tamaño que el bastón con que me entrené con Gaspard, aunque un poco más pesada. Me volví hacia el río y estuve confusa por un momento. Los dos hombres que nadaban en el agua tenían el mismo halo de luz brillante rojo espeluznante a su alrededor igual que en el barco. Pero ahora que estaban más lejos, el rojo estaba iluminando el agua como una mancha de tinta bajo de ellos y salía verticalmente al aire como un faro. Parpadeé. La luz disminuyó mientras mis ojos estaban cerrados, pero las llamaradas regresaron cuando me concentré en ellos de nuevo. Al acercarse, la luz se hace más tenue, hasta que estuvieron sobre mí, al ataque fuera del agua, y el faro desapareció, dejando solo los brumosos halos rojos. No tuve tiempo para considerar lo que significaba la ilusión óptica extraña en esos momentos. Gaspard fue pertinente al avisarme: están tan cerca que si me quedo, me van a coger rápidamente. Y no tengo ni idea de dónde estoy. Sin sentido de orientación. Sería demasiado fácil para mí perderme tratando de encontrar una manera de salir del bosque. Solo cinco segundos pasaron entre el momento en que me armé y el momento en que estuvieron sobre mí, y pasé en un instante de estar desconcertada a mantenerlos a raya. Traté de elaborar estrategias mientras los veía acercarse. El pánico me envolvió cuando vi sus formas pesadas y me di cuenta de que no tenía idea de cómo enfrentar a dos numa a la vez… solo con un garrote. No pienses, solo actúa, me digo a mí misma. Respiré profundamente y traté de ponerme en la zona, el estado de ánimo que he aprendido a sentir después de meses de entrenamiento de lucha con Gaspard. No tuve tiempo para concentrarme. Mis dedos estaban sangrando, y un trozo de madera estaba atascado dolorosamente bajo mi uña. Pero el dolor me ayudó a concentrarme. Tambaleándome ligeramente por el peso

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de la rama, que alcé para aplastarla contra el hombro del primer numa que osara ponerse en contacto conmigo. Él no estaba listo para el golpe. Atrapado fuera de balance, se tropezó y cayó pesadamente sobre un hombro, gritando de dolor mientras se dislocaba. El segundo de mis atacantes estaba sobre mí, y me columpié torpemente de nuevo sin utilizar un equipo tan pesado. Le lancé un golpe rasante, golpeándolo en las espinillas, pero estaba mejor preparado que su pariente. Aunque se tambaleaba, mantenía el equilibrio. Se lanzó sobre mí y salté a un lado. Dejando marcas en el suelo, se volteó y me atacó de nuevo. Mi enemigo caído estaba de nuevo de pie. Tenía dos numa atacándome a la vez, pero estaba lista, sentía el ritmo de la lucha ahora. Todo lo que aprendí regresaba a ayudarme, y yo estaba en control. Esperé, equilibrando el palo horizontal con ambas manos, mirando al atacante frente a mí. Parecía que los numa no tenían ninguna estrategia aparte de atacarme de forma individual. Como Gaspard explicó, una de las mayores debilidades de los numa es la anarquía en la guerra. A menos que ellos trabajen bajo un líder fuerte, cada numa ve por sí mismo. Hay que aprovechar eso y centrarse en uno a la vez. Mi enemigo rugió y corrió hacia mí, y lo golpeé de lleno en el hombro con el extremo romo del palo. Mientras caía de espaldas, vi al otro numa atacarme desde atrás. Halando la punta de la vara con fuerza hacia atrás, debajo del brazo, esperé hasta que estuvo a un metro de mí y se lo clavé en el pecho. ¡Oh, mi Dios! Sentía pasar la madera a través de la carne, y me sentía enferma, mi garganta contrayéndose en una reacción del todo demasiado humana. No pienses en eso, me insto a mí misma. Si me tomo el tiempo para sentir, estoy muerta. De nuevo. Los ojos del numa se abrieron con sorpresa y dejó escapar un grito que era más como un gemido cuando coloqué ambas manos alrededor de la vara que sobresalía de su pecho. Tiré hacia atrás del bastón, y cayó al suelo. Trayendo el sangriento desenlace, y volviéndome a mi oponente a mis espaldas, oscilé la vara a la altura de su cabeza. Puso distancia y agarró la vara con las dos manos, tirando de mi agarre. Pero sus manos se deslizaban en la sangre que lo cubría y, torpemente, soltó la vara que cae al suelo. Estaba demasiado cerca para que se agachara y evitara que lo

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golpeara. Furioso, rugió. Elevó los puños y retrocedió su brazo para golpearme. Golpeé primero, inclinándome hacia mi izquierda, por debajo de la trayectoria de su golpe, y lo pateé con el pie derecho, plantándoselo de lleno en el pecho. Se tambaleó un paso atrás, pero arremetió por abajo y fue capaz de agarrar el bastón improvisadamente. Balanceándolo como un bate de béisbol, me golpeó con fuerza en mi espalda, enviándome hacia adelante. Cuando mi cara golpeó con el suelo, sentí que mi mejilla se oprimía contra el polvo y las rocas que se encontraban allí, sangrando e incapaz de respirar. Me empujé con mis manos y rodillas, jadeando y ahogándome y escupiendo tierra y sangre. Me quedé sin aire y vi las estrellas, y me pregunté cuánto tiempo tenía antes de desmayarme. Percibí al numa detrás de mí, y gateé, tratando de escapar. Él me cogió por el pelo, agarrando mi cabello húmedo y desordenado con una mano, y utilizándolo para ponerme de pie. Con la otra sostuvo la afilada punta de la vara en mi cara Con la expresión de que iba a disfrutar inmensamente lo que estaba a punto de hacer, tiró de mí cabeza hacia atrás a la punta de la vara, haciéndolo algo personal. En la fracción de segundo antes de morir, vi el rostro de Vincent delante de mí una vez más. Estaba en el muelle del Siena, de pie en el sol, con las manos metidas en los bolsillos de jean, y me daba esa sonrisa torcida que ahora sé que significa —te amo—. Yo también te amo, pensé, y mi miedo desapareció y sorbí una última bocanada de aire. Pero antes de que el juego terminara, oí un ruido y el numa cayó a un lado, aterrizando pesadamente en el suelo. Se retorció una vez, pero la flecha alojada en su sien lo mató antes incluso de caer. —Kate —Vincent me llamó, y luego me apretó contra él con tanta fuerza que podía sentir el latido de su corazón contra mi pecho. Jadeando, me apoyé en él, dejando que soportara todo mi peso. Me deleité en el hecho de que él estaba aquí. Finalmente, se relajó y arregló mi pelo mojado y desgreñado de mi rostro para poder verme. Sacudió la tierra y la sangre de mi rostro con sus dedos. La emoción en sus ojos hacía que mis propias lágrimas nublaran mi vista. —Estás viva —finalmente se las arregló para decir. —No realmente —respondí, mi pecho aún agitado por el esfuerzo, y luego no pude decir nada más porque él estaba rodeando mis hombros con sus brazos, tirando de mí hacia él.

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—No que me gustaría volverlo a ver —dijo. Y tomó mi cara con sus manos y me besó. Fue tierno. Profundo. Era mi primer beso en mi nueva encarnación… desde que mi corazón se detuvo y comenzó de nuevo. Era una no muerta, y sin embargo, Vincent me estaba besando, y mis temores de que él no me quisiera de esta manera, que esto de alguna manera cambiaría la forma en la que se sentía por mí, se disipara. Le devolví el beso, dejando a un lado el resto de mis miedos y dudas y tristezas sobre lo que se ha perdido y me abandoné al placer de tocarlo de nuevo. Apartándome de Vincent, volteé a ver a Charlotte, que estaba cerca con un arco en la mano y una sonrisa pícara en su rostro. Ella estaba brillando. No solo en una manera feliz, el aire alrededor de su cuerpo estaba realmente brillando de un dorado rojizo, y alrededor de la cabeza estaba el halo de la Bardia, un aura como un incendio forestal, como Gwenhaël había expresado Miré hacia Vincent. Es lo mismo, aureola dorada y el aire alrededor de su cuerpo brilla como llamas. Así es como me veo ahora, pienso con asombro, y me pregunto si alguna vez me voy a acostumbrar a ver a mis amigos y mis enemigos brillando rezumando niebla roja. Es decir… si vivo lo suficiente. Recordé que, una vez logrado mi objetivo inmediato de escapar, todavía estábamos en medio de una guerra numabardia. Violette no iba a dejarme brincar fuera de esto sin vengarse. Va a tratar de hacerme volver, pienso con una punzada de ira. Charlotte anunció: —Perdón por interrumpirlos a los dos, pero el barco de Violette se ha ido y los demás nos están esperando para volver a los coches. Vincent asintió en su dirección, y luego me jaló para darme un último beso. Se quitó el abrigo, lo envolvió alrededor de mí y sacó su teléfono. Le dijo a alguien que estábamos en el camino, y les dio instrucciones para recoger los cuerpos de los numa y quemarlos. Charlotte tomó mi mano. —Sé que ahora no es el momento para hablar de esto. Y vas a tener todo tipo de decisiones que tomar y cosas que averiguar, pero… —las lágrimas

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llegaron a sus ojos y dejó caer su arco y lanza poniendo sus brazos alrededor de mí—. Bienvenida a la familia.

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Capítulo 40 Traducido por Karou! Corregido por Marce Doyle*

uatro vehículos nos esperaban mientras caminábamos del claro hacia la carretera. Se trataba de una ambulancia. Cuando nos acercamos, dos revenants en uniformes de paramédico llevaban una camilla de espaldas y de cabeza al bosque en la dirección que veníamos. —Estamos tomando las ambulancias de todas partes donde vamos ahora —comentó Vincent, asintiendo con la cabeza a ellos cuando nos pasaron—. No hay cuerpos numa quedando atrás. Estamos tratando de limpiar la ciudad. —¿Cómo va eso? —pregunté. Yo sé que él estaba tratando de hacer conversación para no tener que hablar de cosas. Ya sea porque no estaba listo o porque creía que no estaba lista, o porque había otros nada más, no estaba segura. Pero no me importaba jugar a largo, ya que en realidad estaba muriendo por saber lo que pasó mientras yo no estaba. —No muy bien —respondió—. Tendimos una emboscada a algunos de ellos en las residencias de JB, pero se corrió la voz rápidamente y evacuaron el resto. Ahora es como si estuviésemos empezando desde cero, sin tener idea de dónde buscar. —La violencia en la ciudad está empeorando día a día —intervino Charlotte—. De acuerdo con las conexiones de JB con la policía, desde que Violette dejó La Maison y se convirtió en jefe de los numa a tiempo completo, los suicidios se han triplicado con creces, los informes de abuso de menores y los conflictos internos se han disparado, y los suburbios se han disparado con la violencia de las pandillas. El incremento de numas en la ciudad, más incidentes que reportan crímenes violentos. No podemos ni siquiera empezar a seguir el ritmo. —¿Y han estado gastando su tiempo en mi busca? —le pregunté, horrorizada. —Por supuesto —dijo Charlotte, como si eso no hiciera falta decirlo. Ella caminaba por delante, dejándonos a Vincent y a mi solos.

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Hizo una pausa, mirando al suelo por un momento. —¿Tú sabes que Bran te identificó como el Campeón? Asentí con la cabeza. —Tiene sentido —dijo, con los ojos mostrando preocupación mezclada con algo que no podía identificar. ¿Es miedo? Él envolvió un brazo firmemente alrededor de mis hombros, una vez que llegamos a los coches. Ambrose y Genevieve saltaron y me envolvieron en un abrazo sándwich. —Casi me das miedo a causa de mi ingenio, Katie-Lou —dijo Ambrose. Se inclinó hacia atrás y me echó un vistazo. Miré hacia abajo y vi cómo me semblante. Cubierta de sangre, mía y del numa, manchada de barro, manchas oscuras en la ropa, que incluso al nadar a través del rio no logré lavar, un cuchillo recortaba a través de mi camiseta. Levanté mis manos, donde mi uñas, que ya no tienen por debajo secas costras de sangre, resumían sangre fresca. —Chica zombi —concluyó—. Solo un Campeón podía llevarlo a cabo. —Será mejor que tengas cuidado, Ambrose. Yo podría freírte con mis rayos oculares si me haces enojar —dije. Él me miró con duda. —¿Puedes hacer eso? —Honestamente —admití— no tengo idea de lo que puedo hacer. —Forcé una risa, y Ambrose me apretó contra él de nuevo. —Vas a estar bien, hermanita —murmuró, y cuidadosamente me metió en el asiento trasero. Vincent había estado dando instrucciones al conductor del primer coche, y ahora regresaba y decía: —¡Vamos! —Se instaló junto a mí mientras Ambrose tomaba el volante. —Voy a ir con los demás —dijo Charlotte cuando Genevieve subió en el asiento delantero. Noté que los ojos de Ambrose seguían a Charlotte mientras trotaba al coche delante del nuestro y saltaba dentro. Apretando su mandíbula, disparó nuestro motor e hizo girar el coche a la carretera, haciendo un ilegal cambio de sentido a la cabeza en la dirección opuesta. —¿Subida de esteroides? —preguntó Vincent secamente.

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Ambrose levantó sus manos en negación. —Este cuerpo es cien por ciento natural. —Las manos en el volante —picó Genevieve. —Gracias, mamá —replicó Ambrose—. ¿Sabes exactamente cuánto tiempo he estado conduciendo? —Vaya. Es fantástico estar de regreso —traté de bromear. Vincent se inclinó y me susurró: —¿Cómo te sientes? —Estoy bien —le dije, y luego me di cuenta de que no lo estaba. Había estado tratando de mantenerme entera durante tanto tiempo, para mantenerme a salvo... para escapar de Violette. Me había dejado yo la razón por lo que pasó, pero no podía darme el lujo de dejar lo que sentía. Pero ahora que estaba fuera de peligro y bajo la protección de mis amigos… mi familia… De repente me sentí abrumada por los acontecimientos de los últimos días y empecé a temblar. Vincent me llevó a sus brazos y me sostuvo con seguridad. Después de unos minutos, mis temblores se calmaron, pero mis dientes castañeaban y las lágrimas corrían por mis mejillas. Genevieve se volvió hacia mí y colocó una mano firme sobre mi rodilla. —La mayoría de nosotros necesitamos un tiempo para luchar a brazo partido con nuestra nueva existencia —dijo, con la voz llena de compasión—. Normalmente, tendrías tiempo para aclimatarte a convertirte en un revenant antes de ser lanzada en medio de las cosas. Yo grité por dos semanas después de que Jean-Baptiste me encontró y me ayudó a motivarme. Y pasaron meses antes de que estuviera mentalmente preparada para enfrentarme a mi destino. —¿Asumo que Violette no me permitirá un momento para hacer frente a mi reciente inmortalidad? —pregunté. —No —dijo Vincent—. Nos dimos cuenta de que la única razón por la que ha pospuesto un ataque directo a nosotros es porque quería la primera potencia del Campeón. Ahora que se ha escapado de ella, no va a esperar mucho tiempo para hacer su movimiento. Él no quería decirlo. Llamarme a mí el Campeón. Eso es de lo que se trataba la mirada de miedo. Vincent no quería pensar en mí de esa

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manera. No quiero pensar en mí de esa manera. Es muy extraño, y ni siquiera sabía lo que significaba. Me sentía como una parte desprendida de una granada a punto de explotar, pero que no tiene idea si iba a fracasar o a explotar todo en los alrededores. —¿Estamos listos? —le pregunté, obligando a que el asunto vaya a la parte posterior de mi cabeza. —Nuestra primera prioridad era encontrarte —dijo Vincent—. Ahora que estás a salvo… —su voz sujetó la última palabra—. Ahora que estás con nosotros, vamos a planear nuestro próximo movimiento. Incliné mi cabeza contra el asiento, agobiada por el alcance de lo que está por delante. —Tenemos que proteger a mis abuelos y a Georgia —dije—. Van a ser los primeros a los que Violette pasara después, ahora que he escapado. —Ellos ya están en La Maison —dijo Ambrose, mirándome en el espejo retrovisor—. Charlotte y yo los llevamos allí desde el Crillon. Además de volver a su apartamento para tomar las cosas que necesitaban, no han salido de nuestra casa. No había dudado de que Vincent se hiciera cargo de mi familia, pero sentía un gran alivio saber que estaban a salvo en el interior de las paredes de la Bardia. Y entonces se me ocurrió algo, y mi estómago se hizo un nudo. —¿Saben ellos… sobre mí? Vincent tomó mi mano y frotó sus dedos hacia arriba y abajo de mi palma. —Yo les dije. Las lágrimas vinieron a mis ojos, y tiré de mi mano de la de Vincent para secarlas. —¿Cómo... qué hicieron? —le pedí, rompiendo mi voz. Los ojos de Vincent se encontraron con los de Ambrose en el espejo. —Después de sacar a tus abuelos fuera, volví a la habitación del hotel — explicó Ambrose—. Vincent había sido maltratado y golpeado hasta quedar inconsciente, y Violette y todos sus numa habían dejado su cuerpo. Yo lo colé fuera del hotel y devuelta a casa. Cuando volvió en sí, nos dijo lo que había sucedido.

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—Cuando Bran escuchó la historia —dijo Vincent— se fue de apoplejía y confesó que había sabido que tú deseabas convertirte en el Campeón. Ya tenías el aura “estrella de fuego”, y era tan brillante que ni siquiera podía mirarte directamente. —Pasé de pensar que estabas muerta al ser informado de que, no solo eras no solo una revenant, sino el Campeón, en cuestión de minutos — dijo Vincent, bajando la voz—. Pasé del luto por ti… al alivio de que no te habías ido para siempre… a darme cuenta de que esto significaba que estabas por ahí, en alguna parte, preparada para otra muerte por Violette. Si yo no hubiera tenido que mantener mi ingenio junto y organizar tu búsqueda, me habría vuelto loco. —Él estaba en gran shock —Ambrose intervino como si la historia de Vincent necesitase apoyo—. Conozco al hombre desde casi un siglo y nunca lo he visto tan fuera de sí. Arthur y yo en realidad tuvimos que detenerlo para que no cazara a Violette por sí mismo. Durante unos minutos, el único sonido fue el de los neumáticos contra el asfalto. —Yo di la noticia a tus abuelos —Vincent dijo finalmente—. Y como yo, colgaban de la esperanza de que habías sobrevivido. Estaba pensando en el dolor de mi familia. Yo cerré los ojos y descansé mi cabeza en el hombro de Vincent. Ambrose se hizo cargo de la historia. —JB apareció un par de días más tarde, diciendo que había un revenant loco diciendo algo de una luz como nada que jamás había visto visible todo el camino desde Normandía. —Así es como estuvimos seguros de que estabas con vida —dice Vincent—. Teníamos la esperanza de que pudiéramos encontrarte antes que Violette te destruyera. Kate, tus abuelos solo van a estar alegres de verte de nuevo. No hay que preocuparse de nada más. —Voy a llamar ahora. —Genevieve sacó su teléfono. —No puedo... no puedo hablar con ellos —tartamudeé—. No en el teléfono. —No te preocupes —dijo Genevieve—. Voy a darle a Jeanne la noticia. Eso probablemente será más fácil para ellos. —Ella hizo la llamada y oí la respuesta del ama de llaves.

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—Tenemos a Kate —dijo Genevieve—. Ella está viva. Y... —hizo una pausa, considerando cómo decirlo—. Es uno de los nuestros. Oí el sonido de alivio de Jeanne explotar desde el otro extremo de la línea en un revoltijo de sílabas francesas emocionantes, antes de que colgara. —¿Podemos poner un poco de música? —preguntó Vincent. Ambrose cambió la radio, reposicionó los espejos retrovisores y Genevieve se dio la vuelta para darnos privacidad. Pusimos la cabeza contra el asiento de atrás y nos miramos el uno al otro. Ninguno quería ser el primero en hablar. Mirando hacia abajo, Vincent tomó un poco de barro seco de mi mano con la uña y dijo: —Aunque esto no es lo que yo quería para ti, es mejor que la alternativa. Tú siendo inmortal es mejor que tú estando muertta. —Lo sé —le respondí, cerrando los ojos y exhalando profundamente. Cuando los abrí, su rostro estaba al lado del mío. Sus dedos acariciaron mi pelo mojado, alisándolo hacia abajo—. No vamos a hablar de eso ahora —le susurré—. Si sobrevivimos estas próximas semanas, vamos a tener todo el tiempo que queramos para entender todo esto. Él asintió con la cabeza. Inclinándose hacia adelante, besó mis mejillas, mi frente, mis ojos, mis labios. —Mon Kate, qui était à moi, qui n'est plus à moi —susurró mientras me besaba. Y luego dijo en español—: Mi Kate, que era mía, que ya no es mía —él cansadamente se frotó los ojos inyectados en sangre—. Porque ahora perteneces a la suerte.

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Capítulo 41 Traducido por kensha y QueenDelC Corregido SOS por Miss_ale

ientras manejábamos a París, el cielo cambió de rojo a melón. Rayos rojos delgados aparecieron en medio de las luces blancas de la ciudad que comenzaba a parpadear a medida que se acercaba el crepúsculo. Parecían como láseres apuntando a las nubes, y me pregunté si el carnaval había regresado a los Jardines de la Tullerias. Volteamos en la esquina y apareció el río Sena, y al verlo, mis latidos se estabilizaron como lo hacían cada vez que lo veo. Era como una bandera azul de continuidad para mí, simbolizando el flujo continuo de tiempo en una ciudad eterna. Aliviada, tomé la mano de Vincent en la mía y cerré mis ojos hasta que llegamos a La Maison. Las puertas fueron abiertas, y vi tres figuras asentadas en el lado de la fuente. Estuvieron parados mientras conducimos hacia el patio y salté del auto a sus brazos. —Oh, Katya —dijo Mamie, me tiró hacia ella y envolvió sus brazos alrededor de mi cuello. —Princesse —dijo Papy, rodeándonos a las dos en un abrazo. —¿Estás bien? —preguntó Mamie, sus ojos escrutando mi rostro. —Estoy bien, Mamie. Solo tuve una pelea con un par de numa. Pero gané —dije, intentando poner una sonrisa en mi rostro. —Estábamos muy preocupados, Kate —exclamó Papy, y algo atascó su garganta. Con una rigidez que suena antinatural para él, dijo—: Nada importa salvo el hecho de que estás aquí ahora. —Suena como algo que ha practicado. Como si quisiera convencerse a sí mismo mientras dice las palabras. Vi su angustia. Me abrazó, a la vieja Kate, mientras él retrocedía ante la idea de abrazar a la nueva yo. La muerta viviente de mí. No lo culpaba. Esperaba que ambos fuéramos capaces de acostumbrarnos con el

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tiempo. Si tenemos el tiempo, pensé, recordando que íbamos a la guerra y nada era seguro. Georgia se quedó quieta hasta que mis abuelos me dejaron ir. Tenía los ojos hinchados y rojos, y parecía que no había dormido en días. —Kate —murmuró. Después de ver a Papy apenado, me rompió el corazón ver a mi hermana así. —No pareces diferente —dijo tímidamente tocando mis mejillas con sus dedos—. Y nunca jamás lucirás diferente, incluso cuando seas vieja. Incluso cuando esté muerta. —Sonrió tristemente—. No sé por qué estoy llorando. Debería estar animando: “¡Hurra, no morirás!” Giró su dedo sin entusiasmo en un círculo de celebración. —Eres inmortal, por el amor de Dios. —No si Violette tiene que ver algo en esto —respondí. Me estudió por un momento, y entonces vi una chispa de vida destellando detrás de sus ojos verdes pálidos. —Ella obviamente no había visto nuestra habilidad en la lucha de espadas —dijo, sonriendo con esfuerzo—. Vamos a tener que patearle su trasero. —Y tomando mi mano, me llevó dentro de la casa. Vincent nos siguió, caminando al lado de mis abuelos. Jeanne esperó dentro del vestíbulo. Secándose sus lágrimas, me dio un abrazo y luego nos movimos hacia la sala de estar. —Jean-Baptiste y Gaspard están esperándote —dijo, y luego, mirando hacia Vincent, añadió—: Saldrán justo después. Mi abuela y mi abuelo se detuvieron, inseguros de si estaban invitados a unirse a la reunión, pero pude decir que no querían alejarse de mi lado. —Vengan conmigo —dije. Jean-Baptiste se puso de pie mientras entramos, y era raro verlo actuar como un invitado en su propia casa. Hola, Kate, dijo Gaspard. —Hola —respondí en voz alta, para el beneficio de los demás. Incluso si no lo podía verlo antes de tiempo, sabía que ibas a ganar contra esos brutos, dijo con orgullo. —Gracias a tu formación —dije—, y a Charlotte apareció en el momento adecuado.

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Jean-Baptiste me dio los bises y puso sus manos sobre mis hombros mientras me inspeccionaba. —Te ves igual. Los ojos, pómulos, labios y el cabello —dijo, negando un poco cuando su mirada alcanzó mi desastroso cabello lleno de sangre, lodo y agua de río—. Ninguno de ellos ha sido alterado. Ser uno de nosotros no te ha cambiado un poco. Increíble. —¿Por qué cambiaría Kate? —dijo Vincent, sonriendo—. Estaba listo para seguirla hasta los confines de la tierra cuando era humana. Ella no necesitaba nada más para convencer a la humanidad en arriesgar sus vidas en sus manos. Ahora que la conversación giraba en torno a lo sobrenatural, miré a mis abuelos para medir su reacción. Papy me miraba con nostalgia en la puerta, y Mamie estaba inquieta y lucía extremadamente incómoda. Georgia levantó una ceja hacia mí. Podía decir que ella también sentía que esta conversación no estaba siendo nada fácil para mi familia. —Así que —dijo el viejo revenant—, nuestra propia Kate es la Campeona. Cuando vi la luz que emitías desde esa casa flotante, sabía que algo especial estaba sucediendo. Imagina mi sorpresa que fuiste tú, mi querida. Estabas en mis narices todo este tiempo, y aun así creí que Vincent era el elegido. —Se inclinó más cerca de mí y me tocó la mejilla. —Todo tiene sentido en retrospectiva —continuó—, al menos ahora puedo perdonarme por dejarte meter a la casa el día que lo descubriste que Vincent estaba inactivo. Ser persuadido por la campeona… bueno, puedo superarlo. —Tomaré eso como un cumplido y no una humillación, Jean-Baptiste — dije, sonriendo. —Eso hace una cosa que puedo perdonar por mí mismo —admití, una sombra cae sobre su rostro—. Mis parientes tienen mucho más que perdonar. Lo cual es mi señal para irme. ¿Nos vamos, Gaspard? —Nunca te pedimos que te fueras —dijo Vincent, bloqueando la puerta —Lo sé —respondió Jean-Baptiste. Tomó su bastón de un paragüero y golpeó ligeramente la pierna de Vincent con él. Vincent dudó y luego se hizo a un lado. JB caminó hacia el vestíbulo y se detuvo sobre el colosal candelabro. —Pero yo no debería estar aquí —continuó el exlíder de los bardia—, en la mitad de una guerra en blanco y negro, diluyendo el lado bueno con mi gris. El hecho de que mis intenciones eran buenas no perdona el

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pecado que cometí para ganar la protección de los míos. Y al final, no salió nada bueno. Gaspard y yo nos tenemos que ir. Au revoir —dijo, y salió por la puerta. Esto se sentía mal. Vincent no quería que se fueran, y tampoco yo. —Esperen —grité. Jean-Baptiste titubeó. —Quiero que te quedes —dije. Se dio la vuelta y me miró—. No estoy de acuerdo con que lo mejor para los tuyos es que te marches —continué— . Has sido su líder por siglos, y ahora ellos… —titubeé y luego, tomando la mano de Vincent, continúo: —Estamos enfrentándonos a un gran peligro. Quédense y ayúdanos. —Mi niña, ¿no me has estado escuchando? —dijo Jean-Baptiste con tristeza. Con un dedo, ajustó la corbata a su cuello, como si de repente estuviera apretada—. Con lo que he hecho, es mejor no llevar a los míos a la batalla. —Tú no tienes que llevarlos —intervino Vincent, soltando mi mano y dando un paso hacia JB—. Me nombraste líder y acepté el papel. Pero solo porque no estás liderando no significa que no puedas quedarte y estar de nuestro lado contra Violette. Quiero que te quedes. Queremos que te quedes. La pose rígida de Jean-Baptiste se aflojó un poco, y suspirando, se acercó y puso su mano sobre el brazo de Vincent. —Hijo mío, lo voy a tomar en cuenta. Dame una hora o dos para pensar las cosas. Vincent asintió solemnemente y Jean-Baptiste se dio la vuelta y salió por la puerta. À bientôt, me dijo Gaspard. —Espero verte pronto —respondí. Vincent cerró la puerta y me di la vuelta para enfrentarme a mi familia. Mi hermana arrugó la nariz. —¿Qué pasa, Georgia? —pregunté. —No quiero arruinar la gravedad del momento, ni nada, pero… —hizo una pausa y miró a mis abuelos, preparándose para su desaprobación— . Si no tomas una ducha lo antes posible puede que vomite. Esencia de

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zombi no es un buen aroma para ti. —Traté de no reírme y termino soltando una clase de hipo, y finalmente Georgia comienza a sonreír. Papy negó con la cabeza. Y de repente, en lugar de mi fuerte y capaz abuelo, estaba un viejo cansado. Me dio un abrazo, dándome palmaditas en la espalda, y luego se separó. —Te quiero, Kate, y estoy increíblemente aliviado de que no te hayas ido para siempre. Pero no puedo hablar sobre lo que te ha sucedido, o lo que sucederá. Tendrás que disculparme. Dame tiempo. —Vamos a la biblioteca, Papy —dijo Georgia, y poniendo un brazo sobre sus hombros, lo llevó escaleras arriba. Mamie esperó a que se hubieran ido antes de hablar. Tocando mi rostro con gentileza, como para asegurarse a sí misma que de verdad estoy ahí, dijo: —Lo único que quiero hacer ahora es llevarte a casa, cerrar las puertas y quedarnos adentro las próximas semanas protegiéndote del mundo. Pero me doy cuenta de que ya no es nuestra realidad. Ni siquiera podemos ir a casa. De hecho, por lo que Bran nos contó, tú serás quien nos proteja a todos. —Mamie, prometo no hacer nada que no sea necesariamente… —Shh, Katya. Detente ahí. —Me dirigió una mirada triste—. Como tu Papy, tampoco sé qué pensar. La idea de que estés en peligro es algo que no puedo enfrentar. Pero necesitas saber que te apoyamos y te amamos igual que lo hacíamos antes. Ya hablaremos los detalles después. Me dio un firme beso en mi mejilla antes de soltarme. —Jeanne me prometió un té —dijo simplemente, y se dirigió hacia la puerta que daba al pasillo trasero. —¿Estás bien? —preguntó Vincent, ahora que estábamos solos. Estaba siendo demasiado cuidadoso, esperando a que yo hiciera un movimiento. Esperando ver qué quería. Alargué mi mano y lo saqué del amplio vestíbulo hacia la privacidad de la salita y cerré la puerta detrás de nosotros. Acarició mi cabello enmarañado con sus dedos y me miró de arriba abajo. —Charlotte está juntando a todos para una reunión, y ambos necesitamos estar ahí. No es que no piense que te ves hermosa llena de

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lodo —dijo, sonriendo—, pero… antes de que veas a todos, puede que quieras tomar esa ducha que sugirió tu hermana. —¿Por la esencia de zombi? —pregunté con una sonrisa. —En realidad hueles bien —dijo, sonriendo ampliamente—. Más como una esencia de agua de río. —¿Tengo tiempo para una ducha? —pregunté, acercándolo hasta que su rostro quedó a centímetros del mío. —Un poco —respondió. —¿Cuánto tiempo? —pregunté. Tragué saliva. —Lo suficiente para una ducha. No el suficiente para hacer lo que tienes en mente —respondió con voz ronca. —Diez minutos —dije—. Solo hay que tomarnos diez minutos. Miró mis labios y cerró sus ojos con fuerza. Cuando los abrió, su expresión era de anhelo. —Kate, no quiero diez minutos. Diez minutos no son suficientes. Quiero días. Si comenzamos algo ahora, no voy a querer parar. Tendrán que sacarme arrastrando de tu cama para ir a la guerra. —¿Un beso, entonces? —Antes de que pudiera terminar, sus labios presionaron los míos. Sostuve su cabeza con mis manos y lo besé como tanto lo había anhelado. Perdí el sentido de mí misma. Perdí la noción del tiempo. Todo lo que existía éramos Vincent y yo, y la experiencia de amarnos el uno al otro. Con los ojos cerrados, renuncié a la vista para incrementar el sentido del tacto. Con los ojos abiertos, miré dentro de los pozos azules coloreados con dorado. Con los ojos cerrados, la presión de su boca contra la mía me consumía. Con los ojos abiertos, vi sus párpados cerrándose con deseo. Con los ojos cerrados, sentí su firme cuerpo contra el mío, sabiendo que el tiempo no era nuestro el día de hoy y preguntándonos cuándo lo sería.

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Mientras mi bañera se llenaba con agua caliente, doblé los brazos sobre mi pecho, abrazándome mientras paseaba en la circunferencia de la habitación que Vincent me había preparado. Curioseé la colección de objetos preciosos y admiré las pinturas hasta que comencé a ver un patrón. Una pintura del Pont des Arts. Un pequeño bote de remos rojo junto a una Torre Eiffel de cristal. Un par de antiguos binoculares para ver la ópera. Una vieja postal del Villefranche-sur-Mer. Una caja con cerillos del restaurante donde comimos el almuerzo en Nueva York. Me acerqué a una pequeña pintura cubista cerca de la ventana, casi del tamaño de un libro de pasta gruesa. Me incliné para admirar la diminuta escena refractada en un vaso depositado en la mesa de un café, y cuando vi la firma, inhalé tan fuerte que me comenzó un ataque de tos: Vincent colgó un Picasso en mi habitación. Luego alcancé la antigua bañera y noté por primera vez que había un florero enorme lleno con ramas de flores blancas acomodado en el suelo junto a ella. Y de repente, mi cerebro registró el delicioso perfume que había estado oliendo desde que entré a la habitación: lilas.

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Capítulo 42 Traducido por SOS Eva Masen-Pattinson y QueenDelC Corregido SOS por Miss_ale

ntiendo lo que estás diciendo, pero no estoy de acuerdo dijo Charlotte. Vincent interrumpió. —Según nuestras fuentes, docenas de numa han llegado a París en las últimas veinticuatro horas. No tenemos idea de donde se están reuniendo. Nuestras redadas en las propiedades de alquiler de Jean-Batiste de hace dos días fueron un éxito al agarrar a ocho numa. Pero esa pequeña victoria nos costó, ya que evacuaron inmediatamente sus otros apartamentos. Ahora no tenemos idea de dónde encontrarlos. Así que, si alguien tiene una sugerencia productiva —miró a Charlotte, quien sostenía sus manos arriba en señal de derrota—, por favor, siéntanse libres de decirlo. No podía concentrarme. Me había estado sintiendo progresivamente más fuerte mientras las horas pasaban, y lo último que mi cuerpo quería en estos momentos era sentarse en una reunión larga. De hecho, tenía ganas de trotar alrededor del vecindario. Lo cual era muy extraño para mí. Mis ojos se desviaron a la ventana de la biblioteca mientras Vincent y los demás leían cuidadosamente un mapa de París extendido en una mesa. No podía crear estrategias de todas maneras. No sabía nada sobre los numa de París o de dónde habían sido vistos. Después de tratar de estar interesada por media hora, mi cerebro se rindió y dejó que mis pensamientos divagaran. Vi a Ambrose sentado en un lado, obviamente distraído como yo. Pero su mirada no estaba en la ventana. Genevieve estaba sentada en una mesa en frente nuestro, tan hermosa como el primer día que la vi con Vincent en La Palette, cabello largo rubio platinado, ojos tan claros que son casi grises.

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Volví a ver a Ambrose y seguí su línea de visión hasta el objeto de su atención: no era Genevieve, sino Charlotte, con su cabello largo color trigo y mejillas rosadas. Se mordió su labio mientras dibujaba una línea en el mapa de una marca a otra. Y lo vi encogerse cuando ella lo miró y luego, con la misma atención, miró a cada persona alrededor de la mesa mientras explicaba la estrategia. Caminé para sentarme cerca de él. —Luces un poco distraído, Ambrose —murmuré. —Sí, bueno, no soy bueno planeando. Principalmente estoy aquí por los músculos —respondió, logrando romper contacto visual con Charlotte. Flexionó un bícep y parpadeó—. Solo me usan por mi cuerpo. Me reí y quise abrazarlo, pero me controlé. —Así que, es bueno tener de regreso a Genevieve y a Charlotte, ¿cierto? Los ojos de Ambrose regresaron a Charlotte y asintió con la cabeza. —Ha cambiado, ¿no es así? Me refiero a Charlotte. —Eh, además de dejarse crecer su cabello, no parece haber cambiado mucho a mi parecer —dije, tratando de no sonreír—. ¿Por qué? —Es solo que parece tan… a cargo. Quiero decir, siempre ha estado segura de sus actos, pero desde que está de vuelta pareciera tener más confianza o algo. Y ahora que es la segunda de Vincent… Creo que siempre he pensado en ella como una hermanita. Sabes, del tipo del cual quieres cuidar y abrazar. Pero ahora que la veo trabajando con él y tomar control… digo… la chica es feroz. El rostro de Ambrose brilló con respeto y una clase de curiosa admiración, y debí controlarme de saltar y animarlo por el hecho de lo que acaba de ocurrir. Finalmente se había dado cuenta de lo que había estado bajo sus narices. La cuestión es, ¿todavía siente ella lo mismo por él? Empujé su hombro con el mío y miré la habitación, sintiendo una profunda alegría en saber que mi destino estaba atado irrevocablemente a estas personas que quería. Una vez más, mi atención fue atraída por una luz afuera de la ventana. —¿Hay algún tipo de fiesta en el vecindario o algún Festival Francés en este momento? —pregunté a Ambrose. Su ceño se frunció.

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—No —dijo—, no que yo sepa. ¿Por qué? —Es solo sigo viendo esas luces rojas. Como esa de ahí —señalé hacia la ventana. —No veo ninguna luz —dijo, entrecerrando los ojos al vidrio. —Mira, ahí está de nuevo. Hay dos. Lucía escéptico. —Eh, no. —Oh, vamos, Ambrose. Son como dos láseres señalando hacia el cielo, justo al final de la cuadra. No me digas que no puedes verlas. Ambrose tomó mi mano y me dirigió hacia la ventana. —¿Dónde las ves? —Justo allí —dije, señalando los dos obvios puntos de luz—. De hecho son más grandes que láseres. Son como columnas del color de la flama… —dije, mis palabras desvaneciéndose al tiempo que tenía un flashback a la ribera. Las luces eran del mismo color a las que vi proyectándose de los dos numa que me estaban persiguiendo. La luz que vi cuando estaban cerca que desapareció cuando se acercaron. Algo hizo conexión. Intensos poderes de percepción. ¿Podía ver algo que otros no? —¿No lo ves? —pregunté a Ambrose otra vez. Él escaneó la oscuridad fuera de la ventana y luego me miró, preocupado. —Creo que acabo de entender cómo podemos encontrar a los numa — dije en dirección a la mesa y todos voltearon en mi dirección.

*** Diez minutos después, el grupo completo estaba afuera en la calle, enfrentando a dos de los centinelas de Violette. Charlotte se paró frente a ellos, su mano en la empuñadura de la espada escondida bajo su abrigo. —¿Qué están haciendo aquí? —preguntó. Uno de los numa se atrevió a responder:

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—Vigilando —dijo con sencillez, sus ojos estrechándose mientras alcanzaba a ver a Ambrose de pie detrás de Charlotte, ceñudo y luciendo el doble de su ya alta estatura. —¿Dónde está su líder ahora? —preguntó Vincent. —Incluso si lo supiéramos, ¿por qué te lo diría? —respondió el numa. —Porque puede que perdonemos sus inútiles vidas y los dejemos ir — gruñó Ambrose. —No lo harán —dijo el numa con insolencia, y él y su compañero sacaron sus espadas con un suave movimiento. Ambrose se paró frente a Charlotte. —Tienen razón. No lo haré —dijo, y embistió su espada a través del pecho del numa. Un segundo pasó antes de que cayera sin fuerza sobre el suelo. El otro numa estaba abajo igual de rápido, y Vincent limpió su espada en el abrigo del hombre antes de regresarla a su funda. —Hay que quitarlos de la calle —dijo. Me estremecí cuando Ambrose se pasó uno de los cuerpos sobre el hombro. Dos bardia de los que nos acompañaban levantan el otro cadáver entre ambos y se dirigieron a La Maison. El peligro se había ido, me hice hacia atrás y los seguí. Pero sentí algo fuera de sí. No era de los míos el matar numas sin provocación. Estaban armados y querían pelear. Pero aún había un sentimiento de incomodidad en la boca de mi estómago. No era lástima, era algo más. Sin ser capaz de nombrar mi emoción, me concentré en Charlotte, quien caminaba detrás de Ambrose. —Sabes, hay algo que se llama retener a las personas para interrogarlas —dijo ella cuidadosamente. —Sí, mira, como que olvidé eso en el momento —respondió, dirigiéndole una sonrisa de disculpa. Ella sacudió la cabeza con impaciencia y corrió para alcanzar a Vincent, quien estaba abriendo las puertas. Ambrose encontró mis ojos. —Como dije, ¡es fiera! —dijo, sacudiendo la cabeza con asombro.

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Capítulo 43 Traducido por Lucach Corregido SOS por Marce Doyle*

uestro grupo examinaba la ciudad desde el punto de vista de la azotea de La Mansión. París me recordaba una vez más a una gran dama. Esta noche esta dama llevaba un vestido de terciopelo negro y perlas centellan desde las ventanas de los edificios. Pero para mí, la vista era cortada por flameantes líneas rojas. Algunas de nuestro lado del río parecían tan gruesas como columnas, mientras que las más lejanas en dirección a Montmartre eran tan delgadas como hilos de color carmesí. —¿Cuántos ves? —Vincent estaba a mi lado tomando mi fría mano entre la calidez de las suyas. —Una gran cantidad. —¿Como una docena? —preguntó. —Como más de un centenar —le respondí. El silencio cayó sobre nuestro pequeño grupo, cada uno estudiando el horizonte por algo que no pueden ver. —No están en un solo lugar —continué—. Hay un grupo en esa dirección —dije, señalando hacia el barrio chino—. Otros más allá, en el otro lado de la Bastilla. —Indiqué un bosque de haces rojos ahora a nuestro oriente—. Más hacia Montmartre. Vincent estudió el suelo a sus pies por un momento, y luego se volvió hacia nuestro grupo. —Necesitamos más bardias —dijo—. Si contamos a todos nuestros familiares dentro y directamente en los alrededores de París, no somos más de cuarenta. Podemos sorprenderlo en pequeños grupos de numas, siempre y cuando no se reagrupen. Pero si lo hacen, estamos perdidos. ¿A quién más podemos pedir unirse a nosotros? —Jean-Baptiste dijo que él y Gaspard se unirán a nosotros tan pronto como Gaspard se reanime temprano esta mañana —dijo Arthur.

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—¿No necesita él tomar un tiempo para recuperarse? —pregunté. —No —respondió Arthur—. Él no resultó herido en volant. Nosotros los mayores estamos arriba y de pie prácticamente tan pronto como nos despertamos. Son ustedes los novatos los que tienen más dificultades en la mañana. Arthur está en un buen estado de ánimo a pesar de nosotros estamos al borde de la guerra, pensé, y me pregunté si es porque pronto podrá luchar contra Violette, o algo más… como mi hermana, por ejemplo. —Hice una llamada a nuestra parentela de Nueva York hace unas horas —admitió Vincent, alcanzando de nuevo mi mano. Levanté la vista sorprendido. —¿Jules? —pregunté esperanzada. —No, hablé con Theo Gold. Pero se suponía que debía transmitir el mensaje. Solicité que Jules trajera un contingente tan pronto como fuera posible. Los demás asintieron dubitativos. En el tiempo que le tomaría a Jules traer a un grupo desde Nueva York, la guerra ya podría haber terminado. —Ha pasado más de una semana desde que hablé con Charles, y le he dejado un millón de mensajes que le decían que lo necesitamos —dijo Charlotte—. He intentado contactar con él otra vez hoy. No hay respuesta. Él y su hippydippy en contacto-con-sus-sentimientos están probablemente aún en las montañas, meditando con las hojas o algo así. Voy a seguir intentando, pero nunca va a llegar a tiempo si no nos comprometemos hoy. —Ella estaba tratando de sonar alegre, pero yo sabía que ella quería a su hermano a su lado si había que ir a la batalla. Vincent asintió. —Bueno, voy a hacer un llamado a todos los revenants de Francia. Si saben de alguien más en las proximidades, por favor póngase en contacto. Esto va a pasar en las próximas veinticuatro horas. Si esperamos más, sus fuerzas solo pueden aumentar y sus defensas crecerán. Tenemos que atacar primero. Y vamos a empezar esta noche, mientras todavía están dispersos y en pequeños grupos. Las personas sacaron sus celulares mientras se dirigían a las escaleras. Vincent puso sus brazos alrededor de mi cintura, presionó sus labios en mi frente y se inclinó hacia atrás para mirarme a los ojos.

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—¿Vas a ser capaz de hacer esto? Ni siquiera necesitas luchar. Si solo nos pudieras llevar hasta los grupos será suficiente. —Aunque no lo creas, me muero por poco de acción. Me siento como si pudiera correr un maratón. —No me sorprendería en lo más mínimo —dijo Vincent, sus labios curvándose en una sonrisa—. ¿Pero no te sientes débil? Ni siquiera tienes un día de estar completamente reanimada. —Me siento totalmente cableada —admití, rebotando sobre los dedos de mis pies. Tomando su rostro con mis manos, me acerqué a él y lo besé. —Sí. Me estoy sintiendo un poco del mismo modo —dice con una sonrisa sexy—. Vamos a tratar de mantener ese pensamiento hasta derrotar a los numa. Nos besamos de nuevo y su expresión se volvió seria. —Realmente no te quiero en el corazón de la acción, Kate. A pesar de que eres fuerte, también eres novata. Y, sí, como un revenant eres difícil de destruir. Pero no creo por un segundo que Violette haya renunciado a capturarte. Eres su premio, y cada numa por ahí va a estar tratando de llevarte de nuevo a su líder. Asentí. —Entiendo. —El hecho de que eres el campeón no significa que tienes que actuar como tal —dijo Vincent con la sombra de una sonrisa. —La profecía dice que los voy a guiar a la victoria —bromeé. —Guíanos hacia cada uno de los numa de París, yo diría que eso más que califica como tal —Vincent concedió—. Pero la victoria se puede medir de muchas maneras. Si alguno de nosotros va a sobrevivir esta guerra no es algo del todo seguro. Quiero ver a mis parientes con seguridad pasar sin la pérdida de la vida. Especialmente la tuya. Brand me esperaba cuando bajamos de la trampilla. —¡Kate! —El exclamó y extendió las manos como si quisiera abrazarme, antes de cambiar de opinión y dejar caer los brazos a los costados. En cambio, yo abracé su floja y delgada figura entre mis brazos.

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—Lo siento, querida, pero no puedo mirarte a la cara. Tu aura era ya difícil de ver cuando eras humana. Ahora me ciega. —Desvió sus ojos y miró al suelo detrás de mí. —Bran, ¿por qué no me lo dijiste antes? —¿Qué podría haber pasado si lo hubiera hecho? Podrías haberte puesto en peligro solo para descubrir si tenía razón. O tal vez Jean-Baptiste lo habría hecho. Él es un buen hombre, pero estaba desesperado por tener la ayuda del campeón. Bran intentó sin éxito mirarme a la cara de nuevo. —Ahora sabemos por qué. Él necesitaba a alguien para ayudarle a salir de este embrollo en el que se había metido. Para destruir a los numa, por lo que ya no estaría obligado al vergonzoso trato. Toqué su brazo cuidadosamente. —¿Sabes cuáles son mis poderes, Bran? —pregunté. —No tengo ninguna información aparte de lo que está contenido en la profecía. Pero ya has realizado uno de sus papeles más importantes: sin ayuda de nadie reuniste a los guérisseurs con nuestros guardianes bardia después de siglos de perderse el rastro el uno al otro. Ese papel en sí mismo salvó a Vincent. Una vez que domines el regalo bardia de la facilidad de sufrimiento y la dispersión, nuestra alianza continua en el futuro solo puede ser beneficiosa. Con esfuerzo, desplazó los ojos para mirarme directamente. Su rostro adquirió una expresión indescifrable, algo entre la tristeza y la esperanza. —Ten cuidado, Kate —dijo, y se inclinó hacia adelante, abrazándome y dando palmaditas torpes en mi espalda.

*** Charlotte estaba esperando en mi habitación cuando llegué. Ella había traído mi equipo de lucha de la sala de armas, y ya estaba vestida con las suyas, lista para salir. Se sentó junto a una mesa baja sirviéndose una bandeja de comida. Hago estallar un gougère de queso en la boca y saboreé su suavidad dejándome caer una silla. —¡Estoy hambrienta! —admití. —¿Cuándo fue la última vez que comiste? —preguntó.

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—En el bote, Violette me daba de comer para que así obtuviera mi fuerza y reanimarme completamente. ¡Parece que funcionó demasiado bien para ella! —Vuelvo a pensar en el extraño y triste muchacho numa, Louis, y algo dentro de mí da tirones. Charlotte masticó un trozo de manzana, mirando pensativa. —¿Qué estás pensando? —pregunté. —Ambrose —respondió—. Ha estado actuando muy raro últimamente. —¿Raro bueno o raro malo? —pregunté, haciendo estallar una bola de melón en la boca. —Raro extraño —replicó, luciendo preocupada—. Sigue mirándome. Me pregunto si cuestiona la decisión de JB de nombrarme como segundo. Tal vez está esperando que me equivoque o algo. —Hmm —dije, incapaz de mantener la sonrisa en mis labios. Afortunadamente, golpearon la puerta y Arthur asomó la cabeza. —Quince minutos —dijo. Mi corazón dio un vuelco, y me di cuenta de que estaba nerviosa. Las otras veces que había luchado, la lucha vino a nosotros. Nunca había tenido tiempo para pensar en ello de antemano. —El hombre está perdido por tu hermana —Charlotte dijo después que se Arthur se fue—. Pero ella está realmente jugando fríamente. —Podría ser porque Papy y Mamie podrían enloquecer por completo si pensaran que otra de sus nietas está enamorada de un revenant. Charlotte se encogió de hombros. —Tus abuelos están involucrados ahora, quieran o no. Eres una de nosotros, no es solo empacar y llevarte a casa. Pensé en Mamie y Papy y su respuesta al verme: alegría y alivio mezclado con horror y desesperación. Dolió en mi corazón. ¿Serán capaces de mirarme igual como lo hacían antes? Cambié de tema. —¿Qué se siente al ser la segunda de Vincent? —Como que nací para ello. Como si hubiere estado esperando por este papel durante los últimos cincuenta años —sonrió—. Es el momento para que te vistas. Te espero en el vestíbulo. —¿Charlotte?

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—Sí. —No te vayas. Ella me miró con curiosidad, y luego se acercó y me abrazó. —Esto es aterrador, ¿no es así? —preguntó. —Sip. Ella me dio un apretón, y luego se acercó a la cama y tomó un par de pantalones de cuero. Me quité mis jeans y tomé los de cuero. —La sincronización de Violette realmente apesta —dijo—. Tú no deberías tener que meterte de lleno así incluso antes de tener tiempo para probarte a ti misma. Pero vamos a ello juntos. Tú, yo, Ambrose, Vincent y el resto de nuestros familiares. Nunca trabajamos solos. Siempre serás parte de un todo. Juntos podemos ganar esta pelea, estoy segura de ello. El coraje de Charlotte era contagioso. Como si me echara encima capas de ropa de protección, empecé a sentirme envalentonada y con un sentido de propósito en los destellos de mi voluntad. Era una bardia. Independientemente de si me sentía capaz, fui hecha para esto.

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Capítulo 44 Traducido por Lucach Corregido SOS por Cacahuete

ra la una de la madrugada cuando nos fuimos. Me alegré de que fuera tarde. Mis abuelos no tenían idea de que iba a salir. Con suerte estaríamos de vuelta antes de que se despertaran, y así no tendrían tiempo para preocuparse. El pequeño grupo cercano de luces se encontraba al norte de nosotros, donde veía tres claros haces rojos que se elevaban hacia el cielo nocturno. Cruzamos el puente Carrousel y caminamos por el patio del Louvre, pasando por la pirámide de cristal brillante y de nuevo a través de la arcada monumental. Vincent caminaba a mi lado, revisando de vez en cuando para asegurarse de que los demás estaban siguiéndonos. Estaban acompañándonos cinco grupos de revenants altamente armados, y dirigiéndonos hacia tres solitarios numa. ¿Por qué latía tan fuerte mi corazón? Finalmente, giramos en una pequeña calle lateral y asentí con la cabeza hacia una gran puerta abierta hacia media cuadra a la derecha. —Las Luces vienen de ahí dentro. —digo. —Conozco ese pasadizo —dijo Charlotte—, está cubierto con un techo de cristal y lleno de tiendas a ambos lados. Todas las tiendas estarán cerradas, pero hay apartamentos sobre ellas en el segundo piso. —Bien —dijo Vincent a los distintos comunicadores de los grupos que nos acompañan—. Arthur. Nuestros objetivos están en el interior del Passage du Grand Cerf. Lleva a tu grupo por el lado de la calle St. Denis y asegura la salida. Haz que los otros grupos vigilen la calle. Y llama a la ambulancia a reunirse con nosotros aquí. Tendremos tres cadáveres que recoger. —¿Simplemente vamos a atraparlos y matarlos? —le pregunté a Vincent cuando nos acercamos al arco de entrada. —Kate. Son numas. Son asesinos. Si no los matamos, ellos nos mataran.

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Asentí, pero me sentí rara sobre eso. Todas las fachadas de las tiendas estaban oscuras, pero había algunas luces encendidas en las ventanas del segundo piso. Al acercarnos, una de ellas titilaba apagándose y se podían escuchar pasos bajando las escaleras. Una puerta en el medio del pasadizo se abrió, y dos hombres salieron. Sus zapatos hicieron clic sordamente contra los azulejos blancos y negros. —Quédate aquí. —Como una ola, Vincent me puso tras su espalda mientras él y los otros se adelantaban rápidamente. La luz captó los rostros de los hombres: eran Nicolás y Louis ¡El segundo de Violette y su favorito en el mismo lugar a la vez!, pensé. Habíamos tropezado con algo importante. Al ver al joven numa, sé que no podía ayudar, pero seguí a Vincent y a los otros. Una vez que llegué a pocos metros de ellos, los faros rojos se extinguieron, como lo hicieron cuando tuve cerca de mí a los numa en la orilla del río, dejando solo las auras rojas brumosas. No veo rayos dorados disparando desde las auras de los Bardia, razoné. Solo hay una razón, para que un Campeón obtendría este regalo: dar caza a los numa. Vi el parpadeo dorado dentro aura de Louis, y me pareció como si un poco de esperanza se hubiera materializado en forma de luz y estuviera luchando para liberarse del frío resplandor carmesí. Algo dio tirones en mi memoria, y traté de pensar en donde había visto esto antes. Y entonces vino a mí: los archivos de los curanderos. La pintura del numa con el dorado en su aura… él separándose y siendo recibido por la Bardia. Esa escena era la redención, de repente lo comprendí. Me acordé de cómo Louis me parecía simpático en el barco y me había ayudado a aflojar mis ataduras. En realidad me ayudó a escapar, y que, aun considerando mi superpotenciada capacidad de persuasión, es algo increíble para una numa haberlo hecho. El color de su aura debía significar que él era como el numa que vi en la pintura. ¿Era posible para algunos numa cambiar su destino? ¿Cambiar de bando? Vincent me dijo que no, ¿pero que si estaba equivocado? Violette cruzó hacia el otro lado, ¿qué podría impedir que los numa hagan lo mismo? —¡Nicolas! —llamó Vincent, y los numa se giraron y sacaron sus espadas. —Por favor, no me digas que todo va a explotar por alguna compra nocturna —dijo el viejo numa secamente, aunque fue incapaz de ocultar su sorpresa.

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—No —Ambrose dijo—, simplemente estábamos poniendo un poco de orden en el barrio, y pensamos que olíamos algo de basura aquí. Nicolás lo ignoró, manteniendo su mirada en Vincent. —¿Así que eres el nuevo líder del Bardia? Yo creí que estarías más interesado en la caza de nuestra líder que persiguiendo a su segundo al mando. —Había tres. ¿Dónde está el otro? —Vincent preguntó. Los ojos de Louis parpadearon hacia el apartamento del que acaba de salir. Y luego, al darse cuenta lo que había hecho, nerviosamente agarró su espada con ambas manos, como si pudiera proteger la puerta de nosotros diez. —¡Cuidado con esa puerta! —ordenó Charlotte, y Ambrose se puso enfrente, espada en mano. —¿Quieres morir luchando o debemos permanecer aquí toda la noche charlando? —le preguntó Vincent, y los revenants en ambos lados del pasadizo sacaron sus espadas. Vi el miedo en el rostro de Louis, y mi corazón estaba con él. No quieres estar aquí, ¿verdad? Tan pronto como las palabras cruzaron mi mente, sus ojos se abrieron, y él miró a su alrededor como si estuviera tratando de localizar un espíritu volant. No, pensé con incredulidad. ¿Acababa de comunicarme con Louis? ¿Podría ponerme en contacto con la mente de un numa? Solo había una manera de averiguarlo. Louis, soy Kate. Me dijiste tu secreto. Y quiero salvarte. ¿Estás dispuesto a estar de nuestro lado? ¿A dar la espalda a los numa y ayudar a los Bardia? Estuvo allí, confundió, hasta que me localizó de pie detrás de Vincent y Charlotte. Me miró directamente a los ojos, con los suyos ensanchados de miedo. ¿Quieres escapar del numa? ¿Quieres venir con nosotros?, volví a preguntar. Nada. Bueno, ¿quieres? —¡Sí! —gritó. Dejando caer su espada, levantó las manos al aire. —¿Qué demonios estás haciendo? —Nicolás le preguntó, mirando a Louis de arriba a abajo. Vincent cogió mi brazo mientras yo paso por delante de él.

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—¿Kate, qué…? —él comenzó. —Amnistía —le dije al numa—, estoy ofreciendo amnistía a los dos, si están de acuerdo a abandonar su clase y venir a nuestro lado. Nicolás empezó a reír, pero mantuvo su espada lista. —Kate, ¿qué estás diciendo? —Charlotte siseó. La gemela miró de uno a otro en shock. —Estoy diciendo que, al igual que cualquier persona, se merecen una segunda oportunidad antes de ser sacrificados. Que tal vez, si se les da la oportunidad, van a alejarse de lo que son. —Kate —Vincent alegó—, ¿es eso posible? —Violette era una Bardia y ella se convirtió en numa. Debe ser posible. —insistí. —Esa regla fue escrita en nuestros textos. En realidad nunca se intentó, hasta donde sabemos, hasta que ella lo hizo. Pero no se puede cambiar de lado. Eso… es impensable. —Sabes —dijo Nicolás—, creo que tu Campeón aquí tiene razón —y comenzó a bajar su espada. —Congélate justo allí —Genevieve dijo con hielo en la voz, dando un paso más cerca de él—, no te atrevas a moverte. Manteniendo sus ojos en mí, Nicolás no le hizo caso y, cuidadosamente en cuclillas, descendió y puso su espada en el suelo. Entonces, se enderezó, extendiendo sus manos hacia adelante, mostrándonos que estaban vacías. —He estado esperando este día. El día en que por fin alguien me pregunte qué quería. Louis jadeó por la sorpresa y se quedó con la boca abierta hacia su compañero numa. —Y finalmente, el Campeón hizo la pregunta correcta. ¿Crees que me gusta trabajar para Violette, esa miserable, obsesiva, egocéntrica exBardia? —él miró de un rostro de incredulidad al siguiente—. Por supuesto que no. Así que cuando me preguntaron si preferiría morir a su servicio o unirme a ustedes, ayudar a derrotarla, mi respuesta es… Y su mano se movió dentro de la chaqueta y de vuelta tan rápido que ni siquiera supe lo que había sucedido hasta que vi a Genevieve y el cuchillo

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clavado en su cuello. Ella hizo un ruido de gorgoteo y cayó al suelo. Ambrose rugió y saltó hacia Nicolas, que se agachó y recuperó su espada. Mientras comenzaban a luchar, Vincent se arrojó hacia adelante y tiró a Louis al suelo, inmovilizándolo allí con el pie. Levantó la espada sobre la espalda del chico, listo para empujar a través de su pecho. —Vamos a ver si intentas el mismo truco desde esa posición —Vincent gruñó. Como Charlotte fue en ayuda de Genevieve, corrí junto a ella hacia Vincent. —No lo hagas —clamé, agarrando su brazo. Mi resolución vaciló por un segundo cuando vi a Charlotte depositar el cadáver de Genevieve en el suelo. Me volví hacia él. —Vincent, tienes que creerme. Sé qué estoy haciendo es lo correcto. Cerró sus ojos con fuerza. El grupo de Arthur venía hacia nosotros. Tomando una decisión instantánea, Vincent les gritó: —Nos llevaremos a este con vida. —¿Qué? —Arthur estaba incrédulo. Vincent quitó el pie de la espalda de Louis y Arthur se inclinó dando un tirón y el muchacho se puso de pie. —¿Quién está arriba? —demandó Vincent. —Solo… solo otro numa —balbuceó Louis—. Estábamos descargando armas para Violette. Es el encargado de armar a los que están llegando en la ciudad. Vincent y Arthur echaron abajo la puerta y subieron las escaleras. Un grito provino de dentro del apartamento. Ruidos de combate comenzaron y repentinamente pararon. Miré y vi que Nicolas había caído, su cuerpo era una pila bajo un abrigo de piel, tumbado en un charco de sangre oscura. Una ventana se abrió de golpe sobre nuestras cabezas y Vincent se asomó. —Lo tenemos, pero él estaba en el teléfono. Llama a los otros grupos y hágales saber que los refuerzos enemigos pueden estar en camino.

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—Los refuerzos enemigos ya están aquí —surgió una voz detrás de nosotros. Una docena de numas estaban posicionados en la entrada del pasaje.

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Capítulo 45 Traducido por SOS parvatti y Gabbii Rellez Corregido por Caliope Cullen

o lo había visto venir. Me golpeé a mí misma por no estar más atenta, pero mi atención se había centrado en la protección de Louis y no en la mía. Eché un vistazo alrededor para ver cuántos somos. Ambrose, Charlotte, Vincent, Arthur y los cuatro revenants en el grupo de Arthur. Conmigo, éramos nueve. Diez si Louis combatía con nosotros. Los otros grupos, otros cinco en bardia, estaban en alguna parte afuera. O al menos, eso creía. Ellos podrían haber sido derrotados o todavía podían venir en nuestra ayuda. En cualquier caso, justo ahora, estábamos superados en número por el doble. Pero por alguna razón, eso no me asustaba. Solo alimentaba mi determinación. Respirando profundamente, dibujé mi espada y rebotó a mis pies, con la adrenalina chisporroteando en mis venas. Estaba lista para esto, eso creía. Corrí al primer numa que vi, atacando antes de que pudiera llegar a mí. Lo tomé por sorpresa y rebané el brazo de la espada antes de que la levantara. Él dejó caer su arma y se agachó para recuperarla. Con esa posición, di la estocada. Mi espada atravesó su pecho. La conduje profundamente y luego tiré rápidamente hacia fuera. Él me miró, con los ojos saltones. Agarró su pecho, tosió un pequeño chorro de sangre y luego cayó, su espada golpeando estrepitosamente el suelo a su lado. No podía creer que acababa de matar a alguien. Esperé sentirme enferma, como lo hice en la orilla del río, pero en cambio me sentía eufórica. Bardia contra numas en una pelea justa, era nosotros contra ellos. La muerte en este caso al servicio de un bien más grande, me dije. Sin embargo, con una punzada de realización, supe que esas palabras eran para consolar a la vieja Kate. La nueva Kate tenía más numa que matar.

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Charlotte estaba luchando como una loca. El cuerpo de Genevieve había sido empujado hacia un lado del pasillo, fuera del combate cuerpo a cuerpo. Arthur y sus cuatro estaban de pie espalda con espalda junto a nosotros, luchando contra los numa que procedían del otro extremo del pasillo. Louis estaba detrás de mí, sin armas. —¿Estás con nosotros? —le pregunté en silencio. Asintió con la cabeza, moviendo el pelo largo y castaño detrás de su oreja. Saqué la espada desde donde Vincent la había pateado a un lado, y lo miré a los ojos mientras se la entregaba. Con la más leve de las sonrisas, se movió a mi lado y avanzamos hacia dos numa. —¿Qué en el...? —dijo la que está directamente frente a mí, la boca abierta al ver a Louis a mi lado. Las habilidades de Louis con la espada no eran muy buenas, pero gracias a la fracción de segundo de sorpresa, su experiencia del mismo tipo no se registró como deserción, lo que le dio la ventaja, y juntos nos enfrentamos a nuestros oponentes. A medida que avanzaba para ocupar su lugar, vi que dos en el grupo de Arthur habían caído. Ambrose destrozaba lejos a un rival con un solo brazo y el otro colgaba inútilmente por el lado. Habíamos formado un pequeño círculo hacia afuera mientras luchábamos contra numas que habían duplicado nuestras filas. —¿Qué hacemos? —le grité a Vincent, que golpeaba a una numa de piel oscura con un bigote. Él sacó una segunda espada de su cinturón. —Hacemos todo lo posible —respondió—. Y si morimos, esperamos que nuestra reserva llegue para rescatar nuestros cuerpos. Me preparaba para mi próximo rival cuando, detrás de la línea de numas, vi lo peor, más luchadores se aproximaban. Otro diez, por lo menos. Mi boca se llenó de un sabor metálico. Podía saborear nuestra derrota. Estábamos perdidos. Esos recién llegados no eran como ningún numa que hubiera visto antes. Su pelo punky se blanqueó y tiñó de todos los colores posibles, y su piel estaba cubierta de tatuajes. Y a medida que pasaban por el arco de entrada, el ruido de la batalla de repente se ahogaba en una ola de música metal. Uno de ellos llevaba un equipo de sonido en el hombro, que balanceaba hacia abajo y colocaba cerca de la entrada del pasadizo. Hizo una pausa para encender la música al máximo volumen antes de

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enderezarse y colocarse con sus compatriotas, las manos en la cintura, a lo ancho de la entrada. Los puestos de combate como todo el mundo se parecen. Y entonces me di cuenta de sus auras. No son rojos. Oro. ¡Son Bardia! Me di cuenta con asombro. Ellos sacaban sus armas, y uno de ellos avanzó hacia adelante. Su pelo largo era de color negro con puntas en color rojo, y se erizaba como la melena de un león. La ceja y el labio estaban perforados y sus ojos delineados con kohl. Él exploró los combatientes hasta que vio a Charlotte, y un lado de su boca se convirtió en una sonrisa. —Oye, hermana —llamó. Charlotte estaba aturdida, su espada colgando a un lado y los ojos muy abiertos por la sorpresa. —¡De ninguna manera! —gritó, y luego, con un grito de alegría, brotó de nuevo en acción, haciendo balancear a su enemigo con tal intensidad que decapitó un numa distraído con un solo golpe. El caos descendió. Su gemelo le gritó a Charles una especie de grito de batalla en alemán y se sumergieron en la lucha, blandiendo sables curvos y hachas. El numa enfrentó a Arthur, y sus hombres lucharon ferozmente por un minuto, empujándonos hacia adelante en una banda estrecha de extremidades agitándose y el parpadeo de armas. Pero nuestro círculo defensivo se ensanchaba, la confusión se hacía cargo. Un par de numas corrieron hacia la salida del pasadizo. Fueron seguidos rápidamente por más de uno o dos tirando parientes heridos con ellos, pero la mayoría pensando solo en su propio escape. En cinco minutos se había terminado. La música a todo volumen se mezclaba con los gemidos de nuestros enemigos heridos que eran eliminados rápidamente. El propietario del equipo de sonido marchaba más y bajaba la música. Se encogió de hombros cuando me vio mirándolo. —Hey, la contaminación acústica provoca un menor número de llamadas telefónicas a la policía que los gritos y sonidos de la batalla. Al menos, ese es el caso de Berlín —dijo. —¿Estás bien? —Vincent me preguntó, y al ver que mi peor herida era un corte en el hombro, me besó rápidamente. Nos reunimos para evaluar

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los cuerpos. Diez numa estaban tumbados muertos en el suelo. Un par de ellos fueron acarreados por los que escaparon. El cuerpo de Nicolas todavía estaba aquí, su abrigo de piel un desastre, empapado en sangre. Tres del equipo de Arthur estaban muertos. Y Ambrose se encontraba apoyado contra una pared, con el brazo sangrando profusamente con Charles y Charlotte asistiéndolo. Una persona no se encontraba, me di cuenta con alarma. Al escanear el pasaje de nuevo, le grité: —¡Genevieve! ¿Dónde está Genevieve? Nuestro grupo se revolvió alrededor, buscándola. —Ella estaba aquí —dije, señalando el lugar donde vi por última vez su cuerpo. Charlotte se llevó las manos a la boca con horror. —¡NO! —gritó, y corrió hacia el final del pasillo con Charles cerca de sus talones. Ellos frenéticamente escaneaban la calle en el otro extremo, pero estaba claro que quién tomó Genevieve era cosa del pasado. Los gemelos estaban juntos, siluetas oscuras bajo un arco negro, su cuerpo iluminado por la calle iluminada más allá. Cuando Charlotte empezó a llorar, su hermano envolvió sus brazos alrededor de ella.

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Capítulo 46 Traducido por Karou! y Lucach Corregido por Caliope Cullen

los cinco minutos, una ambulancia se retiró hasta el pasillo con los cuerpos cargados. —No, hombre, yo no necesito una ambulancia —dijo Ambrose, resistiendo los esfuerzos de Vincent para subirlo con los muertos y heridos. —Bueno, no puedes caminar a casa de esa manera, y vas a sangrar completo sobre el taxi —dijo Vincent, ayudándolo a ponerse de pie. —Voy a ir con ustedes —dijo Charlotte en voz baja. Ambrose miró hacia donde ella se ponía de pie con el brazo de Charles a su alrededor. Le sonrió tristemente y él asintió, derrotado. —Sí, está bien. Vincent se volteó hacia donde yo protegía a Louis con mi cuerpo de los clanes alemanes de Charles que lo miran suspicaces. —Todavía estás aquí —dijo sombríamente. —Lo estoy —respondió Louis, levantando la barbilla ligeramente, pero pareciéndose a un adolescente asustado a pesar de su bravuconería. —Kate, ¿podrías decirme qué pasó ahí? —pidió Vincent. Parece ser que los revenants voladores no son los únicos que pueden comunicarse telepáticamente. Lancé el pensamiento hacia él y respingó con sorpresa. —Bien —dijo Vincent, sacudiendo la cabeza en la confusión—. ¿Por eso ofreces telepáticamente esta amnistía numa? —Louis me contó su historia en el barco, Vincent. Violette no era la única infeliz con su estado. Y Louis es aún nuevo.

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—Seis meses —aclaró Luis, mirando hacia sus zapatos, con la cara roja como un tomate. —Lo que sí suena mal —dije— pero él no quiere seguir ese camino. Vincent miró al techo, como si la solución estuviese por encima de la placa de vidrio. —Kate, ¿qué esperas que haga? No entiendo lo que estás pidiendo. —Yo tampoco lo sé —admití—, pero tomarlo es lo correcto por hacer. Solo tienes que confiar en mí. Vincent me miró, sin saber cómo reaccionar. —Kate. Yo confío en ti. Pero no confío en él —dijo, echando la mirada hacia Luis, que frunció el ceño, empujando las manos en los bolsillos. —Asumo toda la responsabilidad por él —Vincent levantó las manos a la cabeza, como si quisiera arrancar su pelo. Un sonido estrangulado escapó de su garganta mientras se alejaba. Le dijo algo a Arthur mientras pasó a su lado y él se acercó a nosotros. —Me han dicho que sea como pegamento sobre ti —le dijo a Louis y esperó, por lo que era claro que no se alejaría del lado del numa. Mientras caminábamos hacia la salida, fue muy evidente que Arthur comprobó a Louis. —¿Qué? —pidió Louis finalmente. —Así que eres el nuevo consorte de Violette —dijo el revenant mayor, divertido—. ¿Estás con ella durante seis meses y quieres escapar? Trata por quinientos años. —La mandíbula de Louis cayó. Dejé de seguir a Vincent, que estaba hablando con el jefe del grupo de Charles. —Nos quedaremos el tiempo que nos necesites —dijo la niña en inglés con acento alemán. Ella se veía como la hermana pequeña más dura de Lisbeth Salander, su cuerpo enjuto pintado con tatuajes, con la cara salpicada de piercings y pelo azul muy corto, que sobresalía como si hubiera utilizado un cable eléctrico con corriente para estilizarlo. —No hay suficiente espacio en La Maison para dar a cada uno una habitación, pero en la ciudad… —comenzó Vincent. —No necesitamos camas —dijo la niña—. Nadie está inactivo esta semana.

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—Pero el espacio para poner tus cosas... —Compartimos todo, incluido el espacio personal —ella respondió, divertida por la preocupación de Vincent—. En serio, lo mejor es mantener a todos juntos. Además, dices que la gran batalla está a punto de bajar. Bien... solo nos consideran inseparables —dijo ella, cruzando el dedo corazón detrás de su índice. —Reagrupamiento en la casa de Frenchie —gritó a su tripulación en inglés, y luego se repitió a sí misma en alemán. El grupo se había dedicado a la limpieza de la vía de paso, guardando las armas y limpiando la sangre con las camisetas que se sumaban a los basureros al aire libre. Cuando salimos, el espacio se veía como si nada hubiera sucedido, ya familiarizados con el descubierto pecho decorado con tinta de los Charles como medallas debajo de sus chaquetas de cuero, empujándose unos a otros y haciendo bromas en alemán al comenzar el camino a casa. Hicimos dos paradas en el camino para unirnos a nuestros grupos que fueron atacados por numas. No hubo muertes en sus filas. Ya fuera porque estaban demasiado expuestos a luchar por mucho tiempo o por que el numa solo distraía a nuestro grupo de apoyo, habían participado de forma rápida y luego se habían escapado. Cuando Vincent rondó a todo el mundo y los llevaba con nosotros a casa, la líder alemana se mantuvo cerca de mí, estudiándome descaradamente por debajo de sus picos azules rapados. —No tengo tu nombre —dije finalmente, mirándola fijo a los ojos. Ella no se inmutó, pareciendo como si atendiera directa. —Uta —dijo—. Tú eres el Campeón. —Supongo que sí. No es que eso nos hiciera mucho bien esta noche — concedí—. Me alegro de que Charles recibiera los mensajes de Charlotte. De lo contrario, estaríamos tostados. —Charles no recibió mensajes de Charlotte —dijo Uta, levantando una ceja perforada—. Al menos, no hasta que estuvimos a mitad de camino hacia aquí. Estábamos en un desierto en retiro de motivación. No hay servicio de teléfono celular. —Entonces… ¿cómo sabías que vendría? —pregunté, confundida. Ella sonrió ampliamente. —Soy una vidente. Vi tu luz. Más brillante que cualquier cosa que he visto en mi vida. La vimos a partir de horas de distancia. Sabía que era

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algo que teníamos que verificar. Solo nos tomó un tiempo para llegar aquí. —Uta se ríe de mi expresión desconcertada—. Tiene que ser raro ser el campeón —dice ella—. ¿Cuáles son tus poderes? Me sentí un poco avergonzada. Como si ella me pidiera una lista de las cosas que más me gustan de mí misma. Me concentré en las cosas que más me preocupaban. —La profecía dice que se supone que tengo niveles sobrenaturales de fuerza. No sé si te has dado cuenta allí, pero yo no soy más fuerte que nadie. Uta asintió, pensando por un segundo. —Puede que en su caso no sea la fuerza física. Parece que tienes mucho aquí dentro —dijo, golpeando su pecho con el puño—. No siempre es necesario tener músculos para ser poderoso. Pienso en el hippy-Dippy en-contacto-con-sus-sentimientos con que Charlotte había etiquetado a parientes de Charles, y trato de no sonreír. —Sabes, hemos tenido un campeón en Alemania —continuó— hace unos cien años. Había muchas luchas internas y demandas sociales y políticas, un montón de posibilidades para la traición. Los numas habían invadido el lugar. El campeón apareció y dirigió la batalla contra nuestros enemigos. —¿Qué pasó? ¿Cómo lo hizo? —pregunté con el pulso acelerado. Esta era la primera cosa que había oído hablar de un campeón alemán. Uta se encogió de hombros. —No lo sé. Tuvo éxito. Quiero decir, los numas fueron exterminados y nuestra región comenzó con un borrón y cuenta nueva. Pero, ¿cómo lo hizo? Es decir qué tipo de poderes que tenía… no puedo decirte. —¿Por qué no? —pregunté. Uta dudó y luego dijo: —Porque él no sobrevivió a la batalla final. Traté de mantener mi cara sin emociones. No era de extrañar que Vincent no quisiera hablar de lo que soy. Ser el campeón no significaba que fuera a ganar. Uta acababa de confirmarlo. Pero no me arrepentía de en lo que me he convertido. Yo podría estar muerta en ese instante. Si no hubiera sido una revenant latente cuando Violette me apuñaló, eso habría sido todo. Esta era una segunda oportunidad, no solo para mí sino para la Bardia de París y su

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inocente población humana. Intenté imaginar cómo sería la ciudad invadida por numas. El mal supremo reinaría. Imágenes de la Alemania nazi, la Italia fascista y la España franquista vinieron a mi mente. De los países del Tercer Mundo, a cargo de dictadores o generales que se aprovechaban de los recursos y dejaban morir de hambre a su población. Genocidio. Eso es lo que puede suceder cuando se altera el equilibrio del bien y del mal. En este sentido, parecía imposible para mí hacer una diferencia. Pero tuve la oportunidad de ver a mis abuelos y Georgia de nuevo. Por no hablar de Vincent. Miré hacia donde él está hablando con Louis, y sus ojos se encontraron con los míos antes de regresar al joven numa. Incluso cuando estuviera involucrado en algo más, la atención de Vincent nunca me abandonaba. Sé que tengo suerte de haber tenido más tiempo con él. Y decido que si esto es todo lo que tengo, si todos morimos hoy, bueno, entonces estos preciosos minutos extra habrán valido la pena. Excusándome con Uta, me apresuré a alcanzar a Vincent. Sin aminorar el paso, él lanzó un brazo alrededor de mis hombros y me jaló cerca de él, inclinándose para besar la parte superior de mi cabeza antes de continuar su conversación con Louis. Cuando el novato numa terminó de contar su historia, Vincent se veía perturbado. —Todo lo que he querido desde que me transformé en este monstruo es volver atrás y borrar lo que hice. Volver el tiempo atrás para que pudiera hacer las cosas de manera diferente. Quiero salir —el muchacho concluyó. —No hay salida —dijo Vincent solo lo suficientemente alto para que yo lo oyera. —Sin embargo, debes saber que voy a hacer cualquier cosa para escapar de ese destino —afirmó Louis con fervor. Mientras caminábamos pasando el Louvre y el puente para cruzar de nuevo el Río Gauche, Vincent asintió a Arthur, quien tomó a Louis por el brazo. Retrasándose de nuevo para que habláramos solos. —Está bien, Kate. Comprendo por qué este niño te hizo pensar —dijo Vincent—. Pero eso no cambia el hecho de que es numa. Su destino ha sido decidido, y nada puede cambiar eso. —Vincent, sé que esto no tiene sentido. Pero hay algo diferente en él. No solo en la sensación que tengo de él, incluso su aura es diferente. —¿Su aura? —Vincent dijo incrédulamente— ¿No tiene un aura numa?

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—Sí —admito—, pero no es lo mismo. Existe ese tipo de oro de destello interior. Creo que significa algo. Como si hubiera algo bueno en él. Alguna esperanza. Sé que esto va en contra de todo lo que has aprendido, lo que crees que es correcto. Pero… Louis tiene que venir con nosotros. Vincent se detuvo a mirarme a la cara, y el flujo de los demás se ralentizó a nuestro alrededor como una marea. Él tocó mi cara y a continuación enlazó sus dedos con mi pelo. Él me tuvo así durante un minuto entero, estudiando mi cara como si fuera un libro escrito en una lengua extranjera. Luego se inclinó hacia delante y presionó sus labios con los míos. Cuando retrocedió el brillo había vuelto a sus ojos de zafiro. —De acuerdo —dijo. —Entonces, ¿estás de acuerdo conmigo? —pregunté. —No, pero… bueno Kate, tú eres la jefa —tomó mi mano y reiniciamos la marcha, cerrando la cola de la procesión. —Sí, claro —farfullé—, eres el jefe del linaje de Francia. —Sí, pero tú eres el Campeón —dijo con una sonrisa irónica—. Nunca he visto un diagrama de flujo actual de liderazgo, pero supongo que eso significa que eres mi jefa. Mi boca se abrió con consternación divertida. —No quiero ser la jefa de nadie. —Demasiado tarde —dijo con falsa impertinencia—. Tú ya estás hablando directamente a los cerebros de las personas, persuadiendo al enemigo para desatarte mientras estabas en cautiverio, y atrayendo ayuda todo el trayecto desde Alemania con el aura de mil millones de vatios. No es como pudieras empezar todo de nuevo y terminar siendo un revenant común. Él estaba haciendo todo lo posible por bromear, pero sabía que estaba tan abrumado por lo en que me había convertido como yo. —Lástima que no conseguí todo lo que estaba prometido. Lo hice bien allí, pero algo de súper fuerza habría venido muy bien —dije. —Las profecías siempre son oscuras en el mejor de los casos —dijo—, tal vez un poco de fuerza aparecerá después. Tiró de mí más cerca, como si solo su cercanía me pudiera proteger de lo que se avecinaba.

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Capítulo 47 Traducido por Kirara7 y SOS por Vafitv y Kirara7 Corregido SOS por Marce Doyle*

eannie estaba esperando cuando llegamos a La Maison. —¿Están todos bien? —ella preguntó mientras pasábamos por la puerta. —¿Qué estás haciendo aquí? Son las tres de la mañana —Vincent colocó una mano en su hombro y ella lo miró avergonzada. —No podía dormir —admitió ella—. Algo está pasando, puedo sentirlo, y he estado con ustedes lo suficiente como para saber que puedo confiar en mi intuición. Tengo algo de pan en el horno y tengo algo de estofado. Ahora, ¿alguien está herido? —preguntó ella, escondiendo sus emociones prácticamente. —Ambrose necesitará atención médica —dijo Vincent, y luego en voz baja admitió—: Genevieve fue asesinada y se la llevaron. Las manos de Jeannie volaron a su boca. —No —dijo ella sin aliento, lágrimas saliendo de sus ojos. Vincent asintió sombríamente, de repente viéndose cansado. Fuimos distraídos por la ambulancia que llegó por las puertas. Jeannie se frotó los ojos y se dirigió hacia la ambulancia. Charlotte salió del asiento del pasajero y abrió la puerta de atrás para que Ambrose y Charles salieran. —No me importa si están en las bolsas negras —Ambrose estaba diciendo—. Esta es la última vez que me subo a una ambulancia con una docena de cuerpos —el tiembla y sostiene su brazo herido mientras baja—. No me importa matarlos, pero no quiero intimar con ellos una vez que el daño este hecho. Charles bajó y Jaennie lo miró curiosamente por un momento antes de que una luz iluminara sus ojos. Ella corrió por las escaleras y lo abrazó. —Mon petit, Charles, ¡estás de vuelta! —ella murmuró, poniéndose de puntas y dándole un enérgico beso en la mejilla—. Estoy tan feliz de verte.

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—Yo también —dijo Charles con una sonrisa. —Solo mírate —ella dijo, alejándose e inspeccionándolo en toda su gloria tatuada y cabello punk—. Sabes, nunca pensé que en verdad diría esto, pero ese estilo de verdad te queda. Claro, si no me hubiese preocupado por ti por más tiempo del que he tenido, mi hijo, me habrías asustado. Pero siempre serás mi Mon petit Charles á moi —ella lo abrazó y se volvió hacia Ambrose. —¿Qué tan malo es, querido? —Lo suficientemente malo para necesitar un doctor —Charlotte respondió, quitando las armas del cinturón de Ambrose y su correa en el hombro. Ella le entregó una hacha de batalla a Charles, y se adelantaron a guardar todo en la armería. —Solo necesito unas cuantas suturas —Ambrose dijo. —Muéstrame —Jeannie ordenó, y el abrió su chaqueta. Encogiéndose, ella ordenó—: Vas derecho a tu habitación, llamaré al doctor Dassonville y luego te limpiaré. Todos los demás —ella llama al vestíbulo que se llenaba rápidamente— las armas van abajo en la armería, hay una estación de primeros auxilios, si alguien más lo necesitas. De otra forma, sírvanse comida en la cocina. En medio de la confusión, un celular sonó. Louis sacó un celular de su bolsillo y miró el número en la pantalla. Su rostro se volvió blanco. —¿Quién es? —preguntó Arthur —Ella —dijo el, presionando una tecla para enviarlo a buzón de mensajes. Un segundo después, el teléfono de Vincent sonó. Él presionó el botón para el altavoz y lo sostuvo para que todos escucharan. —Oiu —dijo él. —Has matado a mi segundo al mando y secuestraste a mi consorte —dijo la voz furiosa de Violette. —Soy culpable del primero, pero el otro, Louis, vino a nosotros por voluntad propia —respondió Vincent. Louis tembló y cruzó sus brazos protectoramente sobre su pecho. —Esa es una mentira —Violette escupió—. Déjame hablar con tu patética escusa de Campeón. —Estoy aquí —dije.

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—Te daré una hora para encontrarte conmigo en las Arénes de Lutéce. Trae a mi consorte y te entregaré el cuerpo de Genevieve a cambio. —¿Por qué en la Arena? —pregunté—. ¿Por qué no aquí? —No hay suficiente espacio abierto —ella contestó—. No tolerare ningún truco, encuéntrame en el centro de la Arena. Una hora, nuestra transacción terminará al salir el sol. —Hubo un clic y luego un silencio estático. —Es una trampa —dijo Arthur. —Claro que es una trampa —Vincent concedió—. Violette traerá a sus hombres, y ella sabe que Kate nunca irá sola. —Él volvió su mirada hacia a mí—. Ella quiere otra oportunidad para tenerte, Kate. —¿Qué deberíamos hacer? —preguntó Charlotte —No podemos ir, seremos asesinados —Arthur dijo. —Pero tenemos que traer de vuelta el cuerpo de Genevieve —dijo Charlotte. —No, en realidad no tienen que —vino una voz de arriba. Bran hizo su camino por las escaleras, agarrando la barandilla de mármol—. Al menos no es lo que Genevieve habría querido —dijo él. —¿Cómo sabes eso? —Charlotte preguntó, espantada. Bran permaneció en silencio hasta que finalmente estuvo entre nosotros —Porque ella me lo dijo —dijo él simplemente. —¿Qué quieres decir con que ella te lo dijo? —preguntó Vincent. —Genevieve vino a mí cuando regresamos de Nueva York —Bran explicó—. Ella dijo que ustedes le habían explicado cómo funcionaban las llamas de dedos, y ella me preguntó si había alguna forma de que yo dispersara su espíritu mientras estaba inactiva. —¿Por qué ella haría eso? —pregunté. —Ella me dijo que sin su esposo, ella no quería existir, que todo lo que ella deseaba era ir al mismo lugar donde él estaba. Ella sentía que había hecho suficiente en su tiempo como revenant. —Pero… —Charlotte comenzó.

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—Ella estaba muy determinada a salirse con la suya —dijo Bran—. Aún no he decidido qué hacer, pero ahora la decisión parece haber sido tomada por nosotros, y yo aconsejaría que la dejemos ir. Todos estaban en silencio procesando la historia de Bran. —Aún necesitamos su cuerpo para quemarlo —dijo Vincent finalmente— . Eso es si esto no es solo una trampa y Violette en realidad trae el cuerpo con ella. En cualquier caso, Kate no irá. —¿Qué quieres decir con “no irá”? —pregunté. —No lo digo para protegerte, Kate, lo digo para protegernos. La meta de Violette no ha cambiado. Ella quiere atraparte para tener el poder de un Campeón. Como están las cosas ahora, ella podría derrotarnos sin la fuerza extra. Sus hombres al menos doblan los nuestros, pero para ella su deseo por poder ciega su sentido común. Ella te quiere, y arriesgará una desorganizada batalla para atraparte. No puedes ir. Negué con la cabeza, furiosa. —No puedes tomar esa decisión por mí —dije. —¿Podrían todos dejarnos? —Vincent preguntó lacónicamente, decidido a tener razón. Lástima que yo también. La habitación quedó vacía hasta que solo éramos Vincent, Charlotte y yo parados en la tenue luz del candelabro de cristal. —Si estamos tomando una decisión táctica, necesito estar aquí — Charlotte explicó disculpándose. Ya no soportábamos solemnemente un triángulo, no más amantes y amigos. Nuestros sentimientos no importaban más. Teníamos que ser racionales. Una decisión tenía que ser tomada, una que afectará a todos los que conocemos. —Yo soy uno de ustedes —comencé—. Y no voy a esconderme aquí para protegerme. Me convertí en el Campeón por una razón. E independientemente de lo que la profecía quería decir, si debo conducir a los bardia contra los numa a una derrota o una victoria en la que realmente sobrevivo, sé que tengo que hacer esto. Tengo que enfrentarme a Violette. Lo siento aquí —dije, y coloqué mi mano sobre mi pecho, sin querer presionando el signo en mi piel. Miré a los tristes ojos azules de Vincent—. Vincent, nunca me he sentido más segura de algo.

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El siguió mirándome fijamente, como si esperara que cambiara de opinión, y de repente sus hombros y cabeza cayeron. El cerró sus ojos y puso sus dedos en su frente. —Tú ganas —murmuró sin mirarme. Y entonces dijo de regreso en forma—. Charlotte, llama a todos. Diles que llamen a los parientes con los que se pusieron en contacto a principios de esta noche. Todos se reunirán totalmente armados en la esquina del noreste del parque que rodea la arena. —Charlotte cabeceó y se fue a informar a los demás. Vincent y yo estábamos solos en el estudio. Me miró como si yo fuera una extraña, como si él me estuviera viendo por primera vez. Los tres pies entre nosotros se sentían como una milla. —Esto, Kate, podría ser el final de todos nosotros. Podría muy probablemente ser tu final. —Lo sé —dije, levantando la barbilla. Él estaba quieto. —Lo primero que sentí cuando me enteré de que eras un revenant fue alegría —dijo finalmente—. Pensé que ésta era la respuesta todo nuestros problemas, que podríamos estar juntos para siempre. A pesar de que me dolía que te vieras obligada a seguir un camino tan difícil, pensé que juntos podríamos hacer algo bueno y bello. —Vincent, yo… —empecé, pero él levantó un mano, pidiéndome que le dejara terminar. —Luego Bran nos dijo que eras el Campeón. Y perdí la alegría. Porque sabía que no se te permitiría ser tu misma de nuevo. Tú siempre deberás llevar la responsabilidad, así como la protección de la ciudad. El país. Eso es… debes llevar esa responsabilidad hasta el día en que fueras llamada a la acción en contra de los numa. Y yo sabía que cuando llegara ese día, la victoria a la que nos llevarías podría resultar en una tragedia para ti. Para mí y para tu familia. Tú puedes ser tan fácilmente destruida. Tú eres el objetivo. Respiré profundamente, sabiendo que tenía razón. —Mis abuelos y hermana saben lo que es un revenant y los peligros que lo acompañan. Ellos han tenido un par de días para aceptarlo —hago una pausa—. Es como si el país estuviera en guerra y yo fuera a defenderla de la batalla. Mamie y Papy no quieren que sea un soldado. Pero ahora soy uno, van a entender cualquier sacrifico que yo haga. —¿Y yo? —preguntó Vincent—. ¿Lo que yo siento no cuenta para nada? La chica a la que amo está ofreciéndose a sí misma como…. —el suspira,

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viéndose triste en su búsqueda de palabras—. Como una virgen al dragón. —No, la chica que amas no está ofreciéndose a sí misma al dragón. Está virgen —una sonrisa se forma en mis labios cuando digo al palabra— se dirige a darle una patada en el trasero al dragón. No desmayará y perecerá. Vincent se lanzó sobre mí y me envolvió en sus brazos. —No te auto sacrifiques —respiró en mi pelo—. Tú no vas a morir por nosotros. —No con intención, lo prometo. Además, Vincent, no voy a ninguna parte sin ti. Si vamos a caer, caeremos juntos. —Me incliné e intenté una sonrisa. Sus ojos estaban rojos y llorosos. —Juntos —el aceptó, y se acercó para darme un beso.

*** —Tú no iras a ningún lado —dijo Vincent, mientras Ambrose intentaba levantarse de la cama. —Tengo un brazo bueno —Ambrose respondió y luego gimió de dolor cuando Charlotte lo empujó de regreso a la cama. —¿Ves? Casi ni puedes moverte —dijo Charlotte—. Solo serás una carga. —La pelea de la década, incluso del siglo, ¿y no estaré ahí? Tienes que estar bromeando —él gimió. El doctor se acercó y le inyectó un anestésico en el brazo. —Serán unos minutos para que quede adormecido —dijo él, y fue hacia el otro lado de la habitación a buscar unos instrumentos. —Soy tu líder y digo no —Vincent insistió y dejó la habitación. Charlotte comenzó a pararse, pero Ambrose tomó su mano antes de que ella pudiera alejarse. —Espera —él rogó. —No me vas a convencer —dijo ella, dándole una mirada de advertencia.

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Él me miró. —Katie-Lou, me dirás la verdad, ¿esto es real? ¿Lo que pasará con Violette será ahora? Me encontré con los ojos de Charlotte, y ella sacudió levemente su cabeza. Yo exhalé: —Sí. —Aww, hombre —Ambrose se quejó cerrando sus ojos. Recostó su cabeza contra la almohada. —Escucha, Ambrose —dijo Charlotte—, haremos lo que podamos para recuperar el cuerpo de Genevieve, si es por eso que estas preocupado. Solo nos harás más lentos si vienes. Te prometo que haremos lo que podamos. Los ojos de Ambroce se entrecerraron. —¿Es por eso que crees que quiero ir? —él preguntó—. ¿Por Genevieve? Charlotte le miró confundida. —Escucha, bebé —él movía su pulgar nerviosamente de arriba abajo en la mano de ella—. Ustedes están caminando derecho hacia la batalla más peligrosa que hemos visto. Podría ser la pelea. Además de estar increíblemente molesto porque no podré estar, me va a volver loco saber que estás ahí, posiblemente consiguiendo que te maten o que te destruyan. —Vincent y yo… —Charlotte comenzó a discutir. —No estoy preocupado por Vincent —Ambrose la interrumpió—. Estoy preocupado por ti. Aquí viene, pensé y sonreí. Me devolví lentamente hacia la puerta, para que ninguno de los dos notara que estoy dejando la escena. No que lo hubiesen notado de cualquier forma, estaban totalmente envueltos el uno con el otro. —Puedo luchar tan bien como el resto de ustedes —Charlotte contestó, alejando su mano de la de él y empujando sus puños a su cintura. —Nunca dije que no pudieras —Ambrose insistió. —Entonces por qué… Él la interrumpió de nuevo.

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—Me quedaré sin quejarme… —¡No tienes opción! —…si haces dos cosas. —La burla dejó su rostro y ahora estaba muy serio. Debía irme, pero no podía, sabía que estaba a punto de presenciar un evento histórico, y acechaba junto a la puerta con mis ojos pegados a Charlotte y Ambrose. —Bien —dijo Charlotte, igualando su seriedad. —Prométeme que volverás. Charlotte estaba callada. —Y dame un beso de despedida. —¿Qué? —preguntó Charlotte. —Me escuchaste. Ella se quedó quieta durante un par de segundos, llevando sus dedos a sus labios. Sus ojos brillaban con lágrimas mientras se sentaba nuevamente a un lado de su cama. Tomó la mano que no estaba lastimada en la de ella, se acercó y lo besó. Era un beso lento, era un beso largo. Era el beso que había esperado por años.

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Capítulo 48 Traducido por yuya Corregido por Marce Doyle*

eorgia estaba esperando en el pasillo cuando me arrastré fuera de la habitación de Ambrose. —¿Qué pasa? —preguntó, y me hizo pegar un salto en el aire. —No te había visto —dije, con la mano sobre mi acelerado corazón. —Entonces, ¿dónde es la fiesta? —cruzó los brazos sobre el pecho. —¿Por qué estás despierta? —le pregunté. —No podía dormir. Y entonces miré por mi ventana y vi a los Sex Pistols conduciendo sus vehículos al estacionamiento. Así que me imaginé que algo sucedía. Miré a Georgia, el estado de su corto cabello rubio rojizo sacudido por la cama la hacía más bella que nunca. Me di cuenta de que había una posibilidad de que después de esta noche no pudiera volver a verla. Lancé mis los brazos alrededor de su cuello y la apreté contra mí. Ella me dio palmaditas en la espalda. —¿Qué, Katie-Bean? ¿Qué sucede? Quiero decir, además del hecho de que son supuestamente los no-muertos Wonder Woman o algo así… quiero decir, ¿que por qué estás llorando? —No estoy llorando —le dije, sorbiendo y disimuladamente limpiando mis ojos antes de dejarla ir—. Solo quiero que sepas que te quiero. Los ojos de Georgia se estrecharon, y me miró sospechosamente antes de señalarme con el dedo. —Tú, chica, vas a hacer algo peligroso. ¿Qué es? —No es nada de lo que necesites preocuparte, Georgia. Ella hizo un ruido de disgusto y dijo:

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—Oh, no me vengas con eso. Tú no estarías actuando así a no ser que te preocupase que no fueras a volver. ¿Es por eso que Jeanne está aquí, en mitad de la noche y el medio punk de Berlín está saltando alrededor de la casa como si fuera una especie de zombi más profundo? ¿Cierto? La miré y me mordí la lengua. —Está bien, voy a preguntar a Arthur —dijo, y se va airada. Charlotte salió de la habitación de Ambrose y cerró la puerta detrás de ella. Su rostro resplandecía, y sus mejillas sonrosadas, naturalmente, se volvieron escarlata. Ella tomó mi mano y nos dirigimos a las escaleras. —¿Lo sabías? —me preguntó. —Sí —reconocí—. Pero hace poco. Creo que Ambrose solo amaba a Genevieve cuando ella no estaba disponible. Una vez que fue posible, creo que se dio cuenta que no era la que él quería. Ella sonrió como una niña cuyo deseo de cinco décadas se le había concedido finalmente, y saltó durante el resto de la escalera con la cabeza hacia la armería. De vuelta en mi habitación, me eché un poco de agua en la cara y me cepillé el cabello en una cola de caballo. Entonces tomé un trozo de papel y un bolígrafo de la mesa. Me senté a escribir una nota a Mamie y Papy. Mi pluma se cernía sobre la página mientras agonizaba sobre qué decir. Pero antes de que pudiera escribir cualquier cosa, golpearon mi puerta. Mamie acercó la cabeza y preguntó: —¿Podemos hablar contigo? —Sí —le dije, cubriendo la nota escrita con la mano y luego, al ver su expresión de preocupación, renunciando al pretexto. Podía que sea la última vez que veo a mis abuelos, y estaba agradecida de que vinieran a buscarme. —Les estaba escribiendo una nota, pero me alegro de que estén aquí. Prefiero hablar con ustedes en persona. —¿A dónde vas? —preguntó Papy, caminando de pie detrás de mi abuela. —Vamos a luchar contra Violette —le dije con sinceridad. —¿Y piensas volver? —preguntó Mamie, con su voz conteniéndose durante un segundo antes de parar y ponerse su máscara abuela valiente.

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Me levanté y caminé hacia ellos. Mis abuelos. Además de Georgia, eran la única familia que me queda, y yo los amaba con fiereza. Pero nuestra lucha contra los numa no era solo por ellos como personas, como los residentes de una ciudad que pueda ser fácilmente invadida por el malvado no-muertos, sino como blanco de la ira de Violette. Si no lo conseguía, sabía que ella no dudaría en ir tras ellos. Ella no dejará pasar una oportunidad tan atractiva para la venganza. —Esto es algo que tengo que hacer —le respondí, evitando la pregunta de Mamie. —Lo sabemos. Me tranquiliza de nuevo, sin embargo, que eres realmente difícil de destruir —dice Papy con una sonrisa forzada. —Soy un revenant ahora, Papy. Si muero, resucitaré. —A menos que el numa tuviera una hoguera gigante ardiendo en el sitio de la batalla, o que secuestraran mi cadáver y lo llevaran a otro lugar para quemarlo. No les digo ese pensamiento, pero no tengo que hacerlo. Papy conocía las reglas, así como yo. Mamie me dio un abrazo. —Traje estos de tu armario —dijo, sosteniendo los anillos de bodas de mis padres—. Sabes la importancia que alojo en los símbolos. Toma esto contigo como un recordatorio del amor y el apoyo de tus padres. Ellos estarían muy orgullosos de ustedes en este momento, Katya. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Retiré mi collar y añadí los anillos a mi signo y el vacío medallón que había mantenido a pesar de que ya no tenía ningún propósito. Jeanne cortó más cabello de Vincent tan pronto como volvimos a Nueva York, y yo le di una muestra del mío después de bañarme hoy. Lo que era un pequeño seguro… en caso de que ocurriera lo peor. Me deslicé la cadena de nuevo bajo mi camisa y acaricié los anillos sintiendo que estaban ahí. —Gracias, Mamie —le susurré. Ella asintió con la cabeza y sonrió, secándose una lágrima y moviéndose a un lado para que Papy pudiera tener su turno. Él me abrazó fuertemente entre sus brazos y susurró: —Cuida de ti misma, ma princesse. —Lo haré, Papy —le prometí, ahora tragándome las lágrimas.

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Mis abuelos me dieron una última mirada por encima, asintieron con la cabeza hacia mí con orgullo, y luego se fueron. Agarré un pañuelo de la mesita de noche y tomé un minuto para calmarme. Mientras empezaba a salir de la habitación, vislumbré mi reflejo en un espejo de cuerpo entero y, al no reconocerme, me detuve. En mis pantalones de cuero negro, botas hasta la rodilla, delgadas armaduras similares a una cota de malla con un top negro de ante y un abrigo largo de cuero, parecía un héroe de acción. Mis mejillas estaban sonrojadas de temor y expectación, pero mis ojos brillaban como estrellas oscuras, y me veía más grande con el cabello recogido. No sabía qué iba a pasar, pero sabía más allá de toda duda que ese era mi destino: frente a Violette. Estaba lista. Cuando llegué el gran hall de entrada, vi a Jean-Baptiste y a Gaspard atravesando la puerta principal. —¡Están aquí! —lloré. —Había planeado tomar un par de horas para descansar —explicó Gaspard con una sonrisa—, sin embargo, recibimos este mensaje de texto casi indescifrable en nuestro teléfono móvil… Jean-Baptiste sostenía su teléfono móvil como si fuera una pieza de maquinaria alienígena. —Y cito: “Amigos, bajen ahora. Traigan sus tristes traseros aquí inmediatamente”. Con una petición tan elocuente, ¿cómo podríamos resistirnos? —comentó secamente. Pero había una sombra de una sonrisa en el borde de sus labios, y yo sabía que él y Gaspard no se lo perderían por nada del mundo. —¡Yuju, sabía que vendrían! —gritó Ambrose desde el rellano de la parte superior de las escaleras. —Tienes que volver a la cama en este instante —lo regañó Jeanne, corriendo de detrás de él y señalando imperiosamente hacia la puerta de su dormitorio—, antes de que la hemorragia caiga sobre mi alfombra limpia. Sonrió ampliamente Ambrose y nos lanzó un saludo, antes de girarse introducirse en su dormitorio. —Así que… ¿de acuerdo? —dije, poniendo mis manos sobre JB y los brazos de Gaspard y saliendo con ellos por la puerta. En el patio, vi un torrente de automóviles y motocicletas en fila frente a la puerta con los motores en ralentí. Dos figuras de pie junto a la fuente, con los cuerpos

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apretados, besándose desesperadamente antes de dar un paso atrás y convertirse en Georgia y Arthur. Georgia se alejó de él y, pasándome sin ralentizar su paso, dijo: —Es mejor que vuelvas del infierno, Katie-Bean. —Y entrando a la casa, cerró la puerta detrás de ella.

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Capítulo 49 Traducido por Dracanea y Alexiacullen Corregido por Caliope Cullen

ra justo antes de las cuatro de la mañana, cuando paramos en el barrio de Place Monge. Vincent aparcó el coche y yo pasé a la acera mientras Arthur, Charlotte, y Louis se peleaban fuera del asiento trasero. Jean-Baptiste y Gaspard aparcaron cerca y se unieron a nosotros. Mi estómago era un nudo. Pero la calma que viene con el foco de la lucha se asentó sobre mí, infundiéndome la confianza que iba a necesitar. Y el hecho de que Vincent me tomara de la mano y me sostuviera firmemente no dolió. Había algunas figuras oscuras en la carretera con auras de brillo de oro bardia, y uno levantó la mano en señal de saludo. Grupos que se reunieron en París durante las últimas horas habían estado esperando que llegáramos. Teníamos sesenta revenants en total. Pero cuando miré hacia el parque escondiendo la arena romana, mi visión se quemó con al menos un centenar de columnas rojas de fuego hacia el cielo antes del amanecer. Nos superaban en número, como nos temíamos. Vincent lo vio en mi cara. —¿Eso está mal? —se preguntó. Asentí con la cabeza. —Sí. Más de un centenar, supongo, algunos dentro del parque y otros repartidos por todo el barrio. Se volvió y me acunó la cara con las manos, deslizando los pulgares sobre mis sienes. —No tienes que hacer esto —dijo en voz baja lo suficiente para que los demás no lo oigan—. Podemos llevar la lucha a ellos sin que ni siquiera tengas que enfrentarte a Violette. Ya has oído a Bran. Genevieve quería morir. —Siempre existe la posibilidad de que sigan hasta que ella sea una volant para luego destruirla, como hicieron contigo. Ella quiere ser libre. No estar atrapada como un alma en pena. —Si eso ocurre en realidad, Bran puede dispersarla.

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—Está bien, tienes razón —lo reconocí—, pero tengo que enfrentarme a Violette, Vincent. Lo sé. Los dos lo sabemos. Y prefiero hacerlo ahora, cuando sabemos que no va a caer a través de nuestros dedos, que vivir nuestras vidas preguntándome cuándo va a aparecer al lado y hacer algo aún peor. —Lo sé. —Él se inclinó para besarme brevemente. Firmemente. Estábamos bloqueados a la mirada de los demás, mientras que los grupos pequeños empezaban a moverse en su lugar a nuestro alrededor. —Si debo morir… —empecé a decir. Vincent me interrumpió. —¡Para, Kate! —Luego suspiró y sus hombros cayeron ligeramente. Sabía que era deshonesto pretender que todos saliéramos con vida. Cerró los ojos y, cuando los abrió, parecía resuelto—. Pase lo que pase, recuerda que yo te amaré para siempre —dijo—. Incluso si se dispersa mi espíritu y mi conciencia es liberada al universo… lo que queda de mi voluntad nunca dejará de amarte. Vincent no me poseerá como lo hizo cuando me enfrenté a Lucien. Y no hay ninguna señal de cualquier súper fuerza que se haya mencionado en la profecía. Pero de repente estaba sin miedo, sabiendo que me enfrentaría a Violette con un poderoso pero invisible arma: el amor. El amor total e incondicional de otro ser. Eso era algo que Violette no tenía. No me iba a hacer ganar la batalla contra ella. Pero ya me había hecho vencer a mi miedo. —Esto no es un adiós, Vincent. Porque vamos a ganar. —Aunque mi voz era firme, no acababa de creer mis propias palabras. Tomé su mano y caminé hacia el parque. Los árboles estaban rodeados por una valla de hierro alta, y al acercarnos a la puerta vimos que estaba custodiada por cuatro grandes numa vestidos con uniformes de policía. Ellos asintieron a Vincent cuando nos acercamos, mirando con aprensión a las ventanas de los edificios de apartamentos en la calle. Mientras que fuera del parque, estábamos en público. Nada iba a pasar ahí. —Solo la chica va dentro con él —uno de ellos apuntó a Louis—. Nuestra especie se queda fuera de la arena, y también lo hará la suya. Vincent negó con la cabeza. —Estás mintiendo. Hay un grupo grande de su tipo ya en el interior del parque. Y no hay manera de que Kate vaya sola.

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El numa lo miró con recelo, e hizo una llamada. Ahogó su voz con la mano y luego colgó. —Nuestra líder admite que su equipo de seguridad la proteja en el parque. Por lo tanto, usted puede traer a los de su clase al interior, pero nadie va a la arena del anfiteatro, a excepción de su campeón y su rehén. ¿Rehén? Creo. Vincent dijo a Violette que Louis se puso de nuestra parte voluntariamente. Y el numa que escapó de la pelea en el Passage du Grand Cerf debe haber contado sobre cómo peleó contra ellos. O es una negación o ella está fingiendo ignorancia con el fin de protegerlo de su clan. Vincent hizo una señal levantando dos dedos en el aire, y de repente bardias se vertieron en las calles laterales, los coches aparcados y las puertas oscuras, agrupándose detrás de nosotros. A mis ojos campeones son un mar de llamas doradas que fluyen hacia una pared de columnas de color rojo brillante. Entramos por la puerta y por un largo pasillo. Altos muros de piedra se levantaron a ambos lados de nosotros a medida que avanzábamos en masa hacia el antiguo anfiteatro romano, Vincent y Jean-Baptiste conducían a la multitud con Charlotte y Arthur flanqueándolos y Gaspard justo detrás. Louis miró por encima de mí, ya que ellos seguían. —No te preocupes, no vamos a dejar que te lleven de vuelta —le digo—. Solo estás aquí para que pueda acercarme lo suficiente a Violette para luchar contra ella. Tan pronto como seas capaz, vuelve atrás y reagrúpate con Vincent y los otros. —No voy a defraudarte —juró. —Lo sé —digo, y tomándolo de la mano, la apreté con fuerza antes de dejarlo ir. Salimos desde el pasillo a un gran espacio abierto. Gradas de piedra monumentales en un arco roto rodeaban una parcela de tierra del tamaño de una pista de circo. Había otro corredor de túnel idéntico al que acabábamos de salir enfrente de nosotros. Y alrededor de la abertura y desbordando en grupos se sentaban sobre la grada un infierno de muchos numa. En el suelo de la propia arena, Violette se encontraba sola frente a una hoguera encendida recientemente, las llamas lamían una esquina de una pila de madera del tamaño de un camión remolcador. A sus pies una

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bolsa para cadáveres, descomprimida y abierta. Largas cortinas de cabello rubio platino de Genevieve sobre los lados. Inconscientemente acaricié la empuñadura de la espada en mi cintura, tranquilizándome a mí misma diciéndome que estaba lista para la batalla. Viéndonos aproximarnos, la cara de Violette se transformó en una máscara de victoria. Vincent y Jean-Baptiste dudaron, y luego llevaron la bardia lejos de nosotros, a la organización de ellos en los escalones de piedra justo enfrente del numa. Solo Louis y yo seguimos por el camino. Entrando en la arena, caminamos por el suelo polvoriento hasta que estuvimos dentro a cinco pies de Violette. El fuego se disparó alto detrás de ella. Su resplandeciente luz de fondo le daba la apariencia de una hermosa joven demonio, con los ojos carbones oscuros y el pelo largo y negro azotado por el viento de la mañana. —Ahora, solo mírennos —dijo ella—, como civilizados. Tienes lo que quiero y tengo lo que quieres. ¿Por qué toda la seguridad? —Violette inclinó la cabeza hacia un lado y cruzó los brazos sobre el pecho, como un niño que ponía mala cara. —Por la misma razón que tienes la tuya —dije, haciendo un gesto hacia los cuarenta y algunos numa colocados en las gradas—. Excepto que no estoy ocultando la mayor parte de la mía detrás de la pared. Lo qué es un poco antideportivo, yo diría. —Lo sería si estuviera esperando cualquier deporte —dijo Violette, con una calma exagerada. La sorprendí. —Ellos no son más que mi equipo de seguridad —explicó—. No puedo hacer nada si tengo más fieles seguidores que Vincent. Hizo una pausa, y luego incapaz de resistir, dijo: —¿Puedes ver desde lejos a mis hombres? —asentí con la cabeza. —¿Columnas Aura? —preguntó ella, intrigada. Asentí con la cabeza otra vez, asegurándome que ella no supiera ya los detalles de mis poderes. Satisfecha, hizo un gesto hacia la bolsa. —Aquí está tu cuerpo, ahora dame mi consorte. —Yo no quiero el cadáver. Y tu consorte no va contigo. Él ha elegido nuestro lado. —¿Qué? —Violette exclamó en shock fingido—. ¿Por qué has venido aquí esta noche?

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—Para luchar contra ti. Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro. —Un poco esperaba que dijeras eso. Lo que quiero es una segunda oportunidad para absorber la energía de Campeones. —Ella se despegó la capa y la colocó suavemente en el suelo. —Supongo que eso es lo que es el fuego —le digo—. A menos que esto sea solo un ardid para invitar a todos a un asado. —Siempre fuiste una chica inteligente —replicó Violette—. Tengo que darte esto —su mirada se trasladó al joven numa que estaba de pie a mi lado—. Louis, has sido un buen chico. Es tiempo de cortar el cuento. Haz algo útil —sus ojos se movieron rápidamente hacia mí y de vuelta a él. Louis dudó sin saber qué hacer. Piensa rápido, ordené. Apriétame y finge que vas a agarrarme para ella. ¡Hazlo ahora! Se lanzó hacia mí y me agarró por encima de los brazos. Me azoté violentamente, intentando romper su agarre, para hacerlo más real. Pero estaba luchando conmigo tan fuerte como yo con él y en cuestión de segundos me había atrapado, con ambos brazos clavados detrás de mi espalda. ¡Ow! Creo que lo escuché susurrar. —¡Lo siento! Aflojó su agarre ligeramente. —Louis, ¿cómo pudiste? Juraste estar a nuestro lado —le reprendí en voz alta. Él no dijo nada, solo continuó sujetándome, pero su agarre se hizo cada vez más fuerte. Durante un segundo sentí una punzada de recelo y me pregunté si él había estado jugando al doble agente y que la farsa hubiera sido planeada por Violette. ¿Estás aún conmigo, verdad?, pregunté con preocupación. Él respondió con una ligera presión en uno de mis brazos, aliviando mi duda. Escuché un rugido de la gradería a mi derecha, y vi a Vincent y a nuestros semejantes bajar a trompicones las escaleras hacia el suelo de arena. No conocían nuestros actos y pensaban que Louis nos había traicionado. Está bien, pensé mirando a Vincent. Él asintió hacia mí, viéndose confuso y levantando sus manos para intentar detener a sus tropas. —¡Detente! —chilló Violette, y cruzó el espacio entre nosotros antes de que pueda desenvainar mi arma. La punta de su espada rozó mi cuello:

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sentí su borde afilado cortar mi cuello y la sangre gotear del collar que me había dado —. ¡Alguien se mueve y la Campeona está muerta! Sentí que el agarre de Louis se perdía y estaba a punto de dejarme ir. ¡No te muevas!, le ordené, y reajustó su agarre, estrechándome contra él más fuerte. Podía sentir los latidos de su corazón corriendo contra mi espalda y supe que debía tener un susto mortal. Solo espera, digo. Violette miró hacia donde Vincent y los otros se habían congelado en el lugar, cambiando la mirada de vuelta a mí. —Muchacha estúpida e ingenua. Louis puede unirse a ti pero nunca puede convertirse en uno de ustedes. ¡Los numas están condenados! No pueden convertirse en bardia. Todo el mundo sabe eso. —Eso me han dicho —respondí—. Pero no lo creo. Los dedos llameantes de los curanderos graban como sucede: lo he visto representado en una de sus pinturas. Hay un brillo en los ojos de Violette… su curiosidad despertó, puedo decirlo… pero levantó la punta de su espada para colocarla justo debajo de mi barbilla. O bien no se lo estaba tragando o bien no le importaba. —Aún hay tiempo para que también cambies, Violette —continué—. Yo no comparto toda esta mierda del destino inalterable. Tenemos un curandero que de verdad puede dispersar espíritus revenant. Que puede aliviar el dolor de soportar la muerte. Y creo que hay una razón para todo esto. Es la forma en que las cosas se suponían que tenían que ser antes de que todo esto saliera mal en la historia de los revenants. En realidad nadie está obligado a continuar la existencia como algo que no quiere ser. Genevieve quiso dejarlo. Y tendrá su paz. —He estado por aquí la mitad de un milenio —respondió Violette—. Creo que sé más que tú. Estas desperdiciando el poder que está en tu interior. —Dime, Violette, ¿qué harías tú con él? —pregunté. —Con el poder de persuasión del Campeón, podría convencer a jefes de estado a seguirme y comandar a grandes fuerzas de numa. Si lo que dijiste sobre el aura de visión es cierto, podría ver a mi especie, y quizás a la vuestra, desde muy lejos con el realce de poder de la percepción. ¿Qué mejor forma de construir un ejército numa o acabar con una población bardia? ¿Y con la fuerza del Campeón? Bueno, esa es una cosa que parece que no conseguiré ya a pesar del Campeón, eres una enclenque patética y lisiada llena de compasión.

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Ella estaba hablando y lista para asentar el golpe mortal. Podía decirlo por la mirada prematura de victoria en su cara, la flexión de sus bíceps, y una ligera inclinación hacia atrás, que estaba a punto de girar hacia un lado y balancearse con todas sus fuerzas. Louis, tan pronto como empiece a balancearse, déjame caer y sal del camino, pensé. Me encontré con la mirada de ella. —¿Quieres mi poder, Violette? Puedes venir y tomarlo. Una sonrisa malvada curvó sus labios, y tomó la espada con ambas manos. Con mi visión periférica vi a ambos, bardia y numa, avanzar desde las gradas, gritando, estallando en furia, arremetiendo en batalla. Sentí a Louis liberarme y me agaché en cuclillas cuando la espada de Violette destelló hacia adelante, silbando a través del aire donde había estado mi cuello. Tuve el tiempo suficiente para saltar hacia un lado y agarrar mi propia arma antes de que ella se repusiera y su filo cruzara hacia mí una vez más. La espada de Violette chocó de forma ruidosa contra la mía, y me levanté con toda mi fuerza hasta que se deslizó fuera y tropezó hacia atrás. Al final, tuvo un segundo para ver a dónde fue Louis. Estaba parado, alejado a unos cuantos pies de nosotras, paralizado, mirando nuestra lucha y viéndose perdido. —¡Eres un traidor! —gritó—. ¿Cómo podrías estar pensando en ayudarles? ¡Ellos no pueden cambiar lo que eres! La mirada perdida desapareció del rostro de Louis, fue remplazada por una de desesperación. No le creas, digo. Violette giró su atención hacia mí. Estaba igualando todos sus movimientos, pero escasamente. Si me detenía del todo o hacía un movimiento en falso, ella ganaría esa lucha. —Soy más rápida y más fuerte que tú —espetó mientras se abalanzaba hacia mí, rajando mi brazo de la espada. Salté fuera de su camino. —Quizás. Pero tú no tienes corazón —dije, encontrando su espada con la mía en medio giro y golpeándola de vuelta en un paso. Nuestro ejército se detuvo a unos cuantos metros a cada lado de nosotras, sin atreverse a mover mientras estuviéramos en mitad de un combate mortal.

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—Un corazón hace débil a uno —dijo, mirando con furia—. Con el fin de ejercer una fuerza verdadera, uno debe ser implacable. Giró y balanceó su espada con dos manos en un arco horizontal, acercándose a unos meros centímetros de mi cara saltando hacia atrás. —No estoy de acuerdo —dije con mi respiración entrecortada—. La misericordia es la clave. Puedes forzar a la gente a seguirte pero nunca tendrás su respeto o su amor —comencé a balancearme, pero Violette anticipó mis movimientos y golpeó mi espada soltándola de mis manos sobre el suelo. Traté de alcanzarla, pero su hoja estaba una vez más levantada… demasiado cerca esta vez… y elegí encararla sin armas en lugar de estar reducida como si me revolviera por mi espada. —El amor es para los débiles —dice Violette, con su rostro distorsionado por el desprecio. Con un gruñido de esfuerzo hundió su acero para un golpe mortal. Mi instinto fue agacharme, pero me obligó a resistir mi postura. Ahora es tu momento, Louis, llamé. Tu oportunidad de controlar tu propio destino. Hubo un destello de metal y Violette se tambaleó hacia los lados. Dejó caer su espada y lanzó sus manos hacia adelante, atajándose de aterrizar de bruces sobre el suelo. Temblando con fuerza, Violette se sostuvo incorporándose sobre sus codos y girando hacia Louis, quien estaba tambaleándose hacia atrás, mirándola con aversión. —¿Qué has hecho? —jadeó, mirando al chico, con sus ojos llenos de dolor. —Lo correcto. Al fin —dijo él y se irguió desterrando su miedo. —Eres un numa —jadeó ella—. No cambiamos de lado. Una vez que eres un traidor, siempre estás condenado. Hundiéndose, rodó sobre su costado. Y sacando el cuchillo de su pecho, lo estudió como si nunca antes hubiera visto una daga. El estadio estalló en una explosión de alaridos de batalla, pero nadie se atrevió a acercarse. Miré alrededor de nuestro triángulo, y en un brillo de claridad, al final me convencí de algo que había sospechado desde que hablara con Uta. La fuerza del Campeón no era una cosa física. No estaba en mi cuerpo. Estaba en mi espíritu. Era una fuerza interior, una que inspiraría lealtad. Una que me ayudaría a encabezar a mis semejantes a respaldar las cosas que estaban destinadas a ser antes de que los revenants fueran condenados a sufrir mientras llevaban a cabo su destino.

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Y con el don de la percepción, la habilidad de ver los auras reflejándose, no solamente el destino se había ocupado de un numa como Louis, pero manteniendo la capacidad de transformarse a sí mismo e incluso de cambiar de bando, quizás no solo era la Campeona de los bardia sino de todos los revenants. De repente e irrevocablemente, estaba segura de eso. —Lo sé, Violette —dije, levantando mi espada y agachándome en una postura ofensiva—. Estoy aquí para cambiar todo eso. Las llamas habían alcanzado su altura plena detrás de ella: la furia en sus ojos se hizo eco de su resplandor. Gesticulando hacia uno de sus centinelas combatientes numa más cercano, ella señaló hacia Louis y gritó: —¡Mátalo! Di un paso hacia adelante, con la espada rebajada, lista para atacar. Violette hizo un movimiento veloz como un rayo: el metal destelló en la mitad del aire, el cuchillo reflejando el rojo dorado de la hoguera, antes de hundirse profundamente en mi carne. Apreté la espada en mi mano derecha tratando de ignorar el cuchillo incrustado en mi otro hombro, oscilando hacia atrás con tanta fuera como pude y apuntando con mi hoja al cuello de Violette. En el mismo segundo, un ruido silbó desde la dirección del numa. Louis cayó al suelo, con una flecha recta atravesando centro de su frente. A nuestro alrededor la batalla se propagó en un tumulto de gritos, con cuerpos agitándose y metales colisionándose, pero mi centro de atención permanecía constante en mi enemigo. El dolor al rojo vivo en mi hombro me conducía a hacer lo que sabía debía hacer. Mi cuchilla se encontró con su cuello y lo cortó limpiamente, y Violette cayó hacia atrás, muerta.

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Capítulo 50 Traducido por Eli25 y Cr!sly Corregido SOS por Cacahuete

e quedé mirando el caos ensangrentado que era Violette, paralizada por el horror y el alivio. Pero no pude permitirme el lujo de la reflexión desde que había una larga batalla balanceándose peligrosamente cerca de mi cabeza. Salí del camino y sentí unas manos fuertes que me agarraban. Comencé a luchar, y entonces oí a Vincent decir: —Soy yo. —Agarró mis manos e hicimos una carrera, corriendo a toda velocidad pasando el área concentrada de la lucha hacia el borde de la arena. Nos agachamos detrás del fuego, el ensordecedor sonido metálico del metal chocando casi atronador, y dejé caer mi ensangrentada espada al suelo. Vincent me giró hacia él y cogió mi cabeza entre sus manos y me besó rápida y firmemente. Nunca pensé que el sudor y el humo pudieran saber tan bien. —Tenía que hacer esto primero —dijo con un fantasma de sonrisa. Me giró cuidadosamente hacia un lado e inspeccionó el cuchillo en mi hombro—. ¿Duele? —preguntó cuando agarró la parte inferior de su camiseta. Arrancó un trozo amplio de ropa, y lo envolvió sobre su brazo. —No, no puedo sentirlo después de todo —admití. —Bien, Kate, cierra tus ojos y aprieta tus dientes —dijo él. Entonces, abrazando mi brazo superior con una mano, usó la otra para girar el cuchillo de dónde la cuchilla entró en mi hombro y salió de mi espalda, justo a un pelo de distancia del borde de mi chaleco Kevlar. Amortigüé mi grito con mi mano, pero no importó, fue tragado por el ruido a nuestro alrededor. Vincent quitó la ropa de su brazo y la ató tensamente alrededor de la herida, debajo de mi axila y alrededor dos veces. —¿Puedes mover ese brazo?

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Lo intenté, y un lacerante dolor se disparó desde mi mano hasta mi hombro, haciéndome gritar. Vincent desgarró otro trozo de su camisa. Doblando mi inútil brazo delante de mí, él lo aseguró en mi pecho. —Todas las entradas están bloqueadas —dijo cuando trabajaba—, así que no puedo sacarte de aquí sin luchar. —No nos vamos —dije, escaneando la arena. Aunque los numa comenzaron con más del doble de nuestro número, estaban cayendo rápido. Los alemanes estaban actuando como equipos de apoyo, luchando a un solo numa en parejas, matándoles y luego rápidamente tirándoles al fuego. Cuento diez cadáveres ya en llamas, y el contingente de baja calidad no está disminuyendo. Un estridente silbido llegó desde al lado de la hoguera y Vincent y yo nos giramos para ver a Uta gesticulando hacia nosotros. Ella sujetó la cabeza de Violette por el pelo, luciéndola como Perseo hizo con Medusa. —Son testigos —gritó ella, y con un asentimiento a sus hombres tiraron el cuerpo del Violette a la pila mientras ella soltaba la cabeza hacia las llamas. Mis sentimientos estaban mezclados cuando vi el cuerpo de mi enemigo prenderse. La chica rota e implacable se había ido, y yo estaba inundada tanto de pena como de alivio. Vincent agarró mi mano. —¿Estás bien? —preguntó, al segundo de adivinar mi emoción. Respiré profundamente y asentí una vez. Esta historia había terminado. Aparté la mirada para buscar a nuestros parientes y localicé a JeanBaptiste y a Gaspard luchando espalda con espalda, sus movimientos sincronizados tan bien que parecían ser una persona: los guerreros más mortíferos, llevando la muerte a todos los que tocan. No muy lejos de ellos, Charlotte se había elevado sobre la pelea, posada con su ballesta encima de una columna de piedra rota, derribando continuamente a nuestros enemigos uno detrás de otro. Su mano de disparo se movió hacia su carcaj, sacando flechas nuevas, toneladas, y disparándolas con mortal velocidad. Arthur estaba de pie debajo de ella defendiendo su posición, cortando a cualquiera que se acercara. Dejamos nuestro refugio detrás del fuego y avanzamos en la dirección de Charlotte.

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Aunque no podía ver mucho del campo de batalla, había unas pocas columnas rojas rodeando el área. Más de nuestros enemigos caían, y dos Bardia con puntiagudos Mohawks nos pasaron, empujando otro cadáver de numa hacia el fuego. Un brillo de esperanza destelló en mi mente. Lo estábamos haciendo, igualando las probabilidades, podríamos ganar. Vincent y yo estábamos a unas pocas yardas de Charlotte, cuando vi la flecha golpear su pecho. Sorprendida, ella miró el proyectil, y entonces se desplomó y cayó al suelo. Vincent localizó el arquero numa y salió detrás de él mientras yo me lanzaba hacia la lucha para llegar a Charlotte. Pero antes de alcanzarla, una chica numa comenzó a arrastrarla hacia el fuego. —¡Déjala! —grité. La chica levantó la mirada. En un instante, ella sacó su espada y se agachó en una posición defensiva. Yo levanté mi espada, pero antes de poder moverme, Charles saltó delante de mí, balanceando su espada contundentemente hacia ella. —Yo terminaré con esto —gritó él—. Solo aleja el cuerpo de mi hermana del fuego. Intentando no mirar a los ojos de mi amigo ciego y la boca muy abierta, metí sus pies debajo de mi brazo bueno y comencé a empujarla hacia la pared de arena. Una flecha zumbó al pasar por mi oído y me lancé a mi izquierda para esquivar otros tres o cuatro proyectiles que fueron soltados sobre mí. Un ruido explotó desde los bordes de la batalla, y la pelea se pausó cuando todos se giraron para ver lo que está ocurriendo. Vertiéndose a través de los pasillos a ambos lados de la arena, había una oleada de extraños armados. Reconocí sus auras; eran familiares. Mi corazón se disparó. La victoria era nuestra. O lo sería pronto. De repente, Charlotte fue apartada de mi agarre. Alguien había agarrado sus manos y estaba empujando en la otra dirección. —¡No la toques! —grité, e hice algo torpe con mi espada. Barriendo alrededor hacia mi oponente, me encontré mirando unos familiares ojos castaños. —¡Jules! —jadeé, y me lancé a sus brazos. —Encantado de verte, también —respondió él—, pero este no es el mejor lugar para un abrazo —una flecha zumbó por nuestras cabezas y nos agachamos—. Toma sus pies —dijo él. Y entonces, viendo mi brazo

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herido, él dijo—: Solo toma un pie —y comenzamos a arrastrarla hacia la pared. —¡Estás aquí! —dije, parpadeando como cegada momentáneamente por el sudor del calor abrasador del fuego. —Y tú eres el Campeón —replicó Jules con una astuta sonrisa—. Lamento llegar tarde. Una docena de nosotros acabamos de llegar de Nueva York. Jeanne nos envió directamente aquí. —¿Solo una docena? —Escaneé la arena, la cual rebosaba con los recién llegados—. Pero, ¿quiénes son todos los otros Bardia? —No lo sé —admitió. Llegamos a la pared y dejamos a Charlotte a salvo bajo una saliente de piedra. Volteándome, vi el cadáver de Louis a algunos pies de distancia, tendido donde había caído con una flecha en la cabeza. —Ayúdame a traerlo hasta aquí con Charlotte —dije, y me dirigí hacia el cuerpo, agachándome mientras corría para esquivar la lluvia de flechas. —Umm, Kate, ¿él no es un numa? —preguntó Jules, pareciendo confundido mientras llegaba a mi lado y veía a Louis. —No… sí —tartamudeé—. No tengo tiempo para explicarlo. Solo ayúdame a poner su cuerpo a salvo. Jules dudó un momento, y luego, cuando una bola de fuego estalló cerca, saltó a ayudarme. Mientras arrastrábamos a Louis a la seguridad, Jules levantó sus ojos y me dio una mirada divertida. —¿Qué? —pregunté mientras pateaba a un lado un hacha de guerra caída. —No es que yo conociera a ningún revenant antes de ser animado —dijo él, parando para limpiar el sudor que le caía en los ojos—, pero Kate, tú te ves exactamente igual que antes —sonrió—, descífralo. Le devolví la sonrisa y le di a Louis un último tirón cuando llegamos a la otra pared, y luego le puse el brazo que agarraba suavemente sobre su pecho. Escuchamos un grito de Vincent. Miramos en la dirección en la que él corría y vi un escuadrón de numas gigantes vestidos con uniformes iguales marchando hacia la arena.

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Debía haber por lo menos dos docenas de ellos, y estaban armados hasta los dientes. —¿Quién diablos son ellos? —gimoteé, mientras mi corazón se encogía mientras comprendía que mi optimismo sobre nuestras posibilidades habían sido muy prematuros. Estos tipos se veían letales. —El escuadrón elite de Lucien —respondió Jules—. Nos hemos estado preguntando dónde estaban. Parece que Violette los había estado escondiendo, manteniéndolos frescos para la ronda decisiva de la batalla. En nuestras batallas previas con los numas, ellos siempre eran llamados a la lucha. Él señaló a un hule rubio que lideraba el batallón. —Su capitán, Edouard, el último de la jerarquía de Lucien, si puedes por lo menos llamarlo así. —Me estremecí mientras el hombre escaneaba el campo de batalla y daba una orden para que sus hombres en formación de abanico corrieran con sus espadas en alto. Ellos estuvieron sobre los Bardia en poco tiempo. Un grupo de ellos rodearon un puñado de la parentela de París y los estaban cortando en una rápida sucesión. Entre los que estaban rodeados en ese círculo estaban nuestros parientes: Arthur, Jean-Baptiste y Gaspard. Vincent se impulsaba en dirección a ellos, y Jules y yo corrimos a acompañarlo. Cuando los numas nos vieron venir, su círculo se dividió. Aquellos cercanos a nosotros se giraron a encontrarnos: uno para Vincent y uno para mí, cuatro para Vincent. Ellos no estuvieron para mi espectáculo con Violette, así que no me reconocieron. Pero sabían quién era él: el nuevo líder de los Bardia de Francia. El premio. Vincent había sacado su segunda espada y las balanceaba ambas poderosamente mientras batallaba solo. Era superado en número y estaba herido, y los numa con los que Jules y yo estábamos luchando nos impedían ir en su ayudaba intencionalmente. El capitán, Edouard, se movía hacia delante. Sus soldados se mantuvieron inmóviles, dejándolo avanzar. Estaba pensando que él daría el golpe de gracia y que los demás transportaran el cuerpo hacia la hoguera antes de que podamos rescatarlo. Era la estrategia que obviamente tenían planeada. No dejaría que sucediera. No lo perdería otra vez. Corrí hacia Vincent, pero antes de que pueda alcanzarlo, alguien lo empujó fuera del camino

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abriéndose paso en el anillo de numas, y en frente de la espada que estaba llegando hacia el pecho de Vincent. Jean-Bastiste se paró en el camino de la espada del numa mientras llegaba a su pecho y salía por su espalda, la punta de la espada salía a solo centímetros del corazón de Vincent. Escuché un grito de Gaspard y lo vi correr hacia el cuerpo de Jean-Baptiste, solo para ser lanzado devuelta por la pared de numas. Con un rugido salvaje, Vincent tomó a Edouard, haciendo trabajando rápido contra el capitán numa, mientras yo me encargaba de los dos enemigos a su derecha. Bardias y numas salían de todas partes, y la batalla escaló a una lucha febril de metal, madera y flechas, chorreando sangre, gritando y llorando; me olvidé de mi herida y luché como una máquina, sin pensarlo, hasta que el frenesí de la batalla cesó y los únicos que quedaron de pie eran Bardia. Los numa que no estaban muertos habían escapado. Podía ver haces rojos moviéndose rápidamente a lo lejos de la arena. Déjenlos correr, pensé. Será lo suficientemente fácil para mí encontrarlos luego, y me di cuenta de que eso era exactamente lo que haría. Liderar mi parentela a destruir cualquier numa que quedara. Excepto por esos como Louis, pensé. Tampoco vi ningún aura roja esta noche con ese brillo dorado de esperanza, aunque sospechaba que otros existían. Corrí hacia Vincent y ayudé a Arthur a ponerlo en el suelo. —Estoy bien —dijo él. —Estas sangrando como un cerdo —repliqué, mientras Arthur con cautela tiraba de su camiseta por encima de su camiseta y la envolvía alrededor de su torso para detener la pérdida de sangre de un corte profundo en sus costillas. Usé mi mano buena para ayudarlo a enderezar el improvisado vendaje, y me sonrió—. ¿Quién estaba ayudando a vendar a quien hace media hora? —comentó él, mirando mi cabestrillo. —¿Voy estar bien, en que, en tres semanas? —pregunté, maravillada una vez más de que este era mi destino. Un ciclo sin fin de vida, muerte, sanción y despertar. Dispersos vítores comenzaron a surgir de los sobrevivientes, Uta se movió al centro de la arena, la sangre y la sonrisa en su cara le daban un aspecto de una guerrera bárbara. Poniendo sus dedos en sus dientes, ella soltó otro silbido ensordecedor.

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—¡Por Vincent Delacroix! ¡El nuevo líder de la tribu de París, declaramos la victoria! —gritó y levanto un mazo de batalla sobre su cabeza—. ¡Victoria! —la multitud gritó, y un bosque de armas fueron agitadas en el aire de la mañana. Vincent levantó la mano, aceptando el honor con gracia. —Y aún más importante, lo siento Vincent —dijo Uta con una sonrisa burlona—. Gloria y victoria a la Campeona, quien ha demostrado más que su fuerza esta noche. —Ella presionó su puño en su corazón una vez más como para recordarme que mi fuerza estaba ahí. Sonreí y gesticulé hacia ella. —Los Campeones son raros —continuó ella—, y ha sido un honor luchar con una. ¡Por la Campeona! —gritó ella, y el lugar enloqueció, con gente celebrando y bailando alrededor. El clan de Charles hizo una especie de grito de batalla en alemán y se lanzaron unos a otros salvajemente en abrazos de victoria. Estaba abrumada, mi corazón estaba en mi garganta cuando comprendí que estos seres inmortales estaban listos para seguir mi liderazgo. Para ayudarme a luchar en cualquier batalla que deparara el futuro. Mientras miraba alrededor, noté una figura solitaria arrodillada al lado de la hoguera. Dejé a Vincent y caminé hacia él. Su cabello se había salido de su cola y sobresalía alrededor de su cabeza como un halo negro. —¿Qué pasa, Gaspard? —Antes… antes de que pudiera llegar hasta él… —tartamudeó, levantando su mirada vacía—. Los numa. Ellos tiraron su cuerpo a las llamas antes que pudiera alcanzarlo. Jean-Baptiste. Se ha ido —dijo Gaspard. Y bajando su cabeza a sus manos, comenzó a llorar.

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Capítulo 51 Traducido por KatieGee y Elizzen Corregido SOS por Marce Doyle*

l campo de batalla era una escena de desolación. Un pequeño viento soplaba humo acre en una neblina amarilla enfermiza a través de la arena. Partes de cuerpos y armas estaban esparcidos por todas partes, y el suelo estaba pegajoso con lodo rojo oscuro. Todos trabajaban rápido para limpiar el desastre antes de que el sol se alzara, así no quedaba evidencia de la masacre que había ocurrido en la mitad de París. Todo lo que se podía quemar fue tirado dentro del fuego. Mientras las ambulancias comenzaban a llegar, Vincent y Arthur dirigieron voluntarios para llevar camillas con cadáveres bardia a los vehículos que esperaban en las puertas del parqué. Médicos, todos bardia, noté, empezaron a atender a esos que tenían heridas leves. Un médico se enfocó en mí, pero asentí a Vincent. —Velo a él primero —dije. —¿Galantería? —preguntó Vincent, alzando una ceja. —No, cobardía. Odio las agujas —confesé, con una sonrisa. Vi mientras las pequeñas cortadas de Vincent eran lavadas y vendadas, la mayor herida en su brazo fue cosida. Él ni siquiera hizo una mueca de dolor cuando la aguja se ensartó a través de su piel, pero me miró calmadamente desde donde se sentaba a unos pies de distancia. Los bardia estaban acostumbrados a las heridas superficiales, como yo también lo estaría pronto yo. —Genevieve se fue. El numa la arrojó temprano en la batalla —dijo Vincent, mientras el médico trabajaba en él. Hizo una pausa y miró pensativo—. Esto probablemente suena mal, pero estoy agradecido de que no fui forzado a tomar esa decisión.

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Había una angustia en mi corazón mientras veía el furor del fuego, sabiendo que mi amiga estaba dentro de él. Pero en mi corazón estaba aliviada por ella. —Ella obtuvo su deseo. Está con Philippe. Otro médico se enfocó dónde estaba sentada con mi brazo bueno alrededor de Gaspard, quien había parado de llorar y estaba muy quieto. Su normal movimiento nervioso había sido reemplazado por una calma que estaba más muerto que entumecido, como si una parte de él hubiera viajado a la tumba con su pareja. Mi brazo herido colgaba inútilmente en el cabestrillo que había hecho Vincent, y la sangre aún goteaba de la herida del cuchillo. Ayudándome a arrastrarme fuera de mi chaqueta, el médico rasgó la manga de mi camisa y comenzó silenciosamente a limpiar y, después, cosió mi hombro. Gaspard reposicionó su cabeza en mi hombro, pareciendo inconsciente que a unas meras pulgadas de su frente alguien estaba perforando mi piel con una aguja y tirando una gran amenaza a través de él. Mis ojos ya estaban nublados con lágrimas y mi corazón lleno de daño por la pérdida de mi amiga, que el dolor de mi cuerpo parecía un poco más que una molestia. El médico vendó mi hombro, puso mi chaqueta de vuelta sobre este y colocó mi brazo en un nuevo y limpio cabestrillo. —¿Está herido, Monsieur Tabard? Gaspard sacudió su cabeza aturdido, y el médico se movió al siguiente grupo de heridos. Vincent encontró mis ojos. Sé que me estaba pidiendo cuidar de Gaspard. Lo haré, digo sin hablar. Haz lo que necesites hacer. Vincent se paró y empezó a reunir las tropas restantes cerca del fuego. Mientras veíamos a las personas unirse, le pregunté a Gaspard: —¿Cuánto tiempo estuvieron tú y Jean-Baptiste juntos? —Ciento cuarenta y nueve años —respondió. —Lo siento —murmuré. No hay nada más que pudiera decir. No podía decir que sabía cómo se sentía. No sería verdad. Sabía cómo se sentía perder a tus padres, volverte huérfano. Pero no podía ponerme dentro del lugar de este hombre que había perdido la pareja que había amado por un siglo y medio. Todos estos años de vivir las mismas experiencias, conociendo las mismas victorias y derrotas, compartiendo vidas. Debía estar destruyéndolo. Sentí un estremecimiento pasar por su cuerpo mientras se apoyaba en mí. Lo estaba destruyendo.

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—Kate, Gaspard. —Escuché a Vincent llamarnos, y nos paramos para participar de la asamblea bardia antes de la hoguera. Ocho de los doce bardia de Nueva York quedaban, dos habían sido llevados en la ambulancia y dos perdidos en las llamas. Charles se encontraba con Uta y cuatro de sus parientes. Tres habían sido transportados de vuelta a La Maison y estarán bien una vez se reanimaran. Cerca de las llamas, el aire estaba podrido y denso con el olor nocivo de la carne quemada. Las personas sostenían sus manos sobre las narices y bocas mientras Vincent se mantenía con la espalda al fuego, mirándonos. —No tenemos mucho tiempo antes de la salida del sol, y quiero todas las huellas de la batallas idas y nuestros parientes fuera del parque para los primeros rayos del amanecer. Pero primero, tenemos que honrar a esos que se sacrificaron hoy. Encontró mis ojos. Estaba teniendo problemas para no llorar. Intentando lo mejor posible mantenerse fuerte hasta que terminara su deber. —Entre los parientes de París —continuó—, perdimos a nuestra amada Genevieve Emmanuelle Lorieux. Murió en 1943 por un pelotón de ejecución por dar comida y medicina de contrabando a los detenidos en el campo de ejecución Drancy. Genevieve era una amorosa y delicada esposa para Philippe Lorieux, quien murió apenas hace unos cuatro meses. Te extrañaremos, Genevieve. Vincent hizo un ademán hacia Gaspard, quien dio un paso adelante enfrentándonos. —Decimos adiós a nuestro líder desde hace mucho tiempo, Jean-Baptiste Alexandre Balthazar Grimod de la Reynière —dijo Gaspard en una voz vacilante—. Murió sacrificando su vida por otro en el campo de batalla en Borodino, el 7 de septiembre de 1812. Jean-Baptiste estaba dedicado a la preservación de sus parientes, dispuesto a hacer lo que sea para asegurar su supervivencia. —La cara de Gaspard se retorció con emoción cuando dijo esto, pero forzó sus hombros atrás y alzó su barbilla. Tiró algo de su cinturón y reconocí la amada espada de caña de JeanBaptiste con su cabeza de halcón de madera curvada. De cara al fuego, Gaspard dijo: —Mi querido Jean-Baptiste. Mi amor. Lloraré tu perdida hasta que estemos reunidos en la otra vida. —Y tiró la caña dentro del fuego. Con ese movimiento, sus brazos cayeron a su lado y su cabeza a su pecho, y empezó otra vez a llorar.

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Arthur estaba a su lado en un flash, poniendo un brazo alrededor del hombro del viejo revenant. Arthur lo condujo en la dirección de los vehículos en espera y fuera de la arena. Uno por uno, los líderes de los otros grupos se pararon y honraron el pariente que perdieron. Finalmente, Vincent habló. —Les agradecemos a todos por venir a nuestra ayuda hoy, y prometemos nuestra ayuda a cambio. —La asamblea se rompió, y abordada por un hombre de mediana edad que lucía de la edad Gaspard y tenía el mismo porte noble que Jean-Baptiste tenía. Dio paso para besarme mis mejillas.

les fui de un

—Soy Pierre-Marie Lambert de Bordeaux. Ha sido un honor pelear junto al Campeón. Le hice la pregunta que me había estado haciendo desde que aparecieron él y sus familiares. —¿Cómo supiste venir aquí, justo a tiempo? Él sonrió con tristeza. —Diría que en realidad llegamos un poco tarde. Si hubiéramos llegado a tiempo, es posible que hayamos perdido a menos de los nuestros. —Aun así, ¿cómo nos encontraste? —Soy el Vidente para mi clan —explicó Pierre-Marie—. Vi tu luz hace dos días. Cuando continuó, decidí venir con mis parientes. Nos encontramos con los demás en el camino. —Se puso a un lado para dejar que se acercara la siguiente persona. Era como pensaba. Jean-Baptiste y Uta no eran los únicos Videntes en recibir la señal del Campeón. —Esteban Aragón, Vidente de mi clan en Barcelona —dijo un chico de pelo oscuro, y después de él una Vidente de Bélgica se presentó a sí misma. Todos habían visto mi luz y la siguieron para ayudar. —Si estás aquí, eso significa el comienzo de una era —dijo Uta—. Tu trabajo solo acaba de empezar. Quién sabe, en estos tiempos modernos tal vez tu influencia no se limite solo a tu región, así como la de los anteriores Campeones. Yo, por mi parte, miraré el futuro que trae consigo la nueva Campeona de los bardia. —Meneó la cabeza con una juguetona reverencia, mientras sus compañeros Videntes hicieron ruidos de acuerdo.

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Vincent le pidió a Uta que llevara a todos a La Maison para limpiarse y encontrar ropa limpia. Al final solo quedamos Vincent y yo y un puñado de bardias de París en la desierta arena. —¿Dónde está Jules? —pregunté, de repente alarmada. No lo había visto desde la ceremonia conmemorativa. —Se fue. Dijo que es demasiado doloroso estar con nosotros aquí en París. Que necesita tiempo antes de que pueda volver de visita, o más — dijo suavemente Vincent. Lo entendía, pero no me gustaba. Deseaba que todos pudiéramos estar juntos como antes, como los mejores amigos, no extraños con corazones rotos. Pero Jules nunca sería un extraño. Estaba segura de que volvería. Los sentimientos cambian con el tiempo, o al menos duelen menos con el tiempo; eso lo sabía por experiencia. Ahora podía pensar en mis padres sin la paralizante tristeza. Podía dejarme recordarles con gratitud por el tiempo que tuve con ellos, a pesar de que el agujero en forma de padres, en mi corazón nunca sería llenado. Vincent me llevó lejos del fuego. Empezó a poner un brazo alrededor de mi hombro, y después, viendo mi vendaje, dudó. —¿Estás bien? —preguntó, tocando mi hombro cautelosamente. —No lo sé, ¿lo estoy? —lo dije en broma. Pero una vez que las palabras salieron, me di cuenta de sus múltiples significados, y de repente estaba agotada. ¿Estoy bien? ¿Alguna vez me sentiré normal de nuevo? Quería abrazar a Vincent, pero se sentía como si se estuviera deteniendo, y no solo por miedo a hacerme daño. —Volvamos a La Maison —dijo. Y tomando mi mano, me condujo por el pasillo de paredes altas y por la puerta. El coche estaba aparcado donde lo dejamos. Vincent empezó a abrir la puerta del pasajero para mí. —Todavía no quiero ir a casa —dije. Vincent se veía sorprendido. —Quiero decir, no tenemos que hacerlo, ¿verdad? —pregunté—. Creo que quiero... no, necesito... caminar. —Tenía un nudo en mi estómago y mi cuerpo estaba agotado, pero todas las emociones, el miedo y el dolor y la desesperación seguida de alivio y exultación, de la última hora se embotellaron en mi interior y me hacían sentir como si corriera en vez de caminar.

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Presionando mi mano contra su mejilla, Vincent rozó mis dedos a través de su piel, cerrando sus ojos mientras se deleitaba con mi toque. Encerró mi mano en la suya y empezamos a caminar. A medida que nos acercamos al río, el cielo se aclaró de un negro aterciopelado al gris acero de antes del amanecer. Cruzamos la calle para pasear por el muelle sobre la superficie ondulante del agua. —Mira dónde estamos —dije, y señalé con la cabeza hacia la Ile SaintLouis en medio del río, justo enfrente de nosotros. La arbolada terraza donde nos sentamos y hablamos el pasado verano sobresalía de las olas, partiendo el Sena en dos ríos que bordeaban ambos lados de la isla. Dos ríos paralelos que se reunían en la otra punta de la Ile de la Cité, una vez más convirtiéndose en uno. Me detuve y Vincent me miró de cerca, un centenar de preguntas en sus ojos. —¿Puedes decirme lo que estás pensando? —pregunté. Él miró hacia fuera sobre el agua. —Tenía tanto miedo cuando estabas en esa arena con Violette —dijo con un temblor en la voz—. Cuando te apuñaló, sentí como si estuviera siendo apuñalado. Quería protegerte. Y entonces, por primera vez me di cuenta de que incluso si ella te mataba, volverías. Mientras mantuviera tu cuerpo alejado del fuego te reanimarías. Que ahora eras como nosotros, como yo. Se sintió como una revelación. —Pero has sabido eso durante días —dije. —Lo sé. Pero en realidad no lo había entendido hasta que te vi allí, enfrentando a la muerte. —¿Y el hecho de que ahora soy como tú te hace sentirte diferente por mí? —Sí. Una punzada de temor me hizo mirar hacia otro lado hacia el agua. —¿Crees que será un problema para nosotros? —No, Kate. No lo entiendes —dijo Vincent, apoyando sus manos con mucho cuidado sobre mis hombros—. Mis sentimientos por ti no son diferentes. Pero todo lo demás lo es. Como he dicho, lo que te pasó es algo que nunca esperaba. No quiero que lleves la carga de una vida como

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una revenant. No quiero verte sometida a nuestro destino u obsesión, el ansia, el dolor de la lesión y la muerte. Cepilló de vuelta un mechón de pelo que se había escapado de mi coleta. —Pero lo que yo quiero no importa. Es tu destino. Ahora estás aquí. Ahora eres una de nosotros. Y ahora que estamos en camino a la destrucción de nuestros enemigos, gracias a ti, no hay nada que se interponga en nuestro camino. Me ha sido otorgado el deseo de mi corazón, y no sé qué hacer con él. Casi tengo miedo de creer que es cierto, por si alguien me sacude y me dice que estoy soñando. —No es un sueño. Estoy aquí, contigo —dije—. Por lo que parece ser un tiempo muy largo. Sobre el hombro de Vincent, un resplandor naranja quemó el borde del cielo. Di un paso más cerca, hasta que no había espacio entre nosotros y mi pecho tocaba el suyo. Y mientras nos besábamos, el sol se abrió camino sobre el horizonte y prendió fuego al río, sus olas parpadeando con un rojo incendiario a la primera luz del alba. La vida cambiaba tan rápidamente. No hacía mucho tiempo estaba de luto por la muerte de mis padres y me estaba preguntando si podría soportarlo otro día más. Ahora, la eternidad me había sido entregada en las manos. Y no en una bandeja de plata, sino en un camino bordeado de dolor y derramamiento de sangre. Pero lo haría junto con mis familiares. Con este chico que amaba. Juntos haríamos algo bueno y que valiera la pena. Daríamos nuestras vidas por los demás. Una y otra vez. No tenía respuestas a todas las preguntas que se encontraban delante de mí. Pero Vincent y yo teníamos tiempo para descifrarlas. Todo el tiempo del mundo.

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Sobre la Autora Amy Plum es la autora de los Bestseller Internacionales Die For Me, Until I Die e If I Should Die. Sus libros han sido traducidos a once diferentes idiomas. La trilogía es acompañada por una eNovella, Die For Her. Amy creció en Brimingham, Alabama antes de aventurarse en Chicago, París, Londres y Nueva York. Entrenada como historiadora, puede ser comúnmente encontrada soñando despierta o escribiendo, o ambas, en un café Parisino. Es una gran fan de Edward Gorey y Maira Kalman, al igual que de David Sedaris, Amadeo Modigliani e Ira Glass.

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